muy pocos han tenido acceso a sus planes

"Vente primero para Portugal, ya irás al Caribe en invierno"

Abatido y sin aliados internos para encontrar una solución alternativa, el emérito comunicó a los suyos la intención de irse lejos, aunque sin un plan cerrado

Foto: El rey emérito Juan Carlos I. (Reuters)
El rey emérito Juan Carlos I. (Reuters)

Antes de hacer las maletas, en las semanas previas a formalizar su destierro, Juan Carlos I fue informando a su círculo de mejores amigos sobre el futuro que se le avecinaba. La crisis abierta por la publicación de una fortuna no reconocida en paraísos fiscales era insalvable, muy a su pesar. Abatido y sin aliados internos para encontrar una solución alternativa, el emérito comunicó a los suyos la intención de irse lejos, aunque sin un plan cerrado, como si de esa manera los problemas quedaran atrás, tal como relatan varias personas con acceso a testimonios de esos últimos días.

Alguno de los allegados más influyentes en el monarca, cuyo estado de salud es bastante delicado, convino en recomendarle que no complicara más su situación. “Vente primero para Portugal y ya irás al Caribe en invierno”, le dijo al emérito una de las grandes fortunas portuguesas, según ha reconocido el propio empresario a otros amigos de Juan Carlos I. Esta opinión es muy similar a la trasladada por otros 'cortesanos', que ven poco conveniente trasladarse a República Dominicana (acogido por Pepe Fanjul) en su actual situación y en esta época del año, en plena temporada de huracanes.

"Vente primero para Portugal, ya irás al Caribe en invierno"

Cuando todo estaba decidido, el pasado sábado por la tarde, el padre de Felipe VI mandó un mensaje para informar de su partida a varios de sus íntimos. Al día siguiente, domingo, dejaba el Palacio de la Zarzuela para dirigirse a Sanxenxo, donde le acogería su viejo amigo, el regatista Pedro Campos, con quien había estado a principios del mes de julio en busca de cobijo emocional. Lo mismo hizo a mediados de mes, pero en Portugal, donde fue visto con amistades de toda la vida, como la familia Brito e Cunha, en cuya finca Quinta do Perú ha estado en repetidas ocasiones.

El monarca realizó este 'tour' presionado ya por el fatal desenlace que barruntaba para su persona. En los últimos días de julio, algunas de las conversaciones con viejos colegas fueron para puro deshago, entre balbuceos, con dificultades para mantener una conversación coherente, recordando las tragedias y desdichas de su vida, incluido el episodio luctuoso de su hermano en Estoril. Aun así, muy pocos han tenido acceso a sus verdaderos planes, demostrando así que “su afición por jugar a estar en paradero desconocido, como ha hecho siempre”, es algo casi patológico.

Esta suma de factores ha convertido a Portugal en su primer destino. No en vano, el vínculo emocional que le une al país vecino lo convierte en su segunda casa. Más allá de la época del exilio, algunos de sus mejores amigos han sido y son portugueses, como por ejemplo el empresario y ex regatista Patrick Monteiro de Barros, por lo que cuenta con una confortable red social de afines para arroparle durante este trance personal. Incluso, segundas generaciones de ese clan fueron durante un tiempo parte del grupo de amigos que Felipe VI tuvo en su adolescencia en Madrid.

Poco antes de que todo se precipitara, Felipe VI almorzó con el presidente de Portugal el martes 21 de julio, tras una visita de cortesía al Museo del Prado. Según informó el periódico portugués 'Público', Marcelo Rebelo de Sousa trató en esa cita relámpago, sin séquito diplomático, aspectos relacionados con el futuro de Juan Carlos I. Ayer mismo, interpelado por la posibilidad de que el emérito esté en suelo portugués, se limitó a decir, con una medida ambigüedad, que desconocía esa situación y prefería no comentar tal hecho, tal como recogió el martes por la noche el diario 'Observador'.

De acuerdo a las condiciones del extrañamiento, negociadas entre Jaime Alfonsín y Javier Sánchez-Junco, el monarca debía estar fuera de España con fecha del día de entrega de la carta dirigida a Felipe VI para informarle (formalmente) de su decisión de abandonar el país. Eso hizo que esa misma jornada entrara en Portugal, siguiendo el consejo de los suyos, a la espera de madurar una decisión sobre su destino definitivo. Y mientras tanto, jugar al gato y al ratón sobre su verdadero paradero, tensionando aún más el complicado desenlace al que fue conminado por su propio hijo.

Para Juan Carlos I, este deshonroso desenlace se ha precipitado en el tiempo por la presión del Gobierno, a quien responsabiliza de las urgencias tomadas por la Casa Real para resolver este nuevo incendio reputacional en torno a su figura, un episodio que el líder socialista calificó en público como “perturbador”. Según ha trasladado el emérito a varios allegados, la injerencia de Moncloa ha impedido soluciones intermedias, aunque, a la luz de lo ocurrido, la sintonía entre Felipe VI y Pedro Sánchez para resolver el destierro ha sido absoluta, comprometiendo así ambos su futuro.

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