utilizó dinero de origen no declarado

Polinesia y el ático de Omán: los hechos posteriores a 2014 que cercan a Juan Carlos I

El Rey emérito participó en operaciones irregulares tras su abdicación en 2014, el momento en el que perdió su inviolabilidad. Esos episodios abren ahora una vía de agua en su estrategia de defensa

Foto: Juan Carlos I junto al sultán de Omán Qaabos Bin Said. (Casa Real)
Juan Carlos I junto al sultán de Omán Qaabos Bin Said. (Casa Real)
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El 18 de junio de 2014 es la fecha clave en las tres investigaciones judiciales que cercan a Juan Carlos I, aunque formalmente no está imputado en ninguna de ellas. Ese día cedió la corona a Felipe VI y perdió su condición de inviolable. Gran parte de las operaciones que se le atribuyen para gestionar una fortuna millonaria en el extranjero se produjeron antes de ese día histórico y, por tanto, es casi imposible que responda por ellas ante los tribunales. Pero el monarca habría seguido disfrutando en los años siguientes de dinero y regalos de origen desconocidos, y esos últimos episodios son su mayor vía de agua en su estrategia de defensa.

Su relación con la cuenta del banco suizo Mirabaud en la que recibió en 2008 los 65 millones de euros de Arabia Saudí terminó cuatro años después. El rey Juan Carlos transfirió los aproximadamente 60 millones de euros que quedaban en el depósito a su examante Corinna Larsen, cerró ese instrumento bancario y disolvió la entidad panameña Lucum Foundation, la sociedad instrumental que había usado para tratar de ocultar su relación con esos activos. La recepción del dinero saudí, así como las continuas retiradas de efectivo de esa cuenta, con importes que superaban los 100.000 euros mensuales, como desveló este diario, son previos al momento de la abdicación.

Sin embargo, a finales de 2015, el ya Rey emérito utilizó fondos de otra de sus presuntas mercantiles instrumentales, la Fundación Zagatka, administrada presuntamente por su primo Álvaro de Orleans, para costear un viaje de lujo a la Polinesia Francesa. El monarca despegó del aeropuerto de Los Ángeles el 1 de enero de 2016 rumbo a Tahití junto a cuatro escoltas y regresó a la ciudad californiana ocho días después. Los 32.900 euros que costaron los billetes fueron abonados en un primer lugar por Philip Adkins, el primer exmarido de Corinna, con quien Juan Carlos trabó una estrecha amistad. Después, Zagatka reembolsó a Adkins el coste de los vuelos con una transferencia a una cuenta en el HSBC de Hong Kong.

El importe de esa operación no es muy alto pero implica el uso de facturas presuntamente falsas, mercantiles pantalla y cuentas desconocidas hasta ahora, también para la Hacienda española. Además, se trataría de uno solo de los muchos desplazamientos que Juan Carlos I habría sufragado tras su abdicación con el dinero custodiado por Álvaro de Orleans. El fiscal del cantón de Ginebra que inició en el verano de 2018 la investigación en torno al exjefe del Estado que ha conseguido llegar más lejos calcula que Zagatka habría pagado viajes al Rey por un valor cercano a los tres millones de euros. ¿De dónde salió el patrimonio de esa fundación? Álvaro de Orleans ha declarado que procede de algunas operaciones de intermediación, pero sus respuestas no han convencido al fiscal de Ginebra.

Polinesia y el ático de Omán: los hechos posteriores a 2014 que cercan a Juan Carlos I

Hay un segundo episodio capaz de sentar en el banquillo a Juan Carlos I. El 2 de julio de 2014, solo dos semanas después de su abdicación, el sultán de Omán regaló un ático de lujo en Londres al monarca para que pudiera instalarse en la capital británica. La casa costó 62,7 millones de euros, el precio más alto pagado en Reino Unido en los últimos años. Estaba recién construida y ofrecía todo tipo de comodidades. Desde sus plantas se veía Hyde Park y contaba con las más altas medidas de seguridad, pero ordenó reformarla para construir una sala de masaje y rehabilitación y una habitación para su médico personal.

A finales de 2015, el Rey emérito cambió de idea y comunicó al sultán de Omán que ya no quería el ático, sino los 62,7 millones de euros que valía. En ese momento, el monarca convenció al mandatario omaní para que el título de propiedad de la vivienda fuera transferido a un joven inversor árabe que iba a casarse en Madrid y le había pedido que fuera su padrino de bodas. La casa se convirtió en el regalo de Juan Carlos I por el enlace. Sin embargo, el recién casado nunca llegó a hacer uso del inmueble. Semanas después lo transfirió a una sociedad instrumental de las Islas Vírgenes Británicas llamada K Legacy Ltd por un importe de 42,7 millones de euros, es decir, 20 menos de lo que había pagado Omán apenas dos años antes. La transacción careció de la más mínima lógica comercial en un contexto de alzas continuadas del precio de la vivienda en el mercado inmobiliario de Londres.

Se trata de hechos sumamente recientes, pero incluso los 65 millones de euros del banco Mirabaud dejaron rastro más allá de 2012. Después de renunciar al trono, el monarca pidió presuntamente a Corinna Larsen que pagara algunos de sus gastos con el dinero que en teoría le había donado al cerrar la cuenta suiza. Los documentos indican que aquella transferencia a su antigua pareja fue un regalo, pero las comunicaciones posteriores para tratar de disfrutar de esos fondos indican que el monarca no pensó en desprenderse de ese dinero, sino solo en guardarlo a nombre de otra persona.

Hay tantos episodios posteriores al 18 de junio de 2014 pendientes de investigar que parece casi imposible que la Fiscalía del Tribunal Supremo, la instancia con potestad para imputar al Rey emérito, acuerde el archivo de las actuaciones sin practicar la más mínima diligencia.

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