KEIR STARMER, líder laborista

Cómo hacer oposición sin gritar y subir en las encuestas: auge del nuevo líder laborista

Tan solo lleva dos meses al frente del Partido Laborista, pero Keir Starmer, se ha convertido en el líder de la oposición más popular desde los tiempos de Tony Blair en los noventa

Foto: Keir Starmer. (EFE)
Keir Starmer. (EFE)

Pese a la pandemia, Jacob Rees-Mogg, responsable del Gobierno británico de Relaciones Parlamentarias, tenía estos días especial prisa por que los diputados volvieran cuanto antes a ocupar sus escaños. El regreso de sus señorías intentando respetar la distancia de seguridad está dejando ahora escenas de lo más singulares. Las largas filas que se crean para las votaciones por fuera del edificio, estilo conga, son incomparables y objeto de burla. La versión oficial insiste en que determinados procedimientos ya no se podían hacer vía 'online'. Pero, en realidad, el verdadero motivo por el que había tanto interés en que los 'tories' volvieran a las gradas era para arropar al primer ministro.

Cada miércoles, en las sesiones de control, Boris Johnson buscaba a la desesperada el apoyo de los hinchas que jalean habitualmente sus ocurrencias. Pese al comedido carácter británico, los debates de los Comunes son dignos de ver. Sin embargo, para su frustración tan solo había eco. Un eco ensordecedor que otorgaba todo el protagonismo al nuevo fenómeno que se está viviendo en Westminster: por primera vez en cinco años, el Ejecutivo tiene ante sí una verdadera oposición. Y el brillo del contrincante viene a coincidir con las horas más bajas del inquilino de Downing Street.

Tan solo lleva dos meses al frente del Partido Laborista, pero Keir Starmer (Londres, 57 años), se ha convertido en el líder de la oposición más popular desde los tiempos de Tony Blair en los noventa, según la encuesta de Ipsos Mori. A finales de marzo, los conservadores sacaban una ventaja a los laboristas de 25 puntos. Pero ahora se ha reducido a ocho puntos, según el último sondeo de YouGov. Otras encuestas acortan aún más las distancias a dos o tres puntos. “No me describiría como un liberal a muerte, sea lo que sea eso", ha llegado a decir en alguna ocasión.

Colin Talbot, profesor de la universidad de Manchester especializado en Política, explica que mientras “la mala gestión de la pandemia por parte de los conservadores está dañando seriamente su credibilidad y popularidad, el apoyo a los laboristas crece cada día convirtiéndose en una alternativa de Gobierno creíble mucho más rápido de lo que nadie esperaba”.

Boris Johnson ya tiene oposición

“Hay un dicho en el Reino Unido que dice que las oposiciones no ganan las elecciones generales, sino que son los gobiernos las que las pierden. En los comicios del año pasado, este no fue el caso porque Jeremy Corbyn no era visto como una alternativa creíble. Pero la elección de Starmer marca un cambio radical en la dirección de la formación”, explica a este diario.

Corbyn nunca contó con el beneplácito unánime en sus propias filas por sus polémicas posiciones como sus críticas a la austeridad, defensor de Hugo Chávez, simpatizante de la causa palestina y valedor de nacionalización de los ferrocarriles, el gas y la electricidad. Su gran giro a la izquierda radical y su ambigüedad ante el Brexit tampoco conquistó al electorado. En diciembre del año pasado, el laborismo (que lleva en la oposición desde 2010) cosechó sus peores resultados desde 1935.

“La extrema izquierda corbynista ha tenido más de cuatro años para excavar en las estructuras del partido. Llevará tiempo lograr una transición completa. Pero de lo que no hay duda es que ya ha habido un cambio radical de imagen. Starmer no tiene nada que ver con la fraternización de Corbyn con terroristas, antisemitas y regímenes como Irán. Se trata de un abogado con un gran historial. De hecho, fue director de Procesamientos Públicos [equivalente a fiscal general de Estado], uno de los cargos legales más altos en el Reino Unido. Su estilo es casi el opuesto diametral de Corbyn. Está muy bien preparado y es bueno en los detalles”, añade el experto.

En efecto, cada semana, durante la sesión de control al Gobierno, Starmer lleva a cabo un elegante interrogatorio cuasi forense, utilizando las propias cifras que publica Downing Street, dejando completamente descolocado al primer ministro, para quien los detalles siempre han sido su talón de Aquiles. Comparar a los políticos por su peinado no es exactamente el método más ortodoxo. Pero la melena desenfadada de Johnson (que alborota aún más intencionadamente antes de sus intervenciones) y la cabellera absolutamente engominada con raya al lado de Starmer ofrecen interesantes detalles de la personalidad de cada uno.

Boris Johnson, hablando en la Cámara de los Comunes. (Reuters)
Boris Johnson, hablando en la Cámara de los Comunes. (Reuters)

Mientras que el líder 'tory' es carismático, excéntrico, con una relación dudosa con la verdad y con un dominio de la palabra para discursos siempre carentes de especificaciones técnicas, el laborista ofrece una imagen seria (incluso aburrida) y pausada, pero que, según los sondeos, desprende tremenda honestidad, confianza y dominio de la materia de la que habla en cada momento.

Su elección en abril como líder de la oposición tuvo lugar en pleno confinamiento. No hubo acto de celebración. Pero su discurso publicado en redes ya era una declaración de intenciones. “Bajo mi liderazgo, nos comprometemos constructivamente con el Gobierno. No haremos oposición por hacer oposición ni exigiremos demandas imposibles, sino con el coraje de apoyar al Ejecutivo cuando sea lo correcto”, recalcó. Un apoyo, avisó, que no será incondicional.

Y, hasta la fecha, ha cumplido. Durante la pandemia, ha liderado una oposición calmada y constructiva, pero muy firme al mismo tiempo. Una estrategia que ha pillado completamente fuera de juego al Gobierno. "No se ganan elecciones diciéndole a la gente lo que no te gusta. Somos muy buenos en enumerar cosas que no nos gustan de lo que están haciendo los 'tories'. Las elecciones se ganan contándole a la gente qué apoyas, qué vas a cambiar, qué va a ir mejor", recalca el laborista.

Deborah Mattinson, de la consultora política Britain Thinks, quien está escribiendo un libro sobre el laborismo, asegura que Starmer ha entendido perfectamente que en el actual momento de crisis nacional, el electorado no quiere “guerras políticas”. “Johnson puede haber juzgado mal el momento, si espera utilizarlo para atrapar a Starmer. El laborista está eligiendo un tono y un lenguaje muy cuidado. El primer ministro está realmente luchando para adaptarse a no tener a Jeremy Corbyn como líder de la oposición”, recalca. Lo cierto es que cuando el inquilino de Downing Street se ve acorralado, intenta buscar confrontación. Pero, de momento, no la encuentra. Ni con la pandemia, ni tan siquiera con el Brexit, una cuestión que ha sido sumamente divisiva en las filas laboristas.

Starmer, de hecho, tuvo un gran protagonismo en la guerra civil política al defender con pasión la necesidad de otro referéndum. Con todo, al asumir el liderazgo de la formación, ha decidido que es el momento de pasar página. Es más, ni siquiera se ha sumado a las peticiones de los otros partidos de la oposición para que el Ejecutivo solicite una ampliación del periodo de transición más allá de diciembre, con el objetivo de incrementar las posibilidades de cerrar un acuerdo comercial con la UE.

“Considero bastante improbable que se pueda cerrar un pacto para finales de año, pero si el Gobierno dice que puede conseguirlo, veamos cómo lo hace”, destaca. La jugada es muy inteligente. De esta manera, no solo aumenta la presión sobre el Gabinete, sino que además deja sin munición al primer ministro para retratar, como hacía hasta ahora, a los laboristas como el “partido anti Brexit”.

La jugada es muy inteligente. No solo aumenta la presión sobre el Gabinete, sino que deja sin munición a Johnson

Con la batalla del divorcio con la UE zanjada, los conservadores esperaban que la polémica creada en torno a Black Lives Matter azuzara las distintas facciones de la oposición. El movimiento antirracista ha creado una incómoda revisión del pasado que está llevando a retirar estatuas de diferentes protagonistas de la historia del Reino Unido, como la de Edward Colston, político y filántropo del XVII, pero también traficante de esclavos.

Con todo, Starmer también ha logrado salir airoso condenando los actos vandálicos pero defendiendo que “determinadas figuras debían haber sido retiradas de los pedestales hace mucho tiempo”. La fotografía además que publicó en redes sociales con la rodilla en el suelo en su despacho en recuerdo a la muerte de George Floyd fue de lo más significativa.

Queda claro, por tanto, que la imagen y las formas del Partido Laborista han cambiado. Pero, ¿lo ha hecho también el fondo? ¿Hasta qué punto se ha roto con la izquierda más radical? En el llamado 'Gobierno en la sombra', hay figuras que en su momento estuvieron muy vinculadas al anterior líder, entre ellas, Angela Rayner (la que es hoy número dos de la formación) y Rebecca Long-Bailey (pupila de Corbyn, que se presentó de hecho también a las primarias laboristas y ahora es portavoz de Educación).


Asimismo, como portavoz de Economía —uno de los cargos más importantes— está Anneliese Dodds, que en su día fue fichada por John McDonnell (la mano derecha de Corbyn). En cualquier caso, ésta última nunca ha sido símbolo de la izquierda más revolucionaria. Desde el principio defendió la candidatura de Starmer, con quien comparte su visión europeísta de “izquierda suave”.

Por su parte, como portavoz de Negocios está ahora Ed Miliband, quien en 2010 fue elegido como líder de la formación bajo el apodo de “Ed el rojo”. Siempre ha sido un gran amigo personal del actual líder. Ambos viven en el acomodado barrio londinense de Kentish Town, donde el dirigente laborista tiene una casa victoriana valorada en 1,8 millones de libras (2,05 millones de euros) en la que vive con su esposa Vicky y dos hijos.

Jeremy Corbyn. (Reuters)
Jeremy Corbyn. (Reuters)

Fue precisamente Miliband quien convenció al abogado para que dejara su exitosa carrera en los juzgados (no en vano se le concedió el título de “Sir” por sus servicios) para que se presentara como diputado los comicios de 2015. En cualquier caso, en el nuevo “Gobierno en la sombra” también hay figuras como las de Ian Murray, actual portavoz para Escocia, que en su momento fue sumamente crítico con Corbyn.

“Ha creado un equipo muy equilibrado con representantes de muchas facciones. Había mucha gente que no estaba dispuesta a trabajar con Corbyn y ahora sí está dispuesta a hacerlo con Starmer. Es una persona que ha conseguido unificar a las filas. No podemos olvidar que en las primarias consiguió ser el gran vencedor en los tres grupos que votan: sindicatos, afiliados y simpatizantes. Eso ya te dice mucho”, explican a este diario fuentes del partido. “Es una figura bastante respetada y como líder es una persona que intenta buscar consenso. En política económica se podría decir que es intervencionista. Siempre ha luchado mucho por los derechos de los trabajadores. Pero en política exterior está completamente alejado de era Corbyn”, aseguran.

Al líder de la oposición le molesta sobremanera que ahora quieran encasillarle. No se considera ni 'blairista' ni 'corbynista'. “No creo que las insignias ayuden, de verdad. No necesito el nombre de otra persona tatuado en mi frente para saber lo que pienso. Hay principios fundamentales”, señala. Hijo de una enfermera y un empleado de fábrica, fue el único de cinco hermanos en dejar la modesta casa adosada en Oxted, Surrey, para ir a la universidad para estudiar Derecho. Tras un postgrado en Oxford, se mudó a Londres, donde compartió un apartamento destartalado en el barrio de Archway con viejos amigos de la escuela.

Se unió al grupo de campaña de Amnistía Internacional en los años noventa y junto a su colega Conor Foley, abogado internacional de derechos humanos y trabajador humanitario que ahora vive en Brasil, escribió en 1998 un folleto llamado “Política Exterior, Derechos Humanos y el Reino Unido” (que podría ser considerado por algunos ahora casi marxista), haciendo una serie de recomendaciones, muchas de las cuales fueron aceptadas por el entonces Gobierno de Blair.

Cuando el entonces primer ministro introdujo las disposiciones de la Convención Europea de Derechos Humanos en la Ley de Derechos Humanos del Reino Unido, catapultó a Starmer y sus colegas a la fama. “Era un grupo de amigos que tan solo tres años antes representaban lo que se veía como una izquierda inaceptable y, de repente, se encontraron en posiciones de autoridad”, explica Conor Gearty, profesor de Derechos Humanos en la reputada London School of Economics y viejo conocido del actual líder laborista.

Lo cierto es que a su círculo de entonces les sorprendió cuando Starmer entró en política. “Mientras trabajamos en Amnistía, no sintió ninguna ambición por esa parte. De todos modos, el partido laborista de la época no era de su agrado. Ninguno de los dos habríamos estado cómodos en la formación en tiempos de Blair. No es que estuviéramos en contra, simplemente no estábamos cómodos”, explicaba recientemente a 'The Guardian' su amigo Conor Foley.

Starmer debería comenzar a crear el clima político, no solo responder a él

Cuando en 2008 Starmer fue nombrado fiscal general del Estado —puesto en el que llevó a cabo el proceso para cazar a diputados que estaban inflando sus gastos parlamentarios e impulsó un nuevo código para perseguir los casos de violencia contra las mujeres— el diario británico le describió como “uno de los abogados más brillantes de su generación”.

Como líder de la oposición ahora también está superando expectativas. Con todo, le queda aún un largo camino. Con la salida del Reino Unido de la UE y la fuerte recesión que va a dejar la pandemia del coronavirus, los próximos años serán complejos. “En un momento de gran flujo, cuando un retorno al 'status quo' fallido es impensable, Starmer debería comenzar a crear el clima político, no solo responder a él”, advierte Martin Fletcher, destacado columnista de la revista New Stateman, asociada al laborismo.

Los analistas consultados aseguran que aún es demasiado pronto para realizar predicciones de cara a las próximas generales previstas en 2024. Aunque el Partido Conservador lleva ya una década en el poder, no hay que olvidar que la era Johnson arrancó con fuerza el año pasado, cuando el excéntrico político logró un triunfo para los suyos que no se vivía desde los tiempos de Margaret Thatcher en 1987. Pero es un hecho que Starmer está consiguiendo transformar la percepción de la formación laborista convirtiéndola de nuevo en una alternativa creíble de Gobierno. Por primera vez en mucho tiempo, los 'tories' vuelven a tener una oposición real.

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