Crisis política en el Reino Unido

La turbulenta caída de Cummings: lo que esconde el chándal del Rasputín de Boris

Los viajes del fontanero de Boris durante la cuarentena desgastan al primer ministro y funden el discurso 'antiestablishment' del cerebro del Brexit

Foto: Dominic Cummings, en el 10 de Downing Street. (Reuters)
Dominic Cummings, en el 10 de Downing Street. (Reuters)
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Solo hay dos personas en el mundo capaces de gestionar en chándal un escándalo gigantesco: Rosalía y Dominic Cummings. Pero si el chándal de Rosalía es su uniforme oficial del trabajo, no se puede decir lo mismo del de Cummings, asesor estrella de Boris Johnson. Si Churchill viera a Cummings pasearse en chándal por Downing Street, al abuelo le daría un telele...

La prensa británica publicó hace unos días que Cummings se saltó la cuarentena del coronavirus con varios largos viajes por el país. Escándalo en Las Gaunas. ¿La respuesta icónica de Cummings? Con toda la prensa persiguiéndole, salió (el domingo) por la puerta del 10 de Downing Street vestido con un chándal azul. Más que de la residencia oficial del primer ministro, Cummings parecía emerger de un 'after' en Magaluf… y con ganas de jarana.

El atuendo no es ninguna tontería. El pantalón de chándal de Cummings es un símbolo de estatus, no porque sea de diseño como el de Rosalía sino por lo que refleja: que Cummings manda mucho. Manda tanto que ni siquiera en su hora más oscura va a dejar de hacer lo que le dé la santa gana. Provocación, arrogancia y estética antielitista, élites macarras en chándal, la actitud que llevó al Brexit.

Salvo que la imagen antielitista de Cummings ha quedado ahora un tanto carbonizada: mientras el pueblo está encerrado en casa, las élites (Cummings) se pasean alegremente por la campiña. El rey del populismo chandalero se ha quedado desnudo.

Su chándal es un símbolo de estatus, no porque sea de diseño como el de Rosalía sino como espejo de que Cummings manda mucho y hace lo que quiere


En efecto, desde que el Reino Unido entró en barrena con el covid-19, la arrogancia populista ha entrado en crisis: una cosa es saltarte el confinamiento para ir a ver tus padres a 430 kilómetros de Londres, como hizo Cummings, y otra aprovechar el viaje para ver monumentos en Barnard Castle con mujer e hijo. Cummings alegó que no fue allí a hacer turismo, sino a revisarse la vista. Puede ser verdad o puede ser una excusa ridícula, pero casi nadie se lo ha tomado en serio. El oculista de Cummings es ya el 'meme' del año en Inglaterra. En el peor de los casos, hay que estar muy sobrado para imponer la cuarentena a todo el país y saltártela para visitar castillos monumentales. En el mejor, Cummings ha hecho reír a todo el país. En cualquier caso: demasiado fuegote, hasta para la prensa afín a Boris, que también pide la cabeza de Cummings.

El pitorreo ha llegado a niveles portada del tabloide 'Daily Star' con una máscara recortable de la cara de Cummings y este texto: "La máscara de hacer lo que te dé la gana... Ponte esta práctica máscara de Dom y tus asesinatos quedarán impunes".

Por ponerlo en fríos datos: Solo el 8% de los ingleses cree que el oculista de Cummings exista en realidad, según una encuesta del tabloide conservador 'Daily Mail'. Solo el 19% cree que debería seguir en el cargo. El índice de aprobación de Boris se ha desplomado en los últimos días. Según 'The Times', los laboristas han recortado nueve puntos a los conservadores la última semana. Boris tiene un problema y se llama Dominic Cummings. ¿Cómo llegó este asesor a convertirse en un mito folclórico en Inglaterra?


Un hombre del pueblo

¿Quién es Dominic Cummings? Que un primer ministro conservador (David Cameron) diga de ti que eres un “psicópata con carrera” no parece la mejor carta de presentación para triunfar en política, o al menos no lo era hasta que Cummings activó una ola populista que empezó con el Brexit y acabó con Donald Trump en la Casa Blanca. Porque Cummings no solo es un 'psicópata'; también se dice que es "superdotado".

Cummings, con una pelotita.
Cummings, con una pelotita.

Flashback de la campaña del Brexit. Cummings venía de trabajar con ministros (jefe de gabinete de Michael Gove) y líderes conservadores (director de estrategia de Ian Duncan Smith), pero tenía fama de incendiario y de no acatar órdenes. Para el referéndum del Brexit, montó una plataforma electoral transversal que desbordó a los partidos tradicionales, y se dedicó a hacer algo muy del gusto del populacho populista: provocar a los políticos profesionales (como si él no lo fuera). Desequilibró a los políticos del bando contrario con estrategias perversas, pero también a los de su propio bando, en especial al UKIP de Nigel Farage, con desplantes humillantes para que quedara claro quién mandaba allí.

No difiere mucho de lo que hizo cuando Boris Johnson llegó a primer ministro y le convirtió en su Rasputín. No ha habido semana en la que Cummings no colisionara con altos funcionarios o ministros. Episodios degradantes incluidos. Al ministro de Economía, Sajid Javid, le obligó a despedir a sus asesores para contratar a los suyos. A Javid no le quedó otro remedio que dimitir con estas palabras: "Ninguna persona con un mínimo de dignidad podía aceptar". ¿Qué significa esto? Que Cummings es un hombre muy querido entre los suyos. Que una rebelión interna puede llevárselo por delante en cualquier momento.

¿Por qué Boris se está achicharrando ahora para cubrirle las espaldas? ¿No resulta degradante que Cummings parezca el primer ministro bis? ¿O Boris no puede aspirar a un pararrayos mejor? No resulta fácil desembarazarse de Cummings por varios motivos...

Dado que el Reino Unido dejó la UE a finales de enero, Cummings conserva gran capital político como cerebro del Brexit. Cummings no es una pieza, sino un sistema. Si en la campaña del Brexit él dirigió la estrategia y Boris puso el verbo florido, en el Gobierno, tres cuartos de lo mismo: Cummings decide la narrativa, se pelea con los medios, purga funcionarios, invade competencias y controla el comité científico del coronavirus. Y esto es solo el principio. Cummings está a cargo de tantas cosas que Iván Redondo parece un pordiosero a su lado. Acumula tanto poder, que igual da vértigo echarle, como si la casa fuera a derrumbarse en cuanto saliera por la puerta (de chándal).

Cummings, en el 'Daily Mail'.
Cummings, en el 'Daily Mail'.

Cummings hace lo que a Boris no le apetece. A Boris le gusta más ser primer ministro que currar de primer ministro, más salir en la tele que pringarse en las tareas diarias, más el mamoneo que el conflicto, tener a alguien que hace el trabajo sucio por él, como cuenta este artículo del ‘Daily Telegraph’, es una bendición y una necesidad.

En septiembre de 2019, un perfil sobre Cummings en 'The New Statesman' resumió así la relación de dependencia: "Cummings entiende bien a Boris. Sabe que aceptará casi cualquier plan, que delegará cualquier poder, siempre y cuando le venga bien". Marina Hyde, columnista de 'The Guardian', lo explicó de un modo brutal este martes: "Es una historia muy sencilla: hombre sin ideas está demasiado aterrorizado como para despedir a hombre con ideas... O como un gamberro gritó una vez a David Hasselhoff por la calle: 'Eh, Hasselfhoff, sin tu coche parlante no eres nadie".

'Brexit' es el telefilme de HBO que convirtió a Cummings en icono pop. Es una adaptación de 'All Out War', libro de Tim Shipman sobre la "guerra psicológica" montada por Cummings durante la campaña del Brexit, basada en "desorientar al enemigo". Según Shipman, Cummings estaba obsesionado con los métodos de Otto von Bismarck. "La gente nunca miente más como tras una cacería, durante una guerra o antes de unas elecciones", dejó dicho Bismarck. Cummings miente a veces, pero siempre está de cacería, en campaña o en mitad de una guerra. Su problema es que ahora la presa es él.

Cummings parecía la persona más preparada del mundo para aguantar un largo confinamiento apocalíptico, pues hace años simuló una situación parecida, al construirse un búnker y retirarse dos años a leer ensayos para comprender el mundo. Quizá porque ya había pasado antes por todo esto, quizá porque le va la marcha, quizá porque está sobradísimo, Cummings decidió saltarse la cuarentena del coronavirus para ver mundo. No fue su mejor idea. Eso sí, guapísimo el chándal.

PD 1: en la anterior etapa de Cummings en el Gobierno, como jefe de gabinete del ministro de Educación, un alto funcionario le espetó: "Tú eres el virus mutante y yo el sistema inmunológico". Imposible mejor profecía sobre los problemas del populismo para gestionar pandemias.

PD2: desde que llegó el coronavirus, Boris y Cummings han sufrido para imponer su relato, han ido por detrás de los acontecimientos, achicando agua, con problemas para llevar la iniciativa. Ejemplo glorioso: hasta el año pasado, Cummings tenía un blog personal donde exponía su particular visión de la sociedad. El pasado mes, añadió un párrafo a un texto antiguo para que pareciera que en 2019 advirtió del peligro de una pandemia de coronavirus. Pero le han pillado con el carrito del helado. ¿Qué significa esto? Que Cummings tiene un ego como una catedral y que ha perdido el control del presente hasta el punto de reescribir el pasado para tratar de recuperarlo. A la desesperada.

Europa

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