Cuando Johnson dejó de ser el 'ministro del pueblo' por defender a su gran asesor
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El Cummingsgate

Cuando Johnson dejó de ser el 'ministro del pueblo' por defender a su gran asesor

El escándalo sobre cómo su cercano asesor Dominic Cummings incumplió el confinamiento con síntomas de covid está salpicando a Johnson, ya que se mantiene a su lado

Foto: Coronavirus in britain
Coronavirus in britain

Winston Churchill explicó en su momento que su éxito se debía a su capacidad de ir de fracaso en fracaso, sin perder el entusiasmo. Y de alguna manera la teoría se puede aplicar también a Boris Johnson, para quien el primer ministro que lideró al Reino Unido durante la II Guerra Mundial siempre ha sido su gran héroe. El actual inquilino de Downing Street fue despedido de su trabajo como periodista por inventarse una cita, se ha divorciado en dos ocasiones, ha engendrado hijos ilegítimos que supuestamente aún no ha reconocido, ha sido sospechoso de favorecer a una modelo estadounidense mientras era alcalde de Londres otorgando una serie de polémicas subvenciones, mintió durante la campaña del referéndum del Brexit, acuchilló a David Cameron para impulsar su carrera, ha llegado a comprar a las mujeres musulmanas que llevan burka con “buzones de correo”… la lista es interminable.

Sin embargo, el electorado hasta ahora le había perdonado todo porque sentía que, a pesar de sus orígenes más que privilegiados, entendía el sentimiento de la calle. Pero ahora todo eso es historia. Boris ha dejado de ser el “primer ministro del pueblo”. El excéntrico político tenía frente a sí una difícil elección: los ciudadanos o su asesor. La balanza se ha inclinado por la segunda opción y eso ahora conlleva tremendas consecuencias políticas. Su índice de aprobación ha pasado de +19 a -1 en tan sólo cuatro días, según la encuesta realizada por Savanta, publicada en The Telegraph.

Foto: Dominic Cummings. (Reuters)

De manera inexplicable, Dominic Cummings, cerebro de la campaña pro Brexit y el hombre que realmente mueve los hilos en el Número 10 (algo de lo que ya no queda la menor duda) sigue en su cargo, pese a la gran polémica creada después de que la prensa haya revelado esta última semana que el asesor se saltó las normas del confinamiento.

A pesar de los intentos del Gobierno este fin de semana por minimizar la historia, la bola no ha parado de crecer, por lo que, sin precedente alguno, al oscuro gurú, una persona no elegida en las urnas, se le ofrecía este lunes el gran privilegio de contar su versión de los hechos en una rueda de prensa en los jardines de Downing Street.

La versión corta: después de que tanto él como su mujer presentaran síntomas, viajaron 400 kilómetros desde Londres hasta Durham (norte de Inglaterra) para alojarse en una granja propiedad de su familia para que, en caso de que la situación empeorase, sus padres o hermanas pudieran hacerse cargo de su hijo de 4 años. Cummings asegura que actuó dentro de la excepcionalidad de las circunstancias para asistencia a un menor. No sólo no dimite, sino que ni siquiera (literalmente) se arrepiente de sus actos.

En definitiva, el asesor del primer ministro hizo varias cosas que no estaban permitidas bajo las reglas del confinamiento que él mismo diseñó. Pero el estratega -el mismo que tiene un carácter tremendamente complejo, que tiene atemorizado al funcionariado y completamente centralizado el poder del Gobierno- argumenta que tenía una excusa razonable por lo que, según su criterio, no ha hecho nada mal.

Johnson lo defiende a capa y espada

Es una auténtica bomba de relojería. La oposición e incluso hasta el clero y varios diputados 'tories' -muchos de ellos euroescépticos- consideran que debe renunciar. Sin embargo, en última instancia, es Johnson quien tiene la última palabra y el hecho de que le esté defendiendo a capa y escapada no sólo pone en evidencia una peligrosa dependencia política, sino que merma aún más su liderazgo, ya bastante tocado estos días en el segundo país del mundo más afectado por la pandemia.

Este martes, el subsecretario de Estado para Escocia, Douglas Ross, ha presentado su dimisión del Gobierno como crítica a la gestión del “Cummingsgate”. “En mi circunscripción, tengo mucha gente no ha podido despedirse de seres queridos, familias que no pudieron llorar juntas, personas que no visitaron a parientes enfermos porque siguieron las directrices dadas por el Gobierno. No puedo decirles de buena fe que todos ellos se equivocaban y que un asesor del Ejecutivo está en lo cierto”, sostiene Ross, que con su salida ha confirmado el malestar en el seno del Gabinete.

placeholder (Reuters)
(Reuters)

En la calle esto ya no se ve como una guerra ideológica entre euroescépticos y europeístas, izquierda o derecha, sino entre cumplir o no unas normas que desde hace meses tienen a los británicos metidos en sus casas, muchos de ellos también con hijos menores que, a pesar de todo, han seguido la cuarentena.

Se trata de un problema que afecta de lleno al pueblo en uno de los momentos más complicados de la historia reciente. Y en esta ocasión, Johnson no se ha puesto de su parte. En las pasadas elecciones generales de diciembre, el 'premier' cosechó una aplastante mayoría absoluta, debido en gran medida en el triunfo electoral de los distritos, antiguos obreros y proletarios, del “Muro Rojo” del norte de Inglaterra, donde las ansias por ver cumplido el Brexit pudieron más que votar por los laboristas, que habían gobernado en la zona desde la II Guerra Mundial.

Sin embargo, los 'tories' que representan ahora a estas circunscripciones aseguran ahora que la confianza en el primer ministro se ha “evaporado de la noche a la mañana”. “Le veían como alguien que entendía a la gente común, pero ahora son le ven como otro 'tory' egoísta de doble rasero. La popularidad va y viene, pero si pierdes la confianza del pueblo, es muy difícil recuperarla”, matiza desde el anonimato uno de estos parlamentarios conservadores a The Telegraph.

La confianza en el primer ministro se ha evaporado de la noche a la mañana

¿Se ha cavado Johnson su propia tumba? Para poner las cosas en perspectiva, no hay que olvidar que dos años después de la polémica por la guerra de Irak, con masivas manifestaciones en la calle, Tony Blair consiguió su tercera victoria en las urnas. En política, la memoria es muchas veces cortoplacista.

Con todo, el presente no pinta bien para el actual inquilino del Número 10. Lo que hace que el fallo de su gestión sea aún más frustrante para quienes lo conocen bien es la falta de fe que ha demostrado en sus propias habilidades. Johnson ganó dos veces la alcaldía de Londres -logro que hasta entonces había sido inalcanzable para los 'tories'- sin la providencial ayuda de Cummings. Como corresponsal en Bruselas, estaba escribiendo sobre el federalismo de la UE antes de que Cummings incluso comenzara sus estudios en Oxford.

Perdido en la cima

Muchos siguen defendiendo a día de hoy que si el 'premier' no hubiera hecho campaña por el Brexit, el divorcio con la UE no habría ganado nunca, por más que Cummings se llevara las medallas por ser el cerebro en la sombra.

¿Por qué el líder 'tory' tiene ahora tanta dependencia de su oscuro asesor? Muchos analistas consideran que Johnson nunca ha tenido claro una visión profunda de lo que quiere hacer como primer ministro. En definitiva, su ansiado sueño se cumplía al entrar por la puerta principal del Número 10, pero más allá de ello no había ningún plan.

Ideológicamente, siempre ha sido un camaleón, cambiando de bando en función de su propio interés personal. Y eso significa que ahora es casi imposible pensar en una política conservadora actual que sea inconfundiblemente “Johnsoniana”. Es por eso que Cummings es tan vital para su Gobierno. Johnson es el que pone la imagen, pero el gurú es quien elabora la estrategia.

Con todo, donde el asesor anteriormente había demostrado ser un genio en campaña, capaz de enfurecer y burlar a los opositores políticos, en el Ejecutivo está siendo mucho menos efectivo. Él, que había pasado los últimos cuatro años criticando a las élites hipócritas y acusando a los medios de generar una controversia falsa sobre cosas que realmente importaban al pueblo, ha perdido el pulso a la calle y se lo ha hecho perder al primer ministro.

Johnson sólo se deshará de su gurú si realmente ve peligrar su propio puesto. De momento, ambos aguantan. Pero han de recuperar la confianza del ciudadano. Sólo el tiempo dirá si la bola sigue creciendo o, una vez más, la memoria del electorado es sólo cortoplacista.

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