POLÉMICA POR UN INFORME DE DESINFORMACIÓN

¿Una China en el zapato de Borrell? La injerencia de Pekín en la UE sacude Bruselas

Pekín presionó a Bruselas ante la publicación de un informe que advertía de las tácticas propagandísticas de China. Y la coerción surtió efecto, rebajando el tono contra el país asiático

Foto: Josep Borrell. (Reuters)
Josep Borrell. (Reuters)

El 16 de febrero, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Josep Borrell expuso de forma muy clara el gran problema de la Unión Europea: “Si no somos capaces de tomar decisiones que frenen a otras potencias, no tendremos poder. Tendremos influencia, pero no poder”, dijo. Y esa carencia de poder se ha puesto de relieve estos días cuando el brazo diplomático de la Unión, dirigido por el propio Borrell, ha descafeinado un informe crítico con China por miedo a desatar la ira de Pekín.

El pasado martes, 'Politico' anunció que el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) iba a publicar un informe ese mismo día alertando del creciente protagonismo de China en las campañas de desinformación en el continente europeo. Sin embargo, el SEAE no publicó nada hasta el viernes. En su versión final, además, apenas hablaba de China. ¿Qué había pasado? Pekín había reaccionado rápido y, nada más conocer su contenido, había presionado a distintos funcionarios europeos para congelar el informe, advirtiendo de un posible deterioro en las relaciones entre Bruselas y Pekín si el texto acababa saliendo a la luz.

"Los chinos nos están amenazando con reaccionar si publicamos el informe", escribió el diplomático europeo Lutz Güllner a sus compañeros el pasado martes, según el 'New York Times'. El portal estadounidense Axios informaba este lunes de que, en conversaciones con sus homólogos europeos, los funcionarios chinos mencionaron repetidamente el empeoramiento de relaciones entre China y EEUU como ejemplo de lo que le pasaría a la UE si criticaba la respuesta china contra el coronavirus. Estos intentos de coacción por parte de Pekín no son un elemento aislado, sino que confirman una diplomacia más agresiva y asertiva que se ha acentuado en los últimos meses y que se conoce como 'Wolf Warrior diplomacy'.

En el documento inicial apenas había ninguna información exclusiva o llamativa, sino meros apuntes sobre la actuación de Pekín durante la pandemia que ya habían aparecido en la prensa internacional. Los autores aseguraban que China estaba llevando una campaña de "desinformación global" para desviar la culpa del estallido de la pandemia "y mejorar su imagen internacional". Mientras tanto, en el informe interno que ha circulado entre los círculos diplomáticos y al que ha tenido acceso El Confidencial, hay apuntes sobre la actuación de China como un actor relevante de desinformación. Sin embargo, en el texto publicado unos días más tarde apenas se menciona a Pekín.

La Comisión Europea ha negado cualquier marcha atrás en el documento, asegurando que las diferencias entre los primeros documentos que fueron filtrados a la prensa y el que se publicó el pasado viernes no se deben a que se recortara nada, sino a que uno era el documento interno. “¿Quién se está beneficiando de esto cuando tenemos un gran enemigo con el que luchar que es la desinformación?”, decía Peter Stano, portavoz de Exteriores de la Comisión Europea, quien ha pedido leer el informe “con ojos abiertos”. “No tenemos nada que esconder, lo que estamos publicando son hechos”.

Un analista del EEAS llegó a asegurar que los diplomáticos europeos se estaban "autocensurando para apaciguar al Partido Comunista chino"

Sin embargo, según fuentes cercanas a la polémica consultadas por El Confidencial, esta afirmación del portavoz de la Comisión no corresponde con la realidad, pues ni el documento interno ni el inicial se asemejaban al publicado el viernes. Es decir, el EEAS aligeró el tono tras las presiones de Pekín, lo que ha sembrado la discordia incluso dentro del propio brazo diplomático europeo.

Por un lado, los altos funcionarios del EEAS, más cercanos a Borrell, habrían parado el informe ante el temor de una respuesta de Pekín, mientras funcionarios de menor nivel alertaron del precedente que podría sentar una acción así, tal y como aseveran las mismas fuentes. De hecho, según el 'New York Times', un analista del EEAS llegó a asegurar que los diplomáticos europeos se estaban "autocensurando para apaciguar al Partido Comunista chino".

El Parlamento pide explicaciones

Mientras tanto, el Parlamento Europeo ya ha cargado contra la Comisión. “Nuestra soberanía política está en juego si permitimos que la coerción china tenga lugar en el corazón de nuestra democracia europea”, ha escrito una serie de eurodiputados liderados por el holandés liberal Bart Groothuis. La carta exige a Borrell "una explicación formal y completa al Parlamento Europeo lo antes posible”.

Uno de los firmantes es el español Adrián Vázquez, eurodiputado de Ciudadanos y miembro de la delegación del Parlamento Europeo para las relaciones con China. Vázquez ha señalado que estos documentos son “fundamentales” para el trabajo parlamentario y "sería preocupante que exista una posible coerción por parte de China para suavizar el tono", asegura el eurodiputado naranja a este diario.

“Desde el inicio de la pandemia, la administración gubernamental china trató de ocultar el brote, manipular información y cambiar constantemente su narrativa, empeorando con todo ello la gestión de la crisis a nivel global”, asegura Vázquez. “No puede permitirse que esta crisis sea rescrita por China, sino al contrario, debe responsabilizarse por la opacidad de su comportamiento, la difusión de información falsa y su uso con fines propagandísticos".

Otros como Reinhard Bütikofer, eurodiputado verde alemán y famoso por sus diatribas contra el país asiático, han defendido el documento publicado por el departamento de Borrell. “Como sabemos, el informe del SEAE salió, ¿no? Critica a China con palabras claras, ¿verdad? Tiene un lenguaje más cuidadosamente elegido, sí. ¿No es prudente hacer las críticas menos agresivas?”, señaló Bütikofer en la red social Twitter.

Bütikofer señala a este diario que "el SEAE no fue intimidado, no se doblegó a los deseos de China" porque "no han cambiado la esencia de las críticas de sus informes sobre Pekín". "Tampoco debería sorprendernos que en la diplomacia no siempre el lenguaje más duro posible tenga el mejor efecto político", explica el eurodiputado, que asegura que la UE ha estado haciendo progresos en los dos últimos años en la necesidad de "hablar con una sola voz en los temas relacionados con China".

Juan Fernando López Aguilar, eurodiputado socialista y presidente de la comisión de Libertades Civiles y Justicia, se mueve en la misma línea, señalando que la UE no ha moderado “sus mensajes para favorecer la injerencia China”. “La UE domina su propia narrativa”, ha explicado el socialista en declaraciones a este periódico.

Posición global

Más allá de este escándalo concreto, la Unión Europea ha ido evolucionando en su mensaje respecto a China, especialmente preocupada por la creciente agresividad de Pekín y asuntos de seguridad relacionados con la tecnología 5G. Recientemente, los Veintisiete calificaron por primera vez al gigante asiático como un “competidor estratégico”.

Angela Merkel y Xi Jinping. (Reuters)
Angela Merkel y Xi Jinping. (Reuters)

Las capitales europeas se balancean en un mundo dividido entre China y Estados Unidos. Hay distintas corrientes de pensamiento. Muchos creen que la UE debe guardar el equilibrio, estar cerca de Washington en la mayoría de asuntos pero mantenerse abierta a Pekín por necesidades comerciales. Otros países, tradicionalmente muy apegados a la Casa Blanca en materia de seguridad, apuestan por decantarse del lado americano en cualquier choque entre EEUU y China.

En Bruselas ocurre lo mismo. Se desconfía del Gobierno chino, pero a la vez se le considera un interlocutor clave y cada vez más importante en un mundo en el que Estados Unidos está cada vez más en retirada. Cuando Donald Trump decidió bloquear el sistema de arbitraje de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la UE se vio obligada inmediatamente a girarse hacia Pekín. Necesidad y recelo se mezclan en la relación de Europa con el gigante asiático.

El escándalo no se limita a Bruselas. En Berlín se acusa al Gobierno de ser blando con los esfuerzos de Pekín y las críticas son mínimas en el resto de capitales. En ese sentido, el SEAE es un brazo muy poco independiente de la UE: cada paso que da es vigilado con total celo por parte de los Estados miembros, que retienen la competencia sobre sus relaciones exteriores.

En ese sentido, el departamento de Borrell es una rara avis: se intenta coordinar a nivel europeo una política en la que hay profundas diferencias entre países. El SEAE tiene atadas las manos en política exterior y su único trabajo consiste en reducir esas diferencias. Por eso nadie puede esperar que, entre el silencio de los Gobiernos europeos, el SEAE lance un documento muy agresivo con China. Sin embargo, lo que sí revelan este tipo de polémicas es que el "apetito por el poder" que reclamaba Borrell al asumir su cargo sigue pareciendo, de momento, una quimera.

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