El coronavirus deja en Italia 2.500 muertos

"Doctora, dígale a mi mujer que la amo": las horas más duras de los pacientes en Italia

Los médicos son la voz de alivio al otro lado de la barrera: "A los pacientes les traemos las palabras de aliento de sus familiares, los papelitos con mensajes y los dibujos de sus nietos"

Foto: Doctores cuidando a enfermos en Brescia, Italia (EFE)
Doctores cuidando a enfermos en Brescia, Italia (EFE)

En Italia, los médicos que luchan en primera línea de la batalla contra el coronavirus que deja más de 2.500 fallecidos hasta ahora, se enfrentan no solo a una emergencia sanitaria contra un virus desconocido, sino también al drama humano que lleva consigo cada paciente que se contagia por la enfermedad.

"El paciente sabe que está pasando, lo lees en sus ojos", dice una cirujana del hospital de Treviglio (Italia) al diario italiano Il Corriere della Sera, que explica a su vez que los médicos, en estos momentos clave, se convierten en único puente tendido entre amigos y familiares de esas personas contagiadas que quedan aisladas del resto del mundo.

"Dígale a mi mujer que la amo" o "mande un saludo a mi nieta, que acaba de nacer y no la he podido ver", dice la doctora que piden los pacientes mientras están en el hospital luchando contra la enfermedad.

Hospital en Casal Palocco en Roma, Italia (EFE)
Hospital en Casal Palocco en Roma, Italia (EFE)

El personal sanitario se convierte en la voz de alivio al otro lado de la barrera, los mensajeros de buenas y malas noticias. "A los pacientes les traemos las palabras de aliento que sus familiares nos dan por teléfono, los papelitos con mensajes y los dibujos de los nietos", apunta la doctora. Aunque también les espera la tarea de comunicar la noticia del fallecimiento de sus seres queridos.

"He tenido que comunicárselo a dos hijos de un paciente que vien lejos el uno del otro. No han podido ni siquiera llorarlo juntos. Ya no digo ni siquiera tenderles una mano, porque no podemos.Mueren solos y les llevan a la morgue envueltos en una tela con desinfectante. Nosotros, los médicos, resistimos, debemos hacerlo, pero estamos cerca del colapso psicológico por el esfuerzo, la ansiedad y porque estamos perdiendo a amigos a los que queremos", continúa la cirujana.

La cotidianidad de esta mujer no solo ha cambiado en su centro de trabajo: en casa la rutina de higiene extrema también continúa para no correr el riesgo de infectar a sus hijos, a los que no puede abrazar ni dejar que se acerquen, ni a su marido. Tenía el pelo rubio y largo que le caía por la espalda, pero decidió cortárselo muy corto para reducir posibilidades de contagio.

"Cuando estoy a punto de llegar a casa, aviso a mi marido para que mantenga a los niños alejados de mí. Voy al baño, echo todo a lavar, me doy una ducha de 40 minutos, me restriego con agua y jabón. Después me pongo la mascarilla y, aún así, tengo a mis hijos a una distancia prudencial. Me he cortado el pelo para evitar cualquier posibilidad de traer algo a casa".

Nosotros, los médicos, resistimos, debemos hacerlo, pero estamos cerca del colapso psicológico por el esfuerzo y la ansiedad

A esta profesional de la sanidad, que no reniega ni de su función como doctora ni de su faceta como madre, no le tiembla el pulso en afirmar que "hay responsables con nombres y apellidos" de que no se hayan hecho bien las cosas. "A los médicos no se nos debe poner a trabajar en las condiciones en las que lo estamos haciendo. (...) La zona roja de la Valle Seriana se debería haber cerrado inmediatamente. Los estudios epidemiológicos eran claros, desde el inicio del brote en Wuhan, y la ciencia no es una opinión".

Denuncia que no tienen instrumental sufiiente para tratar a todos ni la protección necesaria para hacerlo. Y pone crudos ejemplos para explicar su "rabia" por la situación: "Si el paciente entra en parada respiratoria, le practicas un masaje cardíaco porque como médico, no puedes dejarle morir. ¿Y cuándo le tienes que entubar? Tienes el tubo pero no el respirador. ¿Entonces? La edad y sufrir otras patologías son criterios de exclusión de las maniobras. Ahora debemos entubar a los pacientes de 40 años. Si mañana llego oyo con diabetes, por ejemplo, voy detrás de ellos. Se discute mucho por la eutanasia, pero estas son personas que, si tuvieramos medios, podrían sobrevivir".

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