Una Italia unida obliga a los políticos a remar juntos contra el caos del coronavirus
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El apoyo al gobierno se dispara

Una Italia unida obliga a los políticos a remar juntos contra el caos del coronavirus

Los italianos se han unido ante el coronavirus. Con una sociedad cantando el himno en los balcones, los políticos entienden que es momento de entonar la misma estrofa

placeholder Foto: Un hospital en Turín, Italia. (Reuters)
Un hospital en Turín, Italia. (Reuters)

El coronavirus está descubriendo una Italia que parecía olvidada. Las calles de Roma están más limpias que nunca, las personas cumplen mayoritariamente las normas a rajatabla y el país ha recuperado un orgullo patrio que se sobrepone al desencanto social de estos últimos años. El timón social lo marcan las avenidas y plazas donde se baila en los balcones para contagiar optimismo y no virus. Y en medio de todo ese caos de mascarillas y repartir abrazos sin manos, al final, en Italia, el país que de rebote contagió el coronavirus al resto del mundo, el único estereotipo que no se ha cumplido es el de su eterna bronca política. ¿Por qué?

Salvini, líder de la Lega, principal partido opositor, ha intentado avivar con la boca pequeña una contenida revuelta en la que jugaba a dos bandas. De vez en cuando criticaba y tachaba de incompetente al primer ministro, Giuseppe Conte —"es incapaz de gestionar esta crisis", decía—, y cinco minutos después subía a sus redes sociales una enorme bandera de Italia y presumía de unidad.

Foto: Un grupo de inmigrantes rescatados en el Mediterráneo en una imagen de archivo. (EFE)

Pero en el momento clave, cuando Conte anunció el cierre de toda Italia, Salvini dio un apoyo sin fisuras, dejando, eso sí, su impronta, para parecer un líder opositor y un hombre de Estado a la vez. "Como italiano, como líder de la oposición, como padre, estoy satisfecho, porque (finalmente) el Gobierno escuchó el grito de ayuda de médicos, enfermeros, trabajadores, empresarios, alcaldes y gobernadores, en primera línea desde hace semanas. Para Italia y los italianos, nosotros estamos. Siempre". Incluso la extremista líder de los Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni, declaró que "llega desde el Gobierno una decisión rígida pero necesaria que, desafortunadamente, Fratelli d’Italia ya había previsto como ineludible para contener la epidemia".

Hubo, en todo caso, una total unidad aderezada solo con algo de la inevitable disputa política. El toque a filas de Conte fue incontestable. Ninguna región se atrevió entonces a cuestionar la medida ni su autoridad. Italia tiene un Gobierno que gobierna sobre todo el país y, a regañadientes o no, las grandes medidas han sido asumidas sin grandes disputas.

Ignorando a Salvini

El escenario hoy, sexto día de cuarentena general, es de contener la respiración y empujar. Eso puede cambiar, todo en esta crisis es nuevo para Italia. Y cada mañana, la sensación es que un estornudo puede girar el escenario 180 grados. La política va abriéndose paso, no es esto un camino de rosas en el que los partidos se reparten abrazos. Pero la sociedad se pone a cantar en los balcones el himno y los políticos entienden que es momento de entonar la misma estrofa.

Foto: Imagen de este viernes en Nápoles. (EFE)

Los pocos rifirrafes de Salvini, que va probando, pocas veces tienen respuesta desde el Palacio Chigi (sede del Gobierno). Tira la caña y nadie le responde. Sabe que no está en la foto y sabe que es complicado meter los codos y hacerse un hueco. Si se pasa de crítica, puede quedar como un oportunista que busca votos en medio de una catástrofe nacional; si se queda callado, cede todo el protagonismo a un Gobierno que va cosechando apoyos. “El poder desgasta al que no lo tiene”, decía el gran político italiano del siglo XX Giulio Andreotti.

A Salvini, la cuarentena se le puede hacer eterna. Pero cuidado con la autocomplacencia, también al Gobierno, que sabe que un resbalón no se lo va a perdonar nadie. Es pronto para asegurar nada.

placeholder Vecinos charlan desde sus balcones en Roma. (Reuters)
Vecinos charlan desde sus balcones en Roma. (Reuters)

El resultado, hasta el momento, parece haberlo impuesto más la gente. Cuando a uno lo encierran en casa, y le meten miedos y dudas, lo que quiere es esperanza y que le digan que se van a pasar los nubarrones. "El 62% de los italianos apoya las medidas del Gobierno", según una encuesta publicada este pasado sábado por 'Il Corriere della Sera'. Son buenos datos para este actual Ejecutivo, conformado por el Movimiento 5 Estrellas y el Partido Democrático, que en diciembre pasado, según otro sondeo de la empresa Ipsos, sumaban un 35% de apoyos. El gris profesor Conte, sin un especial carisma político, se ha convertido en un líder respetado que guía Italia en la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial.

Crece el apoyo al Gobierno

La encuesta de 'Il Corriere' da también interesantes datos sobre la percepción de los ciudadanos sobre sus políticos. "El 51% de los italianos cree que se ha hecho un esfuerzo común entre los líderes políticos, por un 29% que cree que ha habido desunión. Entre los líderes, Salvini, con un 12%, es el señalado como más contrario a esa unidad".

¿Ha tenido eso ya alguna repercusión sobre el electorado? Italia está en medio de la tempestad, el escenario sigue siendo el de remar para llegar a tierra, y no será hasta que esto pase que se pueda hacer un análisis de culpas y aciertos, pero una encuesta realizada a principios de este mes por la empresa Ixe, y publicada por RAI 3, daba a la Lega un 27,2% de intención de voto. Pese a que sigue siendo la primera fuerza, antes de la crisis estaba en un 32%, lo que supone una bajada de cinco puntos. Mientras, el PD obtendría un 22,5% de los votos y el M5S, un 15%. Sumando ambos, el actual Gobierno tendría un 37% de apoyos, lo que supone una subida de cinco puntos.

La confianza en el Gobierno, según esa misma encuesta, sube al 40%, tres puntos por encima de la semana previa, y a un 42% la confianza en el primer ministro Conte. Este mismo Ejecutivo se había desmoronado hace pocas semanas hasta alcanzar una confianza mínima del 28%.

De confirmarse esa tendencia, los italianos parece que están premiando más remar que poner en duda adónde se rema. Interesante para otros países entender el mensaje. “El poder desgasta al que no lo tiene”, que diría Andreotti.

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