UNA SEMANA para el paseo del 'expresident'

Incredulidad por la visita de Puigdemont: "Es el mayor mitin de la historia de Perpiñán"

A falta de seis días para que decenas de miles de independentistas acudan a ver a Puigdemont, gran parte de la población de Perpiñán desconoce lo que ya se vende como un acto "histórico"

Foto: Carles Puigdemont y Toni Comín. (Reuters)
Carles Puigdemont y Toni Comín. (Reuters)

Es domingo y en el 'parking' del Parc des Expositions de Perpiñán hay seis coches dando vueltas a poca velocidad. Uno de ellos, de repente, pega un frenazo y se detiene en seco. Del asiento del copiloto sale un hombre gritando y, segundos después, aparece por la otra puerta su mujer, que agacha la cabeza y comprueba que ha chocado contra una silla de plástico, la única que ha quedado del mercadillo de este domingo.

Él se pone al volante, arranca de forma brusca y sale chirriando las ruedas.

En este mismo aparcamiento, entre 70.000 y 100.000 independentistas catalanes se congregarán el sábado para escuchar a Carles Puigdemont y celebrar su reciente blindaje europarlamentario, que le permitirá viajar por toda Europa siempre que no pise España. El acto, convocado por el Consell de la República y con la colaboración de la ANC y Ómnium, será un evento inédito en el continente y servirá como pistoletazo de salida para la precampaña de las elecciones autonómicas en Cataluña.

“Sabía que eran las elecciones locales en Perpiñán, pero no tenía ni idea de que venía Puigdemont con tanta gente. No vendré, para evitar líos”, cuenta Vicente, un camionero ecuatoriano que viene de vez en cuando al Parc des Expositions a echar una cabezada y acaba de ver el percance del coche con la silla de plástico.

"No podemos recibir a tantos"

A un par de kilómetros de allí, sin embargo, Jules asiente detrás de un mostrador. Él, como todos los empleados de los hoteles en Perpiñán, sabe lo que va a ocurrir el fin de semana. Este recepcionista francés del Windsor confirma que no queda ni una habitación libre, aunque no se cree que vaya a venir tanta gente: “¿Dices que pueden llegar a ser hasta 100.000 personas? Yo no he visto nunca nada así en mi vida. Eso sería histórico para la ciudad. No sé si bueno o malo”, apunta riéndose al recordar que, pase lo que pase, él va a seguir cobrando lo mismo a final de mes.

Vista desde arriba del lugar donde se va a celebrar el mitin de Carles Puigdemont en Perpiñán. (C. B.)
Vista desde arriba del lugar donde se va a celebrar el mitin de Carles Puigdemont en Perpiñán. (C. B.)

“Creo que Perpiñán no puede alojar a tantas personas. Se pueden sumar otras protestas. La gente ya empezaba a estar cansada de los chalecos amarillos”, subraya. Las propias autoridades francesas, que aprobaron el evento la semana pasada, reconocen que no está siendo fácil organizar el operativo de seguridad del mitin “más grande jamás organizado” en Perpiñán, como apuntaba una fuente del ayuntamiento.

Aunque muchos en esta ciudad a 30 kilómetros de la frontera con España ven con buenos ojos la causa soberanista de sus vecinos del sur, la gran mayoría no tiene constancia de un acto que va a traer a la ciudad casi el mismo número de personas que la población entera de Perpiñán (aquí viven 120.000 personas). Todo ello, en plena campaña electoral. Perpiñán, una de las ciudades más pobres de Francia (tiene un 14% de paro frente al 8% nacional), puede convertirse en la primera ciudad francesa de más de 100.000 habitantes en ser gobernada por la ultraderecha.

El independentismo catalán en Francia

Puigdemont ha anunciado el acto como si fuera en 'Cataluña' por primera vez desde que huyó de la Justicia española hace más de dos años. Esta apelación hace referencia a los 'países catalanes' en los que, en el imaginario independentista, Perpiñán es la capital oficiosa de la llamada Cataluña norte o Rosellón, la zona francesa de habla catalana que pasó a formar parte del Estado francés de Luis XIV en 1659 tras una paz que delimitó la frontera con España en los Pirineos.

Y la herencia se nota. Barcelona, mucho más cerca que París, siempre se ha visto en Perpiñán con simpatía por los lazos históricos y culturales. “Casi todo el mundo aquí apoya a los presos políticos. La población catalana del norte es especialmente solidaria cuando hay un ataque contra los derechos humanos. La visita [de Puigdemont] está muy bien valorada aquí”, explica Brice Lafontaine, un político local proindependentista que trabaja en el ayuntamiento de la ciudad, a El Confidencial.

Sin embargo, aunque hay afinidad, los lazos catalanistas son culturales, no políticos. Apenas se ve ningún lazo amarillo en las calles ni pósteres reclamando la liberación de los políticos presos y poca gente habla catalán más allá del barrio de Saint Jacques, donde reside la gran mayoría de la comunidad gitana. Un sondeo efectuado en 2013 en los Pirineos Orientales arrojó que un 69% de su población se consideraba exclusivamente francesa, un 13% mitad francesa y mitad catalana y solo un 2% catalana. “El independentismo en Perpiñán existe, pero es muy minoritario”, reconoce Brice.

Pero aunque no sea decisivo, apoyar a Puigdemont puede suponer unos cuantos votos de cara a las elecciones municipales. Al menos para el alcalde, Jean-Marc Pujol, ya que ocho años en el consistorio le están pasando factura en las encuestas. Pujol se reunió hace unos días con Quim Torra en Barcelona y tiene pensado recibir a Puigdemont, Clara Ponsatí y Toni Comín en el ayuntamiento antes del acto, algo que sus contrincantes critican por distintos motivos.

El líder ultraderechista Louis Aliot, primero en las encuestas para el ayuntamiento con un 30%, le recriminó “exacerbar las tensiones entre Francia y los catalanes del sur” al permitir el mitin de Puigdemont justo antes de los comicios municipales. Brice le ataca por el otro lado, acusando a Pujol de llevar un doble discurso con la independencia de Cataluña: “Recibió a Quim Torra con un lazo amarillo en el traje, lazo que se había comprado aquel día y que nunca había llevado y que se quitó justo después. Peor aún, ha prohibido llevar lazos amarillos dentro del ayuntamiento”, asegura Brice.

Y le da la puntilla final: “Con estas acciones anticatalanas, ha perdido un electorado. Ahora se muestra en apoyo a los prisioneros y exiliados políticos por recuperar un poco el voto catalán, pero yo creo que la gente no caerá en su trampa".

Guerra de independentistas

Pero el problema no solo está en suelo francés. El acto del sábado, para el que ya se han reservado más de 500 autocares que partirán desde Cataluña, busca un golpe de efecto a la desesperada para avivar el interés por la causa independentista en el extranjero. Ni siquiera la presencia en el Parlamento Europeo de Puigdemont, prófugo de la Justicia española desde 2017, ni su posterior inmunidad han aumentado el interés de los medios internacionales por el 'procés' catalán.

Además, podría suponer el primer gran choque público entre ERC y JxCAT. Para entender el acto de Perpiñán, la fecha y las circunstancias, también hay que mirar a Madrid. El 26 de febrero, antes del acto de Puigdemont, se iniciará la mesa de diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez. El día era importante para ERC, que quería evitar atrasarla más allá del acto del ‘expresident’ en Perpiñán y poner todos los focos en Puigdemont. Los independentistas cada vez se parecen más a esa familia que quería mudarse de casa porque no aguantaba a los vecinos pero se ha dado cuenta de que lo que necesita es el divorcio.

El objetivo es convencer a los votantes de que el culpable es el otro. En el caso de ERC, quieren mostrar que son los posconvergentes quienes han dinamitado la unidad del independentismo expulsándoles del acto en Perpiñán y diseñando un acto a la figura de Puigdemont. Estos, por su parte, acusan a ERC de pactar con el Gobierno de Sánchez. A su favor cuentan con que Quim Torra, quien presumiblemente acudirá al mitin, dispone de la posibilidad de convocar elecciones cuando lo considere oportuno.

En Perpiñán, Puigdemont repetirá el mismo mantra que suelen exclamar tras cada baño de masas los políticos en general y los independentistas en particular: ha sido un día histórico. Pero, pase lo que pase, esta vez tendrán parte de razón.

Al fin y al cabo, no todos los años se puede celebrar un mitin un 29 de febrero en el centro del mundo.

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