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La paradoja de Brasil ante las elecciones más decisivas de su historia reciente
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Lula vs. Bolsonaro

La paradoja de Brasil ante las elecciones más decisivas de su historia reciente

En un escenario marcado por la polarización y la crispación, la izquierda brasileña ha optado por acallar cualquier tipo de autocrítica en público con tal de no afectar la campaña de Lula

Foto: El candidato por el Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva (d) y el presidente y candidato a reelección, Jair Bolsonaro (i). (EFE/Antonio Lacerda)
El candidato por el Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva (d) y el presidente y candidato a reelección, Jair Bolsonaro (i). (EFE/Antonio Lacerda)

"La izquierda se ha alejado de las calles y ha dejado de hacer el importantísimo trabajo de hormiguita con las bases. Esta es la triste realidad". Muchas voces del entorno del Partido de los Trabajadores (PT), fundado en 1980 por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, entonan este mea culpa entre bastidores. "En cambio, desde 2018, el equipo de Jair Bolsonaro ha trabajado de la mano de las iglesias evangélicas. Nosotros perdimos el contacto con las masas mientras ellos lo ganaban a pulso", refuerza otra fuente off the record, en vísperas de las elecciones más disputadas de la historia reciente de Brasil.

En un escenario marcado por la polarización y la crispación, la izquierda brasileña ha optado por acallar cualquier tipo de autocrítica en público con tal de no afectar la campaña de Lula. Ante la urgencia de ganar las elecciones a cualquier coste para "salvar la democracia", la consigna ha sido no alentar ningún debate sobre los errores del pasado o las estrategias de futuro.

Foto: Jair Bolsonaro después de conocer los resultados de la primera de las elecciones de este domingo. Ueslei Marcelino / REUTERS

Esta desconexión de las clases sociales más humildes ya fue denunciada hace cuatro años João Pedro Stédile, líder histórico del Movimento Sem Terra (MST). "Quedó claro durante esta campaña [la de 2018] que hay que retomar el trabajo de base. Si hubiéramos tenido la paciencia, durante los últimos seis meses, de ir de casa en casa en los barrios de la periferia, donde vive la gente pobre, creo que hubiéramos tenido otro resultado electoral. El pueblo entiende, pero nadie va allí a hablar con él", afirmó el día después de la victoria de Bolsonaro.

Sin embargo, el PT, que el año pasado superó su récord histórico de 1,6 millones de afiliados, no hizo su tarea y siguió olvidándose de sus bases. En las elecciones municipales de 2020, algunos líderes políticos volvieron a quejarse de ese mismo fallo. "Es exactamente uno de los grandes errores que ha cometido la izquierda en los últimos años, que no está haciendo el llamado trabajo de base", denunció en aquel entonces Leonardo Péricles Roque, presidente Unidad Popular (UP), una formación que nació tras las protestas de junio de 2013, cuando se viralizó el famoso lema "el gigante se despertó". Este político negro, que este año intentó presentarse a las elecciones presidenciales pero vio su candidatura anulada por falta de documentación, suele criticar el PT por seguir, en su opinión, la cartilla del neoliberalismo y desvincularse de las bases.

"El PT hoy en día está lleno de dinosaurios. Son funcionarios que, durante los Gobiernos de Lula y de Dilma Rousseff, ocuparon cargos en la administración pública y en el Ejecutivo, y que hoy defienden el status quo en vez de cuestionarlo. La izquierda siempre fue revolucionaria y antisistema. Paradójicamente, hoy la derecha está desempeñando ese papel. Siguiendo el patrón marcado por Donald Trump, el equipo de Bolsonaro se comporta casi como si estuviese en la oposición y hace un excelente trabajo de campo, con la ayuda de los pastores evangélicos", señala una fuente cercana al PT que prefiere mantener el anonimato.

Foto: Protesta a favor del derecho a portar armas. (Reuters/Adriano Machado)

Lula sigue siendo la cara mas visible del PT que, para muchos analistas, es la formación política mejor organizada de Brasil. El expresidente eligió apoyarse en figuras históricas del partido, como Aloízio Mercadante, que ostenta el cargo de coordinador del programa de Gobierno de Lula y es el hombre fuerte de la campaña. Licenciado en Economía por la Universidad de São Paulo (USP) y doctor en Ciencias Económicas, Mercadante es el actual presidente de la Fundación Perseu Abramo, el brazo académico del PT. Fue cofundador de este partido, diputado federal y senador por la ciudad de São Paulo, además ministro de Educación y también de Ciencia, Tecnología e Innovación durante el Gobierno de Dilma Rousseff. Era el titular de la Casa Civil, el ministerio más importante, cuando estalló la Operación Lava Jato.

Durante la campaña electoral, ha sido el responsable de delinear las propuestas de Lula en el campo económico, que sin embargo han sido cuidadosamente ocultadas a los electores, siguiendo la estrategia de intentar conquistar al mismo tiempo el voto de la izquierda y del centro. "La exención de 90.000 millones de reales (17.063 millones de euros) del impuesto sobre el combustible [aprobada por Bolsonaro] termina a finales de este año y eso amortigua el precio. Pero todavía hay una demanda acumulada de 10% en el precio de la gasolina y 13% en el diésel. Así que esa es la herencia. Habrá que analizar durante el periodo de transición y tomar medidas de política económica. Necesitamos analizar esto antes de presentar cualquier plan económico, lo que también implica volver a discutir el presupuesto del próximo año. (…) Es necesaria total transparencia para establecer una estrategia con credibilidad y previsibilidad", señaló Mercadante a la prensa brasileña. En otras palabras, solo se conocerá el programa económico del PT en caso de vitoria.

Otra figura clave del Partido de los Trabajadores es su presidenta Gleisi Hoffman, muy criticada en todos los espectros políticos por seguir apoyando a Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua. Originaria de Curitiba, el cuartel general de la Operación Lava Jato y la ciudad donde Lula estuvo encarcelado durante 580 días, Hoffmann fue elegida el 2 de octubre como diputada federal con 261.000 votos, quedándose solo por detrás de Deltan Dallagnol, exfiscal de la Lava Jato y a partir de 2023 también parlamentario. "Hoffmann es un lastre ideológico para el PT y con su actitud ofrece municiones a las milicias bolsonaristas", afirma una fuente del partido.

"Gleisi Hoffmann es un lastre ideológico para el PT y con su actitud ofrece municiones a las milicias bolsonaristas"

El exdiputado Márcio Macêdo, responsable de las finanzas del PT y de la campaña, es otro peso pesado del equipo de Lula. Es miembro del partido desde que era adolescente, en la década de 1980, aunque es un desconocido para el electorado. Entre los consejeros de Lula, cabe mencionar a Gilberto Carvalho, uno de los principales responsables de su agenda; el diputado federal Alexandre Padilha, encargado de la articulación con el sector financiero; Jacques Wagner, exministro y senador que ayuda en el diálogo político en Brasilia, con el Poder Judicial y con los militares; y Celso Amorim, ex ministro de Exteriores y responsable de planificar la política exterior del futuro (y todavía hipotético) Gobierno de Lula.

Precisamente, Wagner habló de la necesidad de un cambio generacional tras las elecciones municipales de 2020. “El PT fue fundado en un mundo que está desapareciendo. Por eso necesitamos un relevo generacional", dijo en diciembre de aquel año. "Todavía no hemos actualizado la agenda del mundo del trabajo", admitió cuando tuvo qué explicar cómo un partido nacido en el seno del sindicalismo de numerosas categorías profesionales conseguirá conectar con trabajadores cada vez más informales y uberizados.

Frente al envejecimiento de un PT casi anacrónico y desactualizado está la socióloga Rosângela Silva, 'Janja', esposa de Lula desde mayo de este año. Durante toda la campaña electoral ha mantenido un papel central, a pesar de las críticas por su excesiva presencia y por algunas declaraciones progresistas que se salen del guion establecido por los paquidermas del partido. Janja da Silva se encarga de inyectar vida en la campaña y recuperar el contacto de Lula con los jóvenes. Presionó para incluir algunos puntos sobre la defensa de las minorías, como la equidad de género y los derechos LGBTQIA+, así como diferentes temas sociales, que van desde la protección social hasta las personas sin hogar y los derechos de los animales.

Foto: Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro, días antes de la segunda vuelta de las elecciones brasileñas. (EFE/Sebastiao Moreira)

Janja también juega un papel significativo en la organización de eventos para que sean menos casposos y más mediáticos, como la super live celebrada en São Paulo a finales de septiembre con líderes negros e indígenas, artistas y conocidos influencers. Si Lula gana estas elecciones, como apuntan todos los sondeos, promete revolucionar el papel de la primera dama. "A pesar de las críticas, Janja es la única persona que da un poco de levedad a la campaña y le conecta con los jóvenes, los movimientos sociales y las caras más conocidas de Twitter y YouTube. Las fotos de Lula con raperos o exganadores del Gran Hermano que ella publica tienen mil veces más ‘me gusta’ que las fotos oficiales", señala esa misma fuente cercana al PT.

En el extremo opuesto en cuanto a visibilidad está Geraldo Alckmin, exgobernador de São Paulo y candidato a la vicepresidencia. El que fue rival de Lula en las elecciones presidenciales de 2006 es hoy un discreto aliado. Miembro del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) durante 33 años, este conservador se ha ocupado de tejer alianzas con los sectores económicos más reacios a un Gobierno de izquierda y con la Iglesia Católica, además de intentar conquistar el apoyo de los empresarios del lobby agrícola, tradicionalmente fieles a Bolsonaro.

Al otro lado del espacio político está el bolsonarismo, que funciona de una forma totalmente diferente. El actual presidente es respaldado por el Partido Liberal, que en las legislativas del 2 de octubre consiguió elegir a 99 diputados, el mayor número de representantes de su historia. Pero Bolsonaro ya pasó por ocho partidos desde que entró en la política, hace tres décadas. De hecho, en 2018 concurrió a la presidencia con el Partido Social Liberal (PSL), del que salió cabreado en 2019, tras desentenderse con el presidente Luciano Bivar.

Foto: Simone Tebet en una imagen durante la campaña. (Reuters/Adriano Machado)

Desde el primer día de Gobierno, Bolsonaro se ha comportado más como el líder de la oposición que como el presidente de la República. Después de romper con el PSL, intentó crear su proprio partido, pero no lo consiguió y decidió aliarse con el Centrão. Se trata de un grupo heterogéneo de partidos que, desde el fin de la dictadura militar, en 1985, han funcionado como bisagra, apoyando o saboteando todos los Gobiernos, como ocurrió con Dilma Rousseff, que en 2016 sufrió un impeachment.

Durante la campaña electoral de 2018, Bolsonaro prometió solemnemente que lucharía contra la vieja política y la práctica de conceder fondos públicos a estos partidos a cambio de votos en el Congreso. Sin embargo, hoy se ha convertido en el presidente que entregó más dinero a este grupo político a través del denostado presupuesto secreto, un mecanismo que permite asignar fondos especiales a diputados concreto o grupos parlamentarios para que puedan realizar políticas públicas en sus Estados de origen. Para la oposición, el presupuesto secreto podría esconder el mayor esquema de corrupción de la historia de Brasil.

En toda la campaña Bolsonaro se ha apoyado en dos sus hijos, el senador Flávio y el concejal Carlos. Este último es responsable desde 2018 de la estrategia digital y está siendo investigado por la Corte Suprema como creador y responsable de una milicia online conocida como "Gabinete del Odio". Según los jueces encargados de la investigación, esta red se dedicaría a difundir noticias falsas de forma masiva en los grupos bolsonaristas de WhatsApp y Telegram.

Foto: Lula da Silva y Jair Bolsonaro en el primer debate cara a cara de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. (EFE/Sebastião Moreira)

Gracias al dominio de las redes sociales y de la tecnología, muchos seguidores de Bolsonaro creyeron a pie juntillas en 2018 que Lula distribuiría en las escuelas un inexistente kit gay que incluía un misterioso y también inexistente biberón en forma de pene. De la misma forma, este año muchos electores de derecha y fieles evangélicos han dado credibilidad a la campaña de noticias falsas que anuncia que Lula cerrará las iglesias evangélicas, si gana, y que instituirá bañeros unisex en las escuelas. Esta información ha sido desmentida en todos los comicios por Lula.

El hombre del dinero es Valdemar da Costa Neto, presidente nacional del PL. En calidad de tesorero de campaña, convenció al presidente a grabar un video pidiendo donaciones. Bolsonaro se resistió al principio, pero finalmente cedió. Cabe destacar que Costa Neto fue condenado a casi ocho años de prisión por corrupción pasiva y blanqueo de capitales durante la investigación del Mensalão. Fue el primer gran escándalo que salpicó el primer Gobierno de Lula, cuando fue destapada una red de corrupción y soborno para la compra de votos en el Congreso.

Valdemar fue detenido en diciembre de 2013 y cumplió condena hasta mayo de 2016, cuando recibió el indulto de la Corte Suprema. Llama la atención que los mismos bolsonaristas que critican a Lula por haber sido condenado por corrupción y perdonado por el Supremo, no hacen ninguna mención al pasado turbio del presidente del PL y aliado de Bolsonaro.

Foto: Lula Da Silva. (Reuters/Mariana Greif)

El núcleo duro de la campaña del presidente de extrema derecha también incluye al ministro de la Casa Civil, Ciro Nogueira, un representante destacado del Centrão, y al ministro de Comunicaciones, Fábio Faria. Nogueira es el símbolo del cambio de rumbo de Bolsonaro. Con un historial de alianzas con el PT, consiguió superar el inicial rechazo de los militares y acabó ganando tanto espacio que hoy forma parte del ala política de la campaña.

Los militares, por cierto, siguen siendo aliados fieles de Bolsonaro hasta el punto que su vice en estas elecciones es un general retirado del Ejército. Walter Souz Braga Netto es conocido por su mano dura y su autoritarismo. Precisamente por esta razón en 2018, durante el Gobierno de Michel Temer, fue escogido para llevar a cabo la polémica intervención especial de las Fuerzas Armadas contra el crimen organizado y el narcotráfico, duramente criticada por su alto nivel de violencia y sus escasos resultados. Durante el actual Gobierno pasó por los cargos de asesor especial de la Presidencia, ministro de Defensa, jefe de Estado Mayor y jefe de Estado Mayor del Ejército.

Los militares, por cierto, han sido los responsables de fiscalizar las urnas electrónicas durante la primera vuelta, antes las sospechas de un posible fraude levantadas por Bolsonaro y sistemáticamente desmentidas por el Tribunal Superior Electoral. Sin embargo, el informe exhaustivo solo será publicado después de la celebración de la segunda vuelta, lo que refuerza la sospecha de una parte de la oposición de que en realidad existen dos informes: uno que habla de fraude en caso de victoria de Lula, y otro que constata la regularidad del proceso electoral en el caso de que Bolsonaro consiga su segundo mandato, contradiciendo de nuevo todas las previsiones de los sondeos.

"La izquierda se ha alejado de las calles y ha dejado de hacer el importantísimo trabajo de hormiguita con las bases. Esta es la triste realidad". Muchas voces del entorno del Partido de los Trabajadores (PT), fundado en 1980 por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, entonan este mea culpa entre bastidores. "En cambio, desde 2018, el equipo de Jair Bolsonaro ha trabajado de la mano de las iglesias evangélicas. Nosotros perdimos el contacto con las masas mientras ellos lo ganaban a pulso", refuerza otra fuente off the record, en vísperas de las elecciones más disputadas de la historia reciente de Brasil.

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