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El legado envenenado de Jair Bolsonaro, el último trumpista
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"Dios, patria, familia y libertad"

El legado envenenado de Jair Bolsonaro, el último trumpista

¿Estaría el último trumpista en las últimas? Es lo que parecen indicar los numerosos sondeos publicados en las últimas semanas en Brasil, que dan a Lula casi el 50% de la intención de voto, frente al 36% de Bolsonaro

Foto: Jair Bolsonaro. (EFE/Guilherme Dionísio)
Jair Bolsonaro. (EFE/Guilherme Dionísio)

"Brasil por encima de todo y Dios encima de todos". Con su lema preferido, el presidente de Brasil concluyó el último debate electoral en la cadena de televisión Globo, el más visto de los últimos 16 años, con una media de 18 millones de telespectadores y picos de 60 millones de público. Fue un debate, por cierto, caótico y caricaturesco, y no precisamente por causa del también histriónico Jair Bolsonaro, que se mantuvo insólitamente tranquilo. Un falso cura ortodoxo, también candidato a la presidencia, asumió el papel de provocador y consiguió enfurecer al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. La prensa brasileña mostró vídeos de Bolsonaro intercambiando papeles con el padre Kelmon antes del debate y le acusó de ser un representante encubierto del mandatario.

Polémicas aparte, Bolsonaro resumió en el último minuto y medio de debate su cosmogonía de derecha con esta consigna: "Dios, patria, familia y libertad". Alardeó, como ya hizo en su reciente discurso ante las Naciones Unidas, de que su Gobierno está libre de corrupción, a pesar de que su exministro de Educación fue arrestado por una trama de desvío de dinero público que implicaba a pastores evangélicos; y de que su exministro de Medio Ambiente fue acusado de participar en el mayor esquema de tráfico ilegal de madera en la Amazonía por el superintendente de la Policía Federal del Estado de Amazonas.

Foto: El expresidente y candidato a la presidencia, Luiz Inácio Lula da Silva, en un mitin en Curitiba, Brasil. (Reuters/Ueslei Marcelino)

En las consideraciones finales, Bolsonaro también recuperó los principales puntos del ideario conservador en temas sociales: destacó que respeta a la familia tradicional; que se opone al aborto, a la llamada "ideología de género" en las escuelas y a la legalización de las drogas; y que apoya el mercado libre. Además, se jactó de haber puesto en marcha uno de los programas sociales más amplios del mundo, un subsidio mensual de 600 reales (113 euros) por mes que beneficia a 20 millones de familias. Este sería, en sus palabras, su legado al final del primer mandato, junto a la recuperación económica y al mejor dato de desempleo de los últimos siete años.

Sin embargo, sus detractores hacen un balance mucho menos halagador: deforestación descontrolada en la Amazonía brasileña, con las peores tasas de los últimos 15 años; aumento del hambre, que afecta a 33 millones de brasileños; una gestión terrorífica de la pandemia, plagada de negacionismo y atrasos en la compra de la vacuna, y que se ha saldado con casi 700.000 muertos; inflación récord de dos dígitos, y el aislamiento internacional, que quedó de manifiesto durante el entierro de la reina Isabel II. En aquella ocasión, Bolsonaro aprovechó para hacer campaña electoral desde Londres, algo que ha sido duramente criticado en Brasil y en el Reino Unido.

"Espero que Lula gane en la primera vuelta porque existe un riesgo real de golpe"

¿Estaría el último trumpista en las últimas? Es lo que parecen indicar los numerosos sondeos publicados en las últimas semanas en Brasil, que dan a Lula casi el 50% de la intención de voto, frente al 36% de Bolsonaro. "Yo espero que Lula gane en la primera vuelta porque existe un riesgo real de golpe. Tengo miedo de que el presidente o sus seguidores armados hasta los dientes puedan cometer actos desesperados", comentaba Mariana, profesora lulista, en un acto del candidato de izquierda en la periferia de Río de Janeiro.

En la semana previa a las elecciones más reñidas desde el final de la dictadura militar, la campaña por el voto útil a favor de Lula ha contado con el apoyo de reconocidos economistas, intelectuales, artistas y políticos, incluidos algunos antiguos enemigos del fundador del Partido de los Trabajadores. Temerosos de las embestidas del mandatario contra el sistema de voto electrónico, que permite a Brasil divulgar en tiempo récord el resultado electoral a pesar de su dimensión continental, muchos brasileños no quieren dejar ninguna brecha para evitar cualquier aventura antidemocrática.

Foto: Jair Bolsonaro y Lula da Silva son los candidatos en las elecciones presidenciales de octubre en Brasil. Ueslei Marcelino / REUTERS

La descalificación constante de las urnas electrónicas no es un hecho aislado. Al igual que su ídolo Donald Trump, Bolsonaro ha basado su estrategia de campaña y de gobierno en la difusión de 'fake news' y en los ataques sistemáticos contra los periodistas. Según una encuesta de la agencia de verificación Aos Fatos, el presidente brasileño dio un promedio de siete ​​declaraciones falsas o tergiversadas por día en 2021. Además, entre enero de 2021 y mayo de 2022, él y sus hijos Carlos, Eduardo y Flávio utilizaron Twitter para realizar 801 ataques contra la prensa, según un informe de la Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación (Abraji).

"La pandemia no existe y el covid-19 es una gripecita"; "la vacuna puede causar sida"; "las urnas electrónicas pueden ser violadas por 'hackers"; "si no consigo el 60% de los votos, es que hubo fraude"; "los indígenas y las ONG son los verdaderos responsables de los incendios en la Amazonía"… Esas son algunas de las principales 'fake news', hábilmente diseminadas a través de las redes sociales.

Bolsonaro y su hijo Carlos, responsable de su comunicación 'online', también han inaugurado un nuevo estilo de política entre lo informal y lo paleto. Los vídeos en los que el presidente come pan con leche condensada en un bar de la esquina o se ensucia con la tradicional harina de mandioca triunfan entre sus seguidores. En muchos casos, son escenas hábilmente construidas, que pretenden mostrar el lado campechano del mandatario. Sin embargo, tanta simplicidad contrasta con los gastos desaforados realizados con la tarjeta corporativa de la presidencia. El pasado mes de abril, por ejemplo, Bolsonaro se fundió 4,2 millones de reales (cerca de 800.000 euros). Una auditoría del Tribunal de Cuentas de la Unión reveló que entre enero de 2019 y marzo de 2021 el presidente gastó 21 millones de reales (casi cuatro millones de euros).

Foto: Manifestación contra Bolsonaro frente al palacio de Planalto, en Brasilia. (Reuters)

No es una casualidad que Bolsonaro firmase su investidura con un boli Bic, posteriormente sustituido por una marca nacional tras su desencuentro con el presidente francés Macron sobre la soberanía de la Amazonía. Bolsonaro adora mostrarse en chándal y con camisetas de los principales clubes de fútbol, postea vídeos en hoteles cutres durante sus viajes oficiales y recorre el país en caravanas de moteros para recordar sus primeros tiempos en la política, cuando ni siquiera tenía presupuesto para un coche y tenía que usar su moto para distribuir los panfletos.

La falta de transparencia es otra característica de su gestión. Bolsonaro ha impuesto un secreto de 100 años sobre sus gastos corporativos; su propia vacunación; la actuación de su polémico exministro de Sanidad, Eduardo Pazuello, y sobre diferentes asuntos relacionados con sus tres hijos. Los tres son políticos y en los últimos cuatro años han sido blanco de investigaciones judiciales relacionadas con supuestos esquemas de malversación y la diseminación de 'fake news' a través del llamado "gabinete del odio". El candidato Lula ha prometido resolver este misterio en caso de que llegue al poder. "El 2 de octubre, el pueblo te va a mandar a tu casa. Yo haré un decreto para acabar con el secreto de 100 años para saber qué quiere esconder este hombre durante 100 años", reiteró durante el debate electoral.

La guerra de Bolsonaro contra la cultura y los intelectuales, y el desmonte del Ministerio de Cultura son otra herencia de su controvertida presidencia. Es inolvidable el video divulgado por el exsecretario de Cultura, Roberto Alvim, en enero de 2020, en el que plagió trechos de un discurso de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Adolf Hitler. "El arte brasileño de la próxima década será heroico y será nacional. Será dotado de grande capacidad de envolvimiento emocional y será igualmente imperativo, o entonces no será nada", dijo con solemnidad Alvim a las cámaras, en un escenario estudiado hasta el último detalle, en el que aparece una bandera de Brasil y una cruz medieval. En el fondo, podía escucharse la ópera Lohengrin de Richard Wagner, el compositor favorito del Führer. A Bolsonaro no le quedó más remedio que deshacerse de él.

Foto: El presidente de Brasil, Jair Bolsonar. (Reuters/Adriano Machado)

El aumento exponencial de armas y municiones entre los coleccionadores brasileños es otro resultado de su gestión. Su obsesión por "armar al pueblo para que no sea esclavo" es más que conocida. En la presentación de su candidatura, en julio de 2018, Bolsonaro prometió que su primera iniciativa como presidente sería liberalizar la posesión de armas para los civiles. Lo intentó en varias ocasiones, pero el Congreso y la Corte Suprema tumbaron todos los decretos.

No obstante, Bolsonaro encontró otro camino para armar a la población. En tres años, el número de armas registradas por cazadores, coleccionistas y tiradores se ha triplicado alcanzando un millón, según datos de los institutos Igarapé y de Sou da Paz. La región amazónica experimentó un aumento del 700%. "Esta explosión de armas es muy preocupante cuando sabemos que el Ejército no ha invertido en fiscalización. En nuestro país hay casi 700.000 coleccionadores armados y existe el riesgo de que usen estas armas en un momento sensible en nuestro país, ya que estamos en una campaña electoral polarizada", afirma Carolina Ricardo, del Instituto Sou da Paz.

De hecho, la violencia política ya ha causado la muerte de tres izquierdistas a manos de bolsonaristas en varios puntos del país. También se han registrado numerosas agresiones contra militantes del Partido de los Trabajadores. "Las expresiones de odio tanto dentro como fuera de internet, así como el hostigamiento y casos graves de violencia política, han hecho que numerosos brasileños teman manifestar opiniones y ejercer sus derechos políticos", señala Juanita Goebertus, directora para las Américas de Human Rights Watch. "Las autoridades electorales y judiciales, las fuerzas policiales y otras autoridades deberían hacer todo lo posible para proteger la libertad de expresión y de reunión, y para cerciorarse de que los brasileños puedan votar en condiciones seguras", agrega. El miedo y la autocensura son, sin dudas, otro rasgo de la era Bolsonaro.

"Brasil por encima de todo y Dios encima de todos". Con su lema preferido, el presidente de Brasil concluyó el último debate electoral en la cadena de televisión Globo, el más visto de los últimos 16 años, con una media de 18 millones de telespectadores y picos de 60 millones de público. Fue un debate, por cierto, caótico y caricaturesco, y no precisamente por causa del también histriónico Jair Bolsonaro, que se mantuvo insólitamente tranquilo. Un falso cura ortodoxo, también candidato a la presidencia, asumió el papel de provocador y consiguió enfurecer al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. La prensa brasileña mostró vídeos de Bolsonaro intercambiando papeles con el padre Kelmon antes del debate y le acusó de ser un representante encubierto del mandatario.

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