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El 'enfermo de Europa', otra vez: por qué UK vive una crisis todavía peor que la de los años 70
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'Bye bye', Truss

El 'enfermo de Europa', otra vez: por qué UK vive una crisis todavía peor que la de los años 70

En la crisis de los setenta, la deuda era más baja respecto al PIB, la productividad crecía y el descubrimiento de petróleo y gas en el mar del Norte prometía la autosuficiencia energética

Foto: La primera ministra Liz Truss en el 10 de Downing Street. (Toby Melville/Reuters)
La primera ministra Liz Truss en el 10 de Downing Street. (Toby Melville/Reuters)
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Aquel 28 de septiembre de 1976, el ministro del Tesoro, Denis Healey, estaba en la sala vip del aeropuerto de Heathrow, 'gin-tonic' en mano, esperando a su vuelo destino a Washington para asistir a la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI). Nunca llegó a coger el avión. La caída de la libra —la más importante desde la II Guerra Mundial antes de que llegara la crisis financiera de 2008— le obligó a volver de inmediato a su oficina. Ese mismo día, solicitaba a la institución un préstamo de emergencia de 4.000 millones de dólares.

"El Gobierno británico está en quiebra", indicaba 'The Economist' en un análisis marcado por una devaluación de la moneda, deuda soberana disparada y tensiones irreparables entre las filas de la formación en el poder, por aquel entonces los laboristas.

Foto: La primera ministra británica, Liz Truss. (Reuters/Dylan Martinez)

Las comparaciones con la crisis político-económica que se vive ahora en Westminster resultan irremediables. En esta ocasión, Kwasi Kwarteng sí llegó a coger el avión para acudir a la reunión de Washington. Pero el viaje se acortó de forma abrupta y, tan pronto como regresó a Londres el viernes pasado, fue despedido como 'Chancellor'. Era la primera gran salida del Gabinete. Este miércoles, tan solo cinco días más tarde, la titular de Interior, Suella Braverman, también presentaba su dimisión.

Tras haber tenido que cambiar a los dos pesos pesados del Ejecutivo, le ha llegado al turno a la propia Liz Truss. Llevaba poco más de un mes en Downing Street, pero su situación ya se había convertido en una completamente insostenible. Si los 'tories' ponen a otro líder en el Número 10 que no sea, una vez más, Boris Johnson, sería el tercero en menos de un año. Rocambolesco.

La crisis de los 70 se queda corta

La pregunta, por tanto, es obligada: ¿vuelve a ser el Reino Unido el "hombre enfermo de Europa"? Por el momento, no hay solicitud de préstamo. El nuevo ministro del Tesoro, Jeremy Hunt, estaba en proceso de implementar todas las medidas preventivas. Se parecen mucho, por cierto, al tipo de programas que el FMI exige rutinariamente a los mercados emergentes cuando solicitan apoyo de emergencia.

El 31 de octubre, Hunt debía presentar su estrategia para hacer frente a una deuda que roza ya el 97% del PIB. Aunque ya ha desmantelado —casi por completo— el polémico plan fiscal de Truss y ha advertido que el país se acerca una nueva era de austeridad similar (o incluso mayor) a la que el Gobierno de David Cameron impuso en 2010. Con el fin abrupto del Ejecutivo de Truss, el proceso se complica todavía más.

Foto: La primera ministra británica, Liz Truss (Reuters/Daniel Leal)

En cualquier caso, la situación que se vive ahora en el Reino Unido es mucho peor que la de década de los 70. Entonces había pérdida de competitividad internacional, relaciones laborales terribles y una inflación disparada. Pero la deuda era mucho más baja en proporción al PIB, había aún una base manufacturera sustancial, la productividad estaba en una tendencia creciente, el descubrimiento de petróleo y gas en el mar del Norte ofrecía la promesa de la autosuficiencia energética. Además, debido a que la fuerza laboral aún era joven y crecía en cifras (resultado del 'baby boom' de 1945 a 1960), el país todavía podía permitirse el asentamiento de la posguerra de un gran estado de bienestar.

Hoy, sin embargo, hay una crisis energética global derivada de la invasión rusa en Ucrania, el libro de cuentas está en números rojos (las políticas relacionadas con la pandemia cuestan más en el Reino Unido como proporción del PIB que cualquier otra economía avanzada, excepto Canadá), hay un grave problema de productividad, se dan las peores previsiones de crecimiento del G7 y la falta de mano de obra se agudiza por las nuevas normativas pos-Brexit. Además, el envejecimiento de la sociedad actual, en combinación con una fuerza laboral cada vez más escasa, han hecho que gran parte del gasto en asistencia social y atención médica sea inasequible.

Algunos economistas consideran que imponer ahora una nueva era de austeridad justo cuando el país camina hacia la recesión no es la mejor idea. Pero Downing Street tampoco es que tenga ya mucho margen de maniobra. Ya no puede darse el lujo de elegir. Los mercados soberanos han hablado y están obligando a Londres a adoptar políticas económicamente similares a las que fueron impuestas por el propio FMI o la UE a países como Grecia durante la crisis de la deuda de la eurozona.

Geopolíticamente, además, el mundo en general también parece considerablemente más inestable. A pesar de todas las advertencias de un apocalipsis nuclear, al menos en los 70 todos sabían cuál era su posición en el enfrentamiento de la Guerra Fría. Ahora, con el ascenso de China, la confrontación actual entre superpotencias parece mucho más peligrosa. Y, mientras que en los 70 en el Reino Unido los problemas se cocían a fuego lento, la velocidad con la que se desarrollan ahora los acontecimientos resta credibilidad a nivel internacional.

'Me preocupa el rumbo de este Gobierno'

En política, una semana es un mundo. Pero, en Westminster, 24 horas suponen toda una eternidad. El miércoles por la mañana, Truss se enfrentaba a su primera sesión de control después de que su nuevo titular del Tesoro haya cancelado prácticamente en su totalidad los drásticos recortes de impuestos que ella había convertido en el eje de su mandato. "Soy alguien que da la cara y que está dispuesta a tomar decisiones difíciles", declaró ante las críticas de la oposición por sus constantes volantazos. Un día después, anunciaba su renuncia.

Antes de ella, la ministra de Interior presentaba su dimisión. En una carta pública explicando los motivos de su salida, Suella Braverman señaló que tenía que dar un paso atrás tras haber cometido "un honesto error" y haber "infringido las normas" ministeriales. "Envié un documento oficial desde mi cuenta personal a un colega parlamentario en el que confío con el objetivo de recabar apoyos para una medida del Gobierno sobre inmigración. Lo correcto es que me vaya", recalcó.

Eso sí, la salida fue con portazo: "Me preocupa el rumbo de este Gobierno. No solo hemos incumplido compromisos clave que se prometieron a nuestros votantes, sino que tengo serias preocupaciones sobre el compromiso con el manifiesto". El nuevo titular de Interior era ahora Grant Shapps, el que fuera ministro de Transportes con Boris Johnson, el mismo que hace tan solo dos días pedía públicamente cambiar las reglas de la formación para poder echar a Truss y poner en su lugar a un "líder competente".

Foto: La ministra del Interior británica, Suella Braverman. (EFE/EPA/Tolga Akmen)

El llamado Comité 1922 —que reúne a los 'tories' sin cartera— celebró el miércoles la primera reunión con su nueva directiva y los ánimos estaban más que caldeados. William Wragg, vicepresidente, anunció públicamente que había presentado una carta de no confianza contra Truss. En teoría, el líder de la formación es inmune a desafíos internos en su primer año. Pero es tal el descontento que se respiraba en las filas era tal que no se descartaba cambiar las reglas. Igual que con Boris Johnson y Theresa May, esto no fue necesario. Solo fue suficiente con la presión interna para forzar su salida.

En un intento desesperado por ganarse el apoyo de los suyos, Truss había garantizado que se mantendría el "triple candado" en las pensiones, pese a que su portavoz había sugerido antes lo contrario. Cuando los conservadores llegaron al poder en 2010, se comprometieron a que las pagas se revalorizarían, lo mismo que el incremento de los ingresos medios, el IPC o un mínimo del 2,5%. La cifra que fuera mayor.

Y, en este caso, es la inflación que, según los últimos datos oficiales, se situó en septiembre en el 10,1%, frente al 9,9% en agosto, el nivel más alto en cuatro décadas. Significa, por tanto, que millones de jubilados recibirán el mayor aumento salarial registrado, ya que la pensión estatal se disparará a 10.600 libras al año a partir del próximo abril, lo que, según los analistas, es algo "insostenible".

En la década de los 70, la crisis energética, las huelgas y la espiral de inflación acabaron provocando el éxito neoliberal de Margaret Thatcher. Pero ahora el péndulo vuelve a moverse hacia el otro lado. Tras 12 años en el poder, los conservadores muestran señales evidentes de agotamiento. En Westminster se da prácticamente por hecho que se acerca el final de un ciclo. Los laboristas sacan ya más de 30 puntos de ventaja en las encuestas.

Aquel 28 de septiembre de 1976, el ministro del Tesoro, Denis Healey, estaba en la sala vip del aeropuerto de Heathrow, 'gin-tonic' en mano, esperando a su vuelo destino a Washington para asistir a la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI). Nunca llegó a coger el avión. La caída de la libra —la más importante desde la II Guerra Mundial antes de que llegara la crisis financiera de 2008— le obligó a volver de inmediato a su oficina. Ese mismo día, solicitaba a la institución un préstamo de emergencia de 4.000 millones de dólares.

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