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La apuesta de Truss: los mayores recortes de impuestos desde 1972 para un UK en recesión
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Nueva era en la economía 'tory'

La apuesta de Truss: los mayores recortes de impuestos desde 1972 para un UK en recesión

Los planes del nuevo Gobierno suponen una revolución no vista desde los presupuestos del conservador Ted Heath, que acabó en una espiral de inflación y deuda y necesitó un rescate del FMI para resolverse

Foto: La primera ministra británica, Liz Truss, en una visita a Kent este 23 de septiembre (Reuters/Dylan Martinez)
La primera ministra británica, Liz Truss, en una visita a Kent este 23 de septiembre (Reuters/Dylan Martinez)

Para algunos, “brillante”. Para otros (mayoría) un “completo disparate”. De lo que no hay duda es que se trata de una tremenda apuesta. El paquete de recortes de impuestos más radical para Reino Unido desde 1972, anunciado este viernes por el nuevo Gobierno de Liz Truss con el objetivo de impulsar la economía, no ha dejado a nadie indiferente.

La esperada comparecencia del nuevo ministro del Tesoro, Kwasi Kwarteng, tenía lugar tan sólo un día después de que el Banco de Inglaterra subiera los tipos de interés -por séptima vez consecutiva- hasta el 2,25 %, los más altos desde 2008. La institución gobernada por Andrew Bailey ha advertido que la economía británica ya está en recesión y que la inflación -actualmente del 9.9%, muy alejada del objetivo del 2%- se mantendrá en dos dígitos durante la mayor parte del año.

Foto: Liz Truss en una entrevista. (Reuters)

Con su propuesta radical, la nueva inquilina de Downing Street deja claro que la era conservadora iniciada en 2010 ha llegado a su fin. David Cameron dijo en su momento que sus prioridades podrían resumirse en tres letras: “NHS” (siglas en inglés del sistema nacional de salud). De alguna manera, Theresa May y Boris Johnson siguieron su estela, con una política sociocéntrica en lugar de econocéntrica. La misión que no le dio tiempo a cumplir a Johnson era de hecho la de equilibrar las diferencias entre el norte y sur, el famoso 'levelling up'.

Pero con Truss todo cambia. Representa un regreso a la visión de que la política se trata de economía, y que el papel más importante del Gobierno es eliminar las restricciones al crecimiento. No importa que los ricos vayan a ser más ricos y los pobres más pobres, importa el cómputo global. En definitiva, sus tres letras mágicas son ahora PIB.

Guste o no, acertada o equivocada, Truss parece tener una estrategia muy definida, frente a los bandazos de Boris Johnson según soplaba el aire de las encuestas. A la nueva primera ministra, de momento, no parece que le afecten las críticas. Sin cumplir todavía ni un mes en el Número 10 ha logrado que, pese a que los 'tories' lleven ya en el poder 12 años, se tenga la sensación de un gran cambio.

Foto: Liz Truss ha sido elegida por el Partido Conservador primera ministra tras la dimisión de Boris Johnson. (EFE/Neil Hall)

Ahora bien, está por ver si la revolución va a tener éxito. No se había visto nada parecido desde los presupuestos de 1972 del primer ministro conservador Ted Heath, un plan que acabó en una espiral de inflación y deuda, que tardó una década y un rescate del Fondo Monetario Internacional en resolverse. “Ese presupuesto ahora se conoce como el peor de los tiempos modernos. Sinceramente, espero que este funcione mucho mejor”, aseguraba Paul Johnson, director del reputado Instituto de Estudios Fiscales, en sus redes sociales.

De momento, la respuesta inmediata de los mercados a un paquete valorado en 161.000 millones de libras durante los próximos cinco años no ha sido exactamente positiva. Tras anunciarse la eliminación de la tasa máxima del 45% del impuesto sobre la renta -pagada solo por los más ricos-, reducirse la tasa básica del 20% al 19%, eliminar el incremento del impuesto de sociedades implementado por el anterior Gabinete o erradicar el actual límite a los bonus que perciben los banqueros se ha registrado una venta masiva de bonos del Estado y la libra ha caído un 1% frente al dólar, por primera vez desde 1985.

Los analistas de la City -muchos de los cuales ya habían criticado la estrategia antes incluso de que el ministro compareciera en la Cámara de los Comunes- predicen que podría haber un nuevo aumento de las tasas de interés del 1 % en la próxima reunión del Banco de Inglaterra en noviembre, hasta el punto de situarse en 5,2% en agosto de 2023. Los economistas han expresado además su preocupación de que el paquete lleve a la deuda neta acumulada -que ya supera los 2,34 billones de libras, equivalente al 96,2% del PIB- a niveles insostenibles.

Foto: Una mujer compra en un supermercado en Londres en medio de una inflación histórica. (Neil Hall/EFE)

Pero el nuevo ministro del Tesoro lo tiene claro: “Prometimos priorizar el crecimiento. Prometimos un nuevo enfoque para una nueva era y lo hemos cumplido”, ha recalcado durante su comparecencia. El Gobierno se ha fijado un objetivo de crecimiento del 2,5%, un nivel no visto desde antes de la crisis financiera de 2008.

Aunque al anuncio de este viernes se le ha llamado informalmente “mini presupuesto”, no tiene nada ni de “mini” ni de “presupuesto”. Es más bien un “evento fiscal” y, como tal, la Office for Budget Responsibility (el regulador fiscal del Gobierno, que actúa de manera independiente) no tiene que emitir sus previsiones. Por lo que Truss evita así escrutinios oficiales de sus medidas.

Sin disimular la píldora

De ahí su franqueza al descartar las preocupaciones sobre si los recortes de impuestos ayudarán a los ricos más que a los pobres. Otros líderes conservadores habrían intentado quizá endulzar la píldora de abolir el tope de las bonificaciones de los banqueros y cancelar la subida de impuestos sobre los beneficios de las grandes empresas. Pero no Truss ni su ministro Kwarteng. Ambos apuestan por impulsar la competitividad de Reino Unido, aún incluso si eso requiere de decisiones impopulares.

No es momento para sutilezas. Aunque el guiño ahora para los más ricos tiene lugar tras las medidas anunciadas nada más llegar al poder para abordar la preocupante crisis energética que este invierno dejará a muchos ciudadanos con la difícil decisión de comer o calentarse.

Foto: La primera ministra británica, Liz Truss. (EFE/Neil Hall)

A partir del 1 de octubre, el precio máximo que pagará por el gas y la electricidad cualquier hogar británico tendrá un límite de 2.900 euros anuales, y no de los más de 4.000 que la autoridad reguladora del país (OFGEM, en sus siglas en inglés) había actualizado a principios de septiembre, de acuerdo con la escalada de precios en el mercado mayorista. La medida se prolongará durante dos años, justo el tiempo que Truss tiene por delante hasta que deban celebrarse nuevas elecciones generales.

Asimismo, ninguna empresa de Reino Unido pagará más de 280 libras esterlinas por megavatio hora (MWh) de electricidad, ni más de 70 libras por MWh de gas. La medida se aplicará a todos los contratos de suministro de energía firmados desde el pasado 1 de abril. En la actualidad, los precios en el mercado mayorista, calculando el promedio de suministro previsto desde octubre a marzo, se sitúan en unas 490 libras por MWh de electricidad, y unas 170 por MWh de gas.

La economía vuelve al centro

Truss está regresando a una era anterior de conservadurismo, una que se centró abrumadoramente en la economía. Sus referentes son los economistas Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, no los filósofos Michael Oakeshott y Roger Scruton. Para algunos analistas, este Gobierno le debe más al liberalismo del siglo XIX que al conservadurismo reciente.

Desde el momento en el que Truss llegó al parlamento hace más de una década, quiso una economía menos regulada y con impuestos más bajos. Se ha sentado alrededor de la mesa del Gabinete durante ocho años y conoce bien las políticas que quiere revertir.

Foto: Playa de New Brighton, a principios de agosto. (Getty/Christopher Furlong)

Ahora bien, el desafío es mayúsculo y su autoridad no está consolidada. Su mudanza a Downing Street no es por una victoria en las urnas, sino por las primarias de un partido conservador en las que se demostró que no era la candidata favorita entre las filas y no consiguió tanto apoyo como se esperaba entre las bases.

Según la última encuesta de YouGov, los laboristas sacan ocho puntos de ventaja. Casi uno de cada diez votantes que respaldaron a los conservadores en 2019, ahora apoya a la oposición. Será fundamental ver la reacción de los llamados votantes del Muro Rojo del norte de Inglaterra, aquellos que abandonaron por primera vez desde la II Guerra Mundial a los laboristas por los 'tories' en 2019, cuando se presentaron a elecciones con la gran promesa de Boris Johnson de ejecutar el Brexit. Fue precisamente gracias a su apoyo por lo que los conservadores consiguieron una abrumadora mayoría absoluta.

Es complejo saber cómo el órdago puede salirle ahora a Truss ante la próxima cita con las urnas previstas para 2024. Los optimistas apuntan a 1992, cuando un ministro del Gabinete subestimado y poco conocido (John Major) tomó el relevo de una primera ministra cuya personalidad dominó la política (Margaret Thatcher) y brindó una sorprendente victoria electoral para los conservadores. Por su parte, los pesimistas apuntan a la cita de 1997, cuando los 'tories' perdieron su reputación de competencia económica y fueron derrotados ante el Nuevo Laborismo de Tony Blair. Solo el tiempo dirá si la gran apuesta de Truss era acertada o no.

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Para algunos, “brillante”. Para otros (mayoría) un “completo disparate”. De lo que no hay duda es que se trata de una tremenda apuesta. El paquete de recortes de impuestos más radical para Reino Unido desde 1972, anunciado este viernes por el nuevo Gobierno de Liz Truss con el objetivo de impulsar la economía, no ha dejado a nadie indiferente.

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