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3 retos para Occidente en la nueva guerra fría (si no quiere sucumbir ante China y Rusia)
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3 retos para Occidente en la nueva guerra fría (si no quiere sucumbir ante China y Rusia)

Los países OTAN deben asumir el hecho de que Occidente ha perdido gran parte de su poder de convicción y no será fácil lograr que los países de otras regiones se unan a la causa occidental en esta nueva guerra fría

Foto: Sesión del Parlamento Europeo en Estrasburgo. (Reuters/Yves Herman)
Sesión del Parlamento Europeo en Estrasburgo. (Reuters/Yves Herman)
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La guerra de Rusia contra Ucrania ha obligado a los europeos a repensar su lugar en un mundo donde la invasión ha abierto la puerta a una nueva guerra fría. Pero, a diferencia de la confrontación de bloques de la era soviética, en esta oportunidad no está nada claro todavía de qué lado están muchos Estados. Pudimos ver los límites de esta guerra fría emerger en la cumbre de la OTAN de junio de 2022 en Madrid. Los miembros de la Alianza Atlántica mostraron una unidad y determinación significativas a la hora de enviar armas a Ucrania, aumentar su gasto en defensa, reforzar los despliegues militares en Europa del Este e imponer severas sanciones económicas a Rusia.

Pero, a pesar de esto, los países OTAN deben asumir el hecho de que Occidente ha perdido gran parte de su poder de convicción —como se le recordó a esta autora en una serie reciente de reuniones con políticos de África, América Latina y Medio Oriente— y no será fácil lograr que los países de estas regiones se unan a la causa occidental en esta nueva guerra fría.

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A nivel global, en torno a dos tercios de los países apoyan a Ucrania. Sin embargo, esto no significa que estén dispuestos a respaldar sanciones o ni siquiera condenas multilaterales contra Rusia. Por ejemplo, los BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— invitaron a otros 12 países a su reciente cumbre. China aprovechó la oportunidad para instar a la unidad entre ellos y a respaldar sus intereses clave mutuamente. Dadas las tensiones internas sobre la democracia liberal, que aumentarán si la extrema derecha gana las elecciones en Italia, y en un contexto de lucha internacional entre Estados liberales y autoritarios, este tipo de episodios podría dañar aún más la idea de democracia representativa en la arena global.

En este contexto, la alianza occidental se enfrenta ahora a tres grandes desafíos que darán forma a la nueva guerra fría. Estos retos, que están en constante desarrollo, implican: alianzas externas, la unidad de la Unión Europea y el poder popular. En las tres áreas, los gobiernos occidentales juegan un papel muy diferente al de otros en el mundo.

Cuidar las alianzas externas

Muchos países de América Latina, África y Asia siguen traumatizados por el colonialismo y desconfían de lo que ven como un doble rasero en la política exterior de Estados Unidos. La intervención militar liderada por la OTAN en Libia tan solo alimentó las preocupaciones de estos países sobre la Alianza occidental, al igual que la controvertida salida estadounidense de Irak y Afganistán, dejando atrás los restos de sus proyectos reformistas inconclusos. No obstante, esto no implica que estos Estados tengan más confianza en Rusia, China o Turquía.

Foto: Talibanes en Kandahar. (EFE)

La mayoría de los Estados latinoamericanos, africanos y asiáticos están más interesados en relaciones puramente transaccionales que les sirvan para lidiar con sus problemas internos que ​​en los esfuerzos de Occidente por mantener un orden internacional basado en reglas. La desinformación rusa y china, la energía rusa barata y los préstamos y proyectos de infraestructura chinos accesibles pueden ser mucho más atractivos de lo que parece ofrecer Occidente.

Por tanto, la UE debe reconsiderar cómo aborda sus relaciones internacionales e intentar ofrecer alternativas tangibles a los planes de Rusia y China. Para asegurar su posición geopolítica, la UE debe establecer vínculos fuertes con los mercados emergentes, invirtiendo en sus sectores privados locales y permitiéndoles ingresar a la cadena de suministro global. Un enfoque en industrias como la energía, la economía verde y la infraestructura ayudaría a mostrar un compromiso con visión de futuro y orientado a la prosperidad de los países socios.

Foto: Donald Trump, junto a dirigentes de Israel, EAU y Baréin, tras la firma de los Acuerdos de Abraham, en 2020. (Reuters/Tom Brenner)

Esto es algo que le falta a China. Movilizar fondos que puedan rivalizar con la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road) de China y canalizarlos de manera estratégica a países en África y Asia es un desafío en sí mismo, ya que requeriría de un mayor consenso entre los miembros de la UE. Sin embargo, el programa de inversión en infraestructura Global Gateway de la UE, si se implementa de manera rápida y eficiente, sería un proyecto geopolíticamente significativo para mostrar el compromiso de la UE con actores externos.

Fortalecer la unidad en la Unión

Intervenciones recientes de distintos líderes de la UE y la OTAN parecen apuntar a que existen diferencias significativas entre ellos sobre cómo aproximarse a la cuestión de unas eventuales negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania. De manera crucial, Turquía, miembro de la OTAN, ha llevado una política que muchos han comparado con la rusa al invadir y anexar el territorio de países independientes (Chipre y Siria), poner en duda las fronteras con un Estado vecino (Grecia), asumir posiciones más autoritarias y cometer violaciones generalizadas de los derechos humanos.

Así como el presidente ruso invoca a Pedro el Grande y sueña con el Imperio ruso, su homólogo turco invoca a Solimán el Magnífico y al Imperio otomano. Si bien Estados Unidos y muchos países de la UE pueden haber ignorado a menudo este problema, todavía existe el riesgo de que el revisionismo de Turquía pueda amenazar la unidad de la coalición occidental. La UE debería reconocer que la asertividad de la política exterior turca es un desafío para la estabilidad regional y ajustar su política con Turquía en consecuencia. Adoptar un marco de relación transaccional y desarrollar algún tipo de interdependencia en ciertos temas bilaterales sería un primer paso, pero políticamente importante, para aumentar el poder de negociación de la UE con Ankara.

Foto: Foto de archivo del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan durante una cumbre de la OTAN en diciembre de 2019. (Reuters)

Más poder para la gente

Varios países occidentales celebrarán en el corto plazo elecciones inmersos en múltiples crisis. La mayoría de sus ciudadanos quieren apoyar a Ucrania, pero también están cansados ​​de los problemas económicos y de salud pública, así como de la sensación generalizada de inseguridad en Europa. Todo esto podría afectar sus actitudes hacia la nueva guerra fría y la solidaridad dentro de la Alianza occidental.

La situación podría empeorar este invierno, ya que nuevas subidas de los precios de la energía contribuyen a generar más inestabilidad política y más tensiones sociales. No está claro si, en estas circunstancias, los ciudadanos seguirán apoyando aumentos en el gasto de defensa o mantener una línea dura con Rusia. Existe la posibilidad de que, en algunos países occidentales, la cultura de individualismo y una renuencia a hacer incluso pequeños sacrificios por el bien común puedan conducir a un cambio importante en la política exterior.

Foto: Biden durante una visita a Bruselas. (Reuters/Kevin Lamarque)

A la larga, la democracia es el sistema de gobierno más poderoso y efectivo disponible. Pero los Estados occidentales tienen mucho pendiente para lograr convencer a sus socios en otras partes del mundo de este hecho. La democracia está a la defensiva y los motivos están bastante claros. Si Occidente quiere convencer del poder de su sistema de gobierno, primero debe arreglar sus problemas y luego crear una gran narrativa exportable.

* Este artículo fue publicado originalmente por ECFR con el títular "The three challenges for the West in the new cold war".

La guerra de Rusia contra Ucrania ha obligado a los europeos a repensar su lugar en un mundo donde la invasión ha abierto la puerta a una nueva guerra fría. Pero, a diferencia de la confrontación de bloques de la era soviética, en esta oportunidad no está nada claro todavía de qué lado están muchos Estados. Pudimos ver los límites de esta guerra fría emerger en la cumbre de la OTAN de junio de 2022 en Madrid. Los miembros de la Alianza Atlántica mostraron una unidad y determinación significativas a la hora de enviar armas a Ucrania, aumentar su gasto en defensa, reforzar los despliegues militares en Europa del Este e imponer severas sanciones económicas a Rusia.

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