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"¡Quiero nadar!": la capital de Europa no tiene ni una piscina pública al aire libre
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'Ceci n'est pas une piscine'

"¡Quiero nadar!": la capital de Europa no tiene ni una piscina pública al aire libre

Mientras se enfrenta a uno de sus veranos más calurosos, Bruselas vive una anomalía con respecto al resto de capitales europeas: su última piscina pública exterior data de 1976

Foto: Habitantes de la capital belga se refrescan en una fuente pública. (Reuters/Johanna Geron)
Habitantes de la capital belga se refrescan en una fuente pública. (Reuters/Johanna Geron)

Bruselas bien podría ser un cuadro de Magritte o una historia de Tintín. De momento, es la ciudad europea que alberga la segunda piscina más profunda del mundo, bautizada como Nemo33, pero la que no cuenta con ninguna pública en el exterior. La capital comunitaria vio desaparecer sus últimas tres piscinas al aire libre, situadas en los barrios de Evere, Saint Gilles y Anderlecht, en la década de los 70. Desde entonces, sus habitantes suplen estas carencias con un baño en los canales de Gante, una escapada a la costa de Ostende o un remojo improvisado en la fuente de Saint Catherine o los chorros de Fernand Cocq.

Bélgica ha cerrado uno de los meses de julio más calurosos de su historia. Estos días, el termómetro registra las temperaturas más altas de este año. Los vecinos alemanes pueden hacer frente a las olas de calor en las más de 20 piscinas al aire libre que hay en Berlín. París, que reúne unas condiciones meteorológicas similares a Bruselas, cuenta con diez. Y los daneses se remojan en el puerto de Copenhague. En Bruselas, darse un chapuzón en el exterior es misión casi imposible.

Foto: Rieno Unido afronta una dura sequía y aplicará restricciones de agua en las próximas semanas. (Andy Rain/EFE)

Pero en los últimos años está calando con fuerza el grito de 'Je veux nager' (quiero nadar). Desde 2016, un grupo de jóvenes arquitectos, psicólogos y trabajadores sociales fundó el movimiento 'Pool is Cool'. Durante los últimos años, eligen un punto de la ciudad y lo acondicionan para improvisar una suerte de piscina. Su crowdfunding, que ambiciona aunar 60.000 euros para establecer una infraestructura permanente, ha recaudado en las últimas semanas más de 37.000 euros. Y hasta cinco grupos musicales del país están poniendo banda sonora a la iniciativa, creando canciones con el título 'Je veux nager' para llegar a más personas. Ya existe hasta una campaña de merchandising para comprar toallas con este lema.

Desde julio hasta septiembre de 2022, este colectivo ha establecido la que podría considerarse como la primera piscina exterior en Bruselas desde 1976. A espaldas del canal, en el barrio de Anderlecht, la infraestructura de madera compone las taquillas, los trampolines o la pequeña zona para tomar el sol en la que las conversaciones se entremezclan entre toalla y toalla. 'Ceci n'est pas une piscine' (no es una piscina) al uso español. La tranquilidad no consigue abrirse paso entre el trasiego de carreras de niños que hacen temblar toda la infraestructura o el intermitente paso de embarcaciones por el canal. Pero, sobre todo, la calma se ve interrumpida por la atenta mirada del reloj que preside la piscina. Cada movimiento de manecillas recuerda que solo puedes estar ahí un máximo de 45 minutos.

placeholder Los habitantes de Bruselas aprovechan las fuentes públicas para afrontar la ola de calor. (EFE/Olivier Hoslet)
Los habitantes de Bruselas aprovechan las fuentes públicas para afrontar la ola de calor. (EFE/Olivier Hoslet)

La lista de normas para permanecer dentro del recinto es extensa. En la ciudad de la improvisación en la que rige un sistema de reglas, en ocasiones irracional, sumergirse en su primera piscina conlleva cierta responsabilidad. Los bebés pueden tomar el biberón, pero nada de papillas. Los bañistas pueden llevar su botella de agua, pero "siempre y cuando no cause molestias a otros visitantes". Y nada de juegos como mantener la respiración o bucear de extremo a extremo.

¿Primera piscina pública en 2026?

Pool is Cool reivindica el papel que las piscinas tienen en el ecosistema de la ciudad y los beneficios que acarrean tanto para la salud como para socializar y divertirse. "Gente de muchas culturas y diferentes grupos de edad quedan y se conocen en el agua y en sus alrededores. Una ciudad tanta grande y diversa como Bruselas merece diferentes oportunidades de baño", reza el manifiesto de la organización, que lleva años ejerciendo presión al Gobierno federal para que establezca varios puntos de baño tanto en el propio canal como en piscinas permanentes. Porque advierten: una no es suficiente. Para sus organizadores, todo el mundo "debería tener la oportunidad de darse un chapuzón refrescante con amigos y familiares en un caluroso día de verano".

El proyecto se ha convertido recientemente en uno de los cinco finalistas del Premio Europeo para el Espacio Público Urbano de 2022, el galardón que reconoce el mejor diseño público para las urbes. Esta edición ha contado con más de 326 candidatos de 35 países diferentes.

Diversos Gobiernos belgas maduran la idea de habilitar zonas de baño al aire libre desde hace tiempo. En los últimos meses, está tomando fuerza un plan del ayuntamiento de la ciudad para crear una macropiscina en el canal de 355 metros de largo —el tamaño de 4 olímpicas— que podría acoger a unas 2.400 personas al día. Eso sí, no estaría lista para el baño antes de 2026.

Los primeros estudios estiman que la construcción costaría unos 11,5 millones de euros y todavía continúan las investigaciones en torno a su viabilidad y sobre qué forma tomaría: una construcción dentro del propio canal o una extensión contigua. La primera opción plantea dilemas sobre la calidad de las aguas y la compatibilidad con el papel del puerto, cuyo peso es crucial en la economía del país. Pero Gert van der Eken, el nuevo director del puerto de Bruselas, ya se abre a la idea. "La región de Bruselas es verde, pero se echa en falta algo con agua. La gente necesita una conexión con el agua. En Escandinavia, la calidad del agua en el canal hace 20 años era terrible y ahora la gente nada allí. ¿Nadar en el canal? ¿Por qué no?", señalaba recientemente en una entrevista con el portal Buzz.

Bruselas bien podría ser un cuadro de Magritte o una historia de Tintín. De momento, es la ciudad europea que alberga la segunda piscina más profunda del mundo, bautizada como Nemo33, pero la que no cuenta con ninguna pública en el exterior. La capital comunitaria vio desaparecer sus últimas tres piscinas al aire libre, situadas en los barrios de Evere, Saint Gilles y Anderlecht, en la década de los 70. Desde entonces, sus habitantes suplen estas carencias con un baño en los canales de Gante, una escapada a la costa de Ostende o un remojo improvisado en la fuente de Saint Catherine o los chorros de Fernand Cocq.

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