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Hartazgo como arma: el plan de Rusia para forzar a Occidente a traicionar a Ucrania
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Presión económica

Hartazgo como arma: el plan de Rusia para forzar a Occidente a traicionar a Ucrania

El objetivo de Moscú es impedir que Europa se aprovisione de gas de cara al próximo invierno, inflamar las divisiones internas entre los socios comunitarios y que estos presionen a Ucrania para que ceda a las exigencias rusas

Foto: Funeral celebrado en Kiev. (EFE/Oleg Petrasyuk)
Funeral celebrado en Kiev. (EFE/Oleg Petrasyuk)
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El titular lo dice todo: “Enfocados en Ucrania, los gobiernos de Occidente ven crecer el malestar popular por los precios”. La pieza, publicada en RT en Español el pasado 16 de junio, no tiene desperdicio. Describe una situación en que las sociedades de la Unión Europea y Estados Unidos critican a sus dirigentes por hacerles pasar penurias con tal de castigar a Rusia y en que la unidad occidental se resquebraja ante el efecto colateral de las sanciones en los propios países que las imponen. Al día siguiente, el presentador del programa 'El Zoom', uno de los productos estrella de la cadena rusa en castellano, afirmaba abiertamente que “la gente no aguanta más y Occidente debe dar su brazo a torcer” y que “Ucrania debe ser realista, debe negociar ahora y no hacer caso a las promesas vacías de adhesión a la UE”.

Para no variar, el contexto que describe la propaganda rusa no se corresponde con la realidad, aunque en esta ocasión sí podría llegar a ocurrir. Ese es, precisamente, el plan del Kremlin. En las últimas tres semanas, los medios rusos en todos los idiomas occidentales han emitido y publicado miles de historias con un mensaje semejante: Ucrania no es vuestra guerra, pero por su culpa vais a tener que hacer frente a problemas de desabastecimiento energético y altos precios en alimentos y bienes. Todo se solucionaría si volvéis a llevaros bien con Rusia, prometen estos artículos.

Foto: Logo de RT, antigua Russia Today. (Reuters)

El bombardeo propagandístico dirigido a los espectadores occidentales es solo una parte de la gran campaña con múltiples vertientes encaminada a debilitar el apoyo de estos países a Ucrania. El ejemplo más claro es el modo en que Moscú está forzando el desabastecimiento energético de Europa. Rusia ha reducido en más de la mitad el suministro de gas a Alemania a través del gasoducto Nord Stream 2, alegando un problema técnico en una turbina supuestamente imposible de solucionar a causa de las sanciones, un pretexto que nadie se ha tragado. "La reducción del aprovisionamiento de gas a través del gasoducto Nord Stream 1 es un ataque contra nosotros", aseguró este martes el ministro alemán de Economía y Clima, Robert Habeck, en una reunión con empresarios de su país

El objetivo de Moscú parece ser impedir que Europa pueda aprovisionarse de gas de cara al próximo invierno —tal y como ha advertido el director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol— y colocarla en una posición de necesidad que, como mínimo, inflame las divisiones internas entre los socios comunitarios, y que en el mejor de los casos les lleve a obligar a Ucrania a plegarse a las exigencias rusas.

"Van ser amigos nuestros, porque se van a dar cuenta de que no hay otro remedio"

La lógica detrás de todo ello fue expresada de forma transparente esta semana por la propagandista en jefe del Kremlin, Margarita Simonyan, durante una intervención en el Foro Económico de San Petersburgo: “La hambruna va a empezar ahora y van a levantar las sanciones y a ser amigos nuestros, porque se van a dar cuenta de que no hay otro remedio”. Simonyan se refería a la inminente crisis global de alimentos, de la que los expertos vienen alertando desde hace meses, y que en algunos países ya empieza a ser severa, como en Oriente Medio y África. Esta situación alimentaria tiene múltiples causas, pero hay pocas dudas de que Rusia la está agravando deliberadamente para presionar a las cancillerías occidentales, utilizando al resto del planeta como rehén. Altos funcionarios rusos, desde el primer ministro, Dimitri Medvédev, hasta el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, han dejado claro que si Europa y EEUU quieren que Rusia permita la exportación de grano ucraniano, deben levantar las sanciones.

Rusia tiene prisa. Porque lo cierto es que, pese a la impresión de muchos en estas últimas semanas, Ucrania no está perdiendo la guerra. El supuesto cambio de la fortuna militar en favor de Rusia en la región de Donbás ofrece numerosos matices que merece la pena analizar. El primero es que las tropas ucranianas se están viendo obligadas a retirarse ante la potencia de fuego masiva desplegada por Rusia, que está causando centenares de bajas diarias en las filas ucranianas. Pero lo único que producen estos bombardeos en masa es una destrucción generalizada. El hecho de que el ejército ruso se vea obligado a recurrir a ellos es una prueba de su incapacidad para hacer la guerra de una forma más profesional y sistemática sin sufrir enormes pérdidas.

Foto: Artillería ucraniana. (EFE)

Los titulares diarios sobre las constantes retiradas ucranianas ante el empuje ruso se deben, en parte, a la concentración de periodistas de todo el mundo en la zona de Donbás, lo que produce la percepción errónea de que las fuerzas ucranianas están a la defensiva en todos los frentes. La realidad es que el ejército ucraniano está realizando avances considerables en la región sur y se encuentra a apenas 15 kilómetros de Jersón, la capital de la provincia ocupada del mismo nombre, al tiempo que infraestructuras rusas en el mar Negro. Si los ucranianos consiguen liberar Jersón, acabarían definitivamente con las pretensiones rusas de crear un corredor ribereño entre la península de Crimea y el Donbás, y posteriormente podrían reconcentrar sus fuerzas y enfocarse en la lucha por estas provincias.

Algunos expertos, de hecho, creen que esa es exactamente la estrategia ucraniana. Según esta línea de pensamiento, los líderes del país son perfectamente conscientes de la importancia del Donbás, dado el capital simbólico que el propio Vladímir Putin y su régimen le ha atribuido, pero saben que la costa del mar Negro es muchísimo más crucial en términos militares. No obstante, Zelenski y su equipo siguen lanzando lastimeros mensajes a Occidente sobre la supuesta “lucha existencial en el Donbás” en un intento de desviar la atención de los combates en el sur. También insisten en la necesidad de recibir más y más armamento, pese a que saben que pasarán meses antes de que dichos equipos y las tropas que los usarán puedan estar preparados, precisamente porque su intención no es utilizarlos ahora, sino en una futura contraofensiva, una vez que hayan recuperado el control de la costa en el sureste.

Pero los planes militares ucranianos tienen un enorme talón de Aquiles: se basan casi completamente en el apoyo occidental, sin el cual una Ucrania que ha visto su economía reducida a casi la mitad tiene pocas posibilidades de derrotar a su gigantesco vecino. De ahí la insistencia de Moscú en minar dicho respaldo. Rusia, pese a su insistencia en que ya ha ganado la guerra económica, todavía no ha tenido tiempo de sufrir el impacto de las sanciones en toda su plenitud, pero lo hará en los próximos meses. Al mismo tiempo, la inflación y los altos precios de la energía van camino de abocar a EEUU y Europa a la recesión. La invasión, transformada en una guerra de desgaste económico, se ve así reducida a esperar a ver quién se cansa primero.

Y ciertamente, la iniciativa del Kremlin podría tener éxito. No son pocas las voces prominentes europeas y —cada vez más— estadounidenses que abogan por buscar una solución rápida al conflicto para que las cosas vuelvan a su cauce lo antes posible. En algunos casos, estas voces argumentan que lo primero es detener la guerra, aunque eso signifique forzar a Ucrania a hacer algunas concesiones desagradables.

No obstante, esta postura parte a menudo de una premisa inicial errónea, que es el asumir que un cese de las hostilidades llevaría a la paz. Hay quien asegura que Putin, que no ha renunciado a sus objetivos iniciales, aprovechará esta pausa para rearmarse y renovar su ofensiva contra Kiev y otras zonas de Ucrania. Pero incluso si no es así, es altamente improbable que los ucranianos vayan a aceptar la ocupación rusa de una quinta parte de su territorio sin presentar batalla. Casi con certeza, Ucrania crearía guerrillas como las que ya funcionan en Melitópol, Jersón y otros lugares, y de hecho Kiev ha hecho públicos sus planes para ello de forma explícita. A diferencia de las grandes ofensivas convencionales de estos últimos meses, una guerrilla puede sostenerse con mínimos recursos, por lo que no dependería de la buena voluntad de ningún actor externo. Y con una población de 44 millones, de la que por ahora solo un millón de personas ha tomado las armas, pero que muestra un deseo generalizado de resistir, el país puede sostener una insurgencia por mucho tiempo. Una victoria rusa únicamente implicaría que la guerra se prolongase durante años, quizá décadas, bajo otro formato.

Será Occidente el que tenga la última palabra y Rusia espera poder forzarlo a traicionar a Ucrania. Europa, y quizá también EEUU, puede perfectamente concluir que lo mejor para sus intereses es capitular ante las presiones y mitigar el impacto de la guerra en su economía. Pero lo que no puede hacer es decir que lo hace en nombre de la paz, cuando estaría, simple y llanamente, cediendo ante un chantaje.

El titular lo dice todo: “Enfocados en Ucrania, los gobiernos de Occidente ven crecer el malestar popular por los precios”. La pieza, publicada en RT en Español el pasado 16 de junio, no tiene desperdicio. Describe una situación en que las sociedades de la Unión Europea y Estados Unidos critican a sus dirigentes por hacerles pasar penurias con tal de castigar a Rusia y en que la unidad occidental se resquebraja ante el efecto colateral de las sanciones en los propios países que las imponen. Al día siguiente, el presentador del programa 'El Zoom', uno de los productos estrella de la cadena rusa en castellano, afirmaba abiertamente que “la gente no aguanta más y Occidente debe dar su brazo a torcer” y que “Ucrania debe ser realista, debe negociar ahora y no hacer caso a las promesas vacías de adhesión a la UE”.

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