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¿Adivina dónde el covid-19 sigue abriendo periódicos? Más de 200 millones de chinos confinados
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la política 'cero covid' hace aguas

¿Adivina dónde el covid-19 sigue abriendo periódicos? Más de 200 millones de chinos confinados

El país donde se registraron los primeros casos y el que también fue para muchos modelo en el control de la enfermedad por sus medidas draconianas atraviesa ahora una extraña crisis sanitaria

Foto: Barrera para el confinamiento por un brote de covid-19 en Shanghái. (Reuters/Aly Song)
Barrera para el confinamiento por un brote de covid-19 en Shanghái. (Reuters/Aly Song)
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Han pasado más de dos años de la irrupción de la pandemia y el mundo ha aprendido convivir con el coronavirus. El covid-19 es, cada vez más, algo del pasado en la gran mayoría de los países, donde ya se respira una casi completa normalidad. Pero hay un lugar donde el virus es todavía portada. El país donde se registraron los primeros casos y el que también fue para muchos modelo en el control de la enfermedad por sus medidas draconianas atraviesa ahora una extraña crisis sanitaria. Las cifras de contagios siguen siendo inferiores a las de muchos países occidentales, pero inasumibles para la estrategia de China de 'cero covid'. Con el plan haciendo aguas, vuelven las imágenes distópicas de un Gobierno tratando de doblegar el virus a la fuerza.

Este martes, el Gobierno chino amplió las medidas de confinamiento en Shanghái, con 26 millones de habitantes cansados y frustrados. En las redes sociales chinas han criticado las medidas, que se toman pese a que tan solo 268 de los casos diarios reportados en la ciudad son sintomáticos. Los asintomáticos, por su parte, escalaron a 13.000. Mucha gente siente que las estrictas medidas que toma el Gobierno son exageradas e incluso circulan vídeos de gente protestando en las calles, lo cual es una rareza para la situación china.

"Tenemos miedo. La situación está peor que cuando empezó la pandemia, hace dos años. Mis padres viven al otro lado de la ciudad y no puedo ir a verlos", dice una estudiante china que acabó su carrera universitaria en Pekín y tuvo la mala suerte de volver a su Shanghái natal casi al mismo tiempo que se materializaba el repunte del coronavirus.

Foto: Guardias con traje protector vigilan las barricadas de una zona confinada en Shanghái. (Reuters/Aly Song)

Uno de los vídeos que circuló en las últimas horas mostraba a un joven corriendo en una enorme rueda de hámster, en un montaje que hacía clara referencia a cómo los shanghaineses se sienten acorralados y encerrados, corriendo en círculos sin moverse de posición. Sin embargo, los 'post' que mostraban la broma comenzaron a desaparecer con celeridad y ya es casi imposible de visualizarlo en Weibo, una de las redes sociales de mayor impacto en el país.

Pero, en lugar de relajarse, la política de 'cero covid' se ha endurecido pese a las crecientes muestras de descontento de los ciudadanos. El Gobierno amplió el bloqueo de Shanghái a las partes orientales de la ciudad y extendió hasta nuevo aviso las restricciones en los distritos occidentales, que debían expirar desde el lunes. Miles de residentes que han dado positivo han sido llevados a precarios centros de cuarentena construidos a toda velocidad, sin fecha de salida a la vista.

La angustia de la incertidumbre

Guido Rossi es un administrativo que ha cambiado las lujosas vistas de su oficina desde el Bund por una sala prefabricada de metal con una pequeña ventana por la que le pasan comida tres veces por día. “Si bien las condiciones son modestas, no podemos quejarnos. No nos ha faltado nada ni hemos pasado frío, además de que nos han atendido con amabilidad y con un traductor al inglés", comenta en una conversación con El Confidencial vía WhatsApp. "Pero lo que más nos angustia es la incertidumbre. Nadie nos da una respuesta sobre cuántos días seguiremos aquí y sobre cómo se desarrollará el proceso, pero posiblemente nadie lo sepa”, agrega el hombre, más preocupado por el miedo que pasa su familia que su permanencia en el centro donde está confinado por el coronavirus.

Foto: Controles en la ciudad de Xian, confinada por un brote de coronavirus a finales de diciembre. (Reuters vía 'China Daily')

Pero la situación es, de hecho, preocupante. Al hastío de encontrarse encerrado se le suma a veces la angustia por la dificultad de conseguir comida. Las aplicaciones de pedido a domicilio están saturadas y el Estado no puede proveer con normalidad una ayuda adecuada a los millones de residentes confinados. La situación arroja imágenes que en unas ocasiones parecen describir una situación cercana a la catástrofe y, en otras, una comedia de enredos apocalíptica.

Para reforzar y complementar sus estrategias de confinamiento, el Gobierno está empleando soluciones tecnológicas, muchas veces suministradas por empresas privadas que suelen estar mejor preparadas que las públicas. La más utilizada es la aplicación para control de los ciudadanos a través de WeChat o 'health code', una suerte de pasaporte sanitario que se introdujo por primera vez en la ciudad oriental de Hangzhou. El desarrollo fue un proyecto del Gobierno local con la cooperación de Ant Financial, filial del gigante del comercio electrónico Alibaba. Los usuarios se registran a través de la aplicación y se les asigna un código de color (verde, amarillo o rojo) que indica su estado de salud. Actualmente, casi no se puede circular por ninguna ciudad china sin mostrar el código verde en la aplicación.

Perros robot y drones

Las autoridades también han recurrido a métodos un tanto irrisorios, como los robots en forma de perro que patrullan por la ciudad, previniendo a los residentes de que no deben salir de sus casas. También se controla a la gente por medio de drones que sobrevuelan los edificios. Sin embargo, a pesar de la alta tecnología y de la burocracia centralizada, el covid sigue siendo muy difícil de rastrear por la ausencia de síntomas visibles en la mayoría de casos infectados.

Foto: Un médico chino, paseando por un centro de testeo de covid. (Reuters) Opinión

El Gobierno local de Shanghái ha informado que casi el 80% de un total de 25,7 millones de hisopos habían sido analizados hasta el martes, por lo que los casos positivos de la ciudad podían ser identificados y aislados. La proporción de casos asintomáticos es mucho mayor en la megaurbe que en el resto del mundo, algo que aún es motivo de debate científico sin que esta particularidad haya sido completamente esclarecida.

En estos momentos, China cuenta con 23 ciudades bajo confinamiento, afectando a unos 193 millones de personas y causando un alto impacto en su economía interna. Las alentadoras cifras de crecimiento durante los dos primeros meses del año parecen ya anticuadas y se están produciendo de caídas en casi todos los indicadores económicos, en parte afectados por las medidas contra el covid, según los analistas.

Sin embargo, a pesar de estos indicadores y del fuerte malestar de la población, Pekín no parece dar el brazo a torcer. En la editorial del diario oficialista 'Global Times' publicada el miércoles, el título lo decía bien claro: “China se adherirá inquebrantablemente a la política de cero casos”. En el artículo se cita al prestigioso epidemiólogo Wu Zunyou, jefe del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades, en un tono muy optimista. "Si nos atenemos a la política de cero casos e implementamos estrictamente las medidas, los brotes esporádicos actuales se resolverán rápidamente", aseguró, dejando claro que las medidas draconianas seguirán siendo la norma y no la excepción.

Han pasado más de dos años de la irrupción de la pandemia y el mundo ha aprendido convivir con el coronavirus. El covid-19 es, cada vez más, algo del pasado en la gran mayoría de los países, donde ya se respira una casi completa normalidad. Pero hay un lugar donde el virus es todavía portada. El país donde se registraron los primeros casos y el que también fue para muchos modelo en el control de la enfermedad por sus medidas draconianas atraviesa ahora una extraña crisis sanitaria. Las cifras de contagios siguen siendo inferiores a las de muchos países occidentales, pero inasumibles para la estrategia de China de 'cero covid'. Con el plan haciendo aguas, vuelven las imágenes distópicas de un Gobierno tratando de doblegar el virus a la fuerza.

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