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La 'receta Vucic' para Serbia: pirómano y bombero al mismo tiempo
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UN EQUILIBRIO EN RIESGO POR LA GUERRA

La 'receta Vucic' para Serbia: pirómano y bombero al mismo tiempo

Serbia celebró elecciones este domingo y no hubo ninguna sorpresa: Vucic seguirá al frente de un país clave para la UE en los Balcanes, pero muy expuesto a Rusia

Foto: Aleksandar Vucic. (EFE/Andrej Cukic)
Aleksandar Vucic. (EFE/Andrej Cukic)

Una presentadora habla en un plató de una de las principales televisiones privadas de Serbia mientras se acerca a un frigorífico que se encuentra en una esquina. Lo abre y de él sale un tipo de prácticamente dos metros, con gafas, una cara rechoncha y seria de aburrido y gris funcionario. Es Aleksandar Vucic, presidente de Serbia, con un bote de encurtidos en la mano. Cuando llegan las elecciones, Vucic tiende a hacer cosas que contrasten con su imagen de hombre serio y contundente. Los comicios se celebraron este domingo y el presidente arrasó. Otra vez.

Foto: Aleksandar Vucic tras conocer los resultados de las elecciones. (Reuters/Antonio Bronic/TPX)

Vucic no parece sentirse incómodo en ese contraste entre su figura habitual y la impostación cuando se acercaban las elecciones. No es extraño porque el líder serbio ha construido todo su capital político sobre contrastes e ideas aparentemente contradictorias. A lo largo de los años se ha presentado en occidente como un valor seguro, un líder eurófilo y comprometido con la aspiración europea de Serbia. En casa se ha presentado como un nacionalista concentrado en los intereses del país balcánico. En Moscú como uno de los mejores aliados del Kremlin en una región clave. Hace las tres cosas al mismo tiempo, como explica Miguel Roán, periodista especializado en la región, autor en los últimos años de dos libros sobre esta cuestión, 'Maratón balcánico' (2018) y 'Balcanismos' (2020). Las relaciones con Rusia son claves para Serbia, con la que tiene fuertes lazos históricos, culturales y económicos.

Foto: El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, junto a su homólogo ruso, Vladímir Putin. (EFE/Mikhail Klimentyev)

Ese equilibrio de jugar a varias bandas con los distintos socios y que por ahora le ha funcionado se está rompiendo desde que Rusia invadió Ucrania. En las últimas semanas, Serbia está sometida a una gran presión. Es el único país europeo que no ha adoptado sanciones contra Moscú. Pero no se trata de una decisión enormemente impopular en el país: Belgrado es de las pocas capitales en las que se han visto manifestaciones a favor de Rusia. Algunos analistas señalan que una vez pasadas las elecciones, Vucic se alineará de una manera más clara con los socios europeos. Pero lo hará solamente si cree que la situación de Serbia en este equilibrio es insostenible por más tiempo y que sirve a sus intereses, y tendrá que tener mucho cuidado con sus pasos: Belgrado sigue dependiendo por completo del Kremlin para evitar perder la batalla internacional sobre el reconocimiento de Kosovo, que declaró su independencia unilateral en 2008.

Pero la guerra en Ucrania no le está viniendo del todo mal al presidente serbio, que ha aprovechado para reenfocar la campaña e intentar esquivar los problemas internos que habían generado algunas protestas y malestar, especialmente en Belgrado. Poco después de la invasión, el eslogan de campaña del presidente cambió a "Paz. Estabilidad. Vucic".

Vucic durante un evento de la campaña electoral serbia. (Reuters)

Estabilocracia

La segunda palabra de ese eslógan es fundamental para entender a Vucic y el futuro de los Balcanes. En la región ha echado raíces lo que los expertos llaman "estabilocracia". Hombres fuertes que han ido captando todo el poder en sus Estados a cambio de ofrecer a occidente estabilidad. Los Balcanes es una región explosiva, que tiene una difícil historia reciente a las espaldas y en la que la prioridad es evitar volver a caer en una espiral de violencia. Y el fantasma siempre está ahí, presente.

Por eso durante años ha parecido tolerable el permitir a líder autocrático a cambio de estabilidad. Esa tendencia se disparó una vez quedó claro en 2014 que la Unión Europea no se plantearía por lo pronto añadir a nuevos miembros al club, según señala Roán. Si no había una perspectiva europea, entonces había que asegurarse de que la estabilidad quedara garantizada por otras vías.

A cambio de esa estabilidad, los Veintisiete han dado manga ancha a los líderes de la región y a sus tendencias autoritarias. Vucic ha mantenido desde entonces una doble vida respecto a la Unión Europea: la que muestra al exterior y la que promueve dentro del país. "A nivel externo maneja un discurso europeísta, pero internamente sus ministros tienen un discurso nacionalista, no euroescéptico, pero sí eurocrítico, sin que eso tenga costes electorales, porque la sociedad se decanta por una postura neutral", explica Roán. Mientras tanto, ha ido controlando cada vez más el Estado y ha limitado y controlado a los medios de comunicación independientes, lo que alimenta la espiral autoritaria.

placeholder Vucic junto al presidente ruso Vladímir Putin. (Reuters)
Vucic junto al presidente ruso Vladímir Putin. (Reuters)

Este proceso de "estabilocracia" es un poder circular. Como un 'pizzo' que se paga al mafioso para que te proteja de él mismo: ha permitido a Vucic y otros líderes en la región vertebrar su poder sobre la idea del pirómano y el bombero. "El mismo que genera un conflicto es el que lo puede solucionar", señala el autor en una entrevista con El Confidencial. Apagas los incendios que tú mismo has provocado para mostrar tu utilidad.

Con el control mediático y del Estado, líderes como Vucic pueden provocar o alimentar un foco de tensión en una región que preocupa y mucho en Bruselas y Washington por su capacidad de desestabilizar a toda Europa. Y en principio ellos no tienen interés en generar conflictos fuertes. Pero sí que obtienen réditos de juguetear con ellos.

Es una práctica muy peligrosa. Jugar con cerillas en un polvorín ético, religioso y emocional

"No tienen un interés en que haya un conflicto. El problema, y es por eso por lo que los diplomáticos tienen miedo, es que cuando ven peligrar su posición de dominio pueden generar cualquier conflicto", explica Roán, que señala que es una manera de producir marketing político para consumo interno. Es, en todo caso, una práctica muy peligrosa. Jugar con cerillas en un polvorín ético, religioso y emocional.

La UE, que recientemente ha tenido que enfrentarse a la cuestión de la ampliación después de que Ucrania haya pedido ser admitida en el club, tiene que plantearse qué hacer con los Balcanes. No significa necesariamente que haya que abrir por completo la puerta, pero hay que establecer una ruta muy clara y la estabilidad balcánica no puede depender de hombres fuertes que acaban teniendo la llave para abrir la misma caja de pandora que prometen mantener cerrada.

Una presentadora habla en un plató de una de las principales televisiones privadas de Serbia mientras se acerca a un frigorífico que se encuentra en una esquina. Lo abre y de él sale un tipo de prácticamente dos metros, con gafas, una cara rechoncha y seria de aburrido y gris funcionario. Es Aleksandar Vucic, presidente de Serbia, con un bote de encurtidos en la mano. Cuando llegan las elecciones, Vucic tiende a hacer cosas que contrasten con su imagen de hombre serio y contundente. Los comicios se celebraron este domingo y el presidente arrasó. Otra vez.

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