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"La invasión de Ucrania y el bombardeo de la OTAN en Serbia no se parecen en nada"
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entrevista con Jovana Gligorijević

"La invasión de Ucrania y el bombardeo de la OTAN en Serbia no se parecen en nada"

Era una estudiante de secundaria cuando la OTAN atacó su país y recuerda que Milosevic nunca fue tan fuerte como durante aquellos 78 días de bombardeos. Serbia acude mañana a las urnas

Foto: Jovana Gligorijević. (Cedida)
Jovana Gligorijević. (Cedida)
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Jovana Gligorijević nació en 1983 en Kragujevac (Serbia). Estudió Filosofía en Belgrado y trabaja desde entonces como periodista política en 'Vreme', un mítico semanario fundado en 1990 a imagen y semejanza de 'Time'. Representante de la generación que creció durante la guerra, que sufrió los bombardeos de la OTAN en plena adolescencia y se hizo adulta durante la convulsa transición posterior, Gligorijević es hoy editora de la publicación y se ha convertido en una de las voces críticas más escuchadas del país. Serbia celebra elecciones presidenciales el domingo y se espera la reelección de Aleksandar Vučić, la misma persona que organizó la campaña de censura y propaganda de Milošević aquellas semanas de 1999.

PREGUNTA. Serbia es país candidato a la Unión Europea y, al mismo tiempo, uno de los pocos que está intentando mantener una posición neutral frente a la invasión de Ucrania. Algunos analistas recuerdan que Serbia fue bombardeada por la OTAN y establecen paralelismos para explicar la reacción de Belgrado.

RESPUESTA. Por mucho que lo pienso no logro encontrar paralelos significativos entre la invasión rusa de Ucrania y el bombardeo de Serbia por parte de la OTAN en 1999. No se parecen en nada. Ucrania es un país atacado por otro país, mientras que el bombardeo de la OTAN se produjo como resultado de la campaña de terror contra los albaneses de Kosovo, llevado a cabo por la policía y las fuerzas paramilitares del presidente serbio Slobodan Milošević. Además estuvo precedido por las conversaciones de paz en París y Rambouillet. Hubo intentos de la comunidad internacional de razonar con Milošević. Después decidieron bombardear todo el país. Algo que, en mi opinión, fue un acto tan irrazonable como el deseo de Milošević de limpiar étnicamente Kosovo de albaneses. Pero incluso la forma de hacer la guerra no es comparable porque la OTAN atacó Serbia con aviones de combate y misiles guiados por GPS. Y no hubo batallas como las que se están librando en Ucrania. Una parte de la opinión pública en Serbia condena a Ucrania por querer unirse a la OTAN. Y de ahí parte su apoyo a Rusia. Pero si me preguntas mi opinión personal, creo que esto es totalmente irrazonable.

Foto: El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, junto a su homólogo ruso, Vladímir Putin. (EFE/Mikhail Klimentyev)

P. Tú naciste en Kragujevac, una ciudad de 150.000 habitantes al sur de Belgrado. Luego estudiaste en la capital. No sé dónde viviste los bombardeos ni cómo recuerdas lo que ocurrió.

R. Durante el bombardeo yo aún vivía en Kragujevac porque todavía era estudiante de secundaria. Pero bombardearon también mi ciudad. Mucho. Atacaron los cuarteles, la fábrica de automóviles, la fábrica de armas, la torre de televisión y una oficina de Correos donde cayó un cohete que no llegó a explotar. ¿Que cómo fueron esos días? Bueno, al principio todos bajábamos a los refugios. Después de unos días dejamos de hacerlo. Mi padre fue el único que nunca bajó. Decía que prefería morir antes que dejar que Milošević lo mandase al sótano como si fuese una rata. Decía que ya lo había humillado bastantes veces en su vida. Y no fue el único que se sintió así. Éramos muchos los que estábamos en contra de Milošević, pero nadie entendió lo que estaba haciendo la OTAN.

P. ¿No entendíais que os lanzasen bombas?

R. Entendíamos que era Milošević el culpable de todo pero al mismo tiempo, ¿por qué lo teníamos que pagar nosotros? Cientos de miles de ciudadanos de Serbia y Montenegro estábamos contra su gobierno, contra la guerra, contra lo que pasaba en Kosovo… De hecho, Milošević estaba muy molesto porque se estaba gestando un fuerte movimiento pacifista en Serbia, que surgió al comienzo de la guerra en Croacia. Era un movimiento importante y estaba respaldado por muchos partidos de la oposición, por las primeras organizaciones no gubernamentales, por casi toda la élite intelectual, por el mundo de la universidad, por la escena cultural. Toda esa gente estaba en el movimiento por la paz.

P. ¿Y qué ocurrió?

R. Empezaron los bombardeos y empezaron las restricciones de electricidad y los apagones. Todas las ventanas estaban cubiertas con cinta de embalaje. Los que vivíamos en pisos superiores teníamos que tener más cuidado porque corríamos peligro de ser alcanzados con metralla. Los que vivían cerca de edificios que sospechábamos que podían ser bombardeados lo pasaban aún peor. Además había que seguir trabajando mientras nos atacaban. Aún había dinero, pero las tiendas estaban casi vacías. Recuerdo que había colas para comprar cigarrillos, gasolina, harina, aceite... Eran situaciones parecidas a las de 1993, cuando Serbia estaba bajo sanciones económicas. En los años de la guerra ya habíamos tenido restricciones de electricidad, por lo que no era totalmente nuevo para nosotros. Habíamos desarrollado hábitos y estrategias de supervivencia.

Foto: Encuentro entre los presidentes de Serbia y China en Pekín en 2019. (Getty/Kenzaburo Fukuhara)

P. Estabais acostumbrados a las consecuencias de la guerra pero no a un bombardeo sobre vuestras ciudades, ¿no?

R. Bueno, estábamos acostumbrados a que alguien de nuestro entorno fuese movilizado por la fuerza y ​​obligado a usar uniforme. La gran diferencia es que, contrariamente a lo que sucedía durante las sanciones, en los bombardeos moría gente en las calles. Piensa que Serbia está densamente poblada y que durante el comunismo casi todas las ciudades tenían una fábrica. De hecho muchas ciudades se extendieron alrededor precisamente de esas fábricas, que luego fueron objetivo prioritario de los bombardeos. Así que todos estábamos en peligro. Mientras duró aquello no lo pensábamos mucho y los días se vivían casi como un simulacro. Sonaba la sirena antiaérea, te encontrabas con los vecinos por las escaleras bajando a los pisos inferiores. Luego cesaba el peligro aéreo y la vida volvía. Hacías compras, salías a la calle. Los adolescentes lográbamos pasar el rato. Hacíamos fiestas por la tarde en lugar de por la noche. Hoy me parece todo un poco loco, pero creo que es un mecanismo de defensa.

P. Alguna de las bombas de la OTAN alcanzaron a civiles

R. Sí, sí. Hubo casos terribles. En mayo de 1999, bombardearon Nis, una ciudad de más de 300.000 habitantes. El objetivo era el aeropuerto, pero el viento desvió cientos de bombas hacia el centro de la ciudad, matando a 15 civiles. En el sur de Serbia, en el desfiladero de Grdelica, un tren de pasajeros fue alcanzado y muchos civiles fallecieron. La OTAN siempre ha dicho que fueron errores lamentables.

P. Uno de los episodios más comentados, que también se ha recordado estos días, fue el ataque a la embajada china. Recuerdo que se rumoreaba que los chinos habían intentado hacerse con los restos de un avión 'stealh' americano y que por eso habían sido castigados. Supongo que es una leyenda urbana.

R. Sí, es solo una de las muchas leyendas urbanas. Otra leyenda decía que Milošević se había escondido con su familia en la embajada china. La versión oficial ofrecida por la OTAN es que se cometió un error y que el objetivo era la SDPR, la agencia estatal para el comercio de armas, que se encuentra a unos cien metros de lo que entonces era el edificio de la embajada china. Se usaron misiles guiados por GPS, por lo que no me sorprendería tanto que la versión oficial sea verdad. Aquellos días aprendimos que hay que tenerles más miedo a esos misiles teledirigidos porque a menudo la defensa antiaérea serbia los golpeaba lo suficiente como para desviarlos de la trayectoria prevista pero sin llegar a derribarlos.

Foto: Una mujer se vacuna con una dosis de Sinopharm en Belgrado. (Reuters)

P. Hay quien apunta que algunas de las escenas que hemos visto estos días en Ucrania recuerdan a los bombardeos de Belgrado. Se ha llegado a escribir que Putin está obsesionado con lo que ocurrió en 1999 y por eso ha propiciado escenas bélicas similares, como el famoso ataque a la torre de televisión.

R. En realidad, en Belgrado no se bombardeó la antena de la televisión, sino el edificio de la Radio Televisión de Serbia (RTS). Allí había personas trabajando, se estaban retransmitiendo noticias en directo. Había periodistas, cámaras, productores… Murieron dieciséis personas. No sé si Putin está obsesionado con bombardear Serbia, igual que no sé, ni entiendo, ninguno de los movimientos que está haciendo. Pero es un hecho que el bombardeo de RTS fue el primer caso en el que un medio de comunicación se convirtió en un objetivo militar legítimo. Y yo eso lo considero inadmisible. ¿Era RTS un medio de propaganda de Slobodan Milošević? Obviamente sí. ¿Animó RTS a matar y masacrar a los albaneses? Sinceramente no lo creo. La propaganda de aquellos días estaba plagada de mentiras. Se exageró el número de víctimas serbias y se guardó silencio sobre otras cosas importantes que estaban sucediendo. Y también difundió discursos del odio. Por supuesto que todo eso ocurrió. Pero no se puede convertir una televisión en un objetivo militar. Las personas que dirigían RTS en ese momento, las estrellas de esa televisión, deberían ser juzgadas y excluidas de la vida pública. Pero bombardear sus oficinas fue un acto de barbarie.

La madre de Vučić estaba en la televisión serbia cuando la bombardeó la OTAN

P. La OTAN siempre ha dicho que advertían con antelación sobre cuándo y dónde se iban a producir los ataques. Y algunos altos cargos fueron juzgados y condenados años después por la propia justicia serbia por utilizar civiles como escudos humanos.

R. Sí, así fue. El director general de RTS, Dragoljub Milanovic, sabía que RTS sería bombardeada y no evacuó a todos los empleados. Solo advirtió a algunos privilegiados, incluida su esposa Ljiljana, la editora del programa central de noticias en ese momento. Hay un hecho interesante y sorprendente: el actual presidente de Serbia, Aleksandar Vučić, era entonces el Ministro de Información. Todos los periodistas lo recordamos como el ministro más agresivo de todos, el que aprobó una de las leyes de información más terribles que hemos tenido. Lo hizo solo unos meses antes del bombardeo. Su madre era periodista de RTS y ella sí se quedó en el edificio. Resultó ilesa, afortunadamente. Pero nadie había advertido a Vučić de que bombardearían la televisión en la que trabajaba su madre. Al parecer, eso provocó una discusión muy fuerte entre él y Milošević. Años después, en 2002, el director de RTS fue condenado a diez años de prisión porque no actuó según las órdenes del gobierno y porque no evacuó a los empleados. Cumplió su condena y ha vivido lejos del ojo público desde entonces. De hecho, ni siquiera sé si todavía sigue vivo.

P. Muchos de los serbios que se opusieron activamente al régimen de Milošević enfurecieron con el bombardeo de la OTAN. Incluso hoy se indignan al recordarlo. Reconocen que la presión internacional ayudó a tumbar a Milošević , pero al mismo tiempo creen que bombardear las ciudades fue devastador en todos los sentidos. No sé si algo parecido puede ocurrir con las sanciones económicas. Me refiero a Rusia pero no solo. ¿Se puede tumbar un régimen castigando a todo un país?

R. Francamente, yo pertenezco a ese grupo del que hablas. Milošević llegó al poder cuando yo tenía 4 años. Me crie en un ambiente en el que se le consideraba el mal supremo. Incluso hoy sigo pensando que encarnaba el mal supremo y que su gobierno arruinó para siempre la vida de todos nosotros. No solo de Serbia, sino de toda la ex Yugoslavia. Y creo que su caída es el resultado de los esfuerzos de sus opositores, que pelearon desde el principio hasta el fin de su gobierno sin descanso. El apoyo extranjero sirvió para financiar esos esfuerzos de la oposición, pero Milošević no fue derrocado por la comunidad internacional, sino por los ciudadanos serbios que primero acudieron a las urnas y votaron en su contra. Y que luego salieron a las calles, dispuestos a defender con sus vidas los resultados electorales.

Foto: Cabinas de vacunación en Belgrado. (EFE) Opinión

P. ¿Los bombardeos no sirvieron de nada?

R. Hay una cosa que todos deberían saber: Slobodan Milošević gobernó durante 13 años, pero nunca, nunca fue más fuerte y ni más peligroso para su población que durante esos 78 días que duró el bombardeo. Fue después de que terminase cuando se convirtió realmente en un dictador en sentido pleno. Cerraron los medios de comunicación y arrestaron a los editores. La Seguridad del Estado asesinó a Slavko Curuvija, propietario del periódico de oposición más destacado (‘Telegraf’). Luego tuvimos que empezar a tener cuidado incluso con lo que decíamos por teléfono... La OTAN provocó que todos los ciudadanos serbios se convirtiesen en rehenes de Slobodan Milošević. 'Vreme', el semanario en el que trabajo ahora, llegó a plantearse cerrar durante el bombardeo porque Aleksandar Vučić -actual presidente- revisaba cada número antes de publicarlo. Nunca ha habido tanta censura.

P. ¿Cómo contó ‘Vreme’ lo que estaba sucediendo?

R. Todavía guardo esos números y los miro de vez en cuando. Primero me entristezco cuando veo lo aburridos, estériles y neutrales que eran los artículos. Pero luego pienso que realmente era una cuestión de vida o muerte, que podrían haber matado a esos trabajadores. Una vez que entiendes eso, lo empiezas a leer de otra manera y empiezas a buscar significados entre líneas. Te das cuenta de que los periodistas lograron mostrar su oposición incluso en un momento en el que sus vidas estaban en riesgo. Pero quiero volver a subrayar una idea: Milošević nunca fue más fuerte que durante el bombardeo. Y le sirvió para poner en marcha los métodos de terror que mantuvo hasta su caída, como el arresto de los opositores. Aquel fue el único período en el que los oponentes de Milošević realmente temían por sus vidas. Aún así, siguieron peleando. Y lo más importante de todo: los crímenes más terribles y más salvajes contra los albaneses fueron cometidos por el régimen de Milošević precisamente durante el bombardeo. Así que siempre nos preguntaremos: ¿dónde está la lógica de todo esto? Nos bombardearon a todos para detener la limpieza étnica en Kosovo. Y no solo no se detuvo, sino que alcanzó su punto más alto.

placeholder Jovana Gligorijević. (Cedida/N1)
Jovana Gligorijević. (Cedida/N1)

P. La Unión Europea invierte más dinero que Rusia en Serbia. También manda más ayuda. Sin embargo, muchos serbios se sienten más cercanos, agradecidos y representados por Moscú que por Bruselas. ¿Es una cuestión de cercanía cultural, de nacionalismo anti-occidental, o hay algo más?

R. La supuesta cercanía de Serbia con Rusia es una vieja narrativa que ha sido forzada a propósito por ciertos círculos sociales y que tiene una marcada orientación derechista. La rusofilia es una moda más que una creencia sincera. Ni siquiera podemos hablar de cercanía cultural porque el estado serbio moderno, que nace en 1804 cuando se produce el primer levantamiento contra el Imperio Otomano, siempre ha estado políticamente orientado hacia el oeste de Europa. También lo fue en la Primera y Segunda Guerra Mundial. Incluso el comunismo local tenía mejores relaciones con Occidente que con Rusia, después del gran cisma entre Tito y Stalin en 1948. De hecho, las raíces de nuestro antifascismo las importaron los jóvenes voluntarios que lucharon en la Guerra Civil Española. Tenemos un puñado de héroes nacionales que fueron partisanos y que son apodados "los españoles", porque las habilidades de la guerra (e incluso las expresiones ideológicas) se aprendieron en España.

Aquí nadie ve películas rusas, ni conocemos a sus cantantes, ni a sus deportistas

P. Muchos serbios aún recuerdan que las tropas de Stalin liberaron el país.

R. Es verdad que la antigua Yugoslavia fue liberada con la ayuda del Ejército Rojo. Pero no fue liberada por el Ejército Rojo. Teníamos nuestro propio movimiento de liberación. Mira, ni siquiera hemos compartido la religión ortodoxa con los rusos. Nuestra iglesia miró hacia Grecia tradicionalmente. Solo en la última década ha aumentado la influencia de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que es parcial porque aún domina el ecumenismo. Aquí nadie ve películas rusas, ni sabemos los nombres de sus estrellas pop, ni de sus atletas, con la excepción de los más internacionales. Es verdad que estudiamos a Pushkin, Chekhov, Tolstoy, Dostoevsky en la escuela... pero también a Hemingway, Faulkner, Salinger. Y Shakespeare es obligatorio en los cuatro cursos de secundaria. Lo que quiero decir es que esta supuesta rusofilia está muy forzada. Es más mediática y política que otra cosa. Y no refleja la imagen real de esta sociedad. Hay un grupo de personas que están sinceramente fascinadas con Putin y lo apoyan incondicionalmente. Pero te garantizo que no sabrían encontrar a Rusia en un mapamundi. En el mapa de Europa quizá sí, pero solo porque Rusia es grande.

P. Algunos medios serbios, incluidos algunos influyentes tabloides, tienen una visión de las cosas muy favorable a los intereses de Rusia. ¿Por qué? ¿Para agradar a sus lectores? ¿Para defender ciertos intereses?

R. En realidad únicamente hay un tabloide que apoya claramente a Putin, pero es el más leído y el más vendido. El motivo es la fascinación de su editor con el personaje. Estamos hablando de una persona que utiliza un perfume llamado ‘Putin’, algo que nadie sabe de donde ha sacado. Cada vez que compra un nuevo frasco lo publica en Twitter. Es tan banal como eso. Sí es cierto, sin embargo, que nuestro gobierno coquetea con todos. Ya viste como Serbia condenó la invasión de Ucrania, pero luego no impuso sanciones a Rusia. Al presidente Vučić le gusta afirmar que es gran amigo de todo el mundo. Hasta su dimisión como canciller, decía que era íntimo de Angela Merkel. A Benjamin Netanyahu le llama públicamente "Bibi". Iba contando la de veces que le había dado la mano a Trump. Y en esa obsesión por parecer cercano a los líderes de todo el mundo también dice que es un gran amigo de Putin.

Foto: Novak Djokovic. (EFE/Diego Fedele)

P. ¿Hay otros intereses concretos en llevarse bien con Rusia?

R. Gazprom tiene una participación en la propiedad de la mayor empresa petrolera serbia. Esa es la más importante. Yo creo que esta relación existe más en la fantasía y la propaganda política, donde hay un vago sentimiento prorruso, algo casi cómico. Tuvimos un intento de establecer un partido serbio-ruso, en el que no había rusos, pero había un griego. Parece un chiste pero te juro que ocurrió. Al revés de lo que pasa en otros países, no hemos encontrado un rastro financiero ruso en Serbia. Tienen algunos medios propios, como Sputnik Srbija… y eso es todo. Se han encontrado indicios de que podrían haber estado financiando a extraños grupos radicales que se oponen al aborto y a partidos minoritarios de extrema derecha. Pero sin insignificantes. Por resumir, el apoyo a Rusia dentro de la sociedad serbia es puramente declarativo, desinformado y basado en mitos o modas.

P. Durante el gobierno de Vučić, Serbia ha pasado de ser considerado una democracia consolidada a un régimen híbrido. ¿Se está convirtiendo en uno de los muchos países en los que la democracia está en retroceso?

R. Sí, las cosas están cada vez peor en todos los sentidos. La pandemia ha frenado un poco ciertos procesos autoritarios que se venían dando desde 2012, pero la tendencia sigue ahí. Los medios se dividen en aquellos mimados por el régimen y el resto, a los que se considera enemigos mortales. En los primeros ya ni siquiera invitan a los opositores a sus programas. Si lo hacen es para que les griten e insulten. El gobierno evita todos los medios independientes y luego nos acusa de ofrecer información parcial cuando realmente no tenemos acceso a su posición. En el parlamento, solo los partidos de las minorías nacionales (y no todos) siguen haciendo una oposición sincera. La realidad es que ahora mismo no hay oposición en el parlamento.

R. ¿En qué más sentidos han empeorado las cosas?

R. En Serbia, la cercanía con el gobierno siempre ha sido necesaria en mayor o menor medida para hacer negocios exitosos, para prosperar en la administración pública, para ser director de una escuela... Pero lo que tenemos hoy es algo nunca visto. En las provincias, tu empleo ya depende literalmente de si te afilias al partido del gobierno. Los ciudadanos corrientes nunca han sufrido este grado de chantaje e intimidación. Te pongo un ejemplo de algo que ha ocurrido hoy mismo: un ex jugador de baloncesto que era director de uno de los dos clubes deportivos más grandes de Serbia ha tenido que renunciar a su cargo porque unos hooligans habían gritado consignas insultantes contra Vučić. Se le exigió que escribiera una disculpa bajo la amenaza de arruinar económicamente al club y él renunció porque no quería aceptar el chantaje. El problema es que la mayoría de la gente no pueden permitirse el lujo de mantener la dignidad. Fíjate en un detalle: el Partido Progresista Serbio (en el poder) tiene 800.000 miembros con una población de apenas 7 millones. En términos porcentuales, tienen más afiliados que el Partido Comunista Chino. Se necesitarían muchos años de entrevista para relatar todas las presiones y todas las áreas de la vida en las que se producen. Es algo que ya corrompe a todo el país.

Hay más brutalidad policial hoy que cuando Milosevic golpeaba a los manifestantes

P. Algunos de los abusos recientes parecen sacados de otras latitudes o de otras épocas. Para mí hay uno que funciona como metáfora perfecta de lo que está ocurriendo: la construcción de ese lujoso complejo frente al río, el Belgrade Waterfront. Según relatasteis, unos gánsteres sacaron de noche a la gente que vivía allí, destruyeron sus casas, y sobre esos terrenos han construido un centro comercial y residencial que no tiene nada que envidiar a los más lujosos del mundo. La impunidad ha sido absoluta. Si vienes de visita piensas: qué bonito, cómo está prosperando Belgrado. Luego escuchas la historia y resulta incluso difícil de creer.

R. Han construido una ciudad dentro de la ciudad. Estamos hablando nada menos que de la demolición ilegal de casas y edificios en el paseo fluvial de la ciudad. Esas viviendas las echaron abajo unos encapuchados que actuaron como fantasmas de noche. Esposaron a los vecinos, les confiscaron sus celulares. La policía se negó a salir en toda la noche e ignoró las llamadas de los pocos ciudadanos que se enteraron de lo que estaba pasando. Incluso hoy, no se sabe con certeza quién lo ordenó, aunque muchas pruebas llevan hasta el actual Ministro de Finanzas y entonces alcalde, Siniša Mali, uno de los colaboradores más cercanos de Vučić.

P. ¿Cómo de comunes son las violaciones de los derechos humanos en los últimos años?

R. Créeme que ya no lo sé. Lo primero que me viene a la cabeza es la detención de la periodista Ana Lalic al inicio de la pandemia, cuando publicó un artículo sobre la falta absoluta de equipos de protección para los sanitarios. Fue liberada gracias a la presión de sus lectores y la comunidad internacional. El plan era que fuese juzgada por sembrar el pánico y acosar a los poderes públicos. Luego, en julio de 2020, hubo protestas por el intento de Vučić de volver a instaurar el toque de queda después de haber declarado la victoria sobre el coronavirus. Al final se relajaron las medidas porque había campaña electoral. La brutalidad policial contra los manifestantes fue horrible, incluso más brutal que cuando las fuerzas especiales de Milošević golpeaban a los manifestantes. La cantidad de gases lacrimógenos arrojados en Belgrado esos días no tiene precedentes. Y estamos hablando de una ciudad en la que se han arrojado muchos gases desde 1991 hasta hoy. Recientemente se intentó aprobar una ley por la cual el estado puede confiscar tierras sin compensación siempre que las autoridades consideren que pueden utilizarse para el beneficio público, por ejemplo si hay minerales que explotar. Esa ley ha sido retirada porque se acercan nuevamente las elecciones.

P. ¿Qué esperas de estas elecciones? ¿Habrá compra de votos como se ha venido denunciando en los últimos años?

R. Tuvimos elecciones parlamentarias en 2020 y las próximas deberían ser en 2024, pero Vučić siempre encuentra una razón para convocar elecciones parlamentarias anticipadas cada dos años. Supuestamente se trata de comprobar la confianza de los ciudadanos en el gobierno. Tenemos elecciones solo porque él quiere.

Las elecciones son tan sucias que en la lista puede aparecer tu abuelo muerto en 1993

P. ¿Serán unas elecciones limpias?

R. No, no lo creo. Vučić logró destruir el único legado que quedaba del 5 de octubre, el día en el que fue derrocado Milošević. Desde 2000 hasta 2014, no tuvimos dudas sobre el proceso electoral. Vučić llegó al poder en 2012 gracias a ese legado. Desde entonces, hemos sufrido compra de votos, presión sobre los votantes, registro de personas inexistentes en direcciones correctas, listas sospechosas... La manipulación de las listas de electores funciona de varias maneras. Por ejemplo, no elimina a los fallecidos o inscribe a personas que no existen. También puede pasar que vayas a votar y simplemente no estés en la lista porque saben que eres una persona que ha mostrado un rechazo público al partido del gobierno. O que de repente en la lista aparezca tu abuelo, que falleció en 1993. Son casos documentados. Yo me espero todas las manipulaciones imaginables y habrá nuevos trucos esta vez. Pero también espero que la oposición ingrese al parlamento, y que el oponente más fuerte de Vučić obtenga al menos el 24% de los votos. Que haya una acción más madura en las filas opositoras. Baso mis estimaciones en los porcentajes de elecciones anteriores.

P. ¿Está más unida la oposición?

R. Se están comportando con más madurez que en años anteriores. Cuando llegó, Vučić logró dispersar a los principales partidos de oposición con difamaciones sensacionalistas dirigidas a sus líderes. Todas estas personas fueron arrastradas por el lodo. Tanto ellos como sus familias. Hay que distinguir entre la verdadera oposición y los partidos satélites de Vučić. Los primeros no van a las elecciones como una sola coalición, sino que siguen fragmentados, pero todos apoyan abiertamente al ex general Zdravko Ponos, postulado por el bloque opositor más fuerte. Luego la Coalición Verde-Izquierda tiene su propia candidata, una distinguida profesora de la Facultad de Biología, Biljana Stojković, que es poco probable que logre un resultado significativo. Ya ha anunciado, sin embargo, la posibilidad de unirse a la Serbia Unida de Ponos si ambas acceden al Parlamento o a la Asamblea de Belgrado.

P. Crees que la guerra de Ucrania puede afectar a la estabilidad de la antigua Yugoslavia.

R. Honestamente, no creo que el impacto sea muy diferente al de cualquier otro país europeo que no sea miembro de la UE. Por otro lado, tenemos la experiencia de la caída del Muro de Berlín, que prácticamente se derrumbó sobre la antigua Yugoslavia, en un momento en que éramos el país comunista más liberal y ya avanzábamos lentamente hacia la democracia. Luego es cierto que nos deslizamos hacia el nacionalismo y la guerra. Con todo, creo que los líderes de todos los países de la ex Yugoslavia a menudo libran conflictos artificiales para satisfacer a un electorado de orientación nacionalista. Yo bromeo diciendo que tienen un grupo conjunto de WhatsApp entre ellos donde acuerdan qué nuevo conflicto van a inventarse, y luego se ríen de las personas que confiaron en ellos.

La UE se quemó con la adhesión de Rumanía y Bulgaria, y luego con la de Croacia

P. Se ha especulado mucho sobre los efectos que pueda tener la guerra de Ucrania en Kosovo y en Bosnia Herzegovina, sobre todo en la república Srpska.

R. Las relaciones entre Serbia y Kosovo, así como el comportamiento de las autoridades de la República Srpska, son ya tan tóxicos que podrían haber escalado incluso sin la guerra en Ucrania. Si a los políticos locales les conviene ir a un conflicto bélico, lo intentarán. Pero no creo que lo consigan, porque no son muy hábiles. Tienen un poder absoluto en sus pequeños territorios pero es lo máximo a lo que pueden llegar: a ser sheriffs locales que ocasionalmente chocan con el sheriff del distrito vecino. No tienen mucho talento para la política, ni la movilización de masas. Quizá ese sea el hecho que acabe salvando a los ciudadanos de la ex Yugoslavia.

P. ¿Qué expectativas tiene Serbia depositadas en la Unión Europrea? ¿Crees que la guerra de Ucrania pueda ayudar a entender la importancia de reforzar la seguridad en su flanco oriental?

R. Si yo fuera la UE, aceptaría primero a todos los países que son candidatos y que forman parte de la antigua Unión Soviética. Para protegerlos y protegerse de nuevas invasiones rusas. De todos modos, la conquista de Ucrania por parte de Putin me sigue resultando incomprensible, así que no sé qué más se le puede ocurrir. Por otro lado, la UE se quemó gravemente con la adhesión de Rumanía y Bulgaria, y luego con la de Croacia, en un momento en que aún no eran estados de derecho y tenían un alto nivel de corrupción. Serbia está lejísimos de ser un estado de derecho y la corrupción está arraigada en todos los niveles de la sociedad. Realmente me gustaría ver a Serbia en la UE, pero creo que es importante abordar la corrupción lo antes posible, fortalecer todas las instituciones arruinadas, restaurar la reputación del poder judicial y de la fiscalía. Y restablecer la posibilidad real de que haya un cambio de gobierno. Estas son las cosas que salvarán a Serbia y no la pertenencia a la UE. Ahí están los ejemplos de Hungría, e incluso Polonia, para entender que la pertenencia a la UE no garantiza la supervivencia de la democracia. Y si algo hemos aprendido en Serbia estos años es que la democracia es más importante que cualquier otra cosa para que un país funcione.

Jovana Gligorijević nació en 1983 en Kragujevac (Serbia). Estudió Filosofía en Belgrado y trabaja desde entonces como periodista política en 'Vreme', un mítico semanario fundado en 1990 a imagen y semejanza de 'Time'. Representante de la generación que creció durante la guerra, que sufrió los bombardeos de la OTAN en plena adolescencia y se hizo adulta durante la convulsa transición posterior, Gligorijević es hoy editora de la publicación y se ha convertido en una de las voces críticas más escuchadas del país. Serbia celebra elecciones presidenciales el domingo y se espera la reelección de Aleksandar Vučić, la misma persona que organizó la campaña de censura y propaganda de Milošević aquellas semanas de 1999.

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