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"Djokovic no se deja dirigir": cuando tu enemigo interno es más peligroso que Nadal
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Del gluten al gurú

"Djokovic no se deja dirigir": cuando tu enemigo interno es más peligroso que Nadal

Cómo el tenista serbio empezó a desconfiar de las industrias farmacéuticas y alimentarias, se entregó a las prácticas alternativas y acabó en un 'calabozo' australiano

Foto: Novak Djokovic. (EFE/Diego Fedele)
Novak Djokovic. (EFE/Diego Fedele)

Novak Djokovic retenido en Australia en medio de un escándalo mundial con ingredientes de alto voltaje. He aquí un nuevo momento estelar en la vida del mejor tenista del mundo. Pero para entender cómo Djokovic acabó tarifando con la justicia australiana por no vacunarse del covid, hay que repasar otros momentos claves de su biografía:

1) Djokovic tenía seis años cuando tuvo la primera iluminación de su vida. Estaba en la pizzería de sus padres, en una ciudad de montaña de la antigua Yugoslavia, viendo a Pete Sampras ganar Wimbledon. "Lo supe inmediatamente: algún día ese sería yo", contó en su biografía. Dicho y hecho.

2) Djokovic tenía once años cuando la OTAN bombardeó Belgrado. "Oí un ruido a mis espaldas que parecía partir el cielo en dos, era como si una enorme máquina quitanieves estuviera partiendo el hielo de las nubes. Seguía tumbado en el suelo y me fijé en nuestra casa. Por encima del tejado se acercaba el triángulo gris de acero inoxidable de un bombardero F-117. Observé horrorizado cómo su enorme estómago de metal se abría justo por encima de mí y dejaba caer dos misiles. Su objetivo era mi familia, mis amigos, mi vecindario. Todo lo que había conocido".

3) Djokovic tenía 22 años cuando se desmoronó en un partido contra Tsonga en el Abierto de Australia. "Esa fuerza invisible volvió al ataque. No podía respirar. Algo empezó a ascender por mi garganta… Me marché corriendo a los vestuarios, entré en el lavabo y me arrodillé para apoyarme en el retrete. Notaba espasmos en el estómago, y tuve la sensación de que vomitaba toda mi fuerza".

En efecto, el evento número 3 parece insignificante comparado con los eventos 1 y 2, pero quizá explique mejor cómo Djokovic empezó 2022 retenido en un aeropuerto australiano.

"Djokovic ha superado increíbles dificultades para alcanzar un lugar privilegiado en la historia del tenis. Consiguió entrenarse en Serbia, un país en el que era un deporte prácticamente desconocido. Continuó con su exigente disciplina de entrenos mientras Belgrado permanecía sitiada durante la guerra de Kosovo y su familia se albergaba durante meses en un refugio antiaéreo. Aun así, a pesar de los obstáculos que tuvo que superar, hubo algo que por poco dio al traste con este campeón. Ese escollo era el trigo moderno", contó el doctor Williams Davis en el prólogo de la autobiografía de Djokovic, 'El secreto de un ganador', que al contrario de otras memorias de deportistas de élite, no se centra en los éxitos deportivos sino en la filosofía alimentaria y vital del tenista.

Resumiendo: El mayor enemigo de Djokovic no es ni Australia, ni Nadal, ni la OMS. El mayor enemigo interno de Djokovic es el gluten.

Este es un artículo sobre cómo Djokovic empezó a desconfiar de las industrias alimentaria y farmacéutica, se entregó a las prácticas alternativas… y acabó retenido en Australia.

Dame más gasolina

Contexto del partido contra Tsonga en 2010: Djokovic ya estaba en la élite, pero aún no era el tenista alfa dominante, porque solía quedarse sin gasolina en algunos partidos sin motivo aparente.

Sus rivales llegaron a tomárselo a pitorreo. "Gané mi primer Grand Slam, el Abierto de Australia, en enero de 2008. Toda una hazaña. Pero al cabo de un año, tuve que retirarme del torneo una vez más. ¿El campeón que defendía el título se retiraba? ¿Qué me estaba pasando? 'Calambres, gripe aviar, ántrax, SARS, tos y un resfriado común', dijo Roddick acerca de mí, burlándose del hecho de que enfermaba a menudo. Incluso Federer, que es una persona educada, me menospreció: 'Creo que no es un jugador serio en lo que concierne a sus lesiones'… Me veían como ese crío consentido de Serbia que se hundía en los grandes torneos cuando los partidos se ponían difíciles", recordó Djokovic en su biografía.

¿Qué le pasaba a Djokovic? "Levantaba pesas, montaba en bicicleta o corría durante varias horas al día. Resultaba absurdo que estuviera en baja forma. Cambié de preparadores físicos. Cambié de entrenadores. Me operé la nariz con la esperanza de poder respirar con más facilidad… En 2007, me convertí en el segundo jugador en derrotar a Roger Federer y Rafael Nadal desde su ascenso a la cima de este deporte, pero tenía la sensación de llevar atada una cuerda al torso que tiraba de mí hacia atrás".

"¿Mi problema? Lo que ahora muchos médicos llaman cerebro de cereal"

El tenista se hizo todo tipo de pruebas sin dar con la tecla. Tras su desmoronamiento contra Tsonga en Australia en 2010, un médico serbio desconocido (Cetojevic) le diagnosticó una intolerancia alimentaria: demasiado trigo.

"Sufría calambres en el cerebro además de en el cuerpo. Me sentía aturdido y poco concentrado. Cabe pensar que si Rafael Nadal te lanza un saque a más de 200 kilómetros por hora, tu mente estará atenta, pero a nivel mental y emocional algo no funcionaba. ¿Mi problema? Lo que ahora muchos médicos llaman 'cerebro de cereal'".

El doctor Cejotevic le quitó el gluten durante dos semanas, Djokovic empezó a sentirse mejor y tuvo una iluminación. Declaró la guerra al trigo y se convirtió en un obseso de las dietas (algo normal hoy día en el deporte de élite, pero que él ha convertido en momento místico clave de su éxito deportivo).

1) "Lo que impedía mi pleno rendimiento era algo que jamás había imaginado. Me alimentaba fatal… Comía un montón de pizza, pasta, pan y platos pesados de carne. Creía que mi entrenamiento compensaba cada galleta que comía. Pero ese tipo de alimentos provoca un fenómeno denominado 'inflamación'. Básicamente, tu cuerpo reacciona a los alimentos que no le gustan: rigidez, dolor en las articulaciones, retortijones".

2) "Lo único que hice fue dejar de ingerir gluten —la proteína que se halla en el trigo— y mi cuerpo empezó inmediatamente a sentirse mejor. Me volví más ligero, más rápido, más lúcido en mente y espíritu. Al cabo de dos semanas, supe que mi vida había cambiado. Hice otros retoques, como reducir el azúcar y los lácteos, y cuando me despertaba cada mañana sabía que era una persona completamente distinta".

"De repente, tenía una gran lucidez. Disponía de la claridad mental para ver los senderos que podía tomar un saque a 220 km/h"

3) "No fue un nuevo programa de entrenamientos lo que me llevó a convertirme en el mejor del mundo en dieciocho meses. Fue una dieta nueva. Me sentía más ligero y alerta, y mucho más lleno de energía. Era más rápido, más flexible, y podía devolver pelotas imposibles. Estaba más fuerte que nunca, y mi concentración mental era inquebrantable. Ya no me cansaba ni me costaba respirar. Mi asma desapareció; mis miedos y dudas quedaron reemplazados por la confianza. No he sufrido ningún resfriado en los últimos tres años. Algunos periodistas definieron mi temporada de 2011 como el mejor año de un jugador de tenis de todos los tiempos. Lo único que cambié fue mi alimentación", contó en su libro de 2014.

Y dijo más: "De repente, tenía una gran lucidez en los partidos. Disponía de la claridad mental para ver los senderos que podía tomar un saque a 220 kilómetros por hora hasta que aterrizaba en mi raqueta. Sabía que podía devolverlo todo y plantar la pelota allí donde fuera necesario. Sentía la energía circulando por mis músculos. Tenía ese paso extra imprescindible para ser el mejor del mundo".

Era un hombre nuevo, indestructible y con una misión. Un apóstol de las terapias alternativas que desconfiaba de las verdades oficiales sobre la salud:

"Los mandamases de las industrias alimentarias y farmacéuticas entienden que muchos sucumbimos al miedo"

1) "Si no eres abierto de miras, pueden manipularte. Los poderosos están muy interesados en que no cuestiones lo que se te inculca. Tanto si se trata de un gobierno comunista como de los mandamases de las industrias alimentarias y farmacéuticas, quienes detentan el poder entienden que muchos sucumbimos al miedo. No es necesario vivir bajo un régimen dictatorial para ser manipulado por el miedo. Nos asusta no tener suficiente comida, dinero o seguridad. Trabajamos incansablemente y llenamos nuestros cuerpos con comida rápida y alimentos procesados porque tenemos miedo de reducir nuestro ritmo. Entonces nuestros cuerpos se rebelan. Vamos al médico porque sufrimos problemas de estómago, dolores de cabeza o de espalda. Queremos una cura. Nos administran pastillas para curar los síntomas, pero eso solo sirve para esconder los problemas bajo la alfombra. Así era como vivía yo".

2) "Algunas personas que han llegado a lo más alto alimentan la negatividad. Las empresas farmacéuticas y alimentarias quieren que las personas tengan miedo. Quieren que estén enfermas... Es de locos".

3) "La medicina oriental te enseña a alinear la mente, el cuerpo y el alma. Si albergas sentimientos positivos en tu mente —amor, alegría, felicidad—, tu cuerpo se verá beneficiado".

Esta última afirmación sobre el amor es importante. En la época en que publicó su biografía, Djokovic contrató como asesor espiritual a un extenista español reconvertido en gurú: Pepe Imaz, director de una academia de tenis 'new age' en Marbella.

placeholder Imaz y Djokovic en Marbella antes de su viaje a Australia. (Reuters)
Imaz y Djokovic en Marbella antes de su viaje a Australia. (Reuters)

Así habló Imaz

Pero si la dieta sin gluten le puso como un toro, el momento de mayor poder de Imaz en el universo Djokovic coincidió, casualidad o no, con el mayor bajón deportivo de su carrera en 2016. Se acusó a Imaz de apagar el fuego interior de Djokovic —experto en romper raquetas durante los partidos y en canalizar su rabia en golpes ganadores— con un exceso de jipismo.

La ascendencia de Imaz generó un efecto Yoko Ono: tensiones en el núcleo duro de Djokovic. El tenista prescindió de algunos de sus colaboradores de toda la vida. Boris Becker, que entonces entrenaba al serbio, chocó con Imaz, según informaciones de la prensa alemana.

Imaz, que dejó el tenis profesional tras una depresión, defendió su labor con Djokovic en una entrevista a 'El País' en 2017:

"Nunca, ni a Novak ni a nadie, le digo lo que tiene que hacer"

"Djokovic notó el bienestar; seguía compitiendo y jugando, pero en lugar de verlo como una competición agresiva lo veía de un modo armónico. Su carácter se comenzó a armonizar, su juego comenzó a evolucionar… Todo esto le aportó muchísimo. Ganó Roland Garros, que era lo único que le faltaba, con esa calma que le estoy contando. Recuerdo que antes de las semifinales yo estuve con él toda la noche. Después de casi cuatro años de trabajo, me decía: Pepe, es maravilloso, porque estoy muy cerca de mi objetivo pero estoy en calma, no hay angustia, no hay miedo, esto es impresionante".

"Es tan bonito cuando aparece alguien como Novak, que además de tenerlo todo se muestra interesado por otras cosas y se involucra en su crecimiento interior. Sin embargo, en lugar de decir, ¡qué maravilla!, y ponerlo de ejemplo, se intenta destruir aquello que hace... Novak es un icono y ha escogido el camino del amor".

Imaz acabó saliendo del núcleo que acompañaba al tenista en el día a día, pero la relación sigue en pie: un hermano del tenista trabaja en su academia, y Djokovic estuvo entrenando con Imaz en Marbella antes de viajar a Australia.

Tras el escándalo australiano, Imaz colgó un vídeo de 50 minutos en YouTube para explicar su relación con el tenista. Extractos del monólogo:

"Estos días ha explotado algo hacia mi persona, debido a mi cercanía con Novak. Por eso estoy compartiendo esto. En mi corazón no hay miedo, hay verdad… Se está hablando y se está juzgando quién soy yo, ese tal Pepe Imaz. ¿A qué se dedica? ¿Qué ha hecho con Novak? ¿Le ha comido la cabeza? Se ha dicho que si tengo una secta… Para explicar quién soy yo, hay que preguntar primero quién eres tú: un ser humano divino y maravilloso… Soy una persona con mis divinas y maravillosas carencias".

"Nunca, ni a Novak ni a nadie, le digo lo que tiene que hacer, porque sería creer que yo tengo la verdad y él no… Hay un intercambio de experiencias... Novak no se va a dejar dirigir ni por mi ni por nadie... Yo no estoy detrás de lo que él hace".

"Novak es una persona buena, empática, generosa, sencilla, humilde. No al 100%, pero bastante más que la media".

El primer acto de la conversión de Djokovic a las terapias alternativas —su guerra contra el trigo— acabó en victoria. El segundo, la entrada de Imaz en su núcleo duro, trajo tormenta. El tercero, su choque contra Australia, Nadal y la OMS, es ya un apocalipsis cargado de gluten.

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