nuevo acercamiento serbia-kosovo

La UE busca dar un impulso definitivo a la negociación del 'procés de los Balcanes'

La acusación de crímenes de guerra contra el presidente de Kosovo ha bloqueado las negociaciones auspiciadas por EEUU y devuelve el protagonismo a las conversaciones lideradas por la UE

Foto: Protesta en Kosovo. (EFE)
Protesta en Kosovo. (EFE)

Por primera vez este 2020, un presidente del Gobierno español se ha sentado en la misma mesa que su homólogo de Kosovo. En parte gracias al coronavirus. Fue en una cumbre digital sobre los Balcanes y para ello España puso una serie de condiciones estrictas: no habría banderas de los países y cuando se diera paso a los distintos líderes se haría por el nombre, pero no por el cargo. ¿La razón? El Gobierno de Pedro Sánchez no quería ni el más mínimo indicio protocolario que diera a entender un reconocimiento de Kosovo, una de las líneas rojas de la diplomacia española durante años. Pero el contexto está cambiando.

Tras derrumbarse las negociaciones que lideraba Estados Unidos para reconciliar a Serbia y Kosovo, que se independizó unilateralmente en 2008, la Unión Europea ha dado un paso al frente. Este domingo 12 de julio Josep Borrell, Alto Representante, se reúne reunión con los líderes de Kosovo y de Serbia para intentar volver a encauzar unas conversaciones “a la europea”. En ella estarán Miroslav Lajcák, representante especial de la UE para el diálogo Prístina-Belgrado; Avdullah Hoti, primer ministro kosovar, y Aleksandar Vucic, presidente de Serbia.

Para allanar el camino a este encuentro en Bruselas, el viernes ya se celebró una cumbre entre Francia, Alemania, Kosovo y Serbia. Para la UE, los Balcanes son un tema urgente. El bloque necesita resolver esta disputa para terminar de normalizar su relación con esta región clave en la que Bruselas compite con la creciente influencia de China y Rusia y que ahora mismo es una de las principales teclas para desestabilizar a los Veintisiete.

Nuevo revés, nuevo impulso

Pero esa operación es de todo menos sencilla. El último revés al proceso -un diálogo que iba a ser auspiciado por la Casa Blanca- descarriló después de que Hashim Tachi, presidente kosovar, fuera acusado por la Fiscalía Especial de La Haya para Kosovo de crímenes de guerra por presuntas torturas, persecuciones y desapariciones forzadas, además de por el asesinato de 100 personas. Tachi ha prometido dimitir si estas acusaciones se confirman.

Sin embargo, esta mediación tampoco contentaba demasiado a ninguna de las dos partes. Prístina acusaba a Washington y su enviado especial, Richard Grenell, de tener un enfoque exclusivamente económico y de negociar con una pistola sobre la mesa -como suele hacer la administración Trump-. Incluso el antiguo ex primer ministro kosovar acusa a Grenell de haber orquestado la caída de su Gobierno. El estilo europeo es totalmente distinto. Tanto que se señala a la UE por no asumir su responsabilidad en las conversaciones.

La semana en la que las negociaciones de Estados Unidos fracasaban los líderes de Serbia y Kosovo visitaban Bruselas. Estos días el primer ministro kosovar ha estado activo, visitando, entre otros, al presidente francés Emmanuel Macron. Pero, incluso aunque no compartía las últimas negociaciones dirigidas por los estadounidenses, Prístina tiende más a confiar en la mediación de Washington que en la europea, entre otras razones por el impulso norteamericano al bombardeo de la OTAN. Por su parte, Serbia, candidata a entrar en la UE, tiende más a los socios europeos, que le han impuesto como una de las condiciones para acceder al club la resolución del conflicto con Kosovo.

Durante los últimos dos años las negociaciones han estado bloqueadas. En 2018, un arancel que impuso Kosovo a los productos serbios y el apoyo europeo al plan del presidente serbio Vucic para "corregir" las fronteras con Kosovo -que provocó un gran revuelo en Prístina- hicieron fracasar entonces las conversaciones. Pero ahora la Unión Europea espera avances a partir de julio.

No más papistas que el Papa

El gesto de Sánchez ha dejado claro que la posición española sigue inamovible. Ya en 2018, Mariano Rajoy se negó a participar en una reunión en Sofía (Bulgaria) porque Kosovo iba a sentarse en la misma mesa y menos en ese momento. Solo habían pasado unos meses desde el referéndum ilegal de independencia en Cataluña de octubre de 2017 -seguido de una declaración unilateral de independencia, suspendida segundos después- que acabó con la fuga de parte de la cúpula del Govern de la Genralitat. La posición de España estaba bajo presión por las imágenes de cargas policiales mientras Carles Puigdemont, huido de la justicia, buscaba el apoyo internacional que al ‘procés’ le había faltado hasta entonces.

El hilo que conecta Barcelona con Pristina, la capital kosovar, es demasiado corto. Para España es importante que no se sienten precedentes de un reconocimiento total por parte de los socios europeos a un territorio que ha declarado su independencia de manera unilateral contra la constitución del país. Y ese es el caso de Kosovo, que en 2008 declaró unilateralmente su independencia respecto a Serbia, un movimiento que se consideró que no violaba el derecho internacional, pero que sí era contrario a la constitución serbia. La única herramienta que le quedó a Belgrado para frenar el proceso era evitar el reconocimiento internacional.

Cuando Serbia reconozca a Kosovo, España lo hará. “No vamos a ser más papistas que el Papa”

A día de hoy, solo cinco miembros de la Unión Europea siguen desconociendo ese país: España, Chipre, Grecia, Eslovaquia y Rumanía. Tampoco lo reconocen potencias internacionales como China y Rusia. Pero ninguno tiene una oposición tan sólida y clara como la del Gobierno español. Fuentes diplomáticas admitían en febrero que este asunto era “una china en el zapato” de España. En los últimos meses, sin modificar su postura de fondo, Madrid ha comenzado a abrirse. Cuando Serbia reconozca a Kosovo, España lo hará. “No vamos a ser más papistas que el Papa”, han señalado en varias ocasiones voces del ministerio de Exteriores.

Sin embargo, el diálogo entre ambos actores es muy débil y se puede romper en cualquier momento. Los últimos meses han mostrado que cada vez que la UE no asume el mando de forma proactiva, Washington ocupa su lugar con soluciones “parche” alineadas con sus intereses en el vecindario. Este domingo marca el inicio de una nueva etapa para estas negociaciones que la UE intentará que no se escapen de su marco.

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