Elecciones en Marruecos: la oportunidad de acabar con los islamistas
  1. Mundo
El PJD, en la mira de Mohamed VI

Elecciones en Marruecos: la oportunidad de acabar con los islamistas

El palacio real impulsó, a través de Interior, una nueva ley para impedir al Partido de la Justicia y del Desarrollo renovar su mayoría relativa en las legislativas del miércoles

Foto: El primer ministro marroquí, Saaedine el Othmani, junto a un retrato de Mohamed VI. (Reuters)
El primer ministro marroquí, Saaedine el Othmani, junto a un retrato de Mohamed VI. (Reuters)
EC EXCLUSIVO Artículo solo para suscriptores

Quizás el 8 de septiembre se cumpla, por fin, el sueño del palacio real marroquí: acabar con los islamistas moderados del Partido de la Justicia del Desarrollo (PJD), que desde hace más de una década son una pieza fundamental de la política en Marruecos. Ese día se celebran elecciones legislativas y es probable que el PJD no vuelva a obtener la mayoría relativa de escaños (125), y de sufragios, que ostenta desde 2011 y que le ha permitido encabezar el Ejecutivo. Si, pese a todo, la consigue le será muy difícil formar un Gobierno de coalición.

El próximo miércoles, casi 18 millones de marroquíes han sido convocados a las urnas para elegir no solo a sus 395 diputados sino a 678 consejeros de 12 regiones y a unos 31.000 concejales. Más de seis millones de marroquíes adultos no se han inscrito en el censo y, por tanto, no votarán. Tampoco lo harán la mayoría de los inscritos si se mantiene la escasa participación (43%) de las últimas legislativas. En definitiva, solo uno de cada cuatro marroquíes adultos suele acudir a las urnas.

Foto: Mohamed VI. (Getty)

Varios factores explican este aparente desinterés por la política de los marroquíes. La quinta parte de la población es analfabeta, el movimiento islamista Justicia y Caridad —ilegal, pero tolerado— apuesta por el boicoteo de las urnas y también existe la percepción de que los partidos políticos son meros figurantes en un país cuya Constitución otorga al rey el grueso del poder ejecutivo. Fue el monarca el que anunció, por ejemplo, en el verano de 2020 un plan de reactivación económica de 12.000 millones de euros para paliar la crisis causada por la pandemia y también la generalización de la Seguridad Social en 2025.

La historia de Marruecos en el siglo XXI es la de un pulso entre el islam político y el palacio real que este parece a punto de ganar. Una reforma del sistema electoral impulsada, en marzo, por el Ministerio del Interior otorgará una sobrerrepresentación a los partidos pequeños y penalizará a los grandes, empezando por el PJD. Difícilmente podrá ahora conseguir más de un escaño por circunscripción.

Una reforma para destronar al PJD

Cuando la reforma electoral se votó en el Parlamento, solo los islamistas y una pequeña formación de izquierdas se pronunciaron en contra, mientras que los grandes partidos convencionales la apoyaron pese a que les perjudicaba. “Obedecían órdenes de arriba”, explica Javier Otazu, corresponsal de la agencia EFE en Rabat durante una década, en su libro 'Los tres jaques del rey de Marruecos' (editorial Catarata), que será publicado este otoño.

Foto: El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. (EFE)

“Se trataba de limitar el peso electoral del PJD y si no se podía hacer en las urnas, se haría con ingeniería electoral”, prosigue Otazu. “Que eso supusiera despojar de sentido las reglas de la democracia era un problema menor”, concluye el autor. También se redujo ese peso diseñando circunscripciones electorales que sobrerrepresentaban el mundo rural, en el que los islamistas no cosechan muchos votos.

La lucha entre el palacio real y el PJD —un partido afín a los Hermanos Musulmanes, pero que se declara monárquico— se hizo patente ya en 2008 cuando Fouad Ali el Himma, el gran amigo de Mohamed VI, se alejó del entorno del monarca para contribuir a fundar el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM). Puso en pie un conglomerado de notables y empresarios que debía de ser un dique frente al auge de los islamistas.

Foto: El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, junto a su predecesora, Arancha González Laya. (EFE)

Pese a quedar descafeinada, la versión marroquí de la 'primavera árabe' supuso un impulso para los islamistas moderados. Ganaron, por primera vez, las elecciones legislativas en noviembre de 2011 y su líder carismático, Abdelilá Benkirane, fue designado por el monarca para formar Gobierno. Fueron de nuevo vencedores, con una mayoría más holgada, en 2016, pero esta vez Aziz Akhnouch, un multimillonario amigo del rey, rechazó apoyar con los votos de sus diputados la continuación de Benkirane como jefe del Ejecutivo. Actuó probablemente en connivencia con el palacio real.

Mohamed VI encargó entonces, en marzo de 2017, a Saaedine el Othmani, el número dos del PJD, la tarea de formar Gobierno. Es un líder insípido, comparado con Benkirane, que ni siquiera aprovechó el escaso margen que la Constitución marroquí otorga al jefe del Ejecutivo para gobernar. Prueba de ello es que Abdelouafi Laftit, el ministro del Interior, impuso su reforma electoral dañina para los islamistas. El monarca decidió además, en diciembre, establecer relaciones con Israel y, pese a la tradición propalestina del PJD, Othmani se doblegó. “La patria pasa por delante del partido”, se justificó.

A las urnas entre acusaciones de corrupción

Al desgaste del PJD por ostentar una pequeña parcela de poder sin ejercerla y de la ley electoral desfavorable, se añade otro elemento perjudicial para los islamistas: la corrupción que caracteriza los comicios en Marruecos. Si el recuento de votos es bastante transparente, los sufragios se compran con dinero. Un comunicado del PJD denunció, la semana pasada, “la utilización obscena de dinero para atraer a los electores y a algunos interventores en los colegios electorales”.

Foto: El rey de Marruecos, Mohamed VI, recibió el 22 de diciembre a una delegación norteamericano-israelí días después de cancelar la cumbre con España, prevista para el 17 de diciembre. (MAP)

El partido islamista no mencionaba ninguna formación, pero otros políticos sí han acusado a Reagrupamiento Nacional de los Independientes (RNI), la formación que encabeza Aziz Akhnouch, el hombre más rico de Marruecos después del rey. En las anteriores elecciones llegó en cuarta posición, pero, pese a la prohibición de los sondeos en Marruecos, algunos indicios apuntan que ahora podría ser la primera.

El RNI es uno de esos partidos artificiales, llamados en Marruecos 'de la Administración', creados en los años setenta por el entonces todopoderoso ministro del Interior, Driss Basri, para frenar a la izquierda en las urnas. Desde que lo dirige Aziz Akhnouch ha cobrado vida, con tanta más razón que el PAM, la formación alentada en 2008 por el palacio real, está en declive. Las guerras internas minan el partido, que no parece ya en condiciones de rivalizar con los islamistas por el primer puesto. En las anteriores legislativas, el PAM quedó segundo.

El PJD ha servido todos estos años para canalizar el descontento de parte de la sociedad marroquí, agudizado además por la crisis económica causada por la pandemia, que sigue golpeando con fuerza Marruecos, con un centenar de muertos diarios. Si vuelve a la oposición, el régimen se privará de un importante escudo frente a las reivindicaciones sociales.

Quizás el 8 de septiembre se cumpla, por fin, el sueño del palacio real marroquí: acabar con los islamistas moderados del Partido de la Justicia del Desarrollo (PJD), que desde hace más de una década son una pieza fundamental de la política en Marruecos. Ese día se celebran elecciones legislativas y es probable que el PJD no vuelva a obtener la mayoría relativa de escaños (125), y de sufragios, que ostenta desde 2011 y que le ha permitido encabezar el Ejecutivo. Si, pese a todo, la consigue le será muy difícil formar un Gobierno de coalición.

Rey Mohamed VI
El redactor recomienda