campaña contra el hombre más rico del país

El boicot contra los empresarios de Mohamed VI hace tambalearse a Marruecos

Desde finales de abril una campaña anónima insta en las redes a la población a no consumir productos de tres grandes marcas. El 42% de los marroquíes la secundan.

Foto: El rey Mohamed VI y, detrás, Aziz Akhnnouch, ministro de Agricultura y Pesca. (MAD)
El rey Mohamed VI y, detrás, Aziz Akhnnouch, ministro de Agricultura y Pesca. (MAD)

De pronto la pequeña muchedumbre que esperaba al rey Mohamed VI, de 54 años, ante el puerto deportivo de Tanja Marina, en Tánger, irrumpió a gritar: “¡Akhnnouch lárgate!”. Policías y guardaespaldas se crisparon, pero no movieron un dedo. Cuando apareció el monarca para inaugurar el puerto los allí concentrados siguieron coreando el mismo eslogan, pero también dieron vivas al rey. Increpar en público ante el soberano a uno de sus hombres de confianza no tiene precedentes en Marruecos.

El monarca se salvó de la animosidad del puñado de tangerinos allí concentrados el pasado jueves, pero no así Aziz Aknnouch, de 57 años, peso pesado del Gobierno marroquí en el que ostenta la cartera de Agricultura y Pesca. Aknnouch es además, según la revista estadounidense 'Forbes', el hombre más rico de Marruecos después del rey del que es amigo. Compartieron antaño vacaciones y “ftour” (cena de ruptura del ayuno de Ramadán).

Akhnnouch es, sobre todo, desde finales de abril, el principal blanco de una misteriosa campaña de boicoteo. Desde las redes sociales, sobre todo Facebook, se pide a los consumidores que no reposten en las gasolineras de Afriquia, una de las empresas de su grupo Akwa, implantado también en el sector inmobiliario, en el turismo y en las telecomunicaciones. Y las gasolineras están casi vacías.

Cartel incitando a no comprar agua mineral Sidi Ali, gasolina en Afriquia y lácteos de Danone.
Cartel incitando a no comprar agua mineral Sidi Ali, gasolina en Afriquia y lácteos de Danone.

Junto con Afriquia las aguas minerales de Sidi Ali son el otro objetivo marroquí de los instigadores del boicot. Meriem Bensalah, de 55 años, hasta hace poco presidenta de la patronal marroquí, dirige la empresa que comercializa las aguas que manan de las montañas del Medio Atlas, una de las zonas más deprimidas del país. Pertenece a una familia de las más acaudaladas de Marruecos y cercana al palacio real. Ante la imposibilidad de vender sus botellas hay comercios marroquíes que ya ni las ofrecen a sus clientes. Las sustituyen en las estanterías por las gallegas de Mondariz importadas por una empresa de la que es accionista Loubna El Majidi, hermana del secretario particular del rey.

El tercer blanco de los boicoteadores es extranjero. Son los lácteos de la Centrale Laitière, la filial marroquí de la multinacional agroalimentaria francesa Danone, en la que la familia real tuvo una pequeña participación de la que se deshizo hace años. Hasta abril copaba el 60% del mercado de los lácteos, pero la caída de sus ventasJaouda de la cooperativa COPAG es ahora líder- ya le ha obligado a recortar un 30% su compra de leche a los 130.000 ganaderos que le abastecen, según explicó su presidente, Didier Lamblin, ante la prensa. Por eso amenaza con no renovar los contratos temporales de sus trabajadores.

Algunos jóvenes, en su mayoría adolescentes, intentaron a finales de mayo por su cuenta, sin apenas respaldo en las redes, ampliar el boicot al pescado, cuyo coste se suele disparar durante el mes de Ramadán. La emprendieron contra algunos puestos de venta en los mercados de Tánger y Tetuán. En esta última ciudad, en la plaza de Beni Hassan, 13 menores de edad fueron detenidos por los destrozos causados. Pese a su improvisación lograron el efecto deseado forzando una vuelta a la normalidad de los precios.

Desde los últimos días de mayo se propaga también la consigna “que canten solos” invitando a boicotear Mawazine, un festival musical que constituye el escaparate cultural de Marruecos. Arranca en Rabat el 22 de junio y, como todos los años, se desarrolla “bajo el patronato de Su Majestad el Rey”. Ninguna de las numerosas empresas de Al Mada, el holding de la familia real marroquí, ha padecido hasta ahora el boicot, pero en algunos de los carteles virtuales instando a no adquirir entradas para Mawazine aparece ya el retrato del soberano.

En origen al-mouqataa (el boicot) fue presentado por sus promotores como una protesta contra la carestía de la vida, pero a medida que transcurre el tiempo está adquiriendo otros tintes. Los que propugnan el boicot denuncian ahora también las desigualdades sociales, los privilegios y el aprovechamiento de la política para enriquecerse aún más. Ponen como ejemplo al millonario Akhnnouch cuya fortuna se duplicó en los últimos dos años, de los 1.062 millones de euros en 2016 a los 2.040 ahora, según 'Forbes'. Aunque parezca enorme no supone ni la mitad de la de Mohamed VI.

El ministro marroquí de Agricultura y Pesca, Aziz Akhannouch (c), atiende a la prensa el 19 de abril de 2018. (EFE)
El ministro marroquí de Agricultura y Pesca, Aziz Akhannouch (c), atiende a la prensa el 19 de abril de 2018. (EFE)

La diversidad de los mensajes reivindicativos suscita la adhesión de capas muy amplias de la sociedad. El diario “L’Economiste” calcula que el 42% de la población secunda las consignas, pero en algunas regiones como el Rif, cuya rebelión fue acallada hace un año mediante la represión policial, el seguimiento es total.

“(…) el boicoteo está, en cierta manera, muy politizado: no enfrenta ya solo a tres empresas privadas con sus consumidores; enfrenta a un Estado con sus ciudadanos”, escribe el periodista marroquí Reda Zaireg. El movimiento “señala a toda la gobernanza de una economía lastrada por (…) la corrupción y la interferencia de la política con el dinero”, recalcaba en mayo un comunicado de la ONG Transparency Maroc.

Desde que se estrenó en 1977 en EE UU contra la multinacional Nestlé, la historia de algunas potencias occidentales y también de varios países emergentes está salpicada de boicoteos contra determinadas marcas por razones de sobreprecio, laborales, medioambientales o de salubridad. Un desafío global de las características de Marruecos no tiene, sin embargo, precedentes. De ahí que a veces sorprenda el escaso eco que ha tenido en la prensa internacional.

El débil Gobierno marroquí empezó por menospreciar el fenómeno, pero cuando constataron que prendía la llama algunos de sus miembros la emprendieron contra los que lo alentaban. Mohamed Boussaid, ministro de Economía y Hacienda, tachó de “atontados” a sus instigadores reforzando así su determinación. Ahora el Ejecutivo expresa su preocupación a través de comunicados en los que advierte de los “graves daños” que puede causar a las cooperativas lecheras y de su posible “impacto negativo sobre la inversión nacional y extranjera”. Promete también “iniciativas tendentes a mejorar el poder adquisitivo de los ciudadanos” y una actuación “firme (…) en la lucha contra la especulación y los monopolios”.

Un ministro, el islamista moderado Lahcen Daoudi, de 71 años, que ostentaba la cartera de Asuntos Generales, quiso ser solidario con los trabajadores perjudicados por el boicot. Se sumó, el martes 5, a la concentración en Rabat, ante la sede del Parlamento, de unos 2.000 empleados de Danone, muchos de ellos con contratos temporales y temerosos de perder sus puestos de trabajo. Sus correligionarios del Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD) consideraron “poco razonable e inapropiada” su iniciativa y Daoudi dimitió.

Portada del semanario 'Maroc-Hebdo'
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Portada del semanario 'Maroc-Hebdo'

Ante la zozobra de la clase política algunos ansían la intervención de Mohamed VI, que regresó a Marruecos justo antes de que empezase el Ramadán. “Majestad, usted es el último recurso”, titula en su portada el semanario “Maroc-Hebdo”. El rey ostenta el grueso del poder ejecutivo.

Para atajar el desafío es necesario saber quién lo alienta. La ciberactividad es anónima y solo cabe especular. Parece comprobado que algunas de las páginas que instigaban el "hirak" (revuelta rifeña) apuestan ahora por el boicoteo, pero eso no basta para explicar el fenómeno. Un rumor insistente apunta a los partidarios de Abdelilá Benkiran, de 64 años, el antiguo líder del partido islamista PJD, al que las maniobras de palacio impidieron, en marzo de 2017, formar gobierno pese a haber ganado las elecciones legislativas cinco meses antes. Acabaron incluso desbancándole de la secretaria general de su formación.

Sin nombrarle, Mustafa Sehimi, editorialista de 'Maroc-Hebdo', señalaba al islamista Benkiran el pasado jueves en un artículo sobre los llamamientos al boicoteo del festival Mawazine. Los promotores de ese “terrorismo digital” son los “obscurantistas” que “se lanzan al asalto” del Marruecos “tolerante” que promueve “valores universales de paz y de ciudadanía cultural”, escribió.

Si palacio desbancó a Benkiran de la presidencia del Gobierno promoviendo su sustitución por otro islamista, Saadeddin el Othmani, de 62 años, aún más manejable desde la jefatura del Estado, el boicoteo ha desbaratado los planes del monarca para acabar de expulsar a los islamistas de un Ejecutivo casi carente de poderes. Accedieron a él en noviembre de 2011 gracias a la movilización que supuso la versión marroquí a de “primavera árabe”.

El millonario Akhnnouch fue propulsado a finales de 2016 al frente del Reagrupamiento Nacional de los Independientes, un partido artificial creado en 1978 desde el Ministerio del Interior para intentar demostrar la pluralidad de las fuerzas políticas marroquíes. La misión de Akhnnouch era revitalizar al RNI para suplantar cuanto antes a los islamistas en las urnas, en el Parlamento y al frente del Gobierno. Puesto en la picota por los boicoteadores por haber incrementado su fortuna aprovechando sin incumplir la ley, desde el ministerio de Agricultura, los resortes del Estado, su carrera política parece tocar a su fin pese a su estrecha relación con el rey.

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