Mi vida en 'Granma' (III) | Cómo logré salir por fin del periódico... y también de mi isla
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SERIE DE TRES ENTREGAS

Mi vida en 'Granma' (III) | Cómo logré salir por fin del periódico... y también de mi isla

Tras graduarse, el autor fue enviado a trabajar al periódico más importante de Cuba. Narra su experiencia desde Madrid, donde hoy trabaja en la construcción. Esta es la última entrega

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Un vendedor con tapabocas se protege del sol con varios periódicos 'Granma', en La Habana. (EFE)

La ética y la escasez

El 20 de noviembre, representantes de los principales medios del país dimos un recorrido por instituciones del Ministerio de la Construcción. Fuimos a dos empresas y un centro de investigación. Tenían buenos resultados en su gestión, por eso el ministerio los seleccionó para el encuentro con la prensa. En todos los lugares dieron varias raciones de comida hasta para llevar y al final nos vendieron dos kilos de embutido a precio irrisorio. Cada miembro de la comitiva periodística recibió tres agendas, dos bolígrafos, un llavero, cinco almanaques, un 'pullover' y un desodorante.

Nadie rechazó nada. Los bolsos se abultaron a medida que el recorrido avanzó. En otros países, quizás los periodistas recibían cheques o propiedades por endulzar sus ideas. En Cuba con comida y unos 'souvenirs' cualquier funcionario podría ganar un elogio. Los turistas siempre dicen que las prostitutas habaneras son de las más baratas del mundo. En la mayor de las Antillas se complace a bajo costo.

Foto: Un hombre vende el periódico 'Granma' en La Habana (Reuters)

El modelo de prensa cubano con el tiempo ha legitimado la falta de ética como una consecuencia directa de la escasez. Cuando regresé al periódico ese día, y Nusa vio cuan cargado estaba, me dijo:

–Aaaah, ¿viste qué bien te fue? Pero después cuando no te den nada no te puedes quejar. Este oficio es así, una de cal y otra de arena.

En otra ocasión una periodista de mi redacción llevaba un pareo estampado de tela fina. Lucía muy elegante y la elogié en el elevador que tomamos juntos. Ella explicó que todos los años Ena Elsa Velázquez Cobiella, la ministra de Educación, le regalaba algo a los periodistas que atendían al organismo rector de la enseñanza cubana. Ena Elsa no dirigía una empresa o una escuela, es la ministra que controla el segundo presupuesto más grande de la economía antillana: para 2021 tenía asignado el 24 por ciento de los gastos del estado.

Periódico digital, internet restringido

Mi jefe solía pedir información de los ministerios cuando nos veía perder el tiempo. A través de Twitter debíamos obtener alguna noticia. Revisábamos los perfiles de cada ministro cubano para saber que decían y como pensaban. Tenían las mismas etiquetas #SomosCuba y #SomosContinuidad. Todos iguales. Su homogeneidad intelectual espantaba.

El colmo fue cuando quise abrir un enlace de la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez. Era un vídeo de YouTube que explicaba cómo se formarían los nuevos salarios en Cuba.

Me interesaba, pero no pude verlo. El internet en 'Granma' que nosotros podíamos utilizar tenía restringido el acceso a YouTube. Google Drive y WeTransfer engrosaban la lista de páginas bloqueadas, una lista que no podía terminar en otros que no fueran los medios financiados por el enemigo. Si un periodista intentaba navegar por esos sitios subversivos, podría tener una travesía convulsa en el yate. Por eso yo nunca saqué en 'Granma' el libro '1984' de la mochila: corría el riesgo de terminar como Winston.

Foto: Un hombre lee el 'Granma' en La Habana. (Reuters)

Con estas prohibiciones quizás querían impedir que accediéramos a contenidos contrarios a sus intereses. Los cubanos permanecen en un limbo informativo que legitima el proceder del gobierno y los valores que apuntalan su gestión: el dogmatismo, la intolerancia y la supresión de los derechos individuales.

Nusa comentó que solo el consejo de dirección tiene un acceso menos restringido a la red de redes. Dijo que en el departamento de informática sus miembros sí tenían acceso a esas páginas, el personal técnico que ni genera ni consulta contenido informativo en internet. Los periodistas no, los informáticos sí. Esa situación competía entre los absurdos más grandes de 'Granma'.

Una cobertura sin escribir nada

La siguiente cobertura que hice fue en la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE) de Agua y Saneamiento. Las OSDE son macro empresas que controlan un sector determinado de la sociedad cubana y rinden cuentas directamente al gobierno central. En este caso, organizaron una conferencia de prensa rutinaria para informar sobre las actividades más destacadas.

Por más que tomaba nota no encontraba ni un solo dato llamativo en aquel sermón. Preso de ingenuidad, caí ante el deseo de indagar. Pregunté por la posible independencia de algunas empresas con altos niveles de autogestión que recientemente había promulgado el Ministerio de Economía como medida descentralizadora. Las caras de los dirigentes cambiaron del modo planificado al modo sorprendido y uno de ellos soltó: "La OSDE agrupará a empresas que hasta este minuto son independientes como Aguas de La Habana".

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Una pareja pasa frente a un mural en apoyo a la revolución en La Habana (EFE)

"Pero eso es lo contrario a las indicaciones del ministro", respondí asombrado. No había ningún motivo que justificara aquello. La centralización tenía en ruinas a la mayor isla del Caribe y sus adeptos seguían el capricho de controlarlo todo.

De vuelta al yate, Nusa me dijo que no escribiera nada sobre la conferencia, porque eso de la atención a la población no era tan relevante. Me había enviado para establecer contactos y darme a conocer. Era la segunda vez que me asignaba una cobertura y luego no quería nada escrito. Si ese proceder era secundado con varios colegas, produciría un gasto considerable de recursos por parte del periódico que no tendría un respaldo productivo. Yo complacido porque no me agradaba trabajar en 'Granma', mas no podía evitar sorprenderme ante aquel desatino.

El cumpleaños colectivo

Todos los fines de mes se hacía un cumpleaños colectivo en el Órgano Oficial del PCC. Tuve la oportunidad de presenciar uno y quedé boquiabierto. Los trabajadores se reunían en torno al 'cake' mientras una mujer leía los nombres de los homenajeados. La congregación respondía a que el almuerzo de ese día tenía una calidad superior y nadie quería perdérselo.

Nusa me explicó que cada fin de mes la actividad salía más escueta porque no había recursos para darle 'cake' a todos. El pastel que servía de centro era solo para los cumpleañeros. Estaba pálido y lleno de moscas como todas las tortas fabricadas en panaderías estatales. Sin ingredientes ni incentivos para hacer un buen trabajo, los reposteros del socialismo cubano contribuían más a la catarsis estomacal colectiva, que a una celebración feliz.

placeholder El 'cake' colectivo para los cumpleañeros (A.H)
El 'cake' colectivo para los cumpleañeros (A.H)

Del paripé del 'cake' pasamos al comedor después de esperar 20 minutos en una fila engrosada por el hambre de una buena comida. Al final, el pollo asado estaba bastante bueno. Para muchos había valido la pena.

Raúl Antonio Capote compartió mesa conmigo y habló de un posible reportaje sobre la reconstrucción del puerto de cruceros y los hoteles que lo circundan en el centro histórico de la Habana Vieja. Ese señor fue agente de la Seguridad del Estado y estuvo infiltrado en la CIA durante años.

Dijo que visitó el día anterior lo que será el primer edificio inteligente de Cuba, un inmueble remodelado en la Plaza del Convento San Francisco de Asís. El tema me agradaba. Cuando contacté a las autoridades de la Habana Vieja, me explicaron que no respondían por esas obras y solo a través del GAESA podría obtener alguna información. Se trataba del Grupo de Administración Empresarial de Sociedad Anónima que controla gran parte de la economía cubana, y es la fachada del poder militar para regir las arcas de la isla. Llegar a GAESA era casi imposible debido al mutismo que rodea a sus actividades y hasta su propia existencia. Capote y Nusa intentaron contactarlos, pero no lo lograron.

Señales de protesta

El 27 de noviembre, un grupo de jóvenes artistas se congregaron frente al Ministerio de Cultura para exigir libertad de expresión y respeto hacia colegas frecuentemente acosados por la Seguridad del Estado. Todo un acontecimiento terminó siendo el diálogo entre las autoridades y aquellos muchachos.

Yo estuve allí. Traté de cuidarme de las cámaras de los medios extranjeros por miedo a posibles represalias, pero nunca me sentí más libre en toda mi vida. Paradójicamente, me enviaron a cubrir el acto de respuesta del gobierno dos días más tarde en el parque Trillo de Centro Habana.

placeholder Acto de respuesta del gobierno. (A.H.)
Acto de respuesta del gobierno. (A.H.)

La directora indicó que antes de salir para el parque debía participar en el consejo de dirección del periódico. Me orientó sacar el celular de la sala y aunque le dije que tomaba notas en él, tuve que dejarlo fuera. Al salón de reuniones estaba prohibido pasar con celulares so pretexto de evitar interrupciones. Los móviles pueden silenciarse de mil maneras y ninguna era suficiente para 'Granma'. A partir de ese momento me auxilié de la agenda que me habían entregado el día del recibimiento en aquel mismo salón. La portada mostraba la primera plana del Órgano Oficial del PCC el 4 de octubre de 1965.

Como siempre la directora mostró en su pantalla mágica los trabajos más visitados en la web de 'Granma' y todos estaban relacionados con los sucesos del Movimiento San Isidro. El periódico más importante de la isla no había publicado nada sobre la manifestación frente al MINCULT. Los cubanos no podrían enterarse de lo que sucedió allí a través de medios oficiales. Si no buscaban fuentes alternativas para ellos no ocurrió nada. Hasta el silencio de 'Granma' era poderoso.

¿Cuánto cobrarían Fernando o Perugorría por estar allí? ¿Dónde podría yo cobrar mi salario del enemigo?

Yailín iba entrando en calor y dejó escapar varios comentarios groseros, varios insultos a artistas que fueron a la protesta, como Fernando Pérez o Jorge Perugorría. A ambos los llamó miserables. El sistema no cree en quienes optan por pensar ligeramente diferente. Si ha sido capaz de censurar a Pablo Milanés o a René González Sheweret. ¿Qué podría importarle al sistema la vastísima obra de Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine?

La directora señaló la conclusión que enarbolaban los editoriales de 'Cubadebate' y 'Juventud Rebelde': todo era un acto orquestado desde Miami. Varios miembros del consejo secundaron esa postura.

¿Cuánto cobrarían Fernando o Perugorría por estar allí? ¿Dónde podría yo cobrar mi salario del enemigo? Quizás con ese salario de mercenario podría comprar comida en las tiendas en Moneda Libremente Convertible que el gobierno cubano había abierto: las únicas tiendas que estaban surtidas en Cuba en ese momento.

Frente a la dirección

No pude contenerme y hablé del gas pimienta usado contra algunas personas que querían incorporarse a la manifestación después de la medianoche. Primero cuestionaron la veracidad de esos acontecimientos y cuando expliqué que había varios vídeos sobre el tema empezaron a justificarlo. Yailín planteó que la Constitución Cubana otorgaba poderes especiales al Estado para enfrentar a los traidores a la patria. Dijo que la Carta Magna fue aprobada por el 86 por ciento de los cubanos en 2019 y que la anuencia del pueblo debía hacerse valer si era necesario.

Madeleine Zoe Sautié, jefa de la sección cultural, secundó a la directora. Sentada de espaldas delante de mí, no podía mirarme el rostro. Forzaba su cuello para llegar a rozarme con el rabillo del ojo y descargar su impotencia. Dijo que esos gases se utilizan en todo el mundo para controlar manifestaciones y Cuba podía disponer de ellos si lo estimaba conveniente.

¿Cómo lidié con aquello sin recordarle a sus madres? Aún no lo sé. En Cuba, desde pequeño, a uno le enseñan solo las desgracias del mundo exterior por todas las vías posibles. Entre esas desgracias siempre destacaba la represión a manifestaciones y el uso de la fuerza bruta. El gas pimienta se ha convertido en un símbolo mundial de la represión.

placeholder Una mujer lee el periódico 'Granma' tras el paso de un tornado por su casa en La Habana. (EFE)
Una mujer lee el periódico 'Granma' tras el paso de un tornado por su casa en La Habana. (EFE)

Madeleine tenía los ojos verdes y el pelo rojo. Me preguntaba cómo se vería su cara si era rociada con gas pimienta. ¿Cómo reaccionaría su familia y amigos ante un hecho como ese?

Irónicamente sugerí contactar a la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) para indagar en la situación que existía con el servicio de internet por datos móviles. Primero eliminaron la conexión el día 26 durante la intervención nocturna en San Isidro, después gran parte del día 27 para ocultar los ecos de la manifestación frente al MINCULT y ese mismo día 29 casi nadie en La Habana podía utilizar aplicaciones como WhatsApp.

"Sería bueno que 'Granma' tuviera la primicia de alguna rotura", le dije a la directora. "ETECSA siempre informa con antelación cualquier tipo de interrupción en sus prestaciones y creo que deberíamos saber los detalles de lo que ha pasado en estos días".

La directora y Yisell, la jefa de la redacción digital, plantearon que ellas sí tenían conexión. Repliqué que las suspensiones en el servicio habían sido denunciadas por miles de internautas en momentos tensos para el gobierno. En ese instante Yailín tomó unos papeles entre las manos y los movió sobre la mesa ligeramente antes de contestarme. "En el contexto de asedio que vive nuestro país no dudemos nunca que hasta el acceso a internet puede ser suspendido por nuestros enemigos para incomunicar al pueblo cubano".

"Hasta el acceso a internet puede ser suspendido por nuestros enemigos para incomunicar al pueblo cubano"

Eso no tenía sentido. Al enemigo le convenía que estuviésemos conectados para romper el cerco mediático del gobierno. Al parecer, ella misma recapacitó y agregó otra locura más al debate: "Y bueno, si así lo considerara necesario en una postura defensiva, la Revolución tiene todo el derecho de suspender inmediatamente cualquier conexión a la red para impedir que se propaguen noticias falsas".

Entonces, si Yailín apoya el uso de gases lacrimógenos y la suspensión masiva de la conexión a internet, ¿cuál es el país que sueña Yailín? Definitivamente yo no viviría en él.

El discurso del presidente

Cuando llegué al parque Trillo, Díaz-Canel tomaba la palabra en medio de una multitud que superaba fácilmente las 2.000 personas. La máxima autoridad del país no se veía con facilidad porque una muchedumbre lo rodeaba con celulares. Todos querían grabar su acercamiento al único presidente de América Latina que no había sido escogido por el voto del pueblo.

A Díaz-Canel no le importó mucho la pandemia en curso. El gobierno había desalojado la sede del Movimiento San Isidro tres días antes para supuestamente evitar contagios y ahora convocaba a miles para gritar consignas. Una mujer de entre 40 y 50 años que estaba a mi lado espetó desfallecidamente: "¡Viva la revolución! ¡Viva la revolución!". Luego le aclaró a su compañero: "¡Estoy loca por darle un piñazo a esa gente, loca estoy!"

placeholder Díaz-Canel sustituyó a Raúl Castro como el Secretario General del PCC (EFE / EPA)
Díaz-Canel sustituyó a Raúl Castro como el Secretario General del PCC (EFE / EPA)

No bromeaba aquella cubana educada en los más correctos valores socialistas. Seguramente, de niña pudo vivir los actos de repudio de los años ochenta contra personas que se iban del país o simplemente faltaban a una reunión del CDR. Seguro ella recordaba nostálgica cómo los huevos se incrustaban en las puertas de esos 'traidores' y el goteo hacia abajo de la yema amarilla indicaba la poca moral del agraviado. Ella quizás deseaba reditar sus aventuras infantiles, pero ahora proponía otra vía: el puñetazo. Resistir al bloqueo del imperio la había vuelto violenta o la escasez le hizo reservar los huevos solo para alimentarse. Me inclino por la segunda causa porque era probable que esa mujer en el 2020 cubano intentara reciclar la yema o la clara que rodara por la puerta de alguien. El hambre que se vivía en la mayor de las Antillas no creía en ideologías.

El tratamiento al que pensara diferente había cambiado poco. Censuraron, manipularon y enjuiciaron a una manifestación pacífica, que reunió personajes tan diversos e influyentes como Tania Bruguera, Fernando Pérez o Israel Rojas. Avasallaron a un sector de la intelectualidad cubana que no creía en dogmas y no quería someterse a ellos.

Mientras el abandono reinaba en el parque y en la facha de buena parte de los congregados, Díaz-Canel portaba en su mano derecha un Rolex valorado en 28.000 dólares. 'Resistir y vencer' se puede mejor con un Rolex y todas las comodidades que frecuentemente se exponen de las familias regentes del país. La hipocresía es el instrumento político más empleado en Cuba.

Foto: Foto: Reuters.

Algunos de los presentes vestían sospechosamente igual. 'Pullover' azul oscuro con el cartel del evento. Hasta un cartel diseñaron para algo que, al menos en teoría, había surgido como un evento espontáneo de algunos jóvenes para ejercer su derecho a defender la Revolución.

El sistema convirtió lo espontáneo en convocatoria masiva y el sábado 28, uno de los organizadores apareció en la televisión nacional para, entre otras cosas, decir la hora y el lugar de la actividad. Muchos centros de trabajo y escuelas enviaron representaciones. Varias filas de ómnibus y carros de empresa convergían alrededor del parque, en espera de los trabajadores que habían traído. Todo había sido espontáneo, se notaba.

Minutos antes de terminar la función, un estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana leyó un ambiguo discurso que lo mismo ensalzó a la "unidad del pueblo cubano" que criticó al "dogmatismo estalinista". Talones unidos, postura erguida y dedo índice en alto para realzar los sintagmas necesarios, parecía un robot mal programado. Minutos antes de subir al estrado me le acerqué para preguntar qué más sucedería y hasta cuando duraría la Tángana.

–Compadre ya por nosotros casi terminamos, pero quizás aparezca algo más como esto del presidente.

Ellos, los organizadores, no sabían de la asistencia del líder. "Tú sabes cómo son aquí las cosas, nunca se sabe, este es el país de la guacha", añadió.

"Tú sabes cómo son aquí las cosas, nunca se sabe, este es el país de la guacha"

Le había propuesto a Yailín publicar el discurso leído en el parque Trillo. A ella le gustó la idea. Me dijo que lo consiguiera y se lo hiciera llegar. Así lo hice, pero mi propuesta no trascendió. No podían coincidir en el Órgano Oficial del PCC lo tradicional y lo crítico.

Repudio contra las 'acciones subversivas'

La dirección del periódico había convocado a un mitin de repudio contra las recientes 'acciones subversivas'. En un salón improvisado en el tercer piso del periódico, nos citaron para las 15:30 del 30 de noviembre.

Juvenal Balán, jefe del Departamento de Fotografía, estaba en la puerta del salón para indicarle a cada uno donde debía depositar su móvil. A la izquierda había una habitación pequeña con una mesa y encima muchos celulares se aglomeraban obedientemente. Sospeché que aquella medida estaba condicionada por la rudeza del acto y no renuncié a grabarlo todo.

Coloqué el móvil en mi pantalón y preví que la billetera disimulara su presencia. Unas 60 sillas se ocuparon de a poco. Todo comenzó cuando entró la directora y el mismo Juvenal le dio inicio al acto: "Todo revolucionario que esté en su puesto de trabajo desde su casa desde el barrio, donde quiera que se encuentre, sea ese Comandante en jefe que nosotros nos comprometimos cuando lo perdimos en 2016".

placeholder Vista de dos ejemplares del diario 'Granma' tras su rediseño en 2016 (EFE)
Vista de dos ejemplares del diario 'Granma' tras su rediseño en 2016 (EFE)

De pronto sentí como mi piel empezaba a encapotarse. La barba era grande, blanca, y mi ropa se transformó en un uniforme color verde olivo. Me vi erguido y con el pecho inflado. Una gorra enorme de visera ancha coronó mi cabeza. Todos a mi alrededor comenzaron a gritar "¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel!", y cuando involuntariamente respondí con un gesto de sobrecogimiento, noté que mi voz era otra. Áspera y pausada sentía la lengua y los sonidos que emitía. Intenté hablar, pero no pude. Los aplausos y gritos de los trabajadores de 'Granma' no me dejaban moverme.

"¡El imperialismo yanqui no puede doblegarnos!", dijo Juvenal para verme allí, en el mismo país, con el mismo enemigo y rodeado de la misma gente que se vieron mis padres 40 años atrás.

La directora presentó varios videos para 'desenmascarar' al Movimiento San Isidro. Algunos miraban la sábana blanca que servía de pantalla y otros dormían. Conté a cinco mujeres en plena siesta: tres de la cocina y dos auxiliares de limpieza. Mano en la mejilla para apoyar la cabeza, las féminas no disfrutaron los sermones de Yailín. Sus párpados eran la barrera natural que el cuerpo ponía ante lo ridículo.

"Los contrarrevolucionarios no tendrán aquí ninguna tribuna"

Para cerrar, Yailín leyó un texto de Fidel que el rotativo comunista había publicado ese día: "Los contrarrevolucionarios no tendrán aquí ninguna tribuna, los contrarrevolucionarios no tendrán aquí ningún derecho a hacer campaña contra la revolución, se acabó. Todavía andan molestando al pueblo y el pueblo reacciona con razón cuando ve a un grupúsculo que saben que están conspirando y que saben que están provocando. Señores por qué van a tener que estar el pueblo todos los días en una batalla callejera contra estos provocadores descarados. Vamos a aplicar las leyes y ser más capaces que nunca. Tendremos que trabajar más que nunca y tendremos que ser más eficientes que nunca… y tendremos que ser tan buenos soldados como no los haya habido nunca".

Después de los vítores a la Revolución, al Socialismo y a Fidel que cerraron el mitin, todos enfilaron rumbo a la salida. En ese momento vi como Enrique Moreno, el jefe de corresponsales, vigilaba el cuarto donde estaban los teléfonos. La puerta de la habitación estaba cerrada y una silla colocada frente a ella impedía abrirla. Cuando mis colegas pudieron recuperar sus móviles, yo dejé de grabar con el mío.

Mi última cobertura

Mi última cobertura fue con Abisniel, el jefe de la Dirección de Inversiones y Mantenimiento de Agua y Saneamiento, otra OSDE. Ese trabalenguas de nombres y cargos da una idea de lo enrevesado que era el trabajo de aquel consorcio con 30 empresas y 275 Unidades Empresariales de Base subordinadas. Esa OSDE y el Instituto Cubano de Recursos Hidráulicos dirigen en Cuba todo lo relacionado al agua, desde una presa hasta una alcantarilla.

Fui con Abisniel para su empresa y por el camino conversamos de los problemas que padecía él o cualquier otro profesional que intentara hacer una carrera en Cuba. Ingeniero Hidráulico de formación, me explicó la escasez crónica de cemento que padecía el país y su repercusión en las labores que dirigía. Habló también de la elevada cantidad de trabajos mal ejecutados por no seguir los protocolos de calidad.

Cuando llegué a la empresa, el ingeniero llamó a tres de sus subordinados para que participaran en el 'encuentro con la prensa'. Me hablaron esencialmente del Programa de Hidrometría.

Resulta que los trabajadores de la televisión cubana se robaban los sistemas de descarga y la dirección tuvo que enrejar los retretes

Al final no había ocurrido nada, pero el tema de la hidrometría en sí generaba expectativa en la población por estar vinculado a un servicio básico. En el barrio donde vivía colocaron los hidrómetros y fue todo un suceso. Al cabo de un mes, las llaves de los relojes de algunos de mis vecinos desaparecieron en una sola noche. Todo lo roban en Cuba. A mi padre le llevaban los plátanos que sembraba en el campo, en el medio de la nada. Lo mismo ocurrió durante el Periodo Especial en los años noventa: la delincuencia siempre tiene un nido en la crisis.

Los baños del cuarto piso del Instituto Cubano de Radio y Televisión, donde radica el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, también fueron escenario de robos surreales. Tuvieron que colocar rejas a los tanques de las tazas en los baños. Resulta que los trabajadores de la televisión cubana se robaban los sistemas de descarga y como no había forma de controlar aquello, la dirección tuvo que enrejar los retretes.

De regreso en el yate Nusa me dijo:

–Alfredo, eso que propusiste en el plan de diciembre de hacer un comentario sobre las tiendas en Moneda Libremente Convertible no procede.

–¿Por qué?

–Bueno, porque es una medida impopular que responde a una necesidad del país.

–Precisamente por eso, porque es impopular deberíamos tratar el tema.

A partir de ahí todo se complicó. Ambos empezamos a gritar: él para convencerme de que las tiendas en MLC eran un mal necesario y yo para que entendiera que el cubano no necesitaba ningún mal para aplacar el hambre. Terminé diciéndole que en Cuba nadie apoyaba eso y hasta lo invité a caminar por la avenida más cercana en busca de opiniones.

En octubre de 2019 el gobierno cubano anunció la creación de tiendas en MLC para recaudar las divisas que el contrabando, practicado por personas naturales, sacaba en masa del país. En julio de 2020 empezaron a vender comida y productos de aseo por esas tiendas. Nadie en Cuba gana un salario en MLC, solo los que reciben remesas podían alimentarse y asearse correctamente.

A pesar de la injusticia, nadie hacía nada y el gobierno solo justificaba su nefasta incompetencia. En realidad, fue un juego para mí plantear el tema porque sabía que, ni en la quinta fase lunar, 'Granma' publicaría un trabajo que cuestionara imposiciones del gobierno.

"Por eso 'Granma' no lo lee nadie, porque a la gente le interesa una cosa y ustedes la ignoran o la esconden", le dije a Nusa en el clímax del efusivo intercambio de argumentos. Él me dijo "estás equivocado, nosotros tenemos muchos lectores".

¿Cómo no iban a tener lectores si los cubanos no tienen nada más que leer? Solo 'Granma' llega a todos los rincones del país diariamente. Solo 'Granma'.

Escapar de 'Granma'

Lisandra también intentó fugarse de 'Granma'. En el salón donde inició nuestra desgracia, ella y Capote se reunieron con la directora para decidir su destino. Solicitó la anuencia del periódico para trasladarse al canal de televisión Cubavisión Internacional. Llevaba tres años colaborando con ese medio, le gustaba mucho más la pantalla que el papel y allí le pagarían más.

Yailín le respondió que ella entendía el deseo de Lisandra, pero no podía liberarla porque eso le crearía un vacío en la ya menguada plantilla de periodistas. Lisandra lloró sin consuelo frente a sus jefes. Explicó que le fue imposible controlar sus lágrimas. Ni siquiera contándolo hallaba paz. Nadie quería navegar en el yate.

Mi fuga sería aérea, con destino a Madrid. Un 'Master in Business Administration' (MBA) era mi comodín para escapar de 'Granma' y del subdesarrollo.

Como mi viaje comenzaba a acercarse, decidí pedir una licencia sin sueldo en el yate. Paradójicamente, lo que más me preocupaba era la comida. Ya no tendría el almuerzo garantizado, ni la merienda de las chicas para desayunar en casa. Redacté mi carta de solicitud de licencia y se la entregué a Enrique, el jefe que cubría las vacaciones de Nusa. Me dijo que tramitaría con la directora y pronto me daría respuesta.

Antes de partir debía hacer una cosa muy importante. Ese día había salido por fin mi trabajo sobre los logros del Ministerio de la Construcción. Nacianceno me lo comentó en el elevador porque fue él quien editó el texto. El jefe de la sección deportiva editaba un trabajo sobre construcción. Cositas de 'Granma'.

Tomé el periódico en la sección Nacional y salí para el baño de hombres del cuarto piso. Cerré la puerta (aunque cualquiera podría entrar) y me tranqué en el tercer cubículo. Me quité el reloj y los espejuelos. Agarré el tabloide comunista con ambas manos. Miré mi trabajo en la página 2 titulado 'Las construcciones no se detuvieron con la pandemia: obras que lo confirman' y luego me bajé el pantalón.

Manchar mi nombre de mierda no puede entenderse como una profilaxis anal. Más bien, la limpieza era espiritual porque la inspiración para escribir aquellas propagandas venía de mis demonios. Estrujé el 'Granma' para amortiguar su textura. Ni siquiera el ano puede aceptar la rigidez del Órgano Oficial del PCC.

placeholder Foto: A.H.
Foto: A.H.

La ventana sobre el inodoro ofrecía una vista del edificio ocupado por el Comité Central del PCC. El estilo arquitectónico del yate encajaba casi a la perfección con el de la cúpula de poder que lo dirigía. Guardias del amplio cordón que rodea la plaza y el palacio se veían como hormigas. Los autos de los dirigentes que entraban o salían del parque o competían en destellos: los 'ladas' rusos (los menos) no reflejaban casi el sol, mientras que los 'Geely' chinos encandilaban: parecían naves 'extracubestres' o cápsulas de bienestar burocrático.

El paisaje tenía un complemento perfecto: la ventana que lo ofrecía estaba rota. Le faltaban fragmentos de cristal y a través de esos espacios la nitidez del horizonte ganaba una rudeza cegadora. Era mi despedida triunfal de una vista terrorífica. Ver al socialismo apostado e intenso por una ventana rota de 'Granma', es una de esas cosas de Cuba que jamás olvidaré.

Salí del baño y le comuniqué mi decisión a Olguita. Quedó sorprendida y a la vez triste. Ni todos ni todo era malo en 'Granma'. Hice una copia de los documentos que había generado en mi computadora y el cuadro de Camilo que colgaba sobre la máquina me miraba. La foto se tiró en estudio o al menos eso parecía. El Héroe de Yaguajay sostenía su ametralladora Thompson y tenía los ojos tristes. Ese era otro que no estaría muy contento de resucitar.

Explicó cómo el sacrificio de trabajar en un centro estatal permitía cubrir los gastos médicos de nuestros padres

Cuando mi solicitud de licencia llegó a las manos de la directora, trató de darle largas al asunto. Primero adujo que mi jefe estaba de vacaciones y debía esperar a su regreso para proceder. Tuve que presionarla y pedir una cita de urgencia con ella y solo así logré que me atendiera. Entonces me explicó que la situación con los nuevos era muy complicada porque yo era el tercero que solicitaba apartarse del yate. Respondí con la coartada que había armado: llevé los diagnósticos de cáncer de mis padres y aduje que necesitaba trabajar en un lugar que me pagara mejor para poder ayudarlos económicamente ante su imposibilidad de trabajar.

Era importante que cumpliera con mi servicio social, dijo Yailín. Explicó cómo el sacrificio de trabajar en un centro estatal permitía cubrir los gastos médicos de nuestros padres. No hice más que asentir a su sermón haciéndome el convencido de las ideas yailinistas.

Mientras esperaba una respuesta del yate, el presidente de Cuba anunció el inicio de la Tarea Ordenamiento a las 21:00 del 10 de diciembre de 2020. Dicha tarea aumentaría nueve veces el salario mínimo. Valoré detener mi salida del 'Granma' porque estar sin trabajo en medio de transformaciones económicas profundas podría ser un paso en falso.

Pero nada podía cambiar mi decisión. Al final yo no vivía del salario que me pagaban en 'Granma' y tampoco iba a vivir del salario incrementado que me iban a pagar. La repugnancia que sentía por aquel lugar ningún dinero era capaz de calmarla.

Libertad, al fin

Al cabo de unos días fui a 'Granma' y me entrevisté con Dilbert porque la directora no se encontraba. Contó que pasaba por una situación igual de peliaguda con su familia. Su esposa debía operarse en la provincia Granma (sí, el subdirector de 'Granma' proviene de la provincia Granma) y tenía que cuidar a las dos niñas sin restarle atención a sus funciones en el yate. La mujer de Dilbert debía deshacerse del útero por sospechas de cáncer y aquella historia me conmovió. Llegué al punto de preguntar todos los detalles. Semanas atrás, cuando le expuse la situación del cáncer en el labio de mi padre, Dilbert ni se inmutó.

A las 21:02 del martes 15 de diciembre de 2020, Juan Diego Nusa Peñalver llamó para informarme que la directora ya había aprobado mi licencia sin sueldo. En ese instante abría la verja que da acceso a mi alquiler y fue electrizante escuchar esa noticia. No podía creerlo, pero sí, estaba fuera oficialmente. La sensación de libertad que me embargó era tan grande que sería difícil cuantificarla. El peso de las cadenas de 'Granma' había sido enorme y zafarme de ellas fue lo mejor que me había pasado en mucho tiempo.

No iría más al lugar de mis martirios, o al menos eso pensé. María fue la responsable de que eso cambiara

Hasta el 15 de marzo no tendría que reincorporarme. En ese momento ya no debía estar en Cuba pues mi prepasaje para viajar a España era para el 20 de febrero. No iría más al lugar de mis martirios, o al menos eso pensé. María fue la responsable de que eso cambiara.

En la tarde del jueves 17 de diciembre, mi compañera de estudios y travesía puso la noticia en nuestro chat de WhatsApp: 'Granma' vendería medio cerdo a cada trabajador por un precio módico. Tenía derecho a obtenerlo porque aún pertenecía a la plantilla y sufría la misma escasez de comida que los demás cubanos. Por lo tanto, no dejé escapar esa oportunidad.

La crisis que atravesaba Cuba hacía que un puerco vivo —denominación criolla de cerdo— costara 25 pesos, o un dólar al cambio oficial, por cada libra de peso. Ya listo para consumo como lo entregaría 'Granma', podía alcanzar los 70 pesos (casi tres dólares) la libra. Recibir casi 80 libras de cerdo por solo 335 pesos cubanos era una ganga socialista que el Órgano Oficial del PCC ofrecía a las más de doscientas personas de su plantilla.

placeholder Trabajadores de 'Granma' haciendo cola para recibir el cerdo en la parte de atrás del periódico.
Trabajadores de 'Granma' haciendo cola para recibir el cerdo en la parte de atrás del periódico.

El día de la entrega, un grupo de trabajadores había obtenido su ración muy temprano y otro era víctima de la clásica espera cubana para obtener alimentos. En la cola hablamos de los nuevos salarios que se aplicarían a partir del 1 de enero. Lisandra dijo "mi bisabuela tiene retiro, mi abuela también, mis dos padres y yo trabajamos, todos tenemos salarios. Yo trabajo en dos lugares y a pesar de todo eso ya hicimos las cuentas y el dinero va a seguir sin alcanzarnos".

'La cuenta no da', así se llamaba un tema emblemático del Trabuco, orquesta cubana de música bailable. Pero la casa de Lisandra no es una orquesta ni un bailable, en ella vivían personas que no sabían cómo enfrentar su realidad.

¿Dónde está el cerdo?

Al cabo de un par de horas de espera, nadie sabía dónde estaba el cerdo. Unos decían que llegaría a las 13:00 y otros que aún no había salido de Pinar del Río. En medio de tanta incertidumbre Nusa llegó a la cola. Me llamó aparte y habló conmigo sobre la licencia. Fue amable y no puso objeciones a mis argumentos. "Bueno, espero que resuelvas", concluyó.

Mi exjefe ya estaba al tanto de todos los detalles pues el día que me llamó por teléfono para darme la noticia liberadora pidió que le contara mi historia. Él quedó satisfecho y yo sorprendido. No podría llevarme un mejor recuerdo del último día en 'Granma': Nusa aceptaba sin reparos que me fuera de allí.

A las 17:10 llegó el cerdo a 'Granma'. Esperé todo el día a dos camionetas que fueron recibidas con júbilo por la fila de trabajadores ávidos de carne. La tarde empezaba a morir cuando despacharon primero a los más ocupados dentro del yate. Poco a poco la fila avanzaba y vi ocurrir de todo: compraban individuos que no trabajaban en el diario, cocineros apartaban grandes lotes a una esquina sospechosa y algunos vendían su ración porcina a otro compañero por un precio mayor. Ni dentro del órgano Oficial del PCC podía evitarse el contrabando de comida en Cuba.

Marta Rojas, además de haber cubierto y narrado hechos trascendentales de la historia patria, era un referente de tenacidad

El cerdo, como en Rebelión en la Granja, resultaba ser un líder de masas con elevado poder movilizativo. Marta Rojas, con 92 años, daba vueltas en su pequeño auto por el aparcamiento. Cuando llegó su turno, la impaciencia la hizo intentar cargar el pesado saco de carne. En ese instante, cuando un par de hombres la ayudaban, tuve una antivisión. Así le llamo a lo que no me imagino, a lo que no puedo ni siquiera soñar.

Marta Rojas encarna parte de lo que cualquier periodista aspira a lograr en su carrera. Además de haber cubierto y narrado hechos trascendentales de la historia patria como el asalto al Cuartel Moncada, era un referente de tenacidad y no quedaba mucho en la mayor isla del Caribe sobre lo que no hubiese escrito. A pesar de todo eso, allí estaba, en una espera de más de seis horas para obtener un pedazo de carne.

Lo que no pude soñar ni imaginar fue mi futuro en esas condiciones. En esas aberraciones del socialismo cubano, donde un profesional no se cruza con la dignidad y termina siendo un fragmento de persona que vaga por la vida sin carne y sin esperanza.

Tomé mi cerdo y salí de allí con ganas de jamás volver.

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