Mi vida en 'Granma' (II) | Sal a cubrir la realidad cubana, pero no escribas nada
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SERIE DE TRES ENTREGAS

Mi vida en 'Granma' (II) | Sal a cubrir la realidad cubana, pero no escribas nada

Tras graduarse, el autor fue enviado a trabajar al periódico más importante de Cuba. Narra su experiencia desde Madrid, donde hoy trabaja en la construcción. Esta es la segunda entrega de tres

placeholder Foto: Un hombre vende el periódico 'Granma' en La Habana (Reuters)
Un hombre vende el periódico 'Granma' en La Habana (Reuters)

Anécdotas culinarias de lujo

El 5 de noviembre en la redacción todo seguía igual, Biden concretaba su victoria, yo no tenía nada que hacer y Nusa andaba como loco de aquí para allá sin mirarnos. De pronto levantó la mano derecha y con el índice extendido dio la siguiente indicación: "Necesito que busquen y me presenten alguna información. Revisen todas las páginas de los ministerios y los tuits de los ministros". Nos dimos a la tarea de crear una lista enorme de todos los organismos y sus directores para colgarla en la pared frente a nosotros. Dimos así los primeros pasos como comunicadores institucionales para alejarnos del periodismo.

Liuba quería cambiarse para la sección de Internacional. Ya había valorado las opciones disponibles y soportar por tres años a Nusa no estaba a su alcance. Quedaba a la espera de una respuesta de Capote y contaba los minutos para escapar. Ya uno de los tres trataba de zafarse de aquello y yo me preguntaba hasta cuándo podría aguantar.

Foto: Un hombre lee el 'Granma' en La Habana. (Reuters)

Cuando María regresó de su primera cobertura, le presentó el texto a nuestro jefe. Este impuso la superioridad magnánima de su cargo para hacer una entrada nueva en la nota informativa. Trataba de una donación de cinco millones de dólares hecha por Rusia.

Nusa explicaba que hay que ponderar lo ponderable y en este caso era la relación Cuba-Rusia. Una relación fuerte y estratégica que Granma debía ensalzar tanto como fuera posible. Comentó que no se debía dar mucha importancia a los detalles de cómo se emplearía el dinero. Resulta que los cinco millones de dólares estaban destinados a fortalecer la merienda escolar cubana en la enseñanza secundaria. Al día siguiente el trabajo de María se publicó con la firma de nuestro jefe. Nusa canalizó el trabajo por su perfil porque María no tenía usuario en la web interna y los montadores lo acreditaron a él. Era el primer trabajo de los 'nuevos' y no quedaba registro público de su verdadero autor.

placeholder Un hombre lee el diario 'Granma', órgano oficial de comunicación del Partido Comunista de Cuba (Yánder Zamora / EFE)
Un hombre lee el diario 'Granma', órgano oficial de comunicación del Partido Comunista de Cuba (Yánder Zamora / EFE)

El almuerzo estaba bueno porque había pollo asado. Comencé a disertar con las chicas de lo mucho que uno piensa en comida al vivir en Cuba y lo útil que resulta tenerla asegurada para dedicarle neuronas a otras cosas. En eso llegamos a la redacción y Nusa hizo algunas anécdotas culinarias de lujo. Contó cuán diferente a la sopa del almuerzo era la 'solianka' rusa que se podía tomar en varios lugares de La Habana a finales de los años ochenta. Explicó que días antes de que un incendio acabara con el restaurante Moscú en el Vedado, él degustó allí el famoso caldo siberiano junto a un exquisito bacalao a la vizcaína.

Nusa habló de aquello con brillo en los ojos y sus anécdotas aletearon en nuestras mentes como un bacalao en celo. Yo le dije que nunca había comido bacalao, que en aquella época Chucho Valdés lo comía con pan, pero mi contexto económico-social no me había dado el 'privilegio'.

Ante la necesidad de darle un vuelco a mis ruinosas jornadas de adiestramiento, le dije al jefe que deseábamos visitar el archivo del periódico. Anita, la más veterana trabajadora del lugar, tenía 80 años como mínimo. Nos presentó al equipo de trabajo y con una cojera pronunciada, la mujer de cabello blanco nos llevó a cada cubículo del Centro de Documentación de 'Granma'.

"Contó cuán diferente a la sopa del almuerzo era la 'solianka' rusa que se podía tomar en varios lugares de La Habana a finales de los 80"

Levantaba suavemente las manos para decir: "Aquí están los negativos del Che, esta es la colección de Korda o por allá tenemos las fotos de los viajes de Fidel al extranjero". Nuestros ojos recorrían verticalmente aquellos estantes de madera rusa mientras el olor a papel viejo se nos impregnaba en la ropa. Todo estaba maltrecho y Anita aclaró: "Los años son los años querido, yo era una pepilla antes y mira como estoy". Desde ediciones especiales de 'The New York Times' hasta los tres tomos del gran 'Libro de Cuba' estaban atesorados en aquel lugar. Una biblioteca y dos salones repletos de anaqueles guardaban la historia del periódico más importante de Cuba y su relación con el mundo.

Le pregunté por Levi Marrero y no lo conocía. Desde hacía un tiempo había intentado conseguir algunos de sus libros, pero en Cuba son muy difíciles de hallar. Lo buscó en los ficheros y nada. Levi es uno de los muchísimos intelectuales cubanos vetados por el sistema.

Al día siguiente disfruté mucho el almuerzo. En un lugar donde casi nada funcionaba bien, dentro de un país que hizo cotidiano el hecho de que casi nada funcionara bien, la comida era buena y se ofertaba con un servicio de calidad. Cuando salimos del comedor, Nusa nos convocó para una reunión en el mismo salón de la 'calurosa' bienvenida y la injusticia salarial. Nuestro jefe nos puso delante una hoja de papel con el siguiente encabezado: 'Anexo 1 de la Resolución 6. Relación de cargos de la prensa, atribuciones, obligaciones y requisitos de calificación formal. PERIODISTA. Atribuciones y obligaciones...'

placeholder Atribuciones y obligaciones del periodista de 'Granma'.
Atribuciones y obligaciones del periodista de 'Granma'.

A partir de ahí había nueve puntos a cumplir y Nusa reencabezó:

– Eso que tienen delante es su contenido de trabajo.

Cuando oí aquello me moví sobre la butaca lentamente. Le pregunté si nosotros teníamos que cumplir con las obligaciones como cualquier otro periodista y me dijo que sí. Entonces le expliqué que según nuestro contrato y todas las leyes que lo amparaban los adiestrados no tienen funciones de ningún tipo salvo aquellas recogidas en el plan de adiestramiento. Él contestó que ese papel era nuestro plan de adiestramiento.

Nuestro estatus era injusto y contradictorio. Básicamente, 'Granma' nos pagaba como adiestrados, pero nos exigía como periodistas a tiempo completo. Nusa dijo que teníamos que cumplir o cumplir; no teníamos alternativa. Luego María comenzó a replicar por el noveno de los puntos. Dicho apartado decía que teníamos que crear y mantener perfiles en redes sociales que estuvieran en función de los intereses del periódico. Yo había oído historias de colegas sancionados porque no querían compartir en Facebook sus trabajos.

"Había oído historias de colegas sancionados porque no querían compartir en Facebook sus trabajos"

¿Por qué un periodista cubano no quiere socializar en la red los contenidos que genera en su medio de prensa? ¿Por qué ese medio de prensa obliga a los periodistas a hacer algo que no quieren? Al final no importaba el por qué, el punto era que hasta nuestros perfiles en redes sociales tenían que estar al servicio del órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.

Como si el debate no rebosara de texturas y sabores, Nusa agregó una nueva especia que redondearía la ácida amargura de aquella reunión.

– Esto de las redes sociales es muy importante porque ahora, con la nueva administración del enemigo, viene hacia Cuba una nueva política, la de Obama. Y ustedes tienen que combatir la subversión del enemigo en redes sociales.

Cuando un tipo como Nusa le habla a un joven cubano de combates y enemigos, este último se ríe. Como nos reímos María y yo al mirarnos.

Luego de la reunión con Nusa, Lisandra nos explicó en la cola de la merienda que la gestión de Capote con la directora para el traslado de Liuba no dio frutos. Liuba ni siquiera pudo merendar. No le quedaba de otra a mi compañera, tenía que seguir zozobrando en Nacionales.

Mi primera cobertura periodística

El martes 10 de noviembre rompí la inercia en Granma. Tuve mi primera cobertura periodística. Cubrí la convocatoria oficial del Foro Empresarial 2020 del Ministerio de Comercio Exterior (MINCEX). Ese emporio estatal tiene una casa de protocolo en el aristocrático barrio de Miramar y allí fue la conferencia de prensa. El MINCEX controla todo el comercio que entra o sale del país excepto el contrabando practicado por personas naturales.

Antes del 2013 era muy difícil salir de Cuba. Si lograbas hacerlo, el gobierno confiscaba todos tus bienes porque pasabas a ser un traidor y enemigo irreconciliable de la patria. Pero en ese año una reforma migratoria eliminó la mayoría de las trabas para viajar y un grupo no despreciable de cubanos comenzaron a traer del exterior todo cuanto escaseaba en la isla, para lucrar con amplios márgenes de ganancia.

Allí estaba yo para promocionar los intereses del MIMCEX en Granma. Nada nuevo.

placeholder Portada del diario 'Granma'. (Alejandro Ernesto / EFE)
Portada del diario 'Granma'. (Alejandro Ernesto / EFE)

El salón del evento estaba ocupado por mis colegas del patio y los corresponsales de los principales medios de prensa extranjeros acreditados en la isla. No faltaba nadie. Desde AP hasta teleSUR querían cubrir cada oportunidad de negocios en un país totalitario que, para evitar la 'actividad económica ilícita', les prohíbe a los viajeros importar más de 10 vestidos o más de 20 maquinillas de afeitar desechables.

A las 11 de la mañana entró al recinto el ministro Rodrigo Malmierca y tomó asiento en un buró largo repleto de micrófonos. Explicó todos los detalles del foro y no escatimó en elogios para el 'magno' evento.

Al concluir su alegato el ministro preguntó si alguien tenía dudas sobre el tema explicado y la periodista de AP metió la cuchareta. La corresponsal mencionó a Joe Biden, quien ya había ganado las elecciones, y preguntó si el foro tributaría a las posibles oportunidades que se abrirían para Cuba con una administración demócrata. Malmierca se molestó al oír el nombre del enemigo e interrumpió a la periodista:

– El foro será beneficioso para Cuba con o sin elecciones en Estados Unidos.

Foto: Foto: Reuters.

Ese señor tiene las cejas fruncidas de manera natural, por eso cuando se irrita, su rostro lo expresa doblemente. Divertía ver a aquel hombre pavoneándose en la silla mientras clavaba los ojos en la valiente periodista que osó mencionar al enemigo del pueblo cubano.

Mientras esperábamos el transporte para regresar a 'Granma' vimos llegar a más de cien diplomáticos a la casa de protocolo. El de Japón llegó en un Lexus y el de Sudáfrica en un BMW; aquello si era un espectáculo. Ver —y solo ver— autos de lujo en Cuba es muy difícil porque la mayoría de los automóviles que circulan en la isla son americanos (de más de 60 años) o soviéticos (de más de 30 años). Señores excelentísimos con trajes excelentísimos eran recibidos como reyes por los edecanes del lugar. Ninguno abría la puerta del auto y ninguno hablaba con nadie. En realidad, tampoco miraban a nadie; eran así, excelentísimos. Me pregunté: ¿cómo los trataría Malmierca? ¿Cómo lucirían sus cejas?

De vuelta al yate transcribí todo lo expresado por el ministro y luego almorcé. Nusa me informó que tenía 30 líneas y que lo más importante no era el foro en sí, sino el papel que jugaba dentro de la nueva estrategia económica aprobada por el gobierno. Por lo tanto, mi 'lead' debería ponderar eso para darle un sentido aún más propagandístico a la noticia.

Propuesta de tema

Nusa me envió a Diseño para que viera cómo se montaba una página del órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Allí hacía mucho frío y los diseñadores no hablaban; por eso me fui para la redacción deportiva que estaba al lado. Le planteé a unos colegas mi idea para hacer un reportaje sobre los problemas que trae jugar béisbol de día en Cuba.

Desde hace unos años solo se puede jugar pelota de día porque de noche hay que alumbrar los estadios con luz artificial. Esa luz artificial funciona con corriente eléctrica y esta última se produce con diésel importado. Como Cuba está en crisis desde hace 30 años, no puede comprar combustible para generar toda la electricidad que necesita. Entonces, como hay que ahorrar corriente, no se puede jugar pelota de noche.

Esa decisión fue vertical e irrefutable. Desde que se puso en práctica, la calidad de los juegos y el seguimiento del espectáculo deportivo por la afición han caído. "Pero mijo, para qué vas a hacer eso si ya tú sabes lo que te van a decir. Que si no hay corriente, que si no hay petróleo…", me dijeron aquellos longevos colegas.

Desde hace unos años solo se puede jugar pelota de día porque de noche hay que alumbrar los estadios con luz artificial

"Profe", dije a Sigfredo Barros, veterano que ha llevado el béisbol en Granma desde hace 50 años, "hay que hacer algo porque eso de jugar de día está acabando con la pelota cubana".

"Bueno, lo puedes hacer", me lanzó un joven sentado tras una computadora, "pero debes prepararte para que la directora o el Comité Central del PCC impidan la publicación del trabajo".

Mi cara de asombro suscitó un cometario de Nacianceno, el jefe de la redacción: "Bienvenido a 'Granma".

Foto: Ensayo clínico de una de las vacunas cubanas. (Reuters)

El hombre con los brazos extendidos naturalizó de manera jocosa la posible censura y señaló al techo para rematar: "Esa orden vino de arriba muchacho, contra eso no hay quien pueda".

Después de oír todo aquello, Nusa me dijo en Diseño que no debí permitir que imprimieran la página de prueba sin que él la revisara. Explicó que debía ahorrarse el papel y la tinta porque costaban muy caros y el país estaba en crisis. Todo por una hoja de papel. La dignidad de una sociedad cabe en una hoja de papel.

A las seis de la tarde, Nusa revisó mi trabajo. Hizo algunos ajustes y desajustó mi texto. No le importó poner tres oraciones subordinadas en un párrafo de cinco líneas o desinformar con un 'lead' pésimo. Nusa era Nusa y yo estaba loco por irme. Así que le dije adiós y dejé mi reputación en sus manos.

La isla que no come pescado

El 11 de noviembre el aporreado de pescado del almuerzo estaba exquisito. Me sirvieron bastante y disfruté el banquete del mar. Cuba es una isla y sus habitantes casi no comen pescado. Existen muy pocos lugares donde se puede comprar, y la ración que el gobierno les daba a todos fue sustituida por pollo desde hace años. A veces pasan muchos meses sin que uno pruebe cualquier tipo de alimento marino. Por eso mi almuerzo era genial.

Al llegar a la redacción revisé el periódico impreso y vi mi nota en la página dos. Después de leerla me avergoncé un poco. Estaba molesto. Yo le había explicado a Nusa cuán necesario era agregar un punto y seguido para evitar que aquello fuera un desastre, pero no quiso arreglarlo. Él, desgraciadamente, no iba a firmarlo.

Cuando vi a mi jefe ese día le comenté que me sentía mal porque el párrafo segundo de mi trabajo era una jerigonza. Respondió que el texto fue revisado por el resto del equipo editorial del periódico y yo debía ser humilde ante los señalamientos. Nada de aquello respondía al maldito punto y seguido que no quiso colocar. Era increíble cómo se esfumaba cualquier posibilidad de resolver o aclarar algo cuando él empezaba a hablar. Al final lo llamaron por teléfono y aproveché para bajar a la merienda. Nusa estresaba y las galleticas proletarias calmaban.

La población de la mayor isla del Caribe no se alimenta con macroindicadores o logros científicos. Eso el gobierno no lo entiende

En la merienda pude asegurar dos raciones de galletas, dos panes y dos vasos de yogur. Todo para desayunar al día siguiente en casa. Debía aprovechar las bondades de 'Granma'.

Cuba tiene los mejores índices de Latinoamérica en áreas como la salud, la educación y el deporte, pero el Estado (que controla la economía) no tiene la capacidad de brindarle pan a sus ciudadanos. La población de la mayor isla del Caribe no se alimenta con macroindicadores o logros científicos. Eso el gobierno no lo entiende.

Tenía guardia esa tarde y encontré una mejor forma de perder el tiempo: vi el programa radiotelevisivo 'Mesa Redonda'. Trataba de las elecciones en Bolivia y su repercusión en el panorama de la izquierda latinoamericana. Luis Arce había recibido más del 55 por ciento de los votos electorales, pero Cuba hacía más de setenta años que no realizaba una elección presidencial. El PCC quita y pone a quien desee en el poder. El partido es el ente superior de la sociedad según el artículo 5 de los principios fundamentales de la Constitución. Así son los medios cubanos, tienen miopía para la realidad propia, pero afiladas lupas para el acontecer extranjero.

El profe Sigfredo

Al día siguiente encontré en la escalera del diario al profe Sigfredo. Dijo que esperaba su cumpleaños 75. Recordó que en 1970 llegaron sus primeras letras al rotativo comunista y como trabajo voluntario iba a cortar caña para la zafra los fines de semana. Cuenta Sigfredo que hace 50 eneros hacía tremendo frío en Güines y la dulce gramínea era dura con ese tiempo. "Fue muy fuerte para mí, yo tenía tu edad cuando aquello, tremendo machete tuve que dar".

En el 70, Fidel se propuso fabricar diez millones de toneladas de azúcar y varios especialistas le explicaron que muchos factores impedían alcanzar esa meta. Él no escuchó y convocó a una de las mayores movilizaciones obreras de la historia latinoamericana. Todos los cubanos trabajaron en el empeño y al final la lógica venció al capricho. La paralización del resto de la economía dejó en quiebra a un país que intentaba rehacerse a sí mismo, que quería alcanzar las estrellas de un salto.

El profe recorrió mentalmente su hoja de servicio a la revolución y llegó al entrenamiento militar que realizó durante meses para combatir en Angola. A la postre, no tuvo que usar un AK-M en África; otros jóvenes ya estaban allí para dar o salvar vidas. Intervenir en la guerra de Angola también fue idea de Fidel. Sigfredo se preguntaba luego qué no había hecho por este país, qué pedazo de su vida no le entregó. Indagar en eso, decía, le resultaba interesante.

Solo contados organismos inventariaban todo eso en Cuba en medio de la profunda crisis que vivíamos y el MINFAR era uno de ellos

Mi segunda cobertura fue con el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR). Era un acto conmemorativo por el aniversario del Colegio de Defensa Nacional (CODEN), situado en las afueras de La Habana. Después de que unos repentistas entonaran décimas a favor de la Revolución y en contra del enemigo, seguimos al teniente coronel Díaz —personaje que nos guiaba todo el tiempo— hasta un local con una mesa central y asientos. La mesa tenía galleticas, bombones, caramelos, tartaletas dulces y saladas, rodajas de pan aderezadas, palitos de jamón y queso, cabezotes en almíbar y para tomar había ron Havana Club Reserva, vino, malta, refresco y agua embotellada. Excepto el ron y el agua, ninguno de estos productos existía en tiendas cubanas desde hacía casi un año.

Solo contados organismos inventariaban todo eso en Cuba en medio de la profunda crisis que vivíamos y el MINFAR era uno de ellos. Es un ministerio que se autoabastece principalmente a través de una red nacional de tiendas recaudadoras de divisas, el conglomerado turístico Gaviota y el Grupo de Administración Empresarial S.A. Esos tres emporios militares sostienen una parte importante de la economía cubana y son reflejo directo del poder incalculable que posee el MINFAR.

No existen informes públicos de las actividades que desarrolla el MINFAR. Nadie sabe cuántas unidades militares tiene o cuántos millones ingresa y gasta a través de su infraestructura. Los más altos dirigentes de cada una de sus dependencias son personajes que descienden de la familia Castro o están ligados a ella por décadas de fiel servicio.

Verme frente a aquellas baratijas era una escena un poco surreal en la Cuba del 2020. Las personas pasaban días enteros en largas filas por todo el país para conseguir uno de los ingredientes de aquellos bocadillos.

Laúdes, golosinas y maltas

Los dos poetas estaban acompañados por tres músicos. De estos últimos, ninguno llegaba a los 20 años y el más joven no parecía haber eyaculado aún. Con esa edad mi madre todavía me compraba golosinas y yo, como cualquier niño cubano, disfrutaba mucho hasta el caramelo más pedestre. Pero en el momento que se vivía, ni la mejor madre del mundo podría surtir la gula de aquel niño. Miraba cada una de las fuentes con el iris nervioso en un veloz movimiento panorámico. Un señor viejo e impecablemente vestido decía unas palabras mientras el jovencito frotaba con lentitud las manos pegadas al pecho.

El águila calcula cada centímetro de su ataque, pero tiene que aprender mucho del pequeño que tocaba el laúd para los poetas. En menos de 20 segundos acaparó todo cuanto pudo. Deglutía muy rápido de pie y con la cabeza pegada al plato, como si alguien se lo fuera a impedir, como si aquello fuera un sueño y temiera despertar.

Demás está decir que yo fui una versión más recatada del muchacho. Hasta para mi novia Nayare tomé algunos bombones. Había pequeñas botellas de malta Tínima que todos bebían. Esa marca de bebidas proviene de una obsoleta fábrica en Camagüey y resulta más difícil de ver que el cometa Halley. Exactamente tres años atrás había tomado una cerveza de ese nombre en un establecimiento privado matancero que contrabandeaba productos del MINFAR.

El último paquete que yo conseguí de papel estaba por terminarse después de cinco meses de acuciante ahorro

Antes de salir de aquel lugar fui al baño. Encontré todo limpio y dispuesto para el aseo: había jabón, toalla y papel higiénico. El último paquete que yo conseguí de papel estaba por terminarse después de cinco meses de acuciante ahorro. Allí me vi una vez más, frente a algo que no veía con frecuencia, pero a diferencia de las golosinas, ese algo no estaba dispuesto para que yo lo tomara. Si alguien me sorprendía cogiéndolo podría tener un gran problema. Mas deduje que el verdadero problema sería no tener papel en mi casa. Coloqué el rollo dentro de la mochila y lo cubrí con la edición cubana de '1984', ella impediría el escrutinio certero de un posible censor.

El sábado 14 de noviembre, Granma publicó en portada la información del cumpleaños del CODEN, pero aquello no estaba escrito como una noticia. Habían transformado mi texto. No conservaba ni una línea del texto original, el 'lead' se transformó en consigna comunista y mi crédito era simbólico porque yo no había escrito eso.

Me tragué toda la impotencia que acumulé durante el fin de semana. El lunes, Nusa me dijo que nos reuniríamos con Dilbert para ventilar mi inconformidad. Empecé a temer por las represalias que podría implicar el encuentro con un jefe. En Cuba cuando te dicen "vamos para la oficina del director" debes cruzar los dedos y rezarle a la Virgen de la Caridad del Cobre.

Bronca en el altar del Dilbert

Mi trabajo no lo cambió Nusa, sino Dilbert. Por eso iría a su altar. Me preparé psicológicamente para no intentar demostrar por qué la nota publicada era incorrecta. Desgraciadamente, Dilbert quiso entrar en detalles y me dijo que mi propuesta estaba mal debido a que lo más importante no era el aniversario del CODEN ni la celebración de este, sino la envergadura y la misión que tenía un centro de ese tipo. Eso es entendible debido a la política editorial de 'Granma', pero el texto hecho por el subdirector sacrificaba mucho en pos de su objetivo.

El 'lead' de aproximadamente cinco líneas era una subordinada gigante muy incómoda de leer que hablaba de la misión del CODEN. El segundo párrafo medía más del doble que el 'lead' y no tenía un solo punto y seguido; era tan difícil de leer que por más que lo intenté no captaba su mensaje principal con claridad. El tercer y el último párrafo estaban por el estilo.

Según Dilbert, mi nota —que por muy mala que estuviera al menos era eso, una nota— no servía y la de él sí. Me dijo que tenía que ser humilde y aceptar los señalamientos. Yo le expliqué mi deseo de no aparecer en la firma de un trabajo como ese por dos motivos: porque no lo había escrito yo y porque no compartía la estructura ni el estilo empleado. Además, el código de ética del 'Granma' en su artículo 16 me daba todo el derecho a anular mi firma. Ese apartado hace imprescindible la anuencia del periodista para realizar cualquier modificación de su trabajo.

Foto: Vista exterior de la embajada de Estados Unidos en La Habana.

Sin exagerar, yo sentiría vergüenza si alguien me preguntara por ese texto. El periodismo audiovisual siempre me había robado la atención durante la carrera y por ende, escribir no era mi punto más fuerte, pero lo que escribió Dilbert estaba tan mal que hasta un niño lo hubiese notado.

El subdirector me dijo que eso de no firmar un trabajo era una posición muy fuerte, y yo le expuse la profunda desestimulación que me embargaba. Le recordé cuántas veces me había quejado por el salario, debido a las necesidades económicas que tenía. Situación que se agravaba con problemas personales: mi padre recientemente había sido operado de una lesión cancerígena en el labio.

No fueron capaces ni él ni Nusa de preguntarme cómo seguía mi papá o que tan compleja era su dolencia. Eso me hizo comprender toda la hipocresía que encierra el discurso de los jefes en Granma. Dilbert dijo más de treinta veces en su sermón que iba a trabajar para que nosotros nos sintiéramos a gusto en el periódico porque éramos jóvenes que necesitábamos todo el apoyo del medio. Al medio nosotros claramente no le importábamos. Podría decir que estaba grave en un hospital y quizás ni así vería en ellos algún signo de preocupación.

Cada mañana antes de llegar me decía a mí mismo 'relájate e ignora cualquier cosa indeseable'

Mi propósito no era entablar aquellas cruzadas en el órgano oficial del PCC. Cada mañana antes de llegar me decía a mí mismo 'relájate e ignora cualquier cosa indeseable', pero no podía evitarlo. ¿Cómo dejar de reaccionar ante lo negativo si casi todo era negativo?

El 17 de noviembre Nusa convocó a toda la redacción para una reunión. En ella explicó que todos los trabajos realizados, excepto ALGUNAS notas informativas, tenían que hablar del daño causado por el bloqueo norteamericano. No era un invento suyo, partía de una política editorial que trascendía a la misma directora: venía de arriba, del Comité Central del PCC. Solo un par de semanas atrás, el Ministerio de Relaciones Exteriores había publicado un informe detallado sobre las afectaciones del bloqueo en cada una de las esferas de la sociedad cubana. El Granma debía acreditar el contenido de ese informe hasta que fuera aprobado en la ONU.

Le dije que en la misma medida que habláramos del bloqueo, era necesario incluir los problemas y trabas internas que impedían un despegue real de la economía y contradecían completamente a las transformaciones impulsadas en toda la sociedad cubana. Mi propuesta pretendía establecer un contrapeso en el discurso del yate y no saturar al público con el megacitado bloqueo.

Foto: El sector privado sigue teniendo difícil trabajar en Cuba (EFE/Yander Zamora)

Él dijo que sí, que ese era nuestro reto, colegiar el interés editorial del medio con la realidad, los problemas internos de Cuba, para generar un discurso más potable. La cara de Nusa dice más que su boca y la expresión de sus ojos mientras hablaba me ayudó a callarme. Problemas del sistema e impacto del bloqueo no pueden coexistir en un mismo trabajo de Granma porque el yate no puede decir que los americanos tienen la culpa de todo junto a 'nosotros también somos culpables'. El aceite no se mezcla jamás con el agua.

Cuando llegó mi turno en la reunión para plantear las propuestas de trabajo que tenía, expliqué lo del béisbol y los juegos de día. Nusa replicó que Deportes carecía de espacio para un trabajo de fondo y que debía concentrarme en Nacionales. También le propuse hacer una entrevista a Rodrigo Álvarez Cambras, el ortopédico cubano que cumpliría 86 años próximamente. Le conté a Nusa que el legendario médico ha sido marginado de un congreso y un libro de ortopedia en los últimos años y sería bueno reinsertarlo en la palestra pública a través de 'Granma'.

Él me respondió:

– Voy a consultar esto con la directora para ver qué situación existe con Álvarez Cambras.

– ¿Usted quiere decir, que va a preguntar si se puede hablar de él en un trabajo?

– Exacto, me entendiste rápido. Porque quizás pasó algo con él y no se puede abordar su figura.

"Nosotros somos el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba y no podemos ocuparnos de las disputas entre determinadas personas"

Álvarez Cambras es uno de los médicos más prestigiosos de la Cuba revolucionaria. Amigo personal y médico de Fidel Castro, de Rafael Correa o Sadam Housein. Durante su juventud fue reprimido por la tiranía de Batista. Ya médico, hizo más de cinco misiones internacionalistas en el extranjero, inventó varias técnicas y tratamientos ortopédicos, tiene todos los grados científicos a los que un galeno puede aspirar, fundó la escuela de ortopedia cubana, es Héroe Nacional del Trabajo y ha sido condecorado por líderes mundiales como Vladimir Putin o Francois Mitterand.

Por esos días Nayare Menoyo, mi novia, había obtenido una mención en el Festival de Cine Latinoamericano de Trieste, gracias a su documental sobre el escritor cubano Leonardo Padura. Como varios medios nacionales como 'Cubadebate' o 'Prensa Latina' se habían hecho eco de la noticia, fui a proponerle el tema a Madelaine, la jefa de la sección cultural. Ella estaba al tanto del recorrido que había tenido el documental y le parecía muy interesante, PERO (siempre hay un pero en 'Granma') no podía abordar el tema debido a que el Ministerio de Cultura no aprobaría un trabajo relacionado con Padura. Dijo que la línea editorial en materia cultural del órgano oficial del PCC estaba regida estrictamente por los intereses del Ministerio de Cultura. Dicha entidad ha practicado un rechazo continuo hacia Padura desde tiempos inmemoriales y no promueve su obra o sus logros de manera sistemática.

Al día siguiente, Nusa reiteró su negativa hacia el trabajo que propuse sobre el béisbol. Entonces indagué en la propuesta de entrevistar al doctor Álvarez Cambras.

Foto: El Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, durante una visita a la Casa Blanca.

"Mira Alfredo, a ver cómo te explico", contestó mientras apoyaba los codos en los pasamanos de su cómoda silla. La única moderna de toda la sección la tenía él, el jefe, además de la única computadora con monitor de pantalla plana. "Nosotros somos el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba y no podemos ocuparnos de las disputas que existan entre determinadas personas".

– ¿De qué disputa usted habla?

– De esa que se ha entablado con Álvarez Cambras. Nosotros tenemos que ocuparnos de 'atender' los sectores que nos corresponden y no desviar nuestra atención hacia otros asuntos de menor importancia. Además, Álvarez Cambras ya debe estar mal con más de 90 años.

– No, va a cumplir 86 y tiene muy buena condición física y mental para esa edad.

– Bueno, Alfredo, pero igual, ya es un hombre muy mayor.

– A ver, Nusa, ¿usted lo que quiere decir... es que no se puede hablar del doctor por algún motivo?

–Yo no lo sé. Tendríamos que verlo con la directora y que ella llame al Comité Central para comprobar la situación que exista.

Me callé y lo miré fijamente. Él, por supuesto, dejo de mirarme 'ipso facto' y volvió a la mierda que escribía en su gran computadora. Me pregunté en qué lugar del cuerpo Nusa tendría el cuño que lo acreditaba como medio básico del PCC. ¿Sería en la espalda? ¿Sería en las nalgas? ¿O no sería y quería ser?

Una censura solapada, entre líneas

Un gobierno totalitario que cuenta con 'cracks' como Nusa y prohíbe la existencia de medios privados o la impresión de un simple libro ajeno a sus intereses tiene a Cuba en el puesto 171 del ránking de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras. De los 180 países listados en el informe de 2021, la mayor isla del Caribe no tiene rival en Latinoamérica.

La censura en Cuba nunca se ha institucionalizado públicamente. Es solapada, entre líneas. Una censura que no borra del mapa completamente a un artista o a un médico como Álvarez Cambras, pero sí lo saca de circulación. Es decir, ya no forma parte del teatro de operaciones, ya no es confiable, ya no es mencionable, ya no es nadie. Todos sabemos que existe, quién es, o qué hizo, pero los medios inician una profilaxis lenta y aplastante que a la larga castra cualquier recuerdo del imaginario popular.

No quería darme por vencido con el trabajo sobre el béisbol. Por eso fui nuevamente a la sección deportiva para colegiar con mis colegas su posible realización. Mientras planteaba mis puntos, el profe Sigfredo me miraba con una expresión irónica en el rostro y asentía ligeramente para despistar en el criterio que hilvanaba sobre mi idea. Aquel hombre de 75 años sacó un cigarro y se puso de pie para decirme: "Ven acá pipo, ¿y dónde tú piensas publicar todo eso? Imagino que en 'The New York Times', ¿no? Porque aquí jamás saldría algo así".

La censura en Cuba nunca se ha institucionalizado públicamente. Es solapada, entre líneas

– Bueno, profe…

Sigfredo gritó para todos mientras me señalaba: "Este va a hacer un trabajo sobre el viaje desde Colón a Miami", y luego concluyó mirándome "cuando no puedas más y brinques el charco hacia el enemigo, vas a escribir sobre eso".

Los ojos del profe terminaron su intervención: "Así vas a terminar si no dejas de pensar".

En un primer momento me sorprendió el hecho de que un anciano, con el que había conversado solo un par de veces, citara mi lugar de nacimiento. Luego me percaté del lamentable presagio que encerraban sus palabras. Me cansaría de todo aquel circo y saldría de un país en crisis donde no hay ni pan ni pasta dental.

"Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”. Así dijo Fidel en junio de 1961 y sesenta años después su espíritu dogmático hacía cumplir al pie de la letra el sagrado mandamiento comunista. Todos deben dejar de pensar, crear y soñar para estar dentro de la Revolución porque a la larga el socialismo cubano pone cerco a tus neuronas, tu creatividad y tus aspiraciones. Cuando le entregas eso, eres menos humano.

Una de las alternativas es emigrar. Miles de jóvenes salen de Cuba cada año con muy pocas ganas de volver. El profe Sigfredo me vería partir.

(El siguiente capítulo se publicará en El Confidencial mañana domingo. Alfredo Herrera cuenta cómo logró salir del 'Granma' y, al mismo tiempo, de Cuba)

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