Efecto Eurovisión: el Brexit aviva el miedo de UK a quedarse solo en un mundo en llamas
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TRAS LA SALIDA DE LA UE

Efecto Eurovisión: el Brexit aviva el miedo de UK a quedarse solo en un mundo en llamas

El director del 'think tank' más importante de Reino Unido ha escrito un informe decisivo para radiografiar el futuro del país tras el Brexit

placeholder Foto: Boris Johnson en una imagen de archivo de 2019. (Reuters)
Boris Johnson en una imagen de archivo de 2019. (Reuters)

“Hemos ganado la Guerra Fría pero hemos perdido Eurovisión”. Así expresaba en 2007 su frustración Terry Wogan, el famoso presentador de la BBC, acusando al concurso musical de tener un “descarado sesgo contra Reino Unido” y achacando los malos resultados a las votaciones de los países de Europa del Este. El irlandés cristalizaba así un sentimiento común en el pueblo británico: perdemos en Eurovisión porque nuestros vecinos no nos quieren. Con el paso de los años esa idea mutó y se culpó al Brexit de los pocos votos conseguidos, pero incluso los diarios sensacionalistas pronto reconocieron que no tenía nada que ver. “El Brexit no es el motivo por el que hayamos quedado los últimos”, se titulaba una columna de opinión en 2019.

Pero el problema de quedarse sin aliados, aunque no debería preocupar a los británicos en la próxima edición del concurso en 2021, sí que debería hacerlo en términos geoestratégicos. Tras la salida de la UE, Reino Unido corre el riesgo de quedarse más solo que nunca. Esa es la tesis de David Niblett, director del prestigioso 'think tank' británico Chatham House, que cita el "efecto Eurovisión" como posible consecuencia tras el Brexit.

“Sin la lealtad de sus colegas europeos más cercanos, pero sin contar con otros países obligados a priorizar las relaciones con Reino Unido sobre sus vecinos o las grandes potencias, Londres podría verse apartado a los márgenes de las negociaciones internacionales”, escribe Niblett en un reciente informe titulado “Global Britain, Global Broker”.

Foto: Montaje: Raquel Cano

En este ‘paper’ de más de 70 páginas, Niblett propone un nuevo camino para la política exterior británica tras el Brexit: en vez de soñar con volver a ser una nueva potencia global y tratar de tú a tú a China, Estados Unidos o la Unión Europea —algo que no sería otra cosa que darle alas a una nostalgia imposible—, tiene que recuperar el antiguo pragmatismo británico. Cooperar internacionalmente y convertirse en el “fontanero” que sea capaz de arreglar los retos globales. O el bombero que apague un mundo en llamas, sin dejar de reconocer que los gloriosos días de Reino Unido son cosa del pasado.

“Lo primero que tenemos que reconocer es que no existe un pasado al que volver. Reino Unido no será un país tan poderoso como para ser capaz de ser autónomo, especialmente en un momento de alta competición geopolítica”, explica Niblett. “Los ciudadanos y líderes británicos deben aceptar que su país es una potencia diferente a la que entró en el pasado en la UE, esperando que su membresía pudiera ser influyente para retener parte de su gloria pasada”. Y culmina: “Reino Unido fracasará si intenta reencarnarse en una superpotencia en miniatura. Debería centrarse en ser capaz de resolver algunos problemas internacionales”.

placeholder La Reina Isabel atendiendo un evento del Chatham House. (Reuters)
La Reina Isabel atendiendo un evento del Chatham House. (Reuters)

¿Cuáles son esos retos o problemas globales? Niblett los cifra en seis. Reino Unido tiene la oportunidad de defender la democracia liberal, promover la paz internacional y la seguridad, luchar contra el cambio climático, lograr una mayor resiliencia en temas sanitarios, abogar por la transparencia fiscal mundial, apostar por el crecimiento económico equitativo y proteger el ciberespacio.

Por supuesto, Niblett no es ingenuo. El texto está impregnado de ligeros toques pesimistas: sabe que vender la idea de “Reino Unido global” siempre fue difícil cuando en otras capitales, tanto fuera como dentro de la UE, nunca se llegó a entender la lógica del Brexit. “El uso del Gobierno del término 'Reino Unido Global' implica que dejar la UE libera a Reino Unido para comprometerse en más acuerdos internacionales que antes. Sin embargo, el Brexit fue un acto de desacoplamiento de sus mayores socios”.

Al estar más solo en el mundo, [los británicos] tendrán un gran incentivo para arreglar sus propios problemas

Pero el director del 'think tank' británico también es optimista. Su país sigue teniendo un poder blando muy grande que se traduce en las mejores universidades, medios de comunicación muy influyentes, asientos en todos los organismos internacionales más importantes —entre ellos el Consejo de Seguridad— y una economía potente. Contar con todo ello, sin embargo, no significa que los líderes británicos puedan cruzarse de brazos, porque la débil respuesta del Gobierno de Boris Johnson contra la pandemia daña la credibilidad del país, según Niblett, para resolver problemas fuera. Por otro lado, en duda queda si el Brexit no acabará fragmentando el país, con los líderes independentistas escoceses promoviendo otro referéndum y con los irlandeses del norte preguntándose si ha llegado el momento de la reunificación con Irlanda.

Otro aspecto positivo, aunque más indirecto, es que Reino Unido ya no podrá culpar de sus problemas a la UE. “Al estar más solo en el mundo, [los británicos] tendrán un gran incentivo para arreglar sus propios problemas y no tendrán otra opción que hacerlo”. Para Niblett, pertenecer a la UE ha desconectado a los líderes británicos del tradicional pragmatismo británico. Durante décadas se han visto inmersos en debates eternos sobre la UE. Sin embargo, que se haya acabado solucionando el Brexit no quiere decir que Reino Unido ya haya solucionado sus problemas con la UE.

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson (Reuters)

“La proximidad geográfica y las profundas interconexiones económicas obligarán al Gobierno económico y a sus socios europeos a un compromiso constante”, escribe Niblett. “El resultado neto, sin embargo, es que Reino Unido acabará perdiendo más tiempo gestionando su relación con las instituciones europeas que cuando era miembro de la UE”.

En las conclusiones del informe, Niblett es tajante: el mundo en el que vivimos necesita menos charleta y más acción. Reino Unido tiene que ganarse el rol de “actor global que arregla los problemas del mundo" siendo capaz de dejar de un lado la nostalgia del imperio y entender que ya no es una superpotencia. Porque si no corre el riesgo, como de forma célebre dijo el actor Peter Cook, de acabar “hundiéndose en el mar mientras se parte de risa”.

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