El gran atraco del Brexit
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EUROPEAN COUNCIL ON FOREIGN RELATIONS

El gran atraco del Brexit

Con un Brexit nada positivo para Reino Unido después de un año de ineptitud con el covid, se podría creer que Johnson está en las últimas. Pero es un error, por tres razones.

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El primer ministro británico, Boris Johnson (Reuters)

La BBC conoce su audiencia nacional, y por tanto programó la película "Dunkerque" para el estelar 'prime-time' navideño. Nada les gusta más a los británicos que los relatos de un desastre heroicamente evitado, y celebrarlos como grandes victorias. Y fue así con el acuerdo comercial 'in extremis' del Brexit, anunciado por un triunfante primer ministro Boris Johnson el 24 de diciembre. Cuando la prensa volvió a su programación habitual después de las vacaciones, los periódicos 'brexiteros' se apresuraron a manifestar su opinión: "Regocíjense, tenemos un futuro de la libertad, y alegría ante nosotros", se entusiasmó el Sunday Express.

En realidad, la reacción del público ha sido más de alivio que de triunfalismo. Después de cinco años de encono, el deseo de "terminar el Brexit" ha sido palpable, y la semana de caos en el transporte ocasionada por el breve cierre francés de los cruces del Canal de la Mancha en respuesta a la nueva mutación del covid-19 en Gran Bretaña mostró vívidamente lo que un fracaso a la hora de lograr un acuerdo podría haber significado. Además, la nación ha tenido cosas más importantes de las que preocuparse, ya que la última ola de virus se descontrola y las hospitalizaciones superan incluso los niveles alcanzados en los oscuros días del abril pasado. No es de extrañar que el Brexit haya sido desplazado en gran medida de los titulares.

Foto: Montaje: Raquel Cano

Se vendió el Brexit como una forma de restaurar la histórica soberanía parlamentaria de Reino Unido. Así que es irónico que el propio Parlamento británico se haya visto obligado a apenas un debate de cinco horas y media en el que hacer el escrutinio de un tratado de 1.246 páginas y 80 más de legislación complementaria antes de votar y aprobar el texto. Aun así, los partidarios del Brexit pueden estar contentos de que su noción idiosincrásica de soberanía triunfe constantemente sobre los intereses económicos británicos en este Brexit que es inflexiblemente duro, y a pesar del corolario de que la Unión Europea preservará su propia libertad para tomar represalias dondequiera que vea que Gran Bretaña obtiene una ventaja competitiva injusta inclinando la "igualdad de condiciones" en el comercio. La UE tampoco ha cedido su propio derecho soberano de emitir una serie de juicios regulatorios unilaterales que tendrán un impacto profundo en la capacidad de Reino Unido para seguir vendiendo al mercado comunitario, de mucho mayor tamaño (en todos los campos, desde la "equivalencia" financiera a la "adecuación" del 'data', hasta regímenes fitosanitarios, a la conformidad del producto).

Los partidarios del Brexit pueden estar contentos de que su noción idiosincrásica de soberanía triunfe constantemente sobre los intereses económicos británicos

Resistiéndose a las ganas de regocijo, los "agobiados y pesimistas" también han estado tratando de aguar la fiesta al sugerir que el Brexit no está en absoluto "terminado". Todas las nuevas limitaciones y fuentes de fricción en las interacciones económicas, políticas y humanas de Reino Unido con la UE están solo empezando. Se prevé que el impacto en la tasa de crecimiento de Reino Unido, que ya es la más afectada por la pandemia de cualquier nación del G7, ascenderá al 6% del PIB o más durante los próximos diez años. Y las disposiciones de gobernanza y revisión del tratado han preparado el escenario para un proceso casi constante de regateo con Bruselas. Los británicos también han tenido una demostración de lo que sucederá si los franceses optan por apretar en el vital canal británico de suministros a través del Estrecho de Dover.

Con semejante Brexit después de un año de lamentable ineptitud para responder al coronavirus (Reino Unido tenía la cuarta tasa de mortalidad per cápita más alta de Europa), uno podría suponer que el gobierno de Johnson está en las últimas. Pero darlo por hecho podría ser un error por tres razones.

En primer lugar, cualquier inclinación a la disensión entre las filas se verá mitigada por el hecho de que los principales partidarios del Brexit se han asegurado en gran medida de que no se verán afectados personalmente. Los principales barones de la prensa 'brexiteer' son expatriados; el propio padre de Johnson ahora reclama la ciudadanía francesa. La empresa de gestión de activos cofundada por el diputado conservador Jacob Rees-Mogg, que fue el principal 'asesino político' de Theresa May, se ha establecido en Dublín (Mogg renunció a la firma al unirse al gabinete de Johnson en 2019). Sir James Dyson ha partido hacia Singapur; el también multimillonario del Brexit, sir James Ratcliffe, anunció en diciembre que su nuevo 4x4, patrióticamente llamado "El Granadero", se construirá en Francia. La emergencia del covid-19 también le ha brindado al gobierno oportunidades para entregar puestos y contratos a amigos y aliados, en lo que los críticos denominan una nueva “chumocracia” (una élite gobernante que asistieron a las mismas escuelas y universidades).

En segundo lugar, quienes ahora dirigen Gran Bretaña han asimilado por completo la lección trumpiana de que, si mientes sin vergüenza ni vacilación, generalmente puedes salirte con la tuya. No importa que Gran Bretaña ya no tenga acceso a las bases de datos de lucha contra el crimen de la UE (la policía británica accedió al Sistema de Información Schengen 600 millones de veces al año): la ministra del Interior, Priti Patel, afirma que los británicos ahora estarán "más seguros". Johnson declara, al anunciar un acuerdo que requiere un régimen aduanero completamente nuevo para las exportaciones británicas, que no habrá barreras no arancelarias al comercio, y rechaza alegremente los repetidos desafíos en el debate parlamentario para aclarar este asunto. Durante mucho tiempo, los políticos han recurrido a trucos, incluso a palabrerías: el gobierno británico ahora ha adoptado la mentira directa como más eficaz.

En tercer lugar, los ataques a las limitaciones democráticas también han tenido su efecto (con su constitución no escrita, Gran Bretaña es especialmente vulnerable en este aspecto). El Parlamento ha sido marginado; la BBC, el poder judicial y la administración pública, amenazadas y acobardadas de diversas formas. El gobierno también ha mostrado un talento orbanesco para encontrar chivos expiatorios y sembrar la división: a través de una larga década de austeridad, mientras se recortaban los servicios y beneficios públicos y se evitaban los aumentos de impuestos, la creciente desigualdad se enmascaraba poniendo a los “luchadores” en contra de los “vagos”.

El Partido Conservador británico es reconocidamente despiadado (y exitoso) en la retención del poder. El propio Johnson podría ser sacrificado en los próximos meses, si las encuestas sugieren que un nuevo líder y primer ministro sería más popular. Podría caer incluso el Gobierno al completo. Pero no apueste por ninguna de estas dos opciones. A medida que los británicos vuelven a entrar en el encierro en este sombrío mes de enero, sus gobernantes pueden optar por relajarse frente a otra película muy querida, una de las favoritas de los fanáticos del fútbol inglés: "La gran evasión". O una de esas divertidas travesuras de atracos y estafas, donde los pícaros adorables se ríen desde la grada.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Nick Witney y titulado 'The Great Brexit Heist'

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