Elecciones de Estados Unidos 2020: ¿cómo funciona el sistema electoral?
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Elecciones del 3 de noviembre

Elecciones de Estados Unidos 2020: ¿cómo funciona el sistema electoral?

El sistema electoral del país norteamericano puede resultar complicado de entender, pero, ante la importancia de estas elecciones en el mundo, es de recibo intentar comprenderlo

Foto: Trump y Biden (REUTERS)
Trump y Biden (REUTERS)

Las elecciones de Estados Unidos ya están aquí. Donald Trump y Joe Biden se juegan la presidencia este martes, 3 de noviembre (donde también se conformará la renovación de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado), en unos comicios que se presentan cruciales no solo para el futuro inmediato y a largo plazo del país americano, sino también para el resto del mundo.

La pregunta del millón es la de quién ganará estas elecciones, si el candidato republicano o el demócrata, y muchos son los que pensarán que será presidente quien consiga más votos, pero realmente eso no siempre ha sido así en el país norteamericano, debido a que su sistema electoral tiene algunas particularidades con respecto a lo que estamos acostumbrados en España.

Hay quien defiende esta manera de elección y otros que la consideran algo injusta y poco representativa. De cualquier modo, de cara al próximo martes, y para entender estas históricas elecciones hay que tener claros algunos puntos clave.

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Una elección indirecta

En primer lugar, hay que apuntar que el presidente y el vicepresidente en Estados Unidos no son elegidos directamente a través del voto ciudadano, sino que los votantes llamados a las urnas los elegirán de manera indirecta a través de los conocidos como Colegios Electorales. Estos están formados por un total de 538 compromisarios que provienen de todos los estados mas la capital, desglosados en 435 miembros de la Cámara de Representantes, 100 senadores y tres delegados de Washington DC.

El número de electores, como son llamados los compromisarios del Colegio Electoral, que tiene cada estado es proporcional a la cantidad de su población, teniendo tantos electores como miembros del Congreso, es decir, miembros de la Cámara de Representantes y senadores (estos hasta un máximo de dos por cada estado). California y Texas, que son los lugares más poblados, son los que más electores eligen, con 55 y 38, respectivamente. Wyoming, Montana y Dakota del Sur, los que menos población tienen, eligen a tres, que es el número mínimo de representantes.

El funcionamiento de los Colegios Electorales

Para hacerse con la victoria en los comicios, el candidato a la presidencia debe conseguir la mitad de los electores mas uno, es decir, habría de obtener 270 como mínimo. Hasta este punto, el sistema puede parecer reconocible, pero hay un aspecto clave en esta forma de elección, y es que el candidato que consigue ganar más votos en un estado, sea por una diferencia mínima o muy elevada, se queda con la totalidad de los votos del Colegio Electoral de ese lugar.

Pero ¿qué significa eso? Se puede ver claramente con un ejemplo. Si en Wisconsin, donde tienen asignados 10 electores, un candidato consigue más voto popular que su rival, digamos por ejemplo con un porcentaje del 60% por el 40%, todos los electores destinados a ese lugar irían para él, sin que haya un reparto proporcional al número de votos por el cual se repartirían seis y cuatro, respectivamente. Si bien, hay dos excepciones, como son los estados de Maine y Nebraska, los cuales sí dividen sus votos en función de la proporción que cada candidato obtenga.

Este hecho genera algo de controversia, ya que, como pasara en las pasadas elecciones de 2016 con la victoria de Donald Trump sobre Hillary Clinton, el ganador de las elecciones puede no haber obtenido más votos totales en la votación popular y aun así ser presidente de los Estados Unidos con haber ganado los de los compromisarios de los Colegios Electorales. Tan solo hay cinco precedentes en la historia contando el ya mencionado de las pasadas elecciones, en los años 1824 (John Quincy Adams sobre Andrew Jackson), 1876 (Rutherford B. Hayes sobre Samuel J. Tilden), 1888 (Benjamin Harrison sobre Grover Cleveland) y 2000 (George W. Bush sobre Al Gore).

Los estados clave o 'swing states'

Hay ciertos estados que se han mostrado fieles a un partido u otro a lo largo de la historia, pudiendo determinar que tanto el Partido Demócrata como el Republicano tienen asegurada la victoria en algunos de ellos. Por ejemplo, California suele votar mayoritariamente por los demócratas, mientras que Texas lo suele hacer por los republicanos.

Esto hace que los esfuerzos de los candidatos normalmente se centren en los estados que históricamente suelen ser más indecisos, los llamados estados péndulo o ‘swing states’, ya que unas veces han votado a favor de un lado o del otro, siendo decisivo conseguir la victoria en esos lugares para hacerse con la presidencia. Por ello, Trump y Biden harán especial hincapié en conseguir el voto mayoritario en lugares como Iowa, Wisconsin, Michigan, Ohio, Pensilvania o Florida.

¿Cuándo se sabe el ganador?

Aunque la fecha de las elecciones es siempre la misma, el primer martes tras el primer lunes de noviembre (obviamente cada cuatro años), debido a la influencia de la agricultura que marcaba el calendario en el pasado, ya que esta fecha se consideraba más tranquila en cuanto a la actividad agraria, este día no es cuando se conoce oficialmente quién ocupará la Casa Blanca. Si bien, virtualmente sí que se puede determinar el ganador.

Los miembros del Colegio Electoral se reúnen unas semanas después y votan por el candidato que más votos obtuvo en su estado, algo que ocurre el primer lunes tras el segundo miércoles de diciembre, es decir, este año se reunirán el 14 de diciembre, pero no será hasta el 6 de enero de 2021 cuando se haga el recuento de votos emitidos por los electores y, después de certificarse el ganador, el 20 de ese mismo mes cuando el nuevo presidente deberá de jurar el cargo en las escaleras del Capitolio, frente al presidente del Tribunal Supremo.

En cuanto a los votos de los representantes del Colegio Electoral, técnicamente no tienen la obligación de votar por el candidato ganador en su estado, si bien, es algo que suele ocurrir con asiduidad habiendo muy pocos casos de delegados que no cumplieron con esta premisa en los más de 200 años de historia de Estados Unidos.

¿Y si hay empate?

La probabilidad de que se produzca un empate y que ninguno de los candidatos consiga al menos los 270 votos de electores necesarios es muy remota, pero no imposible, por lo que la Carta Magna estadounidense recoge una solución por si esto llegara a ocurrir. En ese caso, serían los 435 congresistas de la Cámara de Representantes los que elegirían al presidente y los 100 senadores al vicepresidente.

De esto solamente hay un precedente en toda la historia, ocurrido en las elecciones de 1824. Ni John Quincy Adams, ni William H. Crawford, ni Andrew Jackson obtuvieron la mayoría absoluta de los votos del Colegio Electoral, por lo que, según marca la Constitución y haciendo uso de la Duodécima Enmienda, la Cámara de Representantes decidió quién sería el presidente. Adams, aunque no había conseguido imponerse en el voto popular, que estaba en poder de Jackson, fue investido presidente, ya que fue el candidato que había conseguido más electores. Por su parte, John C. Calhoun sería elegido vicepresidente.

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