BRASIL SE REVUELVE CONTRA SU PRESIDENTE

Caceroladas contra Bolsonaro, "el peor presidente del mundo" contra el coronavirus

Desde que el 17 de marzo se registró la primera muerte, Brasil ya ha superado los 2.100 fallecidos. Y Bolsonaro, en contra del confinamiento, ha destituido a su ministro de Salud

Foto: Bolsonaro en una rueda de prensa. (Reuters)
Bolsonaro en una rueda de prensa. (Reuters)

“Bolsonaro dispone de poderes para exonerar a su ministro de Sanidad, pero no para ejercer una política pública de carácter genocida”. Estas fueron las palabras usadas por el juez del Tribunal Supremo Gilmar Mendes el 15 de abril, cuando la máxima instancia de la Justicia brasileña ratificó que tanto gobernadores como alcaldes tienen competencias para adoptar medidas de cuarentena. Esta cuestión ha suscitado el recelo del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, que desde el inicio de la crisis sanitaria ha emprendido una cruzada en contra del aislamiento social y ha atacado a los gobernadores de forma sistemática, responsabilizándolos del parón económico que puede “hundir la economía brasileña”.

Un día después de perder esta batalla ante la Justicia, Bolsonaro anunció la destitución del ministro de Sanidad, Luiz Henrique Mandetta, quien ha defendido con ahínco las medidas de confinamiento social desde el inicio de la crisis del coronavirus. Tras semanas de tira y afloja, el mandatario de Brasil decidió demostrar quién manda. Con un semblante nervioso que delataba inseguridad, el presidente se deshizo de Mandetta, un ortopeda infantil con una amplia carrera política.

A la misma hora, en las ventanas de las principales ciudades brasileñas, miles de personas hacían resonar sus ollas en una fragorosa cacerolada, que se viene repitiendo a diario desde el 17 marzo al grito de #ForaBolsonaro. Según las encuestas, el 64% de la población desaprueba el despido del que era considerado el mejor ministro de Ejecutivo. Desde entonces, el 'hashtag' #BolsonaroGenocida es uno de los más comentados en Twitter.

“Jamás yo, como jefe del Ejecutivo, retiraré el derecho constitucional de ir y volver de cualquier ciudadano. Debemos tomar medidas parar evitar la proliferación o la expansión del virus, pero a través de la persuasión y con medidas que no alcancen la libertad y las garantías individuales de cualquier ciudadano. Jamás limitaremos los derechos fundamentales de los ciudadanos”, dijo Bolsonaro en un discurso de 15 minutos, en el que volvió a insistir en la necesidad de reactivar la economía cuanto antes y de limitar las medidas de cuarentena únicamente a los colectivos de riesgo, como ancianos y enfermos crónicos.

El "peor presidente" del mundo

Brasil ya ha superado los 2.100 fallecidos y los 33.000 contagios. Los expertos advierten de que la situación real es mucho peor y que, ante la falta de pruebas de laboratorio, habría que multiplicar los datos oficiales por 15. Por lo pronto, el estado de Ceará, en el noroeste de Brasil, ya ha anunciado el temido colapso sanitario en la red de hospitales públicos. En São Paulo, el estado más afectado, y en Río de Janeiro varios hospitales ya no tienen plazas en la unidades de cuidados intensivos (UCI).

Ante esta dramática situación, algunos se preguntan: ¿es Bolsonaro el peor presidente del mundo en la batalla contra el Covid-19? A juzgar por el duro editorial del 'Washington Post', no hay dudas. Al compararlo con los líderes de otros tres países que tampoco se están luciendo a la hora de enfrentar la pandemia —Turkmenistán, Bielorrusia y Nicaragua—, el diario estadounidense concluye que Bolsonaro gana por goleada. Las razones son muchas y variadas, entre ellas, su rechazo a la ciencia y su obcecación en evitar el colapso económico en detrimento de salvar vidas.

“Bolsonaro sin duda representa un peligro porque es una fuente de inestabilidad. En este momento, Brasil tiene dos problemas: el coronavirus y Bolsonaro. El país tiene que enfrentar dos agendas: superar la crisis del coronavirus y la consecuente crisis sanitaria y económica, y además las crisis provocadas por la incapacidad del presidente de la República de liderar nuestra nación”, señala Vitor Marchetti, profesor de la Universidad Federal del ABC (UFABC).

La pregunta ahora es qué va a pasar con las medidas de aislamiento social, recomendadas por la Organización Mundial de la Salud y adoptadas en la gran mayoría de países a falta de una vacuna o tratamiento efectivo. El nuevo ministro de Sanidad, Nelson Teich, es un oncólogo y empresario del ramo de la salud que promete no hacer cambios bruscos en la política de distanciamiento social. Sin embargo, en su primer discurso, quiso “dejar claro que existe una alineación completa” entre él y Bolsonaro. Además, afirmó que “salud y economía no compiten entre sí”.

El nuevo ministro de Sanidad es un personaje controvertido. Para Angélica Nogueira, directora da Sociedad Brasileña de Oncología Clínica, “es uno de los principales oncólogos del país y un gran empresario y gestor de la sanidad”. Sin embargo, según la filósofa Márcia Tiburi, que se autoexilió a París tras la victoria de Bolsonaro por las numerosas amenazas de muerte debidas su postura crítica, la retórica de Teich es “eugenista”. “La eugenesia es un discurso y una práctica que tiene un objetivo: eliminar a los ‘indeseables’, que para el neoliberalismo son siempre los pobres”, escribió en su Twitter.

Por ahora, están siendo pocos los brasileños que siguen la cuarentena a rajatabla, ya sea por rebeldía o por necesidad. En el país tropical, hay 38 millones de trabajadores informales y precarios que simplemente no pueden permitirse el lujo de quedarse en casa. Por esta razón, en ninguna ciudad de Brasil se ha implementado un 'lockdown' total. Otros, como los ancianos de Copacabana, el barrio con más octogenarios de Brasil, salen a diario para hacer deporte en el paseo marítimo. “A mí me han operado del corazón y si no camino dos horas por día, puedo tener muchos problemas de salud”, se justifica un exmilitar de 69 años.

Bares y sexo ilegal

Muchos bares funcionan a escondidas, con clientes apiñados detrás de la barra bebiendo cerveza y viendo la televisión. Hay incluso quien reconoce que se salta el confinamiento a la torera para practicar sexo, una “necesidad básica igual que comer”. El 80,4% de los brasileños afirma que nunca rechazó la posibilidad de tener sexo, según una reciente encuesta. “En un mes, he quebrantado la cuarentena en dos ocasiones y ha sido increíble. A un chico lo conocí en Tinder y otro es un amigo con derecho a roce. ¿Valió la pena correr este riego? Sé que estoy equivocada y que no debería arriesgarme de esta forma, pero el deseo era más fuerte. ¿Lo haría de nuevo? No lo sé, ahora tengo un poco más de recelo”, reconoce Laura, una ingeniera de 49 años.

En este clima de relativismo, el alcalde de Manaus advierte de que la ciudad puede convertirse en una réplica de Guayaquil, en Ecuador, con cadáveres en las calles y empresas funerarias que no dan abasto. Un vídeo grabado en el hospital de esta ciudad amazónica muestra que hay cuerpos tirados en el suelo, al lado de pacientes. Este hospital es el único que dispone de UCI en todo el estado de Amazonas, que es el más extenso de Brasil. “Hay un colapso funerario, los entierros están creciendo de manera exponencial, así como las muertes. Es una situación que deja a las personas nerviosas, estresadas. Actitudes como la del presidente [Bolsonaro], que sale tranquilamente a la calle y demuestra que para él no hay ningún tipo de peligro, hacen que hoy muchas calles en Manaus estén llenas de coches”, afirma el alcalde de Manaus, Arthur Virgílio Neto.

Los epidemiólogos estiman que el pico de contagios y de muertes se producirá entre mayo y junio. Las favelas son, con diferencia, las comunidades que más sufrirán el efecto devastador del coronavirus por el hacinamiento, la falta de saneamiento y el bajo poder adquisitivo, que convierte el hidrogel en un bien de lujo. En este sentido, los narcotraficantes se han mostrado más receptivos al concepto de cuarentena que el propio Bolsonaro. En varias favelas de Río de Janeiro, prohibieron los bailes funk y la entrada de turistas extranjeros al comienzo de la epidemia. En algunos casos, también han impuesto el toque de queda a las 20:00.

“Bolsonaro prácticamente está colocando a las personas en las calles, está poniendo en riesgo la vida de las personas. Realmente, quiere que la gente salga para trabajar y contagie esta enfermedad. Nosotros no podremos salvarnos, porque los hospitales no tienen estructura. Yo creo que él quiere matar a los brasileños. Para mí, quiere reducir el tamaño de la población”, señala Rafael Rodrigues, voluntario de la Asociación de Vecinos de la favela Babilonia, ubicada cerca de la playa de Copacabana.

Paraisópolis, una de las favelas más grandes de São Paulo, se ha convertido en un ejemplo de autogestión. Con más de 100.000 habitantes amontonados en callejones y casas precarias, la asociación de vecinos ha designado a 420 jefes de calles que controlan 50 edificios cada uno y hacen un seguimiento de los contagios. También ha habilitado un espacio para que los enfermos con síntomas leves puedan pasar la cuarentena lejos de sus familiares. Además, ha contratado tres ambulancias y varios profesionales sanitarios de dedicación exclusiva. Un ejército de voluntarios distribuye cada día comida gratuita a los más necesitados.

Una debacle económica

A la espera del tsunami vírico, es difícil predecir el impacto social y económico del Covid-19 en Brasil. El Banco Mundial calcula que se producirá una caída del 5% del PIB para este año. El Fondo Monetario Internacional (FMI) traza un escenario parecido para la octava economía del mundo, que este año podría bajar de lugar en el 'ranking'. La bajada de los precios de las materias primas, sumada a la desaceleración económica de los principales socios comerciales, encabezados por China, puede desatar la tormenta económica perfecta.

Un estudio del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas pronostica que la crisis causada por el coronavirus puede duplicar la tasa de desempleo, dejando un reguero de 12,6 millones de parados. A falta de una ley que impide los despidos como la de Italia, aumenta día tras día el número de personas despedidas por empresas que no saben si sobrevivirán a este terremoto económico. Por lo pronto, el Gobierno ha aprobado un subsidio de 600 reales (105 euros) para personas de baja renta y autónomos que perdieron sus ingresos por causa de las medidas de cuarentena.

Algunos economistas señalan que es una cantidad insuficiente para asegurar la supervivencia de estas personas. Al mismo tiempo, ha surgido un debate sobre la necesidad de introducir una renta básica universal para los más necesitados. La idea de Ladislau Dowbor, profesor de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP), es que se aproveche esta crisis para intentar disminuir el abismo social en uno de los países más desiguales del planeta.

Mientras, madereros y buscadores de oro están aprovechando la falta de fiscalización en las reservas indígenas de la Amazonía brasileña para realizar actividades ilegales en detrimento del medioambiente. Las alertas por deforestación registradas en marzo crecieron un 29,9%, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE). Es el segundo peor dato de los últimos cinco años. Solo en los primeros tres meses de 2020, la destrucción de árboles aumentó un 51% con respecto al mismo periodo del año anterior.

Esta semana, el directo del Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama), el principal órgano de fiscalización de Brasil, ha sido despedido tras llevar a cabo una operación contra 'garimpeiros' ilegales en reservas indígenas del estado del Pará. El fin era alejar a los invasores e impedir la propagación del coronavirus en las aldeas indígenas. La operación, que fue portada en el principal programa informativo de Brasil, desagradó a Bolsonaro, que varias veces ha prometido la legalización de la minería ilegal. La destrucción de los bosques milenarios de la Amazonía es otro efecto colateral de la gestión errática que 'el peor presidente del mundo' está haciendo de la pandemia.

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