RUTTE, EL HALCÓN DE HALCONES DE LA UE

¿Por qué el Gobierno holandés es tan duro con España? Porque gana votos en casa

Su gestión de la crisis del coronavirus ha hecho que los holandeses lo vean como el mejor primer ministro de la posguerra, aunque sea cada vez más censurado en la Unión Europea

Foto: El primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte. (Reuters)
El primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte. (Reuters)

Al primer ministro holandés le llegan palabras difíciles de digerir desde el sur de Europa, pero en casa son todo elogios. El partido liberal de Mark Rutte podría obtener hasta ocho escaños más en las elecciones generales previstas para 2021, según varias encuestas. Su protagonismo durante esta crisis se ha basado en no soltar un euro gratis fuera de casa y en unificar a la población local bajo un discurso de madurez y responsabilidad social. Es considerado el 'hombre de Estado ideal', incluso entre votantes que jamás darían su papeleta a los liberales. Pero su homólogo portugués, António Costa, que no se ha cortado un pelo estas semanas en sus referencias a Países Bajos, advierte contra convertirse en un “rehén de los populismos electorales”.

A Europa le habla de números con la mente fría y la calculadora en la mano. A los holandeses se dirige con optimismo, pero con empatía, dando mensajes de cercanía, unidad y solidaridad, visitando un supermercado mientras hace alguna broma que se hace viral en las redes, o participando en una sesión de gimnasia en uno de los pocos colegios abiertos para hijos de profesionales vitales para la lucha contra el Covid-19. Rutte ha inyectado miles de millones de euros en la economía del país, en ayudas para autónomos y para los que pierden su trabajo por esta crisis. Ha movilizado a los prestamistas para ser solidarios con quienes no puedan pagar su hipoteca, y a los propietarios para que tengan paciencia con los inquilinos en dificultades.

“Soy consciente de cuán grande es el impacto. Hay miedo, la gente se siente sola, y sé que no deberíamos estirarlo [el confinamiento] mucho más de lo necesario. Pero es importante que sigamos cumpliendo con los acuerdos por ahora. Estamos todavía en el principio”. Rutte sabe que la presión sobre los hospitales sigue siendo lo suficientemente alta como para no empezar a hablar de desescalada de las medidas tomadas hasta ahora. “El metro y medio seguirá con nosotros durante mucho más tiempo”, añadió, sobre la distancia interpersonal a mantener en la calle. Por ahora, esto seguirá como mínimo hasta el 28 de abril.

Confianza en la población

Su postura se resume en pocas palabras: no voy a decretar nada, este es el peligro al que nos enfrentamos y de esta solo salimos si los 17 millones de habitantes se adhieren a las normas. Por no decretar, Rutte no ha decretado ni el estado de alarma, porque, dice, de nada vale si no hay voluntad popular de salir de esta. Se le ha definido como un hombre de Estado que trata a su pueblo con madurez. La muestra de confianza plena en la población, que al final se ha quedado en casa y ha respetado la distancia social, ha sido lo que precisamente le ha ganado confianza al propio Rutte. Una admiración mutua que le ha venido como anillo al dedo al primer ministro, según las encuestas.

El liderazgo de este político liberal al frente de la crisis del coronavirus ha recibido aplausos desde el primer día. La jornada clave fue su discurso a la nación a mediados de marzo, el primero que da un primer ministro holandés desde la crisis del petróleo en 1973. Una encuesta llevada a cabo por Ipsos y 'EenVandaag' —programa de la televisión pública— ha preguntado a más de 22.000 personas su visión de la estrategia del Gobierno holandés para frenar los contagios por el nuevo coronavirus. El 73% ha dicho confiar en que Mark Rutte sabe lo que hace. Los encuestados consideran que su jefe de Gobierno ha sido “claro” y “se ha explicado bien”, ha transmitido “confianza” y “liderazgo” al frente del país.

En estos tiempos turbulentos, se ha posicionado como el mejor primer ministro desde la Segunda Guerra Mundial, por detrás del socialdemócrata Wim Kok, quien se había ganado la mayor popularidad registrada hasta ahora. Su discurso ha tenido un número sin precedentes de telespectadores: lo vieron más de siete millones de holandeses, de principio a fin, algo que ni siquiera ocurre con los mejores partidos del equipo nacional holandés durante la final de un Mundial.

Su mensaje consistió, primero, en explicar los tres escenarios a los que se enfrenta el país ante la expansión del coronavirus. No actuar y dejar que todo el mundo se contagie (lo que provocaría la saturación de los hospitales y la muerte de muchas personas). Cerrar el país (lo que puede llevar meses con el país paralizado). U optar por un término medio, donde se busque la 'inmunidad de rebaño'. Esto último es lo que Rutte después precisó como un “confinamiento inteligente”, que consiste en seguir permitiendo que la gente salga a la calle de manera controlada y razonable, apostando por el teletrabajo mientras sea posible y controlando al máximo los picos de contagios para no saturar las UCI. "No podemos y no cerraremos los ojos ante las consecuencias económicas de esta crisis. Este es un periodo extremadamente difícil para muchas empresas, grandes y pequeñas", concluyó.

Según han subrayado muchos de los encuestados, Rutte se ha presentado así como “un verdadero estadista y un líder”, y todos han agradecido sus “llamamientos a la solidaridad” social. El hecho de que tres cuartos de la población confíen actualmente en el funcionamiento del Ejecutivo es excepcional para Rutte. Antes de la crisis del coronavirus, el primer ministro suspendía en confianza, y esta fluctuaba entre el 25% y el 45%, dependiendo de la época. Ahora, solo el 29% de la sociedad tiene dudas sobre su capacidad de dirigir Países Bajos durante esta crisis. Estos son principalmente votantes de los dos partidos de la ultraderecha: el Partido de la Libertad (PVV), de Geert Wilders, y Foro para la Democracia (FvD), de Thierry Baudet. Y, en menor medida, los votantes del Partido Socialista (SP).

Thierry Baudet y Geert Wilders. (EFE)
Thierry Baudet y Geert Wilders. (EFE)

“Estoy muy orgulloso de vosotros”, dijo Rutte a toda la sociedad, después de que muchos se quedaran encerrados en casa por responsabilidad, a pesar del sol y el buen tiempo. En Holanda, aún se puede salir a pasear, correr o a llevar a los críos al parque sin recibir una multa. Con sus palabras, este político liberal ya está dibujando el curso posterior a la emergencia sanitaria. “Esta crisis también ofrece oportunidades para reconsiderar cómo será el mundo a continuación”, dijo, mientras elogiaba que “el escudo de los débiles” son un sector público y un Gobierno fuertes. “Buena atención médica, buena educación e instalaciones públicas sólidas. Eso es por lo que trabajo como liberal”. La afirmación de campaña electoral que resonará en la mente de muchos votantes en marzo de 2021.

¿Y la ultrederecha y el Nexit?

Toda esa confianza interna también se ha reflejado en el Parlamento holandés. Una mayoría de los diputados ha mostrado su apoyo al Gobierno y ha aprobado su gestión de esta crisis y sus consecuencias, a nivel interno pero también externo. Todos, a excepción de la ultraderecha, que ha tenido sus momentos en lo referente a las medidas contra el coronavirus. Baudet había estado exigiendo el confinamiento total de la población y el cierre de fronteras, con fuertes críticas a la estrategia oficial, pero después relajó su discurso y llamó a la unidad con el Gobierno para salir de esta emergencia sanitaria.

Este cambio de postura lo ha provocado precisamente la encuesta que daba un gran apoyo popular a Rutte. “Baudet pide el cierre total del país, pero qué sabe él de todo eso”, aseguró a Ipsos uno de los votantes de FvD, que desde la ultraderecha respalda la gestión de Rutte. Los votantes de FvD, en general, no están muy contentos con el tono de Baudet, según muestra una investigación de la misma encuestadora. Si antes lo que había eran dudas sobre la esperanza de vida política de Rutte y la conveniencia de que se presente a sus cuartas elecciones, el coronavirus ha hecho desaparecer por arte de magia todas las críticas políticas.

A menos de un año de las elecciones generales de 2021, esta es la mejor noticia que podrían darle a Rutte, quien no tiene intención de retirarse todavía, después de una década al frente del Gobierno. De hecho, los analistas ven en su postura en Bruselas una estrategia para coquetear con los votantes de la ultraderecha, tradicionalmente reacios a más Unión Europea y muy críticos con el uso del dinero holandés para ayudar a los países del sur. Esta, junto a la política migratoria, es la columna vertebral del programa electoral de Baudet, que el año pasado convirtió su partido en el más grande del Senado holandés. Hoy, las encuestas le dan como poco tres escaños menos en los próximos comicios.

Tras verle las orejas al lobo, FvD apoyó primero al Ejecutivo, hizo suyo el 'confinamiento inteligente' y después publicó un análisis en su página web en el que denuncia que “el euro está tropezando de crisis en crisis, la situación actual es insostenible y perjudica tanto al norte como al sur de Europa, por lo que es hora de independizarse del euro”. Según Baudet, las diferencias entre los países del Mediterráneo y los del mar del Norte son “demasiado grandes como para que funcione” una moneda común y lamenta que Bruselas utilice el euro “como palanca para una mayor integración europea”.

Esa lección, dice, debería haberse aprendido en la crisis anterior, cuando Grecia, Irlanda y Portugal recibieron paquetes de ayuda financiera desde Bruselas, pero alertó de que “nuestras economías y sociedades están subordinadas a la ideología de la UE”. En su visión, la introducción del euro “ha debilitado seriamente” la posición competitiva del sur de Europa porque esta es una moneda “más cara” que la lira (Italia), la peseta (España) o el dracma (Grecia). “Incluso después de años de relativa prosperidad económica, países como España y Grecia aún no han superado esta crisis”, añade. La solución que propone: la independencia controlada en pro de más soberanía nacional.

La ultraderecha aprovecha las tensiones en el Eurogrupo para volver a poner sobre la mesa el debate sobre un Nexit. Nada nuevo bajo el sol, porque siempre ha llevado en su programa electoral la celebración de un referéndum sobre permanencia en la UE, y eso que se le habían quitado las ganas viendo cómo va el Brexit. Sin embargo, Holanda sabe que no va a ninguna parte sin el mercado común europeo, sin el euro y las demás ventajas de pertenecer a la UE. El líder del partido progresista (D66) y uno de los socios del Ejecutivo holandés, Rob Jetten, ha advertido de que Países Bajos es "un país exportador, donde dos tercios de los productos que vende van a países de la UE" y, por eso, "una crisis del sur de Europa es una crisis holandesa, y los economistas entienden que esto es así".

Sombra electoral

Aunque las formas del ministro holandés de Finanzas, Wopke Hoekstra, fueron también muy criticadas dentro de Países Bajos, llevándole a pedir disculpas por parecer egoísta y poco solidario, el contenido de su argumento y postura tenía un respaldo mayoritario en el Parlamento holandés. El “no a los coronabonos” se gritó prácticamente al unísono en La Haya. Y Hoekstra también prometió a la Cámara de Representantes que el uso de los fondos del MEDE, si no es para la compra de material sanitario contra el Covid-19, no será a cambio de nada. España e Italia tendrán que comprometerse a reformas inmediatas de su economía para recibir ayuda financiera.

Su gestión de las cuentas holandesas ante Bruselas también lo ha convertido en protagonista político del coronavirus. La agencia I&O Research lo sitúa como una de las personas más valoradas durante esta crisis, una idea que también comparte su propio partido, el demócrata-cristiano CDA, que le tiene como figura clave para liderar el partido en las elecciones de 2021. Sería el candidato rival de su propio primer ministro, Mark Rutte, a quien hace sombra en sus aspiraciones políticas, en su positivismo inagotable y en su gestión de las finanzas del país, un asunto clave para triunfar en unos comicios cuando se trata de los Países Bajos.

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