EL DEBATE INTERNO SE CALDEA EN LA HAYA

Países Bajos contra Países Bajos: deuda y moral en tiempos del coronavirus

La oposición de Países Bajos a la creación de instrumentos conjuntos para luchar contra los efectos económicos del coronavirus lo ha puesto en el ojo del huracán

Foto: Mark Rutte, en uno de los últimos Consejos Europeos. (Reuters)
Mark Rutte, en uno de los últimos Consejos Europeos. (Reuters)

En solo unas semanas, Países Bajos ha logrado que todo el sur de Europa se revuelva en su contra provocando un choque norte-sur sin precedentes en la UE. La posición del Gobierno liderado por el liberal Mark Rutte —opuesto a cualquier nuevo instrumento para hacer frente a la crisis económica que acarrea el coronavirus, más allá de una última propuesta de creación de "un fondo europeo" con "donaciones" — y sus métodos negociadores agresivos y poco diplomáticos han levantado la furia de los gobiernos que abogan por estas medidas y que son, también, los que más están sufriendo los efectos de la pandemia: España e Italia.

Pero no ha sido únicamente la firme oposición de La Haya a los coronabonos como medio de paliar la crisis económica del coronavirus lo que ha generado esta virulenta reacción. Han sido las formas. En plena crisis sanitaria, el ministro neerlandés de Finanzas, Wopke Hoekstra, habló del "riesgo moral" de unos eurobonos que desincentivarían reformas necesarias en estos países y llegó a pedir a la Comisión Europea que investigara por qué estos países no tenían ahora margen fiscal. António Costa, primer ministro portugués, diera el pistoletazo de salida a las críticas contra el Gobierno holandés al calificar de “repugnante” estas declaraciones. Pero, ¿qué pasa realmente en Países Bajos?

Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos. (Reuters)
Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos. (Reuters)

Caldeando el debate

Lejos de haber un total acuerdo sobre qué hacer en una de las mayores crisis de la Unión y cuando la solidaridad europea está en la balanza, la realidad es que en los últimos días el debate se ha empezado a caldear en Países Bajos: no hay una posición única, y hay poderosas voces que piden al Gobierno que mueva sus líneas rojas. Uno de los primeros en pedirlo fue Paul Tang, eurodiputado socialista neerlandés y miembro de la comisión de Asuntos Económicos y Financieros, que junto a otro eurodiputado y dos diputados nacionales escribieron una carta al Ejecutivo de Rutte pidiendo que acepte los llamados coronabonos, emisión de deuda conjunta, que han pedido España y otros ocho países para hacer frente a la crisis.

"Debo decir que el debate en Países Bajos se está caldeando. Tenemos algo de tiempo, hasta la semana que viene, para encontrar una solución", explica Tang a El Confidencial, señalando al 7 de abril, cuando se celebra una nueva reunión de ministros de Finanzas europeos [Eurogrupo], como la próxima fecha clave en esta crisis. “Espero que [el debate] cambie la posición del Gobierno holandés”, confía el eurodiputado, que señala como “muy vergonzantes” las declaraciones del ministro de Finanzas.

Pero las posiciones son muy firmes, difíciles de mover. Entre otros puntos de discordia interna en Países Bajos hay un asunto clave: ¿es el momento de hablar de los errores cometidos por los países sureños en los últimos años, de las cosas que se pueden mejorar o que hay que cambiar? Tang opina que no es el momento, y que las reflexiones deberán hacerse después y a un nivel europeo. Pero muchos otros no están de acuerdo.

Adriaan Schout, profesor de Administración Pública Europea en la Universidad Radboud de Nijmegen y autor de un libro titulado 'The Netherlands as a EU Member: Awkward or Loyal Partner?' ('Holanda como miembro de la UE: ¿socio incómodo o leal?'), señala que “es la segunda vez en 10 años que la eurozona está bajo una presión enorme”, y que eso merece una importante reflexión. Apunta a una serie de errores cometidos durante los últimos años, y señala que, si bien puede haber medidas temporales para ayudar a los Estados miembros más golpeados, estas no llegarán sin condiciones. “Esta idea de medidas temporales no está basada en el nivel de confianza justificada por los números (de los últimos años). Así que habrá medidas temporales, pero no se producirán sin condicionalidad”, explica el profesor.

Líderes europeos charlan durante una de las últimas cumbres. (Reuters)
Líderes europeos charlan durante una de las últimas cumbres. (Reuters)

Pero la posición del propio Gobierno neerlandés no es tan firme como podría esperarse. En las últimas horas, dos de los cuatro partidos que componen el Gobierno que lidera Rutte han mostrado sus discrepancias con la estrategia que está siguiendo el primer ministro. La situación ha obligado al ministro de Finanzas a disculparse con los países sureños por sus declaraciones y su actitud durante los últimos días, y ha admitido que Países Bajos debería haber mostrado "más empatía".

También el actual gobernador del banco central holandés, así como un expresidente, han pedido que el Ejecutivo cambie sus tradicionales líneas rojas y se plantee una respuesta fiscal europea coordinada.

Lejos de los estereotipos y la idea de que no hay crítica interna, la opinión pública holandesa está empezando a chocar sobre este asunto. Una viñeta en uno de los principales periódicos del país muestra a España e Italia ahogándose mientras Rutte, subido en una silla de vigilante, les lanza un libro de autoayuda. Pero muchos sureños miran a La Haya sin entender qué hay detrás de este aparente abandono. ¿Qué les pasa a los holandeses?

Reunión del Gobierno holandés. (Reuters)
Reunión del Gobierno holandés. (Reuters)

La postura holandesa

Para el sur la postura holandesa es egoísta, fría e insolidaria. Para muchos en Países Bajos sencillamente es su manera de ver la política fiscal, de entender el mundo. Además, se acercan unas elecciones generales en marzo de 2021 en las que nadie se la quiere jugar demasiado frente al electorado.

Porque el electorado holandés es contrario a medidas fiscales coordinadas con el sur. "De manera general, la política fiscal conservadora es relativamente popular", explica Tang. Y es popular para los votantes de muchos partidos. De hecho fue un socialista, Jeroen Dijsselbloem, ministro de Finanzas y presidente del Eurogrupo, mano derecha del alemán Wolfgang Schäuble durante los años de la crisis, el que acusó a los países del sur de gastarse el dinero en "mujeres y alcohol".

Rutte ha insistido estos días en que Países Bajos ha asumido grandes reformas durante los últimos 10 años, algo en lo que también coincide Schout, que señala que, por ello, es "amargo" ver a Italia criticando a La Haya y calificándola de insolidaria. "Querría que otros países hicieran lo mismo", incidía el pasado viernes el primer ministro holandés. Existe la sensación en partes de la sociedad holandesa de que ellos han hecho un trabajo duro y que les ha acarreado presión y sufrimiento, y que ahora les piden ayudar a otros países que no han realizado esos esfuerzos.

El profesor Schout da directamente en la clave de lo que genera rechazo en Países Bajos y cómo lo ven los holandeses: "El problema con la Unión Europea es que no todos los países aceptan las responsabilidades". Señala que los países no han cumplido con las normas que establece el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y recuerda que solo seis países están cumpliendo con la ratio del 60% de deuda pública respecto al PIB. La confianza no flota en el ambiente, y así parece difícil encontrar un terreno común.

Lo que todo el mundo parece tener claro es que esta actitud frente a la política fiscal es algo también cultural, no solo aplicado a los Países Bajos, pues también se daría en otros Estados miembros como Alemania, pero especialmente presente en la sociedad holandesa. Tang cree que se trata de un "debate moral". "La gente tiene la sensación de que tienes que tener cuidado con la deuda y el dinero público no es tuyo, así que tienes que tener mucho más cuidado. Es una inclinación moral, diría. En ese sentido soy también holandés, así que lo entiendo”, señala el eurodiputado.

Banderas de la Unión frente al Consejo Europeo en Bruselas. (EFE)
Banderas de la Unión frente al Consejo Europeo en Bruselas. (EFE)

¿Qué deberían ceder los países sureños en términos de soberanía económica para que los del norte puedan fiarse y dar así pasos hacia nuevas medidas como los eurobonos? Un ejemplo utilizado en algunas ocasiones sería la posibilidad, en un futuro, de tener un único ministro de Finanzas de la eurozona con un presupuesto de la zona euro. Schout critica ese planteamiento. "Los Estados miembros tienen suficiente dinero, solo tienen que gastarlo de manera correcta", asegura el holandés.

Sobre la cesión de soberanía para adoptar reformas necesarias y que los fiscalmente ortodoxos puedan confiar en el sur, Schout califica de “inaceptable” que los cambios necesarios se hagan desde fuera. “Es inaceptable que, u otros países o Bruselas, vayan a un Estado miembro y digan: no tienes esto en orden, lo voy a hacer por ti”, señala el profesor, quien afirma que ese sería el camino más corto hacia el discurso euroescéptico. "En ese caso Bruselas siempre será el culpable. Es la manera perfecta de crear sentimientos antieuropeos. Los Estados miembros tienen que asumir sus responsabilidades y la autoría de sus medidas", señala Schout.

El profesor también señala lo que califica como "Europa por defecto". "No podemos decir que en todo en lo que los Estados miembros fallan la UE debe involucrarse y hacerlo", explica Schout, reflejando bien una postura popular en Países Bajos: La Haya no puede pagar el precio por resolver los problemas desde instituciones europeas que los Estados miembros no han resuelto por su cuenta.

“No preguntes qué puede hacer Europa por ti, pregunta qué puedes hacer tú por Europa”, recalca Schout parafraseando a Kennedy y pidiendo a los países "incumplidores" de los últimos años que asuman sus compromisos para reforzar la estructura económica de la Eurozona. “Ese es el espíritu que necesitamos para mantener a la UE efectiva y viva. Y en este proceso Países Bajos luchará y mostrará solidaridad”, concluye el profesor.

Un ciclista pasa frente a la sede de la Comisión Europea en Bruselas. (Reuters)
Un ciclista pasa frente a la sede de la Comisión Europea en Bruselas. (Reuters)

Y entonces, ¿qué?

Tang y muchos otros van a seguir presionando para que el Gobierno de Rutte ceda y negocie una respuesta fiscal coordinada durante la próxima semana. El Gobierno holandés tendrá que gestionar sus divisiones internas si, como parece, empieza a haber discrepancias en el gabinete. Y en Bruselas muchos creen que la posición holandesa dependerá de los efectos que el coronavirus tenga sobre los Estados miembros que más se resisten en este momento a las medidas europeas.

Las explicaciones de Schout permiten entender mejor la aproximación holandesa a la política fiscal y la concepción que los votantes neerlandeses tienen sobre la Unión Europea. Pero la situación es extraordinaria, y con España e Italia enterrando a un millar de personas al día, Madrid y Roma creen que La Haya puede superar esas visiones, al menos temporalmente.

El primer ministro italiano, junto al presidente del Gobierno español. (EFE)
El primer ministro italiano, junto al presidente del Gobierno español. (EFE)

El profesor, aunque con perspectivas positivas sobre posibles acuerdos, advierte contra ese intento de avanzar en la dirección que ahora señalan los gobiernos español e italiano. "Si tenemos eurobonos y la condicionalidad no forma parte de ello, creo que estamos asumiendo un enorme riesgo en bloque norte de la eurozona. Dudo que Alemania acepte eso. Y recomendaría que nadie, nadie, vaya por ese camino", sostiene. “No subestimen el peligro de crear transferencias fiscales. No lo prueben”.

“Espero nuevos instrumentos, que son necesarios, creo que todavía es posible el acuerdo. Pero todos vamos a salir infelices, porque para unos será mucho y para otros muy poco”, explica el profesor.

Superar la brecha que existe entre la visión de Países Bajos y la de los Estados miembros meridionales es complicado, porque hay implicaciones culturales y sociales que marcan la diferencia. La receta holandesa es sencilla: que cada palo aguante su vela, que cada país sea responsable, y así se construirá la confianza. La llamada de atención de muchos dentro de Países Bajos y de muchos otros en el resto de la UE es: de acuerdo, lo podemos discutir, pero ahora es el momento de mostrar solidaridad.

Para la mayoría de holandeses, como para el Gobierno neerlandés, la solidaridad se tiene que mostrar a través de los instrumentos que ya existen, como por ejemplo es el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que puede ofrecer líneas precautorias a los Estados miembros. Pero los meridionales quieren que se establezcan nuevas herramientas.

No es un debate sencillo. En Bruselas existe un miedo bastante extendido: si se toman medidas fiscales coordinadas ambiciosas, los votantes del norte van a reaccionar de manera muy negativa. Si no se muestra solidaridad suficiente con el sur, los países mediterráneos pueden vivir una nueva ola euroescéptica. “Si la balanza entre los dos no es la correcta, bien el norte o bien el sur se caerán”, lamenta Schout.

“Este es un momento definitivo para la Unión, por eso mi argumento político es que tenemos que ayudarnos y es mi argumento político a favor de los coronabonos”, señala Tang. “Corremos el riesgo de que si no trabajamos juntos ahora deterioremos la cooperación europea”, lamenta el eurodiputado.

Manifestación proeuropea en Berlín. (EFE)
Manifestación proeuropea en Berlín. (EFE)

Eso sí, el socialista holandés ve también una oportunidad para el proyecto común. Señala que los que están en primera línea de batalla serán los Estados miembros, algo que también servirá “para ver que la respuesta nacional tiene sus limitaciones, porque el virus avanza por las fronteras, de modo que el desplome económico también lo hará. Así que no creo que, por definición, no creo que esto vaya a favor de los euroescépticos. Al contrario, puede mostrar que necesitamos más cooperación europea”.

Europa vivirá en los próximos días jornadas clave. El Eurogrupo del 7 de abril será crucial para saber qué propuestas tendrán sobre su mesa los líderes de los Veintisiete la próxima vez que se reúnan. En el proceso, el sur sigue apretando al norte con una fuerte campaña: declaraciones, cartas, entrevistas, artículos de opinión. El objetivo es mover las líneas rojas, una tarea que está demostrando ser complicada. Que los sureños se esfuercen por entender la mentalidad y las preocupaciones de Países Bajos y que La Haya comprenda la profundidad del drama que viven los sureños, esquivando unos y otros los estereotipos y argumentos simplistas, es la clave para llegar a un acuerdo en los próximos días.

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