El coronavirus tensiona el futuro del euro

El debate de los coronabonos: los países con más deuda piden solidaridad a los saneados

Seis de los siete Estados con más deuda pública de la eurozona están pidiendo socorro a los países que han hecho un esfuerzo por ajustar sus cuentas para que les cedan liquidez

Foto: La solidaridad vuelve a tensionar las relaciones en la UE. (Reuters)
La solidaridad vuelve a tensionar las relaciones en la UE. (Reuters)
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Los presidentes de nueve países del euro firmaron el miércoles una carta remitida al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en la que solicitan "un instrumento de deuda común emitida por una institución europea para obtener fondos en el mercado". Esto es, los ya famosos coronabonos o un mecanismo similar para que sea la Unión Europea quien se endeude para repartir esa liquidez a los países que lo necesiten.

"La justificación para este instrumento común es sólida", continúan, "ya que todos nos enfrentamos a un impacto externo asimétrico, del cual ningún país es responsable, pero cuyas consecuencias negativas nos afectan a todos". Además, solicitan "otras herramientas como una financiación específica para el gasto relacionado con el coronavirus en los presupuestos de la UE". Y concluyen, "juntos fortaleceremos la UE y la unión económica y monetaria".

Esta carta contundente, y con sólidos argumentos, redobla la presión sobre los países más reacios a poner en marcha mecanismos de mutualización de la deuda, los 'sospechosos habituales', liderados por Alemania. Entre los presidentes firmantes de esta carta se encuentran los de España, Italia, Francia, Bélgica, Portugal o Grecia, esto es, seis de los siete países de la eurozona más endeudados (solo falta Chipre). Les acompañan los máximos responsables de Irlanda y Eslovenia, dos de los países que más han aumentado la deuda pública desde el estallido de la crisis, y Luxemburgo. Esto significa que son los países que menos han cuidado sus cuentas públicas los que ahora piden la solidaridad de sus vecinos.

Diversas instituciones europeas, empezando por la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, llevan años recomendando a estos países con grandes desequilibrios en sus cuentas públicas que aprovecharan los años de bonanza para reequilibrar sus cuentas públicas. Incluso los bancos centrales nacionales pidieron un esfuerzo, pero hicieron caso omiso. En España, por ejemplo, el déficit estructural subió por encima del 3% del PIB en 2019 según las previsiones de la Comisión Europea. En los últimos años, los distintos gobiernos han aprobado subidas del gasto, bajadas de impuestos e incluso han flexibilizado la regla de gasto para que los ayuntamientos puedan acelerar sus presupuestos por encima del crecimiento económico. De hecho, en España el gasto público ya estaba creciendo más que los ingresos antes del brote del coronavirus.

[Un año perdido para la reducción del déficit]

Estos nueve países suman el 57% del PIB de la eurozona, pero acumulan más del 72% de la deuda total y el 222% del déficit (con los últimos datos disponibles en Eurostat, del año 2018). Esto es, el superávit del resto compensa su abultado agujero fiscal. Desde el año 2011, cuando los presidentes europeos acordaron poner en marcha los mecanismos de supervisión y control de las cuentas macroeconómicas, estos países han elevado su deuda en casi 1,5 billones de euros, mientras que el resto de países de la eurozona la han bajado en 136.000 euros. En Italia, los esfuerzos presupuestarios acabaron hace años, tanto, que en 2012 su déficit público ya estaba por debajo del 3% y desde entonces se ha mantenido plano.

Estos países no solo han aumentado la deuda pública en términos nominales, sino que también han elevado su endeudamiento. O lo que es lo mismo, su deuda ha crecido más rápido que la suma del PIB y la inflación. De los nueve países firmantes de la carta, solo Bélgica e Irlanda (en su caso, por el crecimiento inflado del PIB) han reducido su ratio de deuda/PIB desde 2011. Por el contrario, de los 10 países restantes de la eurozona, seis han reducido su endeudamiento.

El grito de socorro responde a los problemas de liquidez que pueden afrontar en las próximas semanas, a medida que la crisis del coronavirus se agrave. En España, el Tesoro ha realizado una emisión imprevista para captar 10.000 millones en el mercado. Y el Gobierno se niega a conceder aplazamientos en el pago de impuestos y cotizaciones sociales porque necesita liquidez para mantener el resto de los gastos.

Una vez más, las contradicciones de la Unión Europea se presentan en toda su magnitud para tensionar las relaciones entre los socios. Los países incumplidores piden auxilio a los que han sido estrictos con sus cuentas públicas y sus argumentos son muy poderosos. En primer lugar, para que el proyecto avance es necesario abundar en la cohesión, máxime si se trata de una unión monetaria que todavía no tiene mecanismos de ajuste automáticos. Y en segundo lugar, porque el coronavirus es un 'shock' externo del que no tienen culpa alguna los diferentes países.

Eso sí, ninguno acepta perder soberanía fiscal para garantizar a los 'avalistas' una gestión responsable de las cuentas públicas. Durante la crisis financiera, los rescates concedidos se firmaban a cambio de un memorándum por el cual los países beneficiarios se comprometían a realizar ajustes para garantizar el equilibrio fiscal. Este escenario ya no está sobre la mesa. Y sin reglas fiscales claras, los países del norte son reticentes a cualquier forma de mutualización de la deuda. Y su argumento también es poderoso: quienes incumplen las reglas fiscales ¿son solidarios? Por ejemplo, España tiene una gran brecha con la UE en recaudación del IVA y el IRPF, ¿estaría dispuesta a subir estos dos tributos, que afectan directamente a las clases medias y bajas, para equilibrar su déficit estructural?

El ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, ha calificado la propuesta de los coronabonos como "fantasmas vivientes" en una entrevista en el periódico 'Handelsblatt'. El ministro fue muy claro: "Pido precaución cuando conceptos supuestamente nuevos e ingeniosos son presentados, porque habitualmente son ideas ampliamente descartadas que reviven desde la tumba". El Gobierno de Angela Merkel está centrado en combatir la crisis dentro de sus fronteras, para lo que ha aprobado el plan europeo más ambicioso, dotado de 750.000 millones de euros, esto es, equivalente al 22% de su PIB. ¿Podrán los países periféricos aprobar un plan de estímulo tan ambicioso con su deuda pública cerca o por encima del 100% del PIB?

[El BdE pide a Europa activar los coronabonos y el fondo de rescate]

El coronavirus está poniendo a prueba las frágiles costuras de la Unión Europea. Y eso a pesar de que desde el plano técnico la conclusión es clara: el proyecto comunitario sería más eficiente con una mayor integración fiscal. Pero este debate no va de economía, sino de política. El expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi conocía bien todas las debilidades del proyecto comunitario y siempre respondía lo mismo: “Es un proyecto basado en reglas”. Si los países no asumen y respetan las reglas que ellos mismos acuerdan, perderán legitimidad para pedir auxilio a sus vecinos. Surge así una gran duda: ¿aceptaría Alemania los coronabonos si los países del sur cediesen soberanía fiscal para garantizar el cumplimiento del Pacto de Estabilidad?

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