LAS CONTRADICCIONES DEL ELECTORADO

La gran ironía de la izquierda en EEUU: blancos y ricos para defender a las minorías

Los seis candidatos demócratas más importantes son blancos. Cuatro de ellos, además, son millonarios, y la mitad tiene más de 70 años. Son los líderes que aspiran a defender a las minorías

Foto: Elizabeth Warren, Joe Biden y Bernie Sanders. (Reuters)
Elizabeth Warren, Joe Biden y Bernie Sanders. (Reuters)

La realidad es esta: los seis candidatos demócratas más importantes, aquellos que reunieron los requisitos para participar en el último debate de las primarias, son blancos. Cuatro de ellos, además, son millonarios. Y la mitad tiene más de 70 años. Estas características serían totalmente irrelevantes de no ser porque su partido se ha envuelto en la retórica de la inclusividad y empuña las banderas de las minorías, los jóvenes y las clases trabajadoras de Estados Unidos.

Los supervivientes han tenido que justificar su presencia en el escenario. “El día después de que la senadora [Kamala] Harris abandonara, escribí una carta abierta al Comité Nacional Demócrata y dije que creía que deberían de cambiar los criterios para participar en el debate y hacerlo más abierto”, dijo en MSNBC uno de los aspirantes, Tom Steyer, de 62 años y con una fortuna de 1.600 millones de dólares.

Para participar en el séptimo debate en Iowa, los candidatos tenían que sumar un 5% de intención de voto en cuatro sondeos aprobados por el comité del partido, a nivel nacional o en uno de los cuatro primeros estados en celebrar las elecciones primarias. Y aquí está, según los críticos, el truco: los dos primeros estados en votar, y que por tanto marcan el tono de la campaña y suelen descalificar a varios candidatos, son Iowa y New Hampshire: estados de población aplastantemente blanca. Lo cual pondría en desventaja a los candidatos de color.

Un país cada vez más latino

Cuando el estado de Florida inauguró la tradición de efectuar elecciones primarias, en 1901, Estados Unidos era un país con casi un 90% de blancos: una proporción que se mantuvo hasta la década de los sesenta. Desde entonces, la inmigración y la mayor tasa de natalidad de las minorías han configurado un crisol mucho más diverso y equilibrado que antes. Los “blancos no hispánicos” han bajado al 60%, y, según los cálculos del censo, serán menos de la mitad en la década de 2040.

“El Partido Demócrata refleja la increíble diversidad de América. Pero los dos primeros estados que votan, Iowa y New Hampshire, están entre los más homogéneos de la nación”, dijo el también aspirante Michael Bloomberg, de 77 años, cuyo patrimonio equivale al PIB de Bulgaria. “Está muy bien que los candidatos lleguen a los votantes de estos estados en todos los desayunos de tortitas y debates públicos, pero ¿qué pasa con los afroamericanos, latinos, asiático-americanos, isleños del Pacífico y otros votantes en sitios como Detroit, Phoenix o Houston?”.

El aparato del partido, que pone las reglas, ha alegado que nunca antes en la historia los mínimos para entrar en un debate habían sido tan laxos. “Establecimos un listón notablemente inclusivo y francamente bajo”, dijo a la CNN Tom Perez, presidente del Comité Nacional Demócrata. “Lo que hemos dicho cada mes es que, a medida que nos acercásemos a Iowa, haríamos lo que siempre hicimos, subir el listón”.

Hasta ahora, todos los candidatos de color que han suspendido sus campañas lo han hecho antes de que empezasen las votaciones en estos estados. La senadora de California, Kamala Harris, tuvo su apogeo en el mes de julio, cuando arrinconó con éxito a Joe Biden en el segundo debate demócrata; luego cayó en medio de las informaciones que resaltaban una planificación inestable, facciosa y mal coordinada. “No soy una milmillonaria. No puedo pagar mi campaña”, justificó la congresista. Los medios se apresuraron a apuntar que, de todos los candidatos demócratas, Harris era la que más dinero había recaudado de las grandes fortunas.

Las contradicciones de los principios

Las iniciativas de Julián Castro, de orígenes mexicanos, y del senador afroamericano Cory Booker, una de las eternas promesas del partido, tampoco llegaron a despegar. La intención de voto de Castro jamás rebasó el 2% a nivel nacional, y Booker expuso una serie de razones por las que se quedó corto de respaldo y de presupuesto: entre ellas, su responsabilidad parlamentaria en el juicio político a Donald Trump.

“De todas las personas que se han calificado para el debate demócrata, ni una sola es una persona de color”, dijo Booker en un correo electrónico a sus seguidores. “Para un partido tan diverso como el nuestro, en unas elecciones donde las comunidades de color van a decidir el resultado, eso está mal”.

A tenor de los números, no parece haber una relación directa entre el color de la piel de los candidatos y el color de la piel de sus seguidores. El campeón de los votantes afroamericanos es un señor blanco, Joe Biden, antigua mano derecha del presidente Barack Obama. “Esa es mi base”, dijo Biden, cuyo patrimonio multiplica por cien el patrimonio del afroamericano medio. “No estoy seguro de que la organización del debate tenga mucho sentido, para empezar. Pero así son las cosas”.

Entre los votantes latinos, el favorito es otro señor mayor caucásico y acaudalado, Bernie Sanders. Las propuestas del senador socialista, con un fuerte acento en sanidad y educación, han encontrado buena acogida en la comunidad hispánica. Su rival en el seno de la izquierda, la también senadora Elizabeth Warren, también goza de una alta popularidad en este segmento demográfico.

La obsesión por la diferencia

Si hablamos de edad, Sanders es el hombre más mayor de la carrera presidencial: este año cumplirá 79, lo cual no le impide aglutinar la inmensa mayoría del voto juvenil. Los electores de la edad de Sanders, en cambio, dan preferencia al benjamín de los candidatos, Pete Buttigieg, que solo tiene 37 años. “A todo el mundo le recuerda a su nieto favorito”, declaró Sean Bagniewski, un jefe demócrata de Iowa. Buttigieg lo sabe y ha propuesto un “Grey New Deal”; un gran programa de inversión en pensiones, del color de las sienes plateadas de sus votantes.

Aún quedan en campaña tres miembros de las minorías estadounidenses: el empresario asiático-americano Andrew Yang, el afroamericano Deval Patrick, exgobernador de Massachusetts, y la representante Tulsi Gabbard, samoano-americana. Ninguno de ellos pasó el corte del último debate.

Mientras, los conservadores disfrutan del partido desde las gradas. “Cualquiera que sea el color, el género o el bagaje, los demócratas se obsesionan con las características inmutables y estas nunca pueden ser la base de ascensos, empleos o cargos políticos”, declaró la autora ultraconservadora y presentadora de Fox, Laura Ingraham. “¿Alguna vez han oído hablar de la experiencia o el talento político?”.

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