hacienda podría lanzar una investigación

'The New York Times' dinamita el mito de Trump: ¿habrá consecuencias?

El 'Times' ha dinamitado la piedra angular de la retórica trumpiana: su talento para negociar y ganar siempre, a cualquier precio. Pero muchos millones de ojo desestimarán la investigación

Foto: El presidente Donald Trump durante un mitin del rally Make America Great Again, en Southaven. (Reuters)
El presidente Donald Trump durante un mitin del rally "Make America Great Again", en Southaven. (Reuters)

“No lo tuve fácil”, declaró Donald Trump en uno de sus primeros mítines de la campaña presidencial, en 2015. “Empecé en Brooklyn. Mi padre me dio un pequeño préstamo de un millón de dólares. Vine a Manhattan, y tenía que devolvérselo, y devolvérselo con intereses. Pero vine a Manhattan y empecé a comprar propiedades, y me fue muy bien”.

En la cosmogonía trumpiana, este es el mito fundacional. El momento en el que el protagonista deja la calidez protectora del hogar y sale al mundo a fajarse, a levantar un imperio y a llegar a lo más alto. Un mito primigéneo que The New York Times ha torpedeado con una ambiciosa investigación sobre la fiscalidad del clan. Los reporteros dicen que Donald Trump se apoyó en la fortuna de su familia durante muchos años, no siempre de forma lícita.

Para empezar, ese primer millón original de Fred Trump a su hijo Donald fue, en realidad, una cantidad mucho mayor. En enero de 1979, el actual presidente norteamericano recibió un millón y medio de dólares, 2,4 millones en julio, y durante años siguió percibiendo un salario de su padre. Para 1990, Donald Trump habría recibido más de 46 millones de dólares familiares, la mayoría para reparar el despilfarro bíblico de sus proyectos en Atlantic City.

“Ventas de coperativas, pagos hipotecarios, contratos de terreno - Fred Trump fue un maestro a la hora de encontrar maneras de enriquecer a sus hijos en general y a Donald Trump en particular”, escriben los autores del reportaje. “A medida que pasaron las décadas [los pagos] se convirtieron en un poderoso río de dinero”. El autor de “El arte del trato” comenzó a recibir un salario a los tres años de edad; a los ocho ya era, oficialmente, millonario. En la cuarentena y cincuentena recibía una paga de 5 millones anuales.

Una foto del difunto Fred Trump detrás del presidente durante una entrevista en el Despacho Oval de la Casa Blanca. (Reuters)
Una foto del difunto Fred Trump detrás del presidente durante una entrevista en el Despacho Oval de la Casa Blanca. (Reuters)

Cuando sus padres eran mayores, los hermanos Trump se encargaron de gestionar ellos mismos las transacciones, utilizando las mismas técnicas. El actual presidente y sus hermanos heredaron más de mil millones de dólares, una cantidad que, según las leyes de la época, tenía que haber sido tasada con un impuesto del 55%. Los Trump, en cambio, pagaron mucho menos: un 5%. El que se llevó la parte del león fue Donald: más de 400 millones de dólares.

Según los expertos citados en el artículo, muchas de estas maniobras fueron dudosas e incluso ilegales. El departamento de Hacienda neoyorquino ha dicho a la agencia 'Bloomberg' que ya está revisando las informaciones destapadas para lanzar una posible investigación.

'The New York Times' no ha escatimado esfuerzos a la hora de escarbar en los abundantes secretos fiscales del presidente, único candidato en cuarenta años que no reveló, y sigue sin hacerlo, su declaración de impuestos. Los periodistas revisaron, durante un año, más de 100.000 documentos. El resultado es uno de los artículos de investigación más largos de la historia del diario, 14.000 palabras, y un documental que será emitido este domingo en el canal Showtime, titulado: “The Family Business: Trump and Taxes”.

La pregunta es: ¿cuáles serán las consecuencias? El 'Times' ha dinamitado la piedra angular de la retórica trumpiana: su talento para negociar y ganar siempre, a cualquier precio, en cualquier circunstancia. Muchos pares de ojos leerán esta investigación y pensarán que si Trump no hubiera tenido un papá rico, este no hubiera sido ni millonario, ni presidente. Confirmarán lo que siempre han pensado. Que Donald Trump es un "con man", un artista del timo que levanta palacios de humo a su alrededor para cautivar a los ingenuos.

Sin embargo, otros muchos millones de ojos no leerán la investigación, o accederán a ella a través del filtro de los medios conservadores, o la desestimarán como quien aparta con el pie un puñado de hojas secas. Todo lo que ocurre en EEUU desde hace aproximadamente una década, y más aún en los últimos tres años, está marcado por la polarización. Una toxicidad capaz de multiplicar la importancia de una noticia hasta niveles siderales o de desecharla como si fuese un poco de escremento seco de paloma.

A fecha de octubre de 2018, una parte de Estados Unidos está viendo una película: la película de los escándalos que se acumulan, los pagos a prostitutas, los posibles vínculos con potencias extranjeras, las triquiñuelas fiscales, los tropiezos en política exterior, la xenofobia, la misoginia, las mentiras compulsivas. Pero otra parte del país, no menos numerosa, ve una película diferente: la de un presidente enérgico y transformador acosado por un 'establishment' incapaz de aceptar su derrota de 2016, y que, desesperado, revuelve papeles fiscales de hace treinta o cuarenta años para buscar mugre.

El sino de los medios de comunicación es este: si los últimos tres años sirven de guía, cualquier elemento nuevo que se introduzca en la trama de estas dos películas, sea la nominación al Tribunal Supremo de un juez acusado de abuso sexual, o la historia fiscal de la familia Trump puesta negro sobre blanco, corre el peligro de disolverse en las emociones estridentes de ambas audiencias.

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