una atleta italiana de origen nigeriano, herida

Agresiones, linchamientos y desprecio: el racismo explota en la Italia de Salvini

Una ola de incidentes y palizas —incluso mortales— contra inmigrantes ha tenido lugar en los últimos días, desatando la alarma de un sector de la ciudadanía. El Gobierno opta por ignorarlo

Foto: Un hombre participa en una protesta contra el asesinato del vendedor callejero senegalés Idy Diene, en Florencia, el 10 de marzo de 2018. (Reuters)
Un hombre participa en una protesta contra el asesinato del vendedor callejero senegalés Idy Diene, en Florencia, el 10 de marzo de 2018. (Reuters)

El sábado por la noche, el marroquí Zaitouni Hady se encontraba sentado en un coche frente a un edificio de apartamentos cuando un grupo de vecinos empezaron a increparle y acusarle de ser un ladrón. Le persiguieron en automóvil hasta que el vehículo de Hady se estrelló. Los agresores le alcanzaron, y, ya lesionado por el accidente, le remataron con más golpes. Ocurrió en Aprilia, una urbanización de 70.000 habitantes a 20 kilómetros de distancia de Roma, con una amplia comunidad inmigrante de 10.000 personas. En este clima, la policía no ha aclarado todavía qué motivó el ataque, pero maneja como posible el elemento racista, puesto que en la zona desde el comienzo del año fueron denunciados apenas cuatro robos, y también se está investigando si los agresores formaban parte de patrullas de vigilancia ciudadana.

El de Aprilia es el más grave de una serie de incidentes racistas ocurridos en los últimos días en Italia, donde las políticas antiinmigración del nuevo Gobierno y las incendiarias declaraciones del ministro del Interior, Matteo Salvini, parecen haber incentivado estas agresiones. En otro trágico episodio reciente, una bebé de 13 meses de etnia rom fue víctima de un disparo en Roma, presuntamente realizado por un antiguo empleado del Senado, desde el balcón de su casa.

La última víctima, en orden cronológico, ha sido la atleta olímpica Daisy Osakue. Esta italiana hija de inmigrantes nigerianos, nacida en la piamontesa Turín e integrante de la selección italiana de lanzadoras de disco sub-23, fue agredida en la madrugada del domingo al lunes. Daisy se encontraba sola, de camino a su casa, cuando un automóvil viró repentinamente, dirigiéndose a gran velocidad hacia ella. “Ya había sufrido ataques racistas, pero solo verbales. Cuando se pasa a la acción, significa que ha caído otro muro”, dijo Osakue después del ataque, por el cual en los próximos días deberá ser operada quirúrgicamente en un ojo para extraer los fragmentos de los huevos que, desde el automóvil, le arrojaron a la cara.

Otro ha sido el caso de Khalifa Dieng, un joven senegalés y solicitante de asilo político de 19 años, quien el viernes fue atacado por un grupo de hombres mientras trababajaba como camarero en un café de Partinico, en la provincia de Palermo, la capital de la isla de Sicilia. “Vuelve a tu país, sucio negro”, le gritaron los agresores —algunos de los cuales fueron luego arrestados—, mientras le daban patadas y puñetazos, como relató luego Dieng.

Un episodio que recuerda a la tragedia de Sacko Soumalya, el joven sindicalista de Malí, que fue asesinado el pasado 3 de junio mientras buscaba materiales para construir una choza en una fábrica abandonada en Vibo Valencia, en la sureña región de Calabria. O la historia de Idy Diene, asesinado en marzo —sin que se haya esclarecido con claridad el desencadenante— por el jubilado Roberto Pirrone en un puente de Florencia. O el tiroteo racista de Luca Traini, un simpatizante de la Liga (el partido de Matteo Salvini), que en febrero hirió a seis nigerianos porque le pareció que "eran tan negros" como el supuesto asesino de una drogadicta blanca. Decenas de episodios (los conocidos, es decir, los denunciados), poco habituales en este país hasta hace un año.

Una situación que ha hecho saltar las alarmas en el país, en el que muchos ciudadanos se han lanzado a denunciar las situaciones a las que están asistiendo, recogidas en la prensa italiana y en las redes sociales. Como el caso de una mujer que le gritó a un inmigrante que volviese a su país, por el tono de llamada en árabe de su móvil. Un clima que no ha encontrado barreras ni en las oficinas públicas. “Vete de aquí. Esta no es la oficina de [medicina] veterinaria”, le llegó a responder el empleado de la Agencia Sanitaria Italiana (ASL) de Abruzos a un italosenegalés.

El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, el 12 de junio de 2018. (EFE)
El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, el 12 de junio de 2018. (EFE)


Negar la mayor, la estrategia del Gobierno

Pero, pese a todo, la reacción de Salvini y de sus socios del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) ha sido la de negar un significado especial a estos crímenes. “No creo que en este país exista una alarma por el racismo”, dijo el jefe político del M5S, Luigi Di Maio. “Es una invención de la izquierda, los italianos son buenas personas, pero su paciencia se ha acabado. Yo, como ministro, trabajo desde hace 58 días para dar seguridad y serenidad a nuestras ciudades”, respondió el propio Salvini. “La única alarma que existe son los delitos que cometen los inmigrantes”, añadió Salvini.

Opuesta, en cambio, ha sido la reacción del Partido Democrático (PD) y de la Iglesia católica. “El problema", ha dicho el presidente del PD, Matteo Orfini, "es que existe una parte del país que ahora se siente autorizada a hacer lo que antes solo pensaba en un momento de rabia”. “Están pasando a la acción: se toman la justicia por su mano, agreden, golpean, matan. La exclusión y la pobreza son vistas como una culpa”, ha añadido el directivo del PD, en un mensaje escrito en las redes sociales.

En este mismo tono, el obispo de Monreale, Michele Pennisi, rechazó el ataque racista de Partinico, con palabras contundentes. Ha sido, dijo Pennisi, “un gesto xenófobo y racista que condeno de la manera más firme”. Una posición, esta, que se suma a los encontronazos —cada días más evidentes— este último mes del Gobierno italiano, y en particular de Salvini, con la Iglesia italiana. Tan es así, que la revista católica 'Famiglia Cristiana' ha llegado a publicar una portada con el titular “Vade retro, Salvini”, parafraseando una oración conocida por su empleo en los rituales de exorcismo para alejar al diabio. Una portada que le valió al semanario los aplausos de los sectores más izquierdistas del país, mientras que un Salvini visiblemente molesto la calificó “de muy mal gusto”.

Y lo mismo el presidente de la República, Sergio Mattarella. "Italia no es y no puede ser el Far West, donde todos iban armados y se disparaban en las calles. No, Italia no puede deslizarse hacia una peligrosa involución de valores”, opinó Matterella, el pasado 26 de julio. En las filas gubernamentales, en cambio, solo se ha alzado una voz de prestigio contra la ola de racismo: la de Roberto Fico, presidente del Congreso y miembro del M5S. “Todo acto de racismo debe ser condenado siempre”, afirmó Fico, sin apuntar, sin embargo, contra sus socios políticos.

Se ha desatado, además, una nueva guerra de cifras, en relación con el número de delitos cometidos por los inmigrantes, un mantra que Salvini no desperdicia ocasión de repetir, después de haber promovido la prohibición de entrada a puertos italianos de barcos de ONG que rescatan inmigrantes en el Mediterráneo y, más recientemente, haber recortado los fondos destinados a la acogida. “En Italia, no existe ninguna emergencia por los inmigrantes, ni ninguna emergencia ligada a la seguridad por la presencia de los inmigrantes”, opinó el lunes Patrizio Gonnella, presidente de la asociación Antigone, que vigila la situación de los presos detenidos en las cárceles italianas. “El número de extranjeros detenidos en Italia ha disminuido en los últimos 10 años. En 2008, la tasa de detenidos extranjeros equivalía a un 0,71% del total, hoy [hasta el 30 de junio] no supera el 0,33%”, precisó Gonnella.

Mientras tanto, sin embargo, el miedo de los inmigrantes en Italia está creciendo. Lo reflejaban las palabras de los padres de Daisy Osakue, la atleta agredida en Piamonte: “Ahora todos mis hijos deberán regresar a casa más temprano”.

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