ES "UN VIAJE DE TRABAJO", NO UNA VISITA OFICIAL

Los británicos se rebelan contra la visita de un Donald Trump poco amistoso

El presidente estadounidense visita el Reino Unido este jueves, más por obligación que por interés verdadero, y podría encontrarse con las mayores protestas en el país desde la guerra de Irak

Foto: Un grupo de manifestantes inflan un globo de helio con la forma de un Donald Trump bebé, que será desplegado durante la visita del presidente estadounidense al Reino Unido. (Reuters)
Un grupo de manifestantes inflan un globo de helio con la forma de un Donald Trump bebé, que será desplegado durante la visita del presidente estadounidense al Reino Unido. (Reuters)

Un globo gigante de seis metros con la forma de un Donald Trump naranja, caricaturizado como un bebé enfadado, en pañales y pegado a un teléfono móvil volará a 30 metros de altura sobre Westminster este viernes. Los activistas “anti-president” han pagado 19.000 euros por la recreación de helio y la persona que ha firmado la autorización para instalarlo en la casa de una de las democracias más antiguas del mundo ha sido el mismísimo Sadiq Khan, el hombre que hizo historia al convertirse en el primer alcalde musulmán de Londres y que, a juzgar por los continuos enfrentamientos públicos que ambos mantienen en Twitter, no es precisamente el mejor amigo del inquilino de la Casa Blanca. En la calle, se espera la manifestación más masiva desde las protestas contra la intervención en Irak en 2003. Así están las cosas en el Reino Unido a pocas horas de que el presidente de Estados Unidos comience este jueves su primera visita a suelo británico.

Cuando ganó las elecciones, el millonario habló por teléfono con nueve líderes mundiales antes que con la premier británica. Aquello causó gran revuelo. Intentó calmar los ánimos asegurando luego que Theresa May sería su “Maggie”, pero poco o nada tiene que ver la estrecha relación entre Margaret Thacher y Ronald Reagan con la que mantienen los mandatarios de Londres y Washington. La Dama de Hierro y el cuadragésimo presidente de los Estados Unidos tardaron 37 días en darse cita. Trump y May, tan sólo siete. Y todo por el empeño de Downing Street por enfatizar que, con el Brexit, había que estrechar más que nunca los lazos con el que siempre ha sido el “aliado especial”.

En aquel encuentro de enero de 2017, la líder tory le invitó formalmente a una visita de Estado. Pero, más de un año después y -tras muchos aplazamientos-, se ha quedado en algo descafeinado, un viaje catalogado “de trabajo”, donde se pasará por Londres tan sólo de refilón para evitar a toda costa toparse con los manifestantes. Aún así, se esperan protestas allá donde vaya. En definitiva, justo la ola de “anti popularidad” que May necesita en plena crisis de gobierno, con dimisiones de los ministros con más peso en el Ejecutivo y con el ala más euroescéptica de su partido pidiendo moción de no confianza al no aprobar el futuro acuerdo comercial post Brexit que se presentará ahora a Bruselas.

En este sentido, el embajador de Estados Unidos en el Reino Unido, Woody Johnson, no ha calmado precisamente los ánimos. Tras conocerse que la premier busca formar un “área de libre comercio” con la UE, el norteamericano recalcó este lunes que el futuro acuerdo comercial entre ambos países está “en el aire”.

Tampoco ha sido una sorpresa. Mucho antes de que la premier perdiera la mayoría absoluta en las generales de junio de 2017 y que tuviera su liderazgo en continuo escrutinio, Trump no mostraba especial entusiasmo por estrechar sus vínculos con Downing Street. Nunca lo ha hecho.

Su verdadero interés europeo se centra en Emmanuel Macron, con quien sí se deshizo en halagos durante el viaje oficial que el presidente galo protagonizó el pasado mes de abril. Durante una reunión privada, según The Washington Post, Trump le preguntó a su invitado: “¿Por qué no te vas de la UE?”. Es más, le llegó a ofrecer un acuerdo comercial bilateral con mejores condiciones que las del bloque, en definitiva, el mismo que busca ahora Londres sin mucho éxito.

Donald Trump y Theresa May durante la cumbre del G20 en Hamburgo, el 7 de julio de 2017. (Reuters)
Donald Trump y Theresa May durante la cumbre del G20 en Hamburgo, el 7 de julio de 2017. (Reuters)

Desinterés por la UE y el Reino Unido

A Trump no le interesa lo más mínimo la UE. El hecho de que, nada más ganar las elecciones, el primer político extranjero con el que se reunió fuera Nigel Farage, protagonista indiscutible del triunfo del Brexit, dejaba ya claro sus intenciones. Las relaciones con el bloque se encuentran en su punto más tenso tras la decisión del norteamericano de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio. “La relación comercial con la UE es tan dañina para EEUU como la de China”, ha llegado a afirmar.

Y con respecto a la OTAN, considera también que a Washington le sale muy costoso asegurar la defensa transatlántica por lo que, de cara a la cumbre que tendrá lugar en Bruselas el 11 y 12 de julio, el inquilino de la Casa Blanca ha mandado una “amigable” carta a sus socios amenazando con retirar su apoyo si no elevan su gasto en defensa.

Su actuación durante la cumbre será interesante, sobre todo teniendo en cuenta que el 16 de julio se verá en Helsinki, cara a cara, con Vladimir Putin, en un encuentro que desatará nuevas especulaciones sobre su desconcertante relación con el hombre fuerte del Kremlin. Ha llegado a decir que la reunión con el ruso será la “más fácil” de su tour europeo, otro “halago” para May, su “Maggie”. Aunque en un principio, su “viaje de trabajo” a suelo británico estaba previsto sólo para 24 horas, finalmente se alargará de jueves a domingo. Cada detalle ha sido examinado por una delegación americana encabezada por Joe Hagin, el mismo que organizó la cumbre de Trump con Kim Jong-un.

A su llegada, el presidente y su esposa, Melania, serán agasajados por May con una cena de gala con empresarios en la mansión campestre de Blenheim Palace -en el condado de Oxfordshire-, donde nació el ex primer ministro conservador Winston Churchill, héroe del estadounidense. Esa noche, la pareja dormirá en la residencia del embajador de EEUU, Woody Johnson, en Londres, el único momento en que recalarán en la capital británica. El viernes, está previsto que May y Trump presencien un ejercicio militar y mantengan un almuerzo de trabajo en Chequers, condado de Buckinghamshire, tras lo cual ofrecerán una rueda de prensa conjunta.

Durante ese tiempo, el esposo de la líder tory, Philip May, se ocupará de Melania, para lo que, según revela la primera ministra en la entrevista, “se ha comprado un traje nuevo”. Posteriormente, el presidente y la primera dama se desplazarán al castillo de Windsor, condado de Berkshire, donde se encontrarán con la jefa del Estado, la reina Isabel II, que no es la principal anfitriona al no tratarse de visita de Estado.

El viernes por la noche Trump y Melania volarán a Escocia, donde también se esperan numerosas protestas en Glasgow y Edimburgo, en un tramo de la visita que se considera privado y en el que se prevé que el presidente visite sus campos de golf en la región donde nació su madre. A diferencia de sus predecesores, no se dirigirá al Parlamento -el propio presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, ha asegurado que no se ha ganado tal honor- y no se reunirá con ningún líder de la oposición. Al menos de manera oficial, tampoco hay previsto encuentro con su íntimo amigo Farage.

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