la convivencia democrática sigue degradándose

'American escrache': "Si veis a uno del Gobierno Trump presionadle en multitud"

Parte de la oposición estima que el Gobierno de Trump es una amenaza para la democracia y eso les obliga a pasar de la palabra a la acción, al escrache. Un nuevo signo de un país cada vez más dividido

Foto: Opositores y simpatizantes de Trump se enfrentan durante una marcha de apoyo al presidente, en Berkeley, California. (Reuters)
Opositores y simpatizantes de Trump se enfrentan durante una marcha de apoyo al presidente, en Berkeley, California. (Reuters)

Resistencia. Una palabra evocadora de la Segunda Guerra Mundial, o de la saga de 'Terminator', donde civiles y partisanos se juegan la vida contra un opresor mucho más fuerte. Ahora, en Estados Unidos, una parte de la oposición se autocalifica así: #Resistencia. Estima que el Gobierno de Donald Trump es una amenaza para la democracia y los derechos humanos, y eso les obliga a cambiar de táctica; a pasar de la palabra a la acción, al escrache.

“¡Vamos a ganar esta batalla!”, declaró Maxine Waters, congresista demócrata de California, durante una manifestación el pasado sábado. “Si veis a alguien del gabinete [de Donald Trump] en un restaurante, en un centro comercial, en una gasolinera, salid y formad una multitud, y presionadlos, y decidles que ya no son bienvenidos, en ninguna parte”.

La parlamentaria no hablaba en abstracto. La semana anterior, una muchedumbre expulsó de un restaurante mexicano a la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, responsable de aplicar la política de “tolerancia cero” que ha llevado a separar las familias de inmigrantes sin papeles en la frontera, y Stephen Miller, asesor presidencial y una de las voces más nacionalistas de la Administración. “¡Vergüenza, vergüenza, vergüenza!”, coreó un grupo de personas junto a la mesa. “¡Si los niños no comen en paz, vosotros no coméis en paz!”. Nielsen y Miller abandonaron el restaurante.

"Si veis a alguien del gabinete de Trump en un restaurante, en un centro comercial, en una gasolinera, salid y formad una multitud, presionadlos"

La noche antes de la arenga churchilliana de Waters, la fiscal general de Florida, la republicana Pam Bondi, necesitó escolta policial para marcharse de unos multicines donde iba a ver una película con su novio. Una mujer la reconoció, empezó a grabarla en vídeo y la acusó de “arrancar a los niños de los brazos de sus madres”. Rápidamente se formó una muchedumbre. Bondi y su novio fueron rodeados y regados con gritos e insultos.

Esa misma noche la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, fue expulsada del restaurante Red Hen de Virginia cuando se disponía a cenar. La dueña, Stephanie Wilkinson, después de consultar con su equipo, se acercó a Sanders y le pidió que se marchara. “Tengo un negocio, y quiero que el negocio prospere”, dijo a 'The Washington Post'. Pero “este parece el momento de nuestra democracia en el que la gente ha de tomar acciones y decisiones incómodas para defender su moral”.

El tuit en el que Sanders explicó lo sucedido recibió 22.000 respuestas en apenas una hora. La página de Facebook del restaurante se llenó de aplausos y condenas, el buzón de voz se saturó, la cuenta de Yelp recibió 15.000 críticas de una o de cinco estrellas, alguien montó una recaudación en internet y el presidente de EEUU acabó diciendo que el restaurante era “asqueroso”.

Un grupo de opositores al presidente Trump rodea a Robert Burck, simpatizantes del presidente, durante una protesta en Nueva York. (Reuters)
Un grupo de opositores al presidente Trump rodea a Robert Burck, simpatizantes del presidente, durante una protesta en Nueva York. (Reuters)

Estas fricciones han generado, dentro de la oposición a Trump, dos escuelas de pensamiento. La primera escuela estaría representada por una parte de la “Resistencia”, que engloba a demócratas de izquierdas, activistas e incluso algunos republicanos. La idea de que la neutralidad y las formas no han logrado parar los pies a un demagogo peligroso para la democracia. Así que sería necesario probar algo nuevo, algo más vigoroso y radical. La Resistencia dice que, frente a Donald Trump, respetar las normas tradicionales de la política sería como llevar una navaja a una pelea con lanzallamas. No sólo eso: una actitud reposada y distante sólo serviría para “normalizar” a Trump.

“Esto ciertamente no es nada nuevo”, declaró a 'Politico' Dina Titus, una congresista demócrata de Nevada. Titus afirma que, en las elecciones legislativas de 2010, los activistas del Tea Party la asediaban continuamente. “Había una señora que me seguía a todas partes”, recuerda. Otros representantes, como Dana Young y Jackie Toledo, también fueron acosadas.

“La Administración Trump ha desdeñado las normas del discurso político mucho más a menudo que cualquiera de sus oponentes”, escribe Zack Beauchamp, del portal progresista Vox.com, y recuerda la violencia de las manifestaciones en contra del aborto, incluido asesinatos; la intimidación a los periodistas en los mítines de Trump y las propias invitaciones a la violencia del republicano. Beauchamp dice que Donald Trump es un presidente normal. Por ejemplo en su relación con la verdad. Según la contabilidad del 'New York Times', el actual comandante en jefe dijo casi seis veces más falsedades en sus primeros diez meses que Barack Obama en sus ocho años de mandato.

La Resistencia ha ganado fuerza a raíz de la política de “tolerancia cero” con la inmigración ilegal decretada en abril. Las imágenes de niños indocumentados, a veces bebés, metidos en jaulas y bases militares, en ocasiones llorando, separados de sus padres, ha generado una de esas olas de indignación que barren Estados Unidos cada pocos meses. En este caso tan intensa que Donald Trump, después de decir que no podía hacer nada, se ha visto obligado a recular y a no considerar a los inmigrantes como criminales.

"Una guerra civil 'suave' está en marcha"

La segunda escuela, sin embargo, apuesta por mantener una actitud crítica pero civilizada y respetuosa con las formas. No dejarse arrastrar hacia el lodo del trumpismo, ya que este sería el objetivo último de Donald Trump: conseguir que todo el mundo participe en la destrucción de la moral pública que él habría iniciado. Igualarnos a todos por abajo, y así reinar sobre un páramo de cinismo donde nadie sería mejor que nadie. Como en Rusia.

La segunda escuela apuesta por no dejarse arrastrar hacia el lodo del trumpismo, ya que este sería el objetivo último de Donald Trump

El exasesor de Barack Obama, David Axelrod, se reconoció “asombrado y abatido por el número de personas de la Izquierda que aplaudieron al expulsión de Sanders y su familia de un restaurante”. Luego añadió que “esto, al final, es un triunfo para la visión de América de Donald Trump”.

'The Washington Post' y una plétora de diarios han condenado este comportamiento. La filosofía de esta escuela se suele resumir con una frase de la exprimera dama, Michelle Obama, durante las elecciones de 2016: “Cuando ellos caen bajo, nosotros apuntamos alto”.

Algunos observadores se han apresurado en unir los puntos: debate polarizado, violencia verbal, ahora intimidación física. Con más o menos alarmismo. “Las experiencias de Sarah Huckabee Sanders y Kirsjten Nielsen en los restaurantes sugieren que una guerra civil ‘suave’ está en marcha. Empeorará a no ser que aprendamos a dejar de odiarnos”, escribió Glenn Harlan Reynolds, profesor de derecho de la Universidad de Tennessee.

Igual que el historiador presidencial y autor Michael Beschloss. Los escraches son “un nuevo signo descorazonador de un país que está cada vez más dividido”, declaró Beschloss a 'Politico'. Casi empieza a sonar como las cosas que pasaron antes de la Guerra Civil. Es un país polarizado. Pero es un presidente extremadamente polarizante”.

El presidente de Estados Unidos no ha dudado en subir al ring con la parlamentaria Maxine Waters. La insultó personalmente, identificó al Partido Demócrata con ella y la acusó de hacer una llamada a hacer daño a sus seguidores. Luego la amenazó. “¡Cuidado con lo que deseas, Max!”.

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