"han pervertido la palabra 'feminismo'"

La lucha por llevar armas ya es femenina: un 22% de las estadounidenses posee una

Mientras el número de hombres armados se estanca, las mujeres solicitan cada vez más permisos y ocupan la primera línea de batalla en este debate que divide a EEUU como ningún otro

Foto: Una mujer empuña un rifle durante una exhibición de armamento en el encuentro anual de la Asociación Nacional del Rifle, en Houston, en mayo de 2013. (Reuters)
Una mujer empuña un rifle durante una exhibición de armamento en el encuentro anual de la Asociación Nacional del Rifle, en Houston, en mayo de 2013. (Reuters)

La militancia a favor del derecho a portar armas en Estados Unidos tiene un rostro cada vez más femenino. Presentadoras de televisión y estudiantes universitarias hacen campaña en las redes sociales. Se fotografían con una metralleta en la espalda o una pistola metida en los vaqueros. Mientras el número de hombres armados se estanca, las mujeres solicitan cada vez más permisos y ocupan la primera línea de batalla en este ardiente debate.

“Las mujeres somos hoy más independientes: somos solteras, viajamos, y hay crimen en todas partes. Queremos estar seguras y saber cómo protegernos”, dice Carrie Lightfoot, fundadora de The Well Armed Woman, una organización sin ánimo de lucro dedicada a informar y entrenar a las mujeres en todo lo relativo al uso de las armas. La iniciativa nació de su “frustración como mujer que quería saber cómo poseer, llevar y disparar un arma. No había recursos. No había respuestas a las preguntas que tenía”.

Desde su creación en 2012, según Lightfoot, The Well Armed Woman ha sumado 372 sucursales y 10.700 miembros en todo el país. La respuesta a un sector que no tenía en cuenta las demandas femeninas. “Hay más diferencias [entre hombres y mujeres] de lo que la gente cree. Para empezar físicas: somos más pequeñas, más débiles, tenemos pechos y partes del cuerpo que están en medio”.

Pero sobre todo, asegura, ir armada es una manera de empoderar a la mujer, de liberarla de la protección física que tradicionalmente proporciona el hombre. “No hemos sido criadas para ser nuestras propias protectoras”, declara a El Confidencial. “El arma de fuego es la mejor forma para igualar las diferencias de tamaño y fuerza con un atacante masculino. El arma me hace igual a un atacante, o incluso a un grupo de atacantes”.

Una de las pioneras en este campo es Peggy Tartaro, editora de Women & Guns, fundada en 1989 y financiada por la Second Amendment Foundation, que se presenta como “la primera publicación de armas de fuego para mujeres del mundo”. “Antes, no veías tantas mujeres en un campo de tiro, o en ferias de las armas, o en la parte de la política y el activismo”, dice a este diario. “Todo eso ha cambiado en los últimos 30 años. En general, todo el mundo dice que las mujeres son anti-armas. Nunca ha sido verdad”.

Jessie Palmieri, nueva propietaria de una pistola, sostiene una diana mientras practica en una galería de tiro en Springville, Utah, en diciembre de 2015. (Reuters)
Jessie Palmieri, nueva propietaria de una pistola, sostiene una diana mientras practica en una galería de tiro en Springville, Utah, en diciembre de 2015. (Reuters)

Las matanzas disparan las ventas

Los datos apuntan a un creciente interés femenino en el mundo de las armas. Según la agencia Pew Research Center, la proporción de mujeres armadas alcanzó el 22% el año pasado. Entre 2012 y 2016, en los estados que facilitan la información del género del comprador, el número de permisos de armas para mujeres creció el doble que el de permisos para hombres.

El punto de inflexión, según las entrevistadas, fue 2012. El año en que Carrie Lightfoot creó The Well Armed Woman. El año de la matanza de Sandy Hook, donde un adolescente asesinó a 20 niños de seis y siete años. “Cuando ocurre una de esas tragedias, una matanza o un atentado terrorista, la gente se siente más vulnerable. Y se pregunta quién estaría ahí para protegernos”, dice Lightfoot.

Las matanzas en institutos, esa lacra única de Estados Unidos, el país más armado del mundo, suele generar una situación cercana a la esquizofrenia. Las fuerzas progresistas lanzan campañas y marchas multitudinarias para reforzar el control a la venta de armas. Al mismo tiempo, las ventas de armas suelen dispararse, como si una parte de la población temiese no poder adquirirlas en el futuro y redoblase su fervor por la segunda enmienda (el derecho a ir armado). Una situación que divide como pocas a este país.

“Mi padre era miembro de la Asociación Nacional del Rifle”, dice por teléfono Jenn Jacques, editora de la segunda enmienda del portal The Truth About Guns. “Frecuentemente nos hablaba sobre lo importante que es defender la Constitución y saber qué ocurre con el Gobierno. Cuando empecé, siempre se trataba de las armas de mi padre o de mi marido, pero cuando mi hijo quiso hacer un curso de seguridad, decidí hacer ese curso con él”.

Esto fue hace una década. Hoy, Jenn Jacques es una de las defensoras más conocidas del derecho a portar armas. Pese a su papel relativamente pionero como mujer en este campo, se resiste a hablar de feminismo. “Creo que los progresistas realmente han pervertido la palabra ‘feminismo’. Y en esta industria nunca miramos a las mujeres como algo inferior. La verdad es que, en el momento en que hables con alguien, sea hombre o mujer, no importa, saltan para ayudarte. Porque sinceramente quieren que tengas éxito”.

Su militancia, explica, tiene el precio de las amenazas y el acoso en las redes sociales. “Las mujeres, especialmente en esta industria, tendemos a ser el objetivo de ataques. Tengo amigas que son progresistas, que apoyan la planificación familiar y que son muy honestas y vocales, y no son arponeadas de la manera en que lo soy yo. Yo soy objeto de ataques, y mis hijos, y mi marido. Y los ataques son muy viles y despreciables”.

Portada del libro de Dana Loesch, portavoz de la Asociación Nacional del Rifle
Portada del libro de Dana Loesch, portavoz de la Asociación Nacional del Rifle

Amenazas a las defensoras de las armas

También es el caso de Kimberly Corban, una conferenciante que se dio a conocer dando charlas sobre cómo superar el trauma de violación y abusos sexuales. Ella fue víctima de una violación en 2006, cuando estudiaba en la Universidad del Norte de Colorado, y poco después empezó a compartir su experiencia. “Cuando iba y hablaba en los campuses o a grupos, era bien recibida. No recibí los comentarios negativos ni las reacciones. Estaba contando mi historia”, declaró a The Washington Free Beacon.

La simpatía cambió cuando Corban decidió abogar por ir armada como una manera más de prevenir agresiones. “Llevo hablando sobre el trauma de las víctimas de agresión sexual y violación desde hace 11 años, y realmente no fue hasta que ‘salí del armario’ como conservadora y a favor de las armas que empecé a recibir una reacción agresiva. Es horrible. Refuerza la razón por la que voy armada. Nada de mi mensaje o experiencia ha cambiado. Lo único que ha cambiado es la forma en que otra gente lo estaba interpretando”.

En 2016 Corban le hizo una pregunta al entonces presidente de EEUU, Barack Obama, en un debate con el público en la CNN, sobre su derecho a llevar un arma para defenderse. En ese momento empezaron a lloverle amenazas a ella y a su familia, en las redes sociales, en su casa y en su trabajo.

La portavoz de la Asociación Nacional del Rifle, Dana Loesch, se mudó de casa el pasado octubre debido en parte a las amenazas de muerte. Loesch, vinculada desde hace años a medios de extrema derecha como Bretibart News, inauguró su cargo a principios de 2017 con una serie de polémicos anuncios. En uno describía a los progresistas como una muchedumbre que destruye el orden público y “oprime y aterrioriza a quienes respetan la ley”. La única manera de “salvar nuestro país y nuestra libertad”, según ella, era usar la acción policial y “el cerrado puño de la verdad”. En otro anuncio, Loesch amenazaba con quemar un ejemplar del New York Times.

La NRA ha cambiado de portavoz y también de estrategia. Tras el asesinato de 17 estudiantes en el instituto Stoneman Dougles, de Florida, el pasado febrero, la asociación no se refugió de la tormenta, como suele hacer cuando ocurre un caso semejante. En lugar de eso, contraatacó y mandó a Dana Loesh a hablar con los supervivientes de la matanza en un debate organizado por la CNN. Mientras la opinión pública clamaba y los estudiantes se movilizaban a favor del control de armas, las ventas se disparaban en Florida.

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