Portugal debate abolir las corridas 'light' en las que el toro no muere en la plaza
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el interés por la tauromaquia lusa, en declive

Portugal debate abolir las corridas 'light' en las que el toro no muere en la plaza

Esta propuesta parlamentaria, presentada por el diputado ecologista André Silva, ha tomado por sorpresa a los grandes partidos, que hoy deberán votar y posicionarse al respecto

placeholder Foto: Un torero durante una corrida en Campo Pequeno, Lisboa, en septiembre de 2016. (Reuters)
Un torero durante una corrida en Campo Pequeno, Lisboa, en septiembre de 2016. (Reuters)

Cuatro décadas desde la Revolución de los Claveles y nadie se lo había preguntado: ¿qué opinan los partidos lusos de las corridas de toros? La respuesta se conocerá hoy, cuando 229 diputados expresen por fin en el Parlamento con su voto si las mantienen o abolen, una cuestión condenada a traducirse también en si están a favor o en contra. Solo el diputado número 230 lo tiene claro. Es André Silva. Mediana edad, cabello negro, barba plateada y diputado del Partido de las Personas, los Animales y la Naturaleza (PAN). Solo en la cámara –su partido obtuvo en las últimas elecciones el 1,39 % de los sufragios, apenas un escaño– ha lanzado a sus señorías el desafío de hablar sobre una cuestión que, hasta ahora, “no han tenido coraje” de enfrentar, dice Silva a El Confidencial. Listo o no, Portugal abre el melón acerca de sus corridas de toros “light”, que no permiten la muerte del morlaco en la arena.

“Es un momento histórico, va a ser un debate duro. Los diputados van a hablar de la importancia cultural. Se van a refugiar en el mundo rural, pero claro, es un momento histórico importante, y siento que es un punto de salida para que algo grandioso pueda ocurrir en los últimos años”, asegura Silva. El PAN lleva seis meses preparando el proyecto de ley, que sostiene en una argumentación de 26 páginas que “la realización de las corridas de toros nunca fue objeto de consenso en la sociedad portuguesa” y que en los últimos siglos hubo “varios periodos en los que prácticamente dejaron de existir” en el país. También que sufre una sangría de espectadores que hacen que su seguimiento sea residual y, por tanto, su mantenimiento poco relevante para la sociedad lusa.

Foto: Felicidade Silva ante la puerta de su casa en el barrio de Alfama, en Lisboa. (Foto: Lola Sánchez)

Las corridas portuguesas se separaron de las españolas a partir de 1836, hasta derivar en una práctica en la que el animal no muere en la arena. Tras la aparición del picador, los “forcados” (un conjunto de unos seis hombres que, en fila india, tratan de inmovilizar al astado sujetándole la cabeza) y la imposición de banderillas, se le retira de la plaza y entonces se decide su destino: si el público considera que merece la salvación, será semental; si no, será sacrificado en el matadero horas más tarde.

Su momento de mayor esplendor en cuanto a público fue durante la dictadura salazarista, y acabada ésta con la Revolución de los Claveles en 1974, la pasión del espectador se ha ido consumiendo, según los datos de la Inspección General de las Actividades Culturales (IGAC), organismo dependiente del Ministerio de Cultura que fiscaliza las actividades relativas a la tauromaquia. En 2017, se realizaron en el país 181 espectáculos (diez menos que el año anterior, y más de 120 menos que hace 10 años) que contaron con 377.952 espectadores, la mitad que hace una década.

“El país está dando un salto y el legislador debe tener el coraje de saber inferir los niveles de aceptación y rechazo de una determinada práctica”, dice Silva, que cree que es el momento de plantear la prohibición. También porque está urgido por la necesidad de cumplir la palabra ante su electorado para volver a ser elegido en las legislativas del próximo año.

placeholder Miembros del Grupo Forcados de Santarém actúan durante una corrida en Campo Pequeno, en agosto de 2016. (Reuters)
Miembros del Grupo Forcados de Santarém actúan durante una corrida en Campo Pequeno, en agosto de 2016. (Reuters)

Nervios a derecha e izquierda

“Tenemos que ser fieles y cumplir las promesas que hicimos. ¿Por qué ahora y no más tarde? Porque estamos a un año de las elecciones y no podíamos hacer esto en la víspera de las comicios para no ser acusados de electoralismo”. Sabe que tiene en contra a la derecha, no sabe si tiene a su lado a la izquierda, y da por seguro que su proyecto será rechazado (“Es una primera derrota rumbo a una victoria final”, dice). No importa, lo relevante, asegura, es que hay que posicionarse por primera vez.

“Los partidos de izquierda en Portugal no son propiamente aquellos que tienen las principales banderas de protección animal, incluyendo elementos ambientales. Y por tanto tenemos partidos de izquierda muy conservadores que van a votar contra y tenemos un Partido Socialista que, por motivos electorales, por mantenerse en algunos municipios, no tendrán coraje de asumir el voto favorable”.

Foto: Coches quemados en una carretera local cerca de Pedrógão Grande, en junio de 2017. (Reuters)

Así que el éxito es un término relativo para el PAN, que afirma que “los partidos no tienen una posición clara sobre las corridas de toros porque es un tema sobre el que no les gusta hablar, un tema sobre el que no tienen coraje de decir si están a favor o en contra”. Le bastará, por ahora, si consigue que digan públicamente qué piensan.

Y ese posicionamiento asusta al espectro político de cara a este fracaso anunciado. Los mayores temores vienen justamente por el carril más a la derecha, el que transita el CDS-PP, liderado por Assunção Cristas, un rostro en ascenso en la política portuguesa que en marzo dijo que veía las corridas de toros “como un baile” y que, si pensaba “mucho, mucho, mucho” en el sufrimiento del toro, sentía pena.

El resultado ha sido una revuelta en la sede del partido, donde una corriente interna de la formación ha organizado la semana pasada una conferencia sobre la tauromaquia para “derrumbar mitos” y “presionar al CDS-PP a asumir una posición clara a favor de las corridas de toros”, según explicó la prensa portuguesa que cubrió el evento. Mientras, los dos grandes partidos, el PSD, de centroderecha, y el Partido Socialista, no hacen pronunciamientos públicos, aunque el misterio reside en si darán libertad de voto.

placeholder Activistas animalistas piden la abolición de las corridas de toros cerca de Campo Pequeno, el 2 de junio de 2016. (Reuters)
Activistas animalistas piden la abolición de las corridas de toros cerca de Campo Pequeno, el 2 de junio de 2016. (Reuters)

"Somos 3,5 millones de bárbaros"

También los taurinos tienen cifras en las que apoyarse, aunque de hace siete años, cuando una empresa privada hizo una encuesta nacional que concluyó que un tercio de los diez millones de ciudadanos de Portugal era aficionado, y otro tercio, aún no siéndolo, no apoyaba que se prohibiesen. “¡Concluimos así que somos, por lo tanto, cerca de 3 millones y medio de bárbaros en Portugal!”, comentaba irónicamente la diputada del CDS-PP Patrícia Fonseca en una columna de opinión en la que concluía que los “verdaderos motivos” de la propuesta del PAN son “una tentativa más de adoctrinar a la sociedad en una visión castradora de la libertad”.

“Cuando aparece una propuesta así, los diputados dicen: ‘¡esto es muy radical! ¡Tenemos que ser más graduales!’ Pero cuando se presentan otras iniciativas que no son tan radicales, como el fin de la financiación pública, están en contra porque la legislación dice que esto es una manifestación cultural”, responde Silva, que se sabe de memoria y repite a quien haga falta que la financiación en Portugal de las corridas viene esencialmente de los ayuntamientos, también la restauración de los cosos taurinos sale de las arcas públicas. A esto se une una reducción de la tasa de IVA que pagan los “artistas tauromáquicos”.

Foto: Manifestantes contra la eutanasia en Lisboa, Portugal | Reuters

Precisamente al dinero es donde apunta el marxista Bloque de Izquierda, que también presenta hoy una propuesta para que las corridas dejen de estar financiadas por el Estado y que también ha sorprendido con una idea similar a la de los dos rombos que durante años se vieron en la televisión española para avisar de contenido subido de tono.

En el caso luso sería una bolita roja que avisaría en el lateral de la pantalla del contenido para adultos, por ser imágenes “susceptibles de influir negativamente en la formación de la personalidad de niños y jóvenes”, lo que además limitaría su horario de emisión desde las 22.30 hasta las 06.00.

Es una medida más modesta que incomoda menos a sus señorías, y que posiblemente también sea rechazada. No importa. No es el centro del debate de hoy, que defenderá un solo diputado, listo para hacer historia en el Parlamento luso con una derrota clamorosa.

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