muchos éxitos, pero también grandes fracasos

Del deshielo con Cuba a las 'maras': la Iglesia Católica, el negociador jefe en Latinoamérica

Del proceso de paz con las FARC a la ruptura política en Venezuela o Nicaragua, el Papa Francisco ha potenciado el papel mediador de la institución en las principales crisis políticas del continente

Foto: El obispo Fabio Colindres participa en una entrega de armas de las maras en San Salvador, en julio de 2012. (Reuters)
El obispo Fabio Colindres participa en una entrega de armas de las maras en San Salvador, en julio de 2012. (Reuters)

Managua, 18 de mayo. Casi un centenar de policías armados con fusiles de asalto de AK47, dos helicópteros y 21 camionetas protegen la llegada del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, al Seminario Nacional Nuestra Señora de Fátima. Allí se celebra el diálogo nacional entre su Ejecutivo y la oposición, tras un mes de protestas antigubernamentales que se han cobrado más de 70 vidas. El lugar no fue escogido al azar. La Iglesia Católica fue seleccionada por las partes enfrentadas como garante de los acuerdos. El Vaticano continúa así con su rol de mediador en los conflictos sociales y políticos de América Latina, un papel que se ha intensificado durante los últimos años.

“Como Iglesia siempre hemos estado cercanos a nuestro pueblo y le hemos acompañado en los momentos difíciles, así como en los alegres. Este es un momento triste para toda la población. Lo importante es entrar en diálogo para buscar cómo solucionar los problemas, no es cuestión de dar brazos a torcer”, comenta a El Confidencial el cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes, presente en los diálogos.

La Iglesia ha llegado a guarecer a los manifestantes que huían de la represión policial, documentada estos días por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Decenas de estudiantes se refugiaron durante días en la Catedral de Managua. “Por supuesto la Iglesia como madre y como maestra no tuvo más que abrir las puertas para dar protección a los jóvenes que estaban siendo agredidos, de alguna manera, por las fuerzas del orden”, apunta el padre Toñito Castro, párroco de un pequeño barrio de Managua. Ambas partes confían en la Iglesia, como ya se ha visto recientemente con otros actores en distintos procesos de diálogo en el continente.

“Hay distintos ejemplos históricos donde la Iglesia ha tenido una fuerza de pacificación muy fuerte y ha sido una institución de confianza para todos. Ha trabajado como una organización religiosa, pero también como una organización civil, subordinada al trabajo del Estado”, explica Gianni La Bella, representante de la Comunidad de Sant’Egidio, un movimiento de laicos que trabajan en la promoción de la evangelización en 70 países y participó en el diálogo entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC.

Quienes conocen el poder de la Iglesia como mediadora destacan su capacidad de llegar a los lugares más recónditos del planeta. El Vaticano es decano de los cuerpos diplomáticos al mantener durante siglos a un nuncio en cada país. “La fuerza de la Iglesia llega de su historia y sus testigos. No es una autoridad artificial”, cree La Bella.

Un representante de la Iglesia Católica durante la liberación de un soldado colombiano secuestrado por el ELN, en julio de 2013. (Reuters)
Un representante de la Iglesia Católica durante la liberación de un soldado colombiano secuestrado por el ELN, en julio de 2013. (Reuters)

Un factor clave en la paz con las FARC

La amplia presencia de la Iglesia en territorios colombianos controlados por las FARC hizo que la comunidad religiosa tuviera relevancia en los diálogos de paz con la guerrilla. Tanto los insurgentes como el Ejecutivo de Juan Manuel Santos consideraron al clero como interlocutor válido. Mediante la Iglesia pudieron desbloquearse alguna de las muchas pausas de las negociaciones, desde su inicio, en 2012, hasta su conclusión, en 2016. El clero también participa actualmente en los diálogos con el ELN, en estos momentos el mayor grupo insurgente en territorio colombiano.

“Nosotros conocemos a las FARC desde hace más o menos veinticinco años. Por mucho tiempo trabajamos para ayudar a las partes a hablar. Hacer un trabajo de conciliación, de búsqueda de la paz, de convencimiento a los guerrilleros de que llegaba el tiempo de dejar las armas”, comenta La Bella sobre el papel de la Comunidad Sant’Egidio en las negociaciones. “Ayudamos al diálogo con la Iglesia Universal y también hicimos un poco el trabajo de comunicación informal con la Santa Sede y con el Papa”, añade.

No fueron días fáciles: “La Iglesia facilitó los diálogos pero en un contexto muy particular, porque el clero colombiano está un poco dividido. Dentro de los obispos no gustó mucho el proceso de paz. Por eso el apoyo durante mucho tiempo no fue muy caluroso”, señala La Bella.

Un elemento considerado como clave para desbloquear el proceso fue la primera carta que las FARC escribieron al Papa. Fue entregada al Pontífice por los “mensajeros” de Sant’Egidio. Los líderes guerrilleros reconocían a Francisco como “autoridad moral” sobre el proceso y le pedían ayuda. “No tenemos derecho a permitirnos otro fracaso”, dijo el Papa con respecto al proceso de paz durante su visita oficial a Cuba en 2015, dando un espaldarazo a las negociaciones.

La Conferencia Episcopal dio su apoyo cuando se anunció el acuerdo, en julio de 2016. Su entonces presidente, Monseñor Luis Augusto Castro, instó a los colombianos a “sumarse a todos los propósitos para erradicar la violencia y caminar hacia una Colombia nueva, reconciliada y en paz”.

Continuaron, aun así, las diferencias en el clero. El Pontífice intentó, durante su visita oficial a Colombia en septiembre de 2017, cerrar filas en torno a la paz. “Cuando Francisco viajó a Colombia, pidió fuertemente al episcopado ponerse en marcha. Demos el primer paso, fue el eslogan del viaje”, comenta La Bella.

El Papa Francisco en Contecar, Cartagena, durante su visita a Colombia en septiembre de 2017. (Reuters)
El Papa Francisco en Contecar, Cartagena, durante su visita a Colombia en septiembre de 2017. (Reuters)

Francisco, el 'mediador número 1'

El poder de la Iglesia como mediadora parece haberse acentuado durante el pontificado del Papa Francisco. Hay quien cree que el Vaticano es hoy uno de los actores más decisivos del mundo para aflojar las trabas y conflictos entre pueblos. La revista Time ha llegado a situar durante varios años consecutivos al Pontífice entre las 100 personas más relevantes del mundo.

“Francisco I tiene un papel extraordinario, que está contribuyendo a recuperar a las religiones en general, y al catolicismo en particular, para el objetivo de generar lazos de amistad y colaboración entre personas, grupos sociales, pueblos y estados”, explica Francisco Malagón, profesor de ‘marketing’ de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la fundación Proconcil, para la mediación social, eclesial e interreligiosa.

El Papa fue decisivo también en el deshielo entre EEUU y Cuba, sellado a finales de 2014, según admiten ambas partes. El acuerdo final entre los dos países, que habían iniciado unas negociaciones secretas meses atrás, se cocinó en los salones del Vaticano.

No sólo Francisco tuvo relevancia en el proceso. Benedicto XVI ya había iniciado años antes contactos para la liberación del contratista norteamericano, Alan Gross, preso en Cuba desde 2009 y foco constante de tensiones entre ambas naciones. El proceso de deshielo fue certificado el 17 de diciembre de 2014, ya durante el actual Pontificado. Gross salió de prisión rumbo a rumbo a EEUU, a cambio de la puesta en libertad de tres prisioneros cubanos acusados de espionaje por Washington, desbloqueando los acuerdos.

Barack Obama y Raúl Castro agradecieron la mediación del Papa con tan sólo dos minutos de diferencia. Francisco había enviado cartas a ambos líderes, animándoles a dejar atrás más de cinco décadas de diferencias. Encargó al secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, seguir de cerca las negociaciones entre ambos países, un diálogo finalmente exitoso.

“Somos todos americanos y debemos vivir en armonía, respetando las diferencias pero como amigos y para eso se requiere resolver las diferencias entre su país y Cuba”, le habría dicho el Pontífice a Obama durante una reunión privada en marzo de 2014. El entonces presidente de EEUU reconoció al Papa, tras la consecución del deshielo, como un “ejemplo moral”, que le exhortó a trabajar “por un mundo como debería ser, en vez de simplemente conformarnos con el mundo que tenemos”.

'Chucho' Torrealba, secretario de la MUD, muestra la carta enviada por el Secretario de Estado Vaticano Pietro Parolin pidiendo diálogo en Venezuela, en diciembre de 2016. (Reuters)
'Chucho' Torrealba, secretario de la MUD, muestra la carta enviada por el Secretario de Estado Vaticano Pietro Parolin pidiendo diálogo en Venezuela, en diciembre de 2016. (Reuters)

Cualificados y disciplinados

El deshielo entre Washington y La Habana se ha puesto como ejemplo para futuros procesos de mediación. “La Iglesia debe jugar un papel activo en los diálogos entre partes enfrentadas. Debe orientarse, en primer lugar, a preservar la dignidad y los derechos humanos de todas las personas implicadas y afectadas por el conflicto. En segundo lugar, debe facilitar las vías de acuerdo entre los bandos enfrentados de modo que tengan en cuenta sus respectivos intereses pero también los de la sociedad a la que el conflicto afecta”, cree Malagón.

La Iglesia cuenta, según el profesor de la Complutense de Madrid, con una ventaja estratégica. “Es una institución con un nivel alto de organización, cualificación de sus miembros o colaboradores, visión y disciplina interna, aspectos de suma importan para desarrollar un papel de mediador que a menudo es desafiado por las partes en conflicto”. Cree que la Iglesia debe fortalecer aún más su rol de garante. “Sería bueno realizar un proceso conciliar mirando hacia afuera para construir el papel de mediación”.

La Iglesia también ha intervenido en diálogos que, hasta ahora, no han dado frutos. Se implicó fuertemente en los primeros procesos de negociación entre el Gobierno y la oposición venezolana. Un duro comunicado de la Conferencia Episcopal local provocó que los más dubitativos en ambos bandos decidiesen sentarse a la mesa de negociación, a finales de octubre de 2016.

El proceso no fue como se esperaba. El Secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, envió una carta al Gobierno de Nicolás Maduro en diciembre, exhortándole, según los medios venezolanos, a que se tomasen medidas para el ingreso de medicinas y alimentos, se acordase un cronograma electoral, se restituyesen poderes a la Asamblea Nacional y se liberase a los presos políticos.

Esa misiva no fue bien recibida por el chavismo. “Falta de respeto, irresponsable, creer que desde el Vaticano van a tutelar a Venezuela. No, señor Parolin, usted está equivocado”, dijo Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela. “No es ningún intermediario, no es mediador. Está ahí como invitado. No tiene derecho a veto. Debería ser total y absolutamente objetivo, ¿Oyó, señor Parolin?”, exclamó el líder chavista. “Respete, que nosotros no nos metemos con las cosas internas del Vaticano. No nos metemos con los padres acusados de pedofilia”, añadió. Desde entonces los diálogos se han interrumpido y reanudado en varias ocasiones, sin éxito.

El obispo Fabio Colindres con un miembro de la MS-13 en la prisión de máxima seguridad de Izalco, en marzo de 2013. (Reuters)
El obispo Fabio Colindres con un miembro de la MS-13 en la prisión de máxima seguridad de Izalco, en marzo de 2013. (Reuters)

El fracaso ante las 'maras'

Tampoco salió victorioso Monseñor Fabio Colindres, a la hora de mediar en las negociaciones entre las pandillas y el Gobierno de El Salvador, que dio lugar a la conocida como Tregua de 2012. Los asesinatos descendieron desde unos 14 diarios a tan sólo cinco durante los 15 meses que el fallido proceso estuvo en pie. Colindres llegó a lavar los pies de ‘mareros’ en prisión.

Se alejó del criticado proceso –buena parte de los interlocutores acabaron en prisión- cuando vio que no avanzaba, optando por el silencio. La Conferencia Episcopal salvadoreña también le pidió a Monseñor que se alejase de la tregua. Otro obispo, José Escobar Alas, no quiso involucrar a la Iglesia en la tregua y dijo que Colindres actuó a título personal, algo finalmente admitido por este mismo.

El reclamo que Bolivia ha hecho a Chile para conseguir una salida al mar ha sido otro foco de aparente discordia. “Diría que no es injusto plantearse una cosa de ese tipo, ese anhelo”, dijo el Papa Francisco en 2015 sobre las aspiraciones bolivianas, causando malestar entre los chilenos. Santiago, de hecho, le pidió al Pontífice públicamente que se abstuviera de opinar sobre el conflicto limítrofe durante su visita oficial al país andino, celebrada a principios de este año.

Aunque el papel de mediador de la Iglesia se ha incrementado durante el pontificado de Francisco, no es nuevo. El Vaticano ya evitó en 1978 la guerra entre Argentina y Chile durante el Conflicto del Beagle, creen muchos historiadores. La mediación del representante papal, Antonio Samoré, conocido como el Kissinger del Vaticano, fue clave para la firma del Tratado de Paz y Amistad del 84.

La Iglesia ha intervenido en otros muchos conflictos a lo largo de la historia de América Latina dejando, aparentemente, la sensación de que se puede confiar en la institución como ente mediador.

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