ACUERDO HISTÓRICO ENTRE EEUU Y CUBA

Obama y Castro entierran la Guerra Fría

El 3 de enero de 1961, Eisenhower rompía relaciones con Cuba, aislando al recién instaurado gobierno revolucionario. Ayer, Obama anunció su restablecimiento

Foto: Cubanos tras un póster de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara durante una marcha en el Primero de Mayo, en La Habana (Reuters).
Cubanos tras un póster de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara durante una marcha en el Primero de Mayo, en La Habana (Reuters).

En enero de 1959, después de que Fidel Castro entrase victorioso en La Habana, el entonces presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, entendió que tenía que aceptar la caída de Fulgencio Batista y reconocer al nuevo gobierno cubano. La idea era negociar, contener el impulso de los “barbudos” y tratar de conciliar su revolución con los colosales intereses norteamericanos en la isla.

Enseguida vino la reforma agraria, la nacionalización de multinacionales, los flirteos cada vez menos secretos con la Unión Soviética... y el viejo general Eisenhower se convenció de lo contrario. Tardó casi un año, pero el 3 de enero de 1961, días antes de acabar su mandato, rompía relaciones con La Habana, ordenaba el cierre de la embajada y daba carpetazo a la era de “tutelaje” estadounidense, ininterrumpida desde el hundimiento del Maine.

Lo que ha hecho Barack Obama es cerrar la siguiente etapa, los 53 años que han pasado desde la decisión de Eisenhower hasta ayer y en los que Washington ha puesto en práctica una “política de sanciones orientada a conseguir un cambio de régimen en Cuba”, como lo definía ayer en entrevista con El Confidencial Peter Schechter, director del Centro Latinoamericano del Atlantic Council. Obama, que parece decidido a hacer por cuenta propia (en los dos años que le quedan) todo lo que no logró consensuar con el Congreso, ha abierto una nueva página en las relaciones con la isla, aunque sea dejando en blanco casi todo lo que sigue.

Cubanos celebran el intercambio de prisioneros (Reuters)
Cubanos celebran el intercambio de prisioneros (Reuters)
Su discurso de ayer es sin duda uno de los más históricos de su mandato. No todos los días un presidente estadounidense cita a José Martí, el pensador de cabecera del castrismo. “La libertad es el derecho de cada hombre a ser honesto”, exclamó Obama, parafraseando al intelectual y político elevado a los altares revolucionarios por la propaganda. Y tampoco todos los días la Casa Blanca reconoce ante millones de espectadores que uno de los vectores de su política exterior en el último medio siglo ha sido un absoluto fracaso, que ha empeorado la vida de millones de personas y ha enquistado al régimen enemigo en lugar de derrumbarlo. 

“Estos 50 años de aislamiento no han funcionado, es momento de cambiar. No creo que debamos hacer lo mismo durante otras cinco décadas y esperar resultados diferentes (...) No podemos permitir que las sanciones de EEUU se sumen a las cargas que soportan los cubanos a los que queremos ayudar”, dijo Obama, haciendo suyo un razonamiento que habría sido considerado subversivo hace no tanto tiempo.

En su discurso pronunció también dos frases en español. “No es fácil”, fue una de ellas. Y no, no ha debido de serlo. La normalización de las relaciones con La Habana es una de tantas ideas políticas que Obama defendió durante toda su vida pero que luego tuvo que envainarse al pisar la moqueta del Despacho Oval. Y los activistas han utilizado una y mil veces este vídeo de 2004 en el que se le escucha defender, sin matices, el fin del embargo.

Euforia en las calles de La Habana

Vídeo: Euforia en las calles de La Habana

 

Pero tampoco ha debido de ser una decisión fácil para Raúl Castro, quien se ha condenado a presenciar el desvanecimiento de la gran coartada para justificar las penurias del sistema cubano durante décadas: desde hoy va a ser cada vez más dificil echarle la culpa de todo a "los imperialistas".

Existe otra lectura algo más profunda para explicar la predisposición de La Habana a negociar: Venezuela se hunde y su descomposición podría cortar el suministro de petróleo y ayudas que ha mantenido a flote la isla desde los años terribles del "periodo especial". “Raúl tiene muy claro que Cuba no puede soportar perder por tercera vez el apoyo económico de un país benefactor que, de golpe, desaparece. Les pasó con EEUU, les pasó con la Unión Soviética y si les pasa ahora con Venezuela...”, razona Schechter.

Además de propiciar un restablecimiento de las relaciones diplomáticas, Obama ha estirado todo lo que ha podido su capacidad ejecutiva para suavizar el aislamiento político y el embargo económico, que no es un papel como muchos piensan, sino una auténtica madeja de normas y leyes aprobadas entre 1960 y mediados de los 90, y que tratan de asfixiar la economía cubana sin dejar un solo respiradero.

Los cambios son superficiales y relevantes al mismo tiempo. Por ejemplo, los americanos seguirán sin estar autorizados a viajar como turistas a Cuba, pero miles podrán hacerlo acogiéndose a ciertas categorías: intercambios profesionales, artísticos, motivos familiares, investigación, y un largo etcétera de excepciones que abren la puerta a todo tipo de pretextos para visitar la isla, sobre todo si la 'picardía' se tolera desde las respectivas administraciones.

EEUU también abrirá la mano a exportaciones de ciertos productos ligados al desarrollo económico y social (por ejemplo materiales de construcción) y cuadriplicará el máximo permitido para el envío de remesas (hasta los 2.000 dólares). También permitirá la inversión en telecomunicaciones (la explosión de internet y la telefonía móvil es clave para fomentar el deseado aperturismo), revisará el estatus de Cuba como país que financia el terrorismo, negociará la delimitación de aguas territoriales, etcétera. Si les interesa, aquí hemos resumido lo más importante.

Obama ha llegado hasta donde puede llegar. Porque desmantelar por completo la telaraña de leyes que sostiene el embargo es algo que no se puede llevar a cabo sin la colaboración del Congreso. Y ahí las cosas están más difíciles, ya que la mayoría de los republicanos y una proporción pequeña pero simbólica de los demócratas no están de acuerdo. No tardó en dejarlo claro, verbigracia, el senador de orígen cubano Marco Rubio, quien calificó de “inexplicable” la decisión y acusó a Obama de premiar al régimen de Castro. “Esto no traerá más democracia a Cuba, ni la liberación de los presos políticos”, enfatizó, prometiendo hacer lo posible para evitar que prospere la iniciativa. Incluso más agresivo se mostró el demócrata Bob Menéndez, también de origen cubano, y para quien la iniciativa de su presidente “apesta”.

Fidel Castro dentro de un tanque durante la invasión de la Bahía de Cochinos (Revista Bohemia).
Fidel Castro dentro de un tanque durante la invasión de la Bahía de Cochinos (Revista Bohemia).
Como también sucede en la política migratoria, la mayoría de los analistas creen que el proceso abierto por Obama, una vez puesto en marcha, es irreversible. Los estadounidenses, incluidos los de Florida y muchos cubano-americanos, coinciden con su presidente en que ha llegado hora de pasar página y buscar que la isla caribeña llegue a la democracia desde el aperturismo y la reforma; y no desde el colapso económico del régimen. Diferentes sondeos muestran que en torno a un 60 por ciento de los americanos están a favor de levantar el embargo del todo y que al menos el 55 por ciento prefieren una mayor relación diplomática con La Habana.

La Casa Blanca, inspirándose en experiencias anteriores como Vietnam o China, espera además que esta percepción se incremente en los próximos meses, cuando empiecen a dar resultados las nuevas políticas anunciadas ayer: cuando la economía de la isla empiece a desperezarse y las aspiraciones de sus ciudadanos con ella.

Sucede además que desde el punto de vista teórico es difícil defender la idea de que el embargo es bueno para Cuba y malo para naciones como Myanmar, donde ha iniciado hace poco un deshielo bajo supuestos parecidos a los que avanzan en La Habana. En definitiva, y si no entra en juego ningún factor sorpresa, la política de EEUU hacia Cuba se moverá en la dirección que emprendió ayer Obama: hacia el fin del embargo; y nunca en sentido contrario.

Estudiantes sostienen una fotografía de Fidel Castro durante una marcha en apoyo a
Estudiantes sostienen una fotografía de Fidel Castro durante una marcha en apoyo a
La decisión es también popular entre las élites. En sectores como el turismo, la construcción o la agricultura, las grandes empresas estadounidenses tienen mucho que ganar con la normalización de las relaciones. Y desde la óptica de la diplomacia, Washington se saca un problema de encima. Altas fuentes de la Secretaría de Estado insistían ayer en que EEUU ganará en influencia en Latinoamérica y tendrá una baza más que jugar en rondas multilaterales gracias a esto, ya que su política exterior hacia Cuba sólo era ya respaldada con firmeza por un país del planeta. Por Israel. 

Tanto Obama en su discurso, como los funcionarios de la Casa Blanca en sus reuniones con la prensa, insistieron ayer en la idea de que este deshielo no significa que EEUU renuncie a su empeño por "promocionar la democracia en Cuba". El mensaje con el que se trata de hacer tragar la medicina a los más escépticos es que va a ser más eficaz "penetrar" mediante diplomacia, colaboración y el soft power: conquistando los corazones de los cubanos en lugar de castigarlos con sanciones. “Una política de compromiso con la isla puede ser mucho más eficaz que el aislamiento. No sirve a los intereses de Estados Unidos tratar de empujar a Cuba hacia el colapso”, resumió Obama.

A uno y otro lado del estrecho de Florida interesa hacer ver que, aunque se olisqueen, Washington y La Habana no se han enamorado de la noche a la mañana, como en su día hicieron Gorbachov y Reagan. Por motivos evidentes, insistió ayer más en esta idea Raúl Castro. “Esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar”, dijo el comandante durante su discurso televisado. Desmontar cinco décadas de propaganda es delicado, sobre todo en una isla donde generaciones enteras no han conocido otra canción que la del “antiimperialismo”.

Discurso de Obama sobre las relaciones entre EEUU y Cuba

Vídeo: Vea el discurso de Obama
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