EL PARTIDO PROSAUDÍ DE HARIRI SE HUNDE

La milicia más poderosa de Oriente Medio se hace con el control político del Líbano

Las urnas otorgan a Hezbolá el derecho total de veto en el Parlamento. Israel asegura que no distinguirá entre ellos y el Estado libanés y se prepara para posibles enfrentamientos armados

Foto: Miembros y partidarios de Hezbolá y Amal celebran su victoria en Marjayún, al sur del Líbano, el 7 de mayo de 2018. (Reuters)
Miembros y partidarios de Hezbolá y Amal celebran su victoria en Marjayún, al sur del Líbano, el 7 de mayo de 2018. (Reuters)

La baja participación en las elecciones del Líbano de este domingo, que no alcanzó ni el 50%, ha sido un jarro de agua fría para las aspiraciones de Arabia Saudí en el país. La Corriente Futuro del primer ministro libanés, Saad Hariri, aliado de Riad, ha conseguido 21 escaños, que sumados con otros partidos de coalición no llega a más de la mitad del Parlamento. En cambio, la alianza chií del llamado 8 de Marzo -formada por los partidos Hezbolá y Amal-, que cuenta con interesado apoyo del Movimiento Patriótico Libre del presidente cristiano Michel Aoun y otros partidos prosirios, se habría hecho con más de la mitad de los asientos del Hemiciclo, inclinando la balanza de poder hacia Irán. Con al menos 47 de los 128 escaños, Hezbolá ("el Partido de Dios", en árabe), la milicia más poderosa de Oriente Medio, podrá vetar las leyes con las que no esté de acuerdo.

A Hariri le salió el tiro por la culata tras el espectáculo de “la vuelta del hijo pródigo” después de su extraño exilio en Arabia Saudí. No sólo no ha podido mantener los 33 escaños que ganó en 2009, sino que ha perdido 13. Dicen los analistas que las divisiones internas entre los suníes de la Corriente Futuro y las rivalidades de algunos candidatos con Hariri le han pasado factura. A pesar de que tiene a favor ser el hijo de un mártir, el primer ministro nunca ha tenido el talante de su padre, hasta el punto de que, durante su "retiro" saudí, se supo que el propio partido estaba barajando poner como presidenta de la Corriente Futuro a su hermana mayor Bahia.

El batacazo ha sido tan grande que ha perdido frente a Hezbolá en el distrito Beirut II, feudo tradicional de la corriente azul (por el color del partido). El hecho de que Hariri se haya estrellado en la capital pone de manifiesto que los votantes suníes están perdiendo la fe en un primer ministro que ha tenido que gobernar en medio de un clima de crisis económica y exasperación por la guerra civil en la vecina Siria, con la llegada de más de un millón de refugiados a Líbano.

El Partido de Dios, en cambio, ha jugado con ventaja en estas elecciones al mantener la unidad y promover una sola voz en la campaña electoral, la del omnipresente secretario general del partido, Hassan Nasrallah. Sus victorias militares en Siria y el haber frenado al Frente Al Nusra y el Estado Islamico cuando asomaron el hocico por las cordillera de Qalamoun, en la frontera sirio-libanesa, han impulsado aún más su prestigio entre los jóvenes chiies. El voto juvenil ha castigado, en general, a los partidos tradicionales aquejados por esa enfermedad tan extendida entre la clase política del mundo árabe que se llama corrupción.

Hezbolá ha ganado prácticamente en todos los distritos que presentó candidatos, lo que pone de manifiesto la popularidad del grupo. La sombra de una nueva crisis política planea sobre el Líbano. La única salida es un gobierno de unidad en la que se incluya a los rivales de Hariri.

El primer ministro libanés Saad Hariri durante una rueda de prensa en Beirut, el 7 de mayo de 2018. (Reuters)
El primer ministro libanés Saad Hariri durante una rueda de prensa en Beirut, el 7 de mayo de 2018. (Reuters)

Beneficiados por la reforma electoral

Pero el lobby saudí no se quedará tranquilo si ve otra vez la mano negra de Irán en los asuntos del Líbano. La repentina dimisión de Hariri el pasado noviembre fue, precisamente, una forma de presión por parte de Riad para que el gobierno libanés se alejara de la injerencia iraní. Si bien la nueva ley electoral con un sistema proporcional debería haber favorecido al no bipartidismo, el parlamento libanés volverá a estar dividido entre la coalición 14 de Marzo (liderada por Hariri) y la del 8 de Marzo (dominada por Hezbolá), que tendrá mayoría parlamentaria. La modificación, de hecho, ha favorecido a esta última: en su discurso de ayer, Nasrallah se felicitó por la nueva ley electoral que le ha dado la victoria en estas elecciones.

Hariri, que aspira a mantener su cargo de jefe de Gobierno en el nuevo ejecutivo, pactó en la campaña electoral con el presidente Aoun. Ahora, sin embargo, la Corriente Patriótica podría decantarse de nuevo por su antiguo socio chií. Con sus 28 escaños, la formación política del presidente Aoun podría convertirse en el partido bisagra o en el arbitro entre los dos bloques enfrentados.

Además, a la inestabilidad parlamentaria se suman las eternas dinámicas regionales: cuando todavía no se habían pronunciado los resultados oficiales, las valoraciones de Israel, que ya equipara al estado libanés con el grupo armado chií, presagiaban nubes de tormenta. “"El Estado de Israel no diferenciará entre el Estado soberano de Líbano y Hezbolá y verá al Líbano como responsable de cualquier acción dentro de su territorio", advirtió ayer el ministro de Educación israelí, Naftali Bennet.

La supremacía de esta organización en los asuntos de Gobierno ha puesto ya en alerta a Tel Aviv, que ha advertido de que responderá a cualquier tipo de provocación. Teniendo en cuenta que en menos de dos semanas se inaugurará la nueva embajada de Estados Unidos en Jerusalén, y con el acuerdo nuclear con Irán pendiente de un hilo, se avecinan turbulencias. Por el momento, Israel ha decidido blindar su frontera norte con un muro de hormigón ante la amenaza de que la milicia chií pueda penetrar en territorio israelí.

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