Noticias de Oriente Medio: Las elecciones en las que Arabia Saudí e Irán se juegan su influencia en Oriente Medio
CUATRO CLAVES PARA ENTENDER qué VOTa El LÍBANO

Las elecciones en las que Arabia Saudí e Irán se juegan su influencia en Oriente Medio

Las potencias de Oriente Medio se la juegan en las elecciones de Líbano. Si la balanza se inclina hacia Hariri y Arabia Saudí, Riad frenará a Teherán y supondrá un factor estabilizador para Israel

Foto: Seguidores de Hizbulah escuchan al líder de la organización, Sayyed Hassan Nasrallah, durante un mitin en Mashghara, en el valle de la Beca. (Reuters)
Seguidores de Hizbulah escuchan al líder de la organización, Sayyed Hassan Nasrallah, durante un mitin en Mashghara, en el valle de la Beca. (Reuters)

A pesar de que hace casi una década que no se celebran elecciones en el Líbano, los comicios de este domingo se presentan sin muchos cambios en el panorama nacional. No obstante, las votaciones parlamentarias serán un test para ver quién ganará más influencia en el país, si la alianza Irán – Hizbulah o la de Arabia Saudí - Hariri.

Romper el patrón tradicional de poder

Esta votación será una prueba para comprobar si funciona el cambio de un sistema electoral mayoritario a uno proporcional. En teoría, esto debería significar una ruptura con el patrón tradicional de poder que se dividía en dos grupos mayoritarios parlamentarios y rivales: la coalición del 14 de Marzo, encabezada por el primer ministro Saad Hariri, y el 8 de Marzo, liderada por Hizbulah y el presidente Michel Aoun.

Parecía que Hizbulah perdería apoyo por su participación en la guerra de Siria y otros conflictos regionales pero ha sucedido lo contrario

La oportunidad de reemplazar a las élites políticas por nuevas coaliciones surgidas desde la sociedad civil no está tan clara. En primer lugar, las listas electorales no se han hecho de forma “proporcional” y hay muchos candidatos desconocidos: los electores no tienen muy claro a quién o a qué van a votar.

Hay 128 escaños en el Parlamento, divididos en partes iguales entre cristianos y musulmanes y, después, subdivididos entre las diferentes ramas de cada una de las dos principales religiones. Ahora, el sistema de representación proporcional debería facilitar un sistema secular, pero al tratarse de un voto preferencial lo más probable es que el elector vote por el candidato de su misma religión dentro de la lista.

A excepción de la alianza chií de Hizbulah y el Movimiento Amal (del presidente del parlamento Nabih Berri), las otras grandes fuerzas políticas del Líbano no han formado listas electorales conjuntas a nivel nacional. Algunos se alían en unos distritos electorales y compiten en otros, dependiendo de los intereses personales.

En resumidas cuentas: las listas electorales no tienen cohesión política ni lógica, las leyes electorales están diseñadas para proteger a la clase dominante y se utiliza el clientelismo para comprar votos.

¿Qué se juega Arabia Saudí?

Uno de los aspectos más relevantes de los comicios es qué pasará con el primer ministro Saad Hariri. Hariri, que se vio obligado a renunciar mientras estaba en Arabia Saudí, regresó al Líbano y retiró su renuncia. A cambio, el primer ministro fraguó una nueva alianza para estas elecciones con la Corriente Patriótica Libre de su rival cristiano, el presidente Michel Aoun, y su yerno Gebran Bassil, con el objetivo de mantenerse el puesto en el próximo gobierno. La jugada también beneficia a Arabia Saudí ya que la alianza con Aoun aleja al líder cristiano de la influencia de Hizbulah. Sin duda, el millonario Hariri es un superviviente de la política de Oriente Medio: dos dimisiones y, seguramente, una tercera jefatura de gobierno.

Hariri no sólo ha ganado fuerza y apoyo popular tras su regreso de exilio “exprés” en Riad, también ha conseguido arrebatar a Hizbulah parte de los votos del dividido electorado cristiano.

Un Líbano menos alineado con Irán permitiría a Arabia Saudí incrementar su influencia en el país del cedro. Si la balanza se inclina hacia Riad y no hacia Teherán también sería un factor estabilizador para Israel.

Libaneses pasan ante carteles electorales de Nabih Berri y el líder de Hizbulah, Hassan Nasrallah, en Beirut. (Reuters)
Libaneses pasan ante carteles electorales de Nabih Berri y el líder de Hizbulah, Hassan Nasrallah, en Beirut. (Reuters)

¿Qué puede perder Irán?

A decir verdad, Hizbulah no necesita de elecciones ni de una mayoría parlamentaria para imponer su voluntad política. A la milicia chií le basta con sacar a sus milicianos armados a la calle, como ocurrió en mayo de 2008. Sin embargo, si los suníes consiguen más escaños en el Parlamento podrían frenar a Hizbulah en decisiones sobre cuestiones importantes. La realidad es que los votos de la milicia están garantizados y las posibilidades de que pierda escaños son escasas. Parecía que Hizbulah perdería apoyo dentro de sus circunscripciones en el sur de Beirut y el valle de la Beqaa por su participación en la guerra de Siria y otros conflictos regionales, pero ha sucedido lo contrario.

La disciplina de los lideres de Hizbulah mantiene unida a la comunidad chií, algo que no ocurre con los representantes políticos de las otras comunidades. Debido a la fragmentación en la Coalición del 14 de Marzo por la competencia entre las diversas ramas, con nuevas figuras suníes desafiando a Hariri y las rivalidades entre los cristianos e incluso entre los drusos, Hizbulah mantiene un papel dominante en los asuntos nacionales y seguirá conservando su fuerza en los próximos años, lo cual impulsa la hegemonía regional de Irán. En la campaña electoral no se han tocado los asuntos que dividen a la opinión publica como el desarme de Hizbulah o la injerencia de la milicia chií en los conflictos regionales.

Los coaliciones civiles y el voto joven

Uno de los puntos positivos de la reforma electoral es participación en estos comicios de candidatos independientes de la sociedad civil, algo que había sido bloqueado en el pasado por las leyes electorales. Después del destacado papel que desempeñaron grupos civiles en la crisis de la basura de 2015 -grupos que después participaron en las elecciones municipales de 2016- hubo un optimismo generalizado que extendió la idea de que un cambio era posible.

Los electores jóvenes, que por primera vez participan del proceso electoral, podrían rechazar a la vetusta clase política y apoyar las listas con candidatos independientes. Sin embargo, nada apunta a que vaya a ser así. Muchos de los líderes de la sociedad civil han caído en la trampa: han acabado aliándose con las fuerzas políticas tradicionales para poder participar como candidatos. Esto, sin duda, aumentará la apatía de los votantes, especialmente de aquellos jóvenes electores que esperaban una alternativa para no seguir gobernados por la misma clase política.

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