66 candidatas participan en estos comicios

Elecciones en el Líbano: las mujeres que aspiran a mandar en el país de los cedros

Pese a que el 56% de las libanesas son universitarias, en toda la historia del país solo siete mujeres han accedido al Parlamento. Algunas pioneras, cada vez más, buscan cambiar esa situación

Foto: Paula Yacubian hablando por teléfono en su oficina electoral durante la entrevista con El Confidencial (E. Bonet)
Paula Yacubian hablando por teléfono en su oficina electoral durante la entrevista con El Confidencial (E. Bonet)

A diferencia de otras muchas candidatas, Paula Yacubian no necesita presentación. La estrella de la televisión “Future”, de la que el primer ministro libanés Saad Hariri es el dueño, ha decidido lanzarse a la política porque cree en el cambio y en poder romper con la baja representación de la mujer en los asuntos de gobierno del Líbano. La conocida periodista de programas políticos ganó aún más popularidad cuando le tocó el papelón de entrevistar a Hariri el día que anunció, en vivo y en directo, su dimisión en un hotel en Riad. Aún así, no ha escatimado en la campaña electoral, inundando el barrio cristiano de Ashrafiyeh con carteles con su atractivo y retocado rostro.

Dice un dicho libanés que “todas las mujeres que entran en el Parlamento lo hacen de negro”. En la historia contemporánea del país solo ha habido siete mujeres parlamentarias, la mayoría viudas o hijas de políticos asesinados.

Llama la atención que precisamente el Líbano, uno de los países más liberales de Oriente Medio, esté en los porcentajes más bajos de partición política de mujeres en el mundo, con un 3,01% , es decir que tiene cuatro diputadas de un total de 128 escaños. Yacubian, que lleva 25 años como presentadora en programas y tertulias políticas, es conocedora de la dificultad que representa presentarse a las elecciones como mujer y además como candidata independiente. Pero no piensa renunciar al menos a la oportunidad que se le ha brindado.

“Vivimos en un país sectario. La segregación es el sistema político que nos rige, y así se mantiene al pueblo libanés dividido. Pensé que era momento de cambio. No quiero que mi hijo crezca en un país gobernado por ladrones y mafiosos. Los partidos en el Gobierno son muy fuertes, tienen el dinero, son dueños de los medios de comunicación, de los servicios de seguridad, todo les pertenece. La sociedad civil está pidiendo un cambio pero hasta ahora no nos hemos atrevido, ahora es nuestra oportunidad”, asegura la candidata a El Confidencial. "Somos personas comunes que rendirán cuentas como seres humanos y no como semidioses, como es el caso con la clase política actual", denuncia.

Yacubian pensó que ser una figura publica jugaría a su favor, pero resultó ser todo lo contrario. “Me han insultado, amenazado por ser mujer. Mis oponentes me tienen miedo porque me atrevo a denunciar las cosas tal y como son”, manifiesta. "No puedo dejar que conviertan el Líbano en un cubo de basura", dice sin pelos en la lengua sobre la clase política actual.

Los candidatos parlamentarios Rania Shmaitilly y Nabil Bader en un edificio de Beirut, el 23 de abril de 2018. (Reuters)
Los candidatos parlamentarios Rania Shmaitilly y Nabil Bader en un edificio de Beirut, el 23 de abril de 2018. (Reuters)

Líbano, "un país patriarcal"

“Estoy convencida de que si no tuviera oportunidades serias de ganar, no habría una guerra tan feroz contra mí", señala confiada. No obstante, la candidata es realista y sabe que todavía quedan muchas barreras que superar a la mujer libanesa para alcanzar puestos de liderazgo político. Hay más de 100 mujeres que se han presentado como candidatas pero “pocas lo lograrán”, asegura Yacubian que denuncia que el Líbano es “un país patriarcal”.

“Hay un dicho popular que dice que hay un lugar especial en el infierno para aquellas mujeres que no apoyan a las mujeres. Creo que hay que boicotear las listas que no tienen a mujeres candidatas”, sentencia la política. “Pese a las promesas de abrir una cuota de mujeres hay un partido político que es cristiano y que no tiene a ninguna mujer en sus listas en el distrito de Ashrafiyeh”, continua Yacubian, que se refiere al Movimiento Patriótico Libre (el partido del presidente Michel Aoun) “ Es una vergüenza. Pido a la gente que boicotee la lista. Son peores que Hizbulah”, se queja la candidata. El Partido de Dios tampoco ha registrado a ninguna mujer en sus listas porque considera que lidiar en el Parlamento no es asunto femenino.

“Creo que si alguna consigue llegar al Parlamento, será un verdadero cambio. Es la primera vez que hay partidos de la sociedad civil y tenemos que intentar que haya sangre nueva. La mayoría de las mujeres y hombres que nos presentamos de la sociedad civil no hemos estado nunca en el poder ni en ningún partido”.

Estas elecciones, las primeras en nueve años, se presentan como un verdadero desafío para la sociedad libanesa. Teniendo en cuenta el complicado entramado sociopolítico de este diminuto país, que tiene 18 confesiones religiosas y 15 estatus personales, el sistema electoral libanés es un auténtico encaje de bolillos. Por primera vez, en el Líbano se elegirá a los diputados mediante un sistema electoral de representación proporcional y con listas abiertas, pero los analistas vaticinan pocas expectativas de cambio. El nuevo sistema debería beneficiar a los candidatos independientes, entre ellos las mujeres, pero el país del cedro está demasiado anclado en el patriarcalismo y en los clanes familiares en la política.

Uno de los problemas fundamentales es cómo financiarse la campaña electoral. De las 113 mujeres que se presentaron sólo 66 han entrado en las listas electorales, lo que significa que han perdido los 6.000 dólares que pagaron para poder registrarse. El Líbano es uno de los países en que más se paga por campaña electoral; hasta 500.000 dólares se gasta un candidato en publicidad, mítines, carteles con el lema y su fotografía, y además hay que sumar el espacio reservado en la televisión, que asciende a unos 150.000 dólares más. Si el dinero viene de donaciones privadas o del mismo partido, no van a arriesgarse a promocionar a un candidato poco conocido, y menos si encima es una mujer.

Partidarias femeninas de Hizbulah asisten a una videoconferencia de su líder, Sayyed Hassan Nasrallah, en Beirut, el 13 de abril de 2018. (Reuters)
Partidarias femeninas de Hizbulah asisten a una videoconferencia de su líder, Sayyed Hassan Nasrallah, en Beirut, el 13 de abril de 2018. (Reuters)

Tratar de que cunda el ejemplo

Éste no es el caso de Yacubian, que es dueña de su propia compañía de telecomunicaciones. “Tengo el dinero para pagarme la campaña y cuento con el apoyo de mi familia, incluso de mi exmarido. Pero reconozco que para el resto de mujeres está siendo muy difícil”, afirma.

“El clientelismo, la compra de votos, la estructura de clan y la pertenencia a una familias es una herencia difícil de olvidar”, explica a El Confidencial Begoña Lasagabaster coordinadora en el Líbano de ONU Mujeres. “Hay muchas mujeres que se quieren presentar pero tienen muchas dificultades. Habrá que ver que pasa con esta primera tanda para que en las próximas elecciones haya más candidatas implicadas. No te puedes creer que en el Líbano estemos en estas circunstancias, cuando hay más de un 56% de mujeres universitarias”, lamenta.

Desde ONU Mujeres se busca movilizar a la opinión pública para que vea que hay mujeres que quieren ser parlamentarias, y a los medios de comunicación para que no sea una cobertura negativa. En colaboración con la ONG “Women in front” se ha promocionado programas donde hubiera mujeres hablando de política para educar a la opinión pública, y con figuras femeninas participando en todos los debates.

Lasagabaster reconoce que “hay cierta apatía de las mujeres que no quieren cambio. El patriarcado se refuerza con ello: ojo con lo que deseas que luego se cumple”. No obstante, la coordinadora de ONU Mujeres apuesta por “aprovechar y no caer en la frustración en caso de que no se produzcan las expectativas”. Para que se produzca un cambio en la sociedad hay que “implicar a las mujeres en todos los aspectos, en las comunidades, universidades e institutos para que tengan poder y decisión. Ahí es donde empieza el problema, porque no están acostumbradas a hablar en publico o en reuniones donde haya hombres”, insiste. Aunque no sea el caso de Paula Yacubian ni del resto de candidatas que, pese a los ingentes obstáculos, tratan de sentar un precedente esperanzador.

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