TEHERÁN ESTÁ GANANDO EN TODOS LOS FRENTES

La ineptitud de Arabia Saudí entrega a Irán el control de Oriente Medio

La República Islámica se impone en Siria, Irak, Yemen y Líbano. Pese a los arriesgados movimientos del príncipe Bin Salman, Arabia Saudí no parece capaz de revertir esta ventaja

Foto: Efectivos de la milicia Basij durante un desfile para conmemorar el aniversario de la guerra Irán-Irak, en Teherán. (Reuters)
Efectivos de la milicia Basij durante un desfile para conmemorar el aniversario de la guerra Irán-Irak, en Teherán. (Reuters)

Sobre las ruinas de Siria y Yemen -y sobre los estados 'fallidos' de Irak y Líbano- se desarrolla el enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudí por el control de Oriente Medio. Tanto en el conflicto que ya es la peor catastrofe humanitaria del mundo (Yemen) como en la guerra civil siria, Teherán y Riad han apostado por bandos opuestos; por el momento, la balanza se inclina claramente del lado de la República Islámica. Irán gana en todos los frentes gracias a la efectividad de sus estrategias a largo plazo -basadas en la ayuda económica, la cooperación militar o los lazos históricos y culturales-, mientras el reino saudí -sumido en las purgas del príncipe heredero Mohamed Bin Salman para eliminar todos los contrapesos a su poder- parece incapaz de contrarrestar la influencia de Teherán en la región.

Mientras Irán construye alianzas duraderas, Arabia Saudí ha fracasado a la hora de crear sus fuerzas 'proxy' y no ha aprendido a 'fidelizar' a sus aliados, explica Itxaso Domínguez de Olazábal, investigadora de la Fundación Alternativas y analista especializada en Oriente Medio. "Es una estrategia que Teherán lleva tiempo poniendo en práctica, como evidencian los casos de Hezbolah, Siria o incluso Hamás. Arabia Saudí persigue diferentes estrategias en diferentes países, abandona a las milicias que luchan en su nombre y no aplica de forma equilibrada el principio 'del palo y la zanahoria'. Un ejemplo es el caso de Egipto: un día apoya al presidente Al Sisi y al siguiente interrumpe el suministro de petróleo. Su poder se basa en una dinastía, en un monarca, y no en un Estado/Imperio (como Irán)", argumenta.

Siria

Irán se ha impuesto en la guerra civil de Siria, el primer escenario en el que Arabia Saudí comenzó a mostrar sus intenciones regionales y donde los fondos y los efectivos iraníes evitaron la caída del régimen de Bahsar al Asad. No solo en el terreno militar: pocos en la comunidad internacional exigen ya la marcha del dictador para iniciar una transición política hacia la paz. Mientras, los esfuerzos de los estados suníes para ayudar a los rebeldes, en los que Arabia Saudí jugó un papel clave, acabaron en un caos de milicias que combaten tanto contra Damasco como entre sí y en el ascenso de los grupos de corte salafista-yihadista.

"Ha quedado demostrado que Arabia Saudí apoyaba a grupos rebeldes, una ayuda que interrumpió cuando fue consciente de que no podía 'ganar' la guerra y de que Al Asad no iba a ser apartado del poder. Poco a poco los saudíes se fueron retirando del campo de juego, moderando su lenguaje y acercándose a Rusia para buscar aliados en el otro 'bando'. Desde entonces, Riad se ha limitado a organizar cumbres para la oposición siria -nada inclusivas- en las que intenta también ejercer la poca influencia que le queda y, sobre todo, limitar el papel de los Hermanos Musulmanes", añade Domínguez de Olazábal.

Combatientes del antiguo Frente al Nusra (exfilial de Al Qaeda en Siria) en Arsal, en el valle de Bekaa, Líbano. (Reuters)
Combatientes del antiguo Frente al Nusra (exfilial de Al Qaeda en Siria) en Arsal, en el valle de Bekaa, Líbano. (Reuters)

Líbano

En Líbano, la milicia chií Hezbolah ha derrotado a la “Alianza del 14 de marzo”, una coalición de partidos antisirios liderada por el primer ministro Saad Hariri apoyada por Arabia Saudí. Los hechos de mayo de 2008, cuando la milicia chií se hizo con el oeste de Beirut y ciertas áreas alrededor de la capital, evidenciaron la impotencia de los aliados de Riad ante el poderío militar de las fuerzas 'proxy' de Irán. La entrada de Hezbolah en la guerra de Siria confirmó que el sistema político libanés era incapaz de controlar al grupo armado más poderoso de Oriente Medio. El gabinete dominado por Hezbolah establecido en 2016 y el nombramiento como presidente de Michel Aoun, aliado de la milicia chií, asentó la influencia iraní en el país.

Irak

En Irak -donde la invasión estadounidense de 2003 acabó con Sadam Husein, el líder suní que ejercía de contrapeso militar crucial a la influencia iraní- las milicias chiíes respaldadas por Teherán han aumentado su influencia en zonas predominantemente suníes en la frontera con Siria, sobre todo a través de las Fuerzas de Movilización Popular (PMU), un grupo paramilitar con más de 120.000 combatientes creado por los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní. No todas las milicias que integran las PMU son proiraníes, pero los tres grandes grupos que componen su núcleo -Kataeb Hezbolah, la Organziación Badr y Asaib Alh al-Haq- responden directamente ante la Guardia Revolucionaria.

Irán también ha logrado una considerable influencia política en Bagdad. El Partido Islámico Dawa, islamista chií conservador y tradicionalmente proiraní, es el más poderoso en la actualidad, mientras la Organización Badr controla el ministerio del Interior, lo que ha permitido difuminar los límites entre las fuerzas armadas oficiales y sus milicias.

Milicianos chiíes se fotografían mientras atacan con artillería posiciones de Daesh en Faluya, Irak. (Reuters)
Milicianos chiíes se fotografían mientras atacan con artillería posiciones de Daesh en Faluya, Irak. (Reuters)

Yemen

En Yemen, donde Arabia Saudí se ha lanzado a una intervención militar directa a través de la coalición que encabeza, los resultados han sido heterogéneos. Los hutíes, el movimiento rebelde mayoritariamente chií respaldado por Irán, han fracasado en su objetivo de conquistar el país por completo y han sido expulsados del vital estrecho de Bab el-Mandeb como consecuencia de la intervención de Riad en 2015. Sin embargo, Arabia Saudí se ha empantanado es una costosa guerra sin final a la vista, mientras el apoyo de la República Islámica a los hutíes es mucho más modesto.

No todos los expertos comparten que Arabia Saudí esté perdiendo el pulso por el control de Oriente Medio. "Creo que, en realidad, la estrategia de Teherán es menos ambiciosa que la de Riad. Mientras Arabia Saudí pretende controlar los gobiernos y estabilizar los territorios, Irán, como Rusia, solo pretende desetabilizar y controlar a los actores no estatales", opina Alberto Priego, doctor en Relaciones Internacionales y profesor en la Universidad Pontificia Comillas, ICAE-ICADE.

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