La DEA contra Hezbolá... y Obama: la increíble historia del Proyecto Cassandra
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según un reportaje de 'politico magazine'

La DEA contra Hezbolá... y Obama: la increíble historia del Proyecto Cassandra

¿Actuó la Administración Obama para impedir que agentes antidroga actuasen contra las operaciones financieras ilícitas de la milicia libanesa? Es lo que afirman varios de ellos en un artículo

Foto: La DEA contra Hezbolá... y Obama: la increíble historia del Proyecto Cassandra
La DEA contra Hezbolá... y Obama: la increíble historia del Proyecto Cassandra

Ocho años de investigación. Contactos con treinta agencias de seguridad estadounidenses y extranjeras. Informantes. Cocaína. Sanciones. Blanqueo de dinero mediante coches usados en África. Tráfico de Armas. Obstrucción política. Líbano. Venezuela. Irán. México. Rusia. Parecen los ingredientes de una novela de espionaje, y no de una particularmente buena. Pero son los elementos que conforman la increíble trama del Proyecto Casandra: la iniciativa de la DEA para perseguir las presuntas actividades ilícitas de Hezbolá en el continente americano y otros lugares, y que, según los implicados, habría sido saboteada por la Administración Obama por conveniencia política.

La historia ha sido publicada por Politico Magazine, bajo el titular “El entramado secreto de cómo Obama dejó que Hezbolá se saliese con la suya”. En un extenso artículo, la publicación relata cómo a partir de 2008 un equipo de la Administración para el Control de Drogas (la famosa DEA) rastreó las operaciones de varios miembros de la milicia chií para conseguir fondos para el grupo, que les reportaba hasta mil millones de dólares anuales. Progresivamente, según su testimonio, los investigadores se fueron encontrando con obstáculos cada vez mayores por parte del Departamento de Justicia y de la propia Casa Blanca, que quería evitar a toda costa cualquier cosa que pudiese poner en riesgo el acuerdo nuclear que en aquellos momentos se estaba negociando con Irán, el principal apoyo de Hezbolá.

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Lo relatan los propios agentes: Jack Kelly, un veterano supervisor de la DEA considerado el creador del equipo; Derek Maltz, jefe de la División de Operaciones Especiales de esa misma institución; y David Asher, un analista del Departamento de Defensa especializado en financias ilícitas, transferido a la unidad durante esta investigación. “Ahora no me cabe duda de que el foco estaba en el acuerdo con Irán, y que nuestra iniciativa era una especie de mosca en la sopa. Éramos el tren que se había salido de los raíles”, afirma Maltz en el artículo.

La iniciativa fue creada a partir de una serie de investigaciones conjuntas de la DEA con las autoridades de otros países. En la Operación Titán, la agencia trabajó con los servicios de seguridad de Colombia para investigar la colaboración entre los blanqueadores de dinero libaneses y los narcotraficantes de ese país; la llamada Operación Perseo tenía el mismo objetivo, pero en Venezuela. Además, los agentes de la DEA en África Occidental descubrieron un sospechoso flujo de coches usados adquiridos en EEUU y enviados a Benín para su venta. Y sus pesquisas les llevaban una y otra vez al mismo sitio: Hezbollah.

Miembros de Hezbolá saludan sobre el ataúd de un compañero caído en Siria, durante su funeral en el sur del Líbano, en octubre de 2015. (Reuters)
Miembros de Hezbolá saludan sobre el ataúd de un compañero caído en Siria, durante su funeral en el sur del Líbano, en octubre de 2015. (Reuters)

Del cártel de Los Zetas a la guerra de Irak

“Eran una organización paramilitar con importancia estratégica en Oriente Medio, y los vimos convertirse en un conglomerado criminal internacional que genera miles de millones de dólares a través de las actividades más peligrosas del mundo, incluyendo programas de armas químicas y nucleares y ejércitos que creen que EEUU es su enemigo jurado”, afirma Kelly. No les sorprendió demasiado: durante años, Hezbolá había estado aplicando 'impuestos revolucionarios' a los narcos libaneses y traficantes de armas de la región, y en un momento dado se implicó en el negocio de la cocaína. Eso fue lo que permitió la implicación de la DEA, necesitada de objetivos tras el inicio de la 'guerra contra el terrorismo' tras el 11-S. “Es como si hubiesen apretado algún interruptor. De repente, revirtieron el flujo de todas las actividades del mercado negro a las que habían estado cobrando impuestos, y se hicieron con el control de la operación”, indica Kelly.

Su 'modus operandi', señalan los investigadores, era similar al de una familia mafiosa: Hezbolá identificaba negocios rentables y que pudiesen servir de tapadera para el tráfico de cocaína, y adquiría acciones en ellos. “Y si el negocio era exitoso y se adaptada a sus necesidades del momento, pasaban de ser propietarios parciales a propietarios mayoritarios, y de ahí a propietarios totales”, dice Kelly.

Lo que hizo saltar todas las alarmas fue el descubrimiento de que un individuo llamado Ayman Joumaa, un empresario libanés que vivía en Medellín, estaba trabajando con el cártel de Los Zetas para introducir cocaína en EEUU, y posteriormente blanqueando los beneficios -unos 200 millones de dólares al mes- a través del envío de coches usados a Benín. Una parte importante del dinero era posteriormente utilizado para financiar a Hezbolá y a las milicias chiíes de Irak, que entonces combatían contra las tropas estadounidenses.

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Poco después, empezaron los sabotajes: justo al final de la presidencia de George W. Bush, la cobertura de un infiltrado de la DEA saltó por los aires justo cuando estaba a punto de convertirse en el principal suministrador de cocanía de un cártel colombiano a Oriente Medio, y a operativos de Hezbolá. Al año siguiente, ya con Barack Obama en la Casa Blanca, el Departamento de Estado impidió que cierto individuo fuese engañado para que viajase desde Beirut hasta Filadelfia, con la intención de detenerle y presionarle para convertirle en un testigo clave de la investigación. En ambos casos, los investigadores antidroga creen que la obstrucción fue obra de agentes de la CIA en Oriente Medio, que querían proteger sus propias operaciones. Un ex espía lo confirma parcialmente: "[Los de la DEA] venían en caliente a sitios como Beirut, y querían ponerle las esposas a todo el mundo y perturbar operaciones que habíamos estado cultivando durante años", dice a Político.

Pero los verdaderos problemas empezaron cuando intentaron actuar contra Abdallah Safieddine, el enlace financiero principal entre Hezbolá e Irán, y su hijo. La DEA consiguió testigos contra ambos, pero el Departamento de Justicia se negó a autorizar una imputación formal. En el caso contra Joumaa, el acta judicial ni siquiera mencionaba sus vínculos con Hezbolá. Aparentemente, la Administración Obama quería "minimizar la conexión entre terrorismo y tráfico de drogas". Más o menos en esa época, sus miembros empezaron a denominar a la operación con el agorero nombre de 'Proyecto Cassandra', por la adivina de la mitología griega cuyas funestas predicciones se cumplían siempre.

El líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, durante una rara aparición pública durante la celebración chií de la Ashura en Beirut, en octubre de 2015. (Reuters)
El líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, durante una rara aparición pública durante la celebración chií de la Ashura en Beirut, en octubre de 2015. (Reuters)

Praga, Moscú, Washington

Tras la reelección de Obama en noviembre de 2012, los obstáculos fueron cada vez mayores y más transparentes, según los agentes. En 2014, por ejemplo, un libanés llamado Ali Fayad, de quien los agentes de la DEA sospechaban que no solo era un alto operativo de Hezbolá, sino que se había convertido en el traficante de armas favorito del Kremlin e introducía armamento en Irak y Siria, fue arrestado en Praga. La Agencia solicitó su extradición a EEUU, una medida a la que se oponía públicamente el propio Vladímir Putin, pero el Gobierno de EEUU se negó a aplicar presión alguna sobre la República Checa para lograrlo.

Un antiguo oficial de seguridad nacional en la Administración Obama niega que estos bloqueos se hiciesen por razones políticas, y señala que los miembros de la DEA carecían de la perspectiva completa bajo la que se adoptaron esas decisiones. "El mundo es mucho más complicado de lo que se ve a través de la estrecha lente del narcotráfico. Así que no puedes dejar que la CIA maneje el cotarro, pero ciertamente tampoco puedes dejar que lo haga la DEA. Tu enfoque sobre algo tan complicado como Hezbolá va a tener que implicar la coordinación entre agencias, porque el Departamento de Estado tiene una parte del pastel, la comunidad de inteligencia, otra, el Tesoro otra, Defensa otra", afirma en el artículo. "¿Y si la CIA o el Mossad tuvieran una operación en marcha dentro de Hezbolá y [la DEA] fuese a intentar ir a por alguien que nos proporciona una información de inteligencia impecable, y la DEA no lo sabe?", dice a modo de ejemplo.

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Sea como fuere, la frustración de los agentes antidroga es evidente. "Cuando más nos acercábamos [al acuerdo nuclear], más lejos quedaban estas actividades. Una gran parte de estas capacidades, tanto si eran operaciones especiales como recursos policiales o designaciones [del Departamento del Tesoro], incluso el personal asignado a esta misión, iba siendo drenado de forma intensa, casi hasta la última gota, hacia el final de la Administración Obama", se queja Asher.

Ciertamente, las cosas han cambiado desde la salida de Obama de la Casa Blanca. Su nuevo ocupante, Donald Trump, parece ansioso por deshacer todas las medidas adoptadas por su predecesor, incluyendo la normalización con Irán, cuyo régimen se ha convertido en objeto de sus críticas más duras. Kelly y Asher, de hecho, han sido contactados de nuevo por la Administración Trump y algunos congresistas republicanos, en un intento de revivir el Proyecto Cassandra. Pero sus antiguos responsables no lo creen demasiado viable. "No se puede dejar que estas cosas se desintegren. Las fuentes se evaporan. ¿Quién sabe si podemos volver a encontrar a toda la gente dispuesta a testificar?", afirma Kelly.

Es en ese contexto en el que hay que entender la publicación del artículo: no solo los agentes se desquitan así contra lo que, creen, fue una operación política contra su investigación, sino que, en la nueva atmósfera de Washington, todo argumento que sirva de munición contra Teherán -o contra la Administración previa- es bienvenido. A rey muerto, rey puesto.

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