¿logrará may el respaldo de los votantes?

Reino Unido vuelve a las urnas en las elecciones más incómodas de la última época

Aunque las encuestas han recortado distancias entre 'tories' y laboristas, aquellos confían aún en el 'voto silencioso' de muchos de sus partidarios. Pero la contienda anda lejos de estar resuelta

Foto: El número 10 de Downing Street, domicilio del primer ministro británico. (EFE)
El número 10 de Downing Street, domicilio del primer ministro británico. (EFE)

Un año después de que paralizaran Europa con el inesperado (o quizá no tanto) triunfo del Brexit, los británicos vuelven hoy a las urnas. En esta ocasión, para elegir precisamente a la persona que llevará a cabo el reto sin precedentes de sacar al Reino Unido de la Unión Europea, tras más de cuatro décadas de relación.

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A la izquierda (muy izquierda) del ring, Jeremy Corbyn (1949), antimonárquico, partidario de la nacionalización de los ferrocarriles, el gas y la electricidad y orgulloso de llevar el título de diputado más rebelde de Westminster. Antes de convertirse en líder, había desafiado la disciplina interna del Partido Laborista en más de 500 ocasiones.

Por su parte, a la derecha, Theresa May (1956), hija única de un vicario y feminista confesa que, tras seis años como ministra del Interior, se mudó a Downing Street tras la dimisión de David Cameron con el único objetivo que cumplir la voluntad de los británicos y sacar al país no solo del bloque sino también del mercado único. De otra manera, según ella, no se puede controlar la inmigración, la que fuera cuestión protagonista en el debate político.

De inmigración y de Brexit se tiene que hablar en pasado, porque si hay una palabra que haya protagonizado la recta final de esta campaña, ha sido el terrorismo. En tan solo 72 días, el país ha sufrido tres atentados cometidos además por individuos, en su mayoría, con pasaporte británico y que ya habían sido fichados previamente por las autoridades.

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Y esto era algo que nadie podía prever, ni mucho menos May, a la que algunos sondeos ponían esta semana incluso en empate técnico con los laboristas. La foto que ella había imaginado era otra muy distinta. Había descartado por activa y por pasiva adelantar los comicios asegurando que el país necesitaba “estabilidad”. Pero en abril dio la sorpresa y convocó las urnas, convencida de que la victoria sería un mero trámite.

Theresa May, durante un mitin en Norwich, el 7 de junio de 2017. (Reuters)
Theresa May, durante un mitin en Norwich, el 7 de junio de 2017. (Reuters)

El plan perfecto que descarriló

Por aquel entonces, los conservadores sacaban hasta 22 puntos de ventaja a la oposición, sumida en una guerra civil por el rechazo a un líder impuesto por las bases que jamás contó con el apoyo de sus diputados. (Sí, Corbyn pasó de ser el Pablo Iglesias británico al Pedro Sánchez de Westminster). La intención de May, por tanto, era conseguir una barrida histórica a la oposición, similar a la que logró Margaret Thatcher sobre Michael Foot en 1983, cuando superó a los laboristas por 144 asientos. De esta manera, no solo se aseguraría una entrada triunfal a la mesa de negociaciones con Bruselas, sino que también lograría el respeto de su propio Gobierno, controlado hasta ahora más por el bando euroescéptico que por la propia 'premier'.

De igual manera, May también buscaba la 'legitimidad' de que ahora carece, según sus críticos, al haberse mudado al Número 10 sin haber sido elegida por los británicos. En definitiva, era un plan perfecto. Y sin embargo, nada ha salido según lo esperado.

Las caras de los yihadistas han dominado día sí y día también las portadas en las que aparece una única pregunta: ¿cómo les dejaron escapar? Al igual que pasara con el kamikaze del Manchester Arena, dos de los tres terroristas que llevaron a cabo el atentado contra Borough Market también eran conocidos por las autoridades. La actuación de los servicios secretos está ahora en el punto de mira y no ayuda que durante los últimos seis años May fuera precisamente la responsable del MI5, MI6 y policía que, con los recortes del anterior Ejecutivo 'tory', redujo en casi 20.000 el número de agentes.

Pero lo cierto es que el descenso de popularidad de la líder 'tory' había comenzado antes de los atentados. El llamado 'impuesto de la demencia' supuso un antes y un después en su campaña. En mayo, May se ponía en contra a los jubilados —cada vez más importantes en citas electorales en países envejecidos— al sugerir que aquellos con casas valoradas en más de 100.000 libras (115.000 euros) se verían obligados a costearse la asistencia a domicilio. Ante la oleada de críticas incluso por parte de la prensa más conservadora, a las pocas horas tuvo que rectificar y matizar que habrá un límite a la cantidad que los pensionistas deban pagar.

Tras el gran patinazo, sus asesores la obligaron a volver al guion establecido de que “el Reino Unido necesita un Gobierno fuerte y estable para el Brexit”, eslogan que May ha repetido como un robot, dejando en evidencia una falta de carisma en los mítines. A Corbyn, sin embargo, la campaña le ha ofrecido la plataforma en la que mejor se desenvuelve, encuentros en la calle con la marea 'corbynista' que propició su ascenso como líder del partido, una marea formada sobre todo por jóvenes a los que les ha prometido acabar con las tasas universitarias.

El líder laborista Jeremy Corbyn habla durante el acto de cierre de campaña en Londres, el 7 de junio de 2017. (Reuters)
El líder laborista Jeremy Corbyn habla durante el acto de cierre de campaña en Londres, el 7 de junio de 2017. (Reuters)

El "voto 'tory' silencioso", ¿la clave?

Pese a que muchos medios británicos plantean la posibilidad de un Parlamento sin mayorías, los analistas tienen en cuenta el llamado “voto 'tory' silencioso”, por lo que vaticinan una mayoría conservadora. Dependiendo de cuál sea, eso sí, May podría o no quitarse el yugo del ala más euroescéptica de sus filas de cara a las negociaciones del Brexit, donde aún mantiene que prefiere un “no acuerdo a uno malo”.

Pero el espectro de Westminster da para más. Los europeístas de los Liberal Demócratas, que han prometido un referéndum sobre el acuerdo final al que se llegue con Bruselas, intentarán aprovechar las urnas para mejorar los nueve escaños con que les castigó el electorado en 2015 tras el Gobierno de coalición con los 'tories'.

Con respecto a los independentistas escoceses de Nicola Sturgeon, la cita de hoy resulta también clave, ya que supondrá el mejor termómetro a su nuevo órdago independentista. La ministra principal escocesa quiere convocar otro plebiscito antes de que Reino Unido abandone la UE. En los comicios de 2015, el SNP hizo historia al hacerse con 56 de los 59 escaños que corresponden a la región en Westminster. Pero los últimos sondeos no les auguran ahora tan buenos datos.

Y por último está el UKIP: ¿alguien se acuerda de Nigel Farage? El partido anti-UE y antiinmigración tendría que estar viviendo una luna de miel después de haber conseguido su objetivo, que los británicos apostaran por el divorcio del bloque comunitario. Sin embargo, se encuentra sumido en una gran crisis y no son pocos los expertos que vaticinan su desaparición tras los comicios de hoy.

Lo cierto es que, tras el triunfo del Brexit, el UKIP se ha quedado políticamente sin razón de ser. Y aunque insisten en que serán el “perro guardián” para que el Gobierno cumpla su cometido, antes de convocar elecciones ya no tenían siquiera escaños en Westminster. Su único parlamentario, Douglas Carswell, que se había incorporado en 2014 como tránsfuga del Partido Conservador, presentó en marzo su dimisión.

Tras la marcha de Farage, el actual líder de la formación es el eurodiputado Paul Nuttall, que se impuso en las primarias de noviembre con un 62,6% de los votos, para ocupar la vacante dejada por Diane James, quien dimitió inesperadamente tras haber permanecido apenas 18 días en el puesto, alegando motivos “personales y profesionales”. En un principio, el eurodiputado Steven Woolfe era el favorito para convertirse en líder, pero dimitió tras ser hospitalizado después del enfrentamiento que tuvo con un compañero de filas en los pasillos de Estrasburgo. Su foto tirada en el suelo protagonizó todas las portadas de los rotativos británicos. Todo un escándalo.

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