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Syriza ante la cuadratura del círculo: recortar el déficit sin renunciar a sus principios

Esta noche deberían estar listas las propuestas de Syriza para reformar la economía griega y contener el déficit sin renunciar a sus principios y sus promesas electorales

Foto: Pintada de apoyo a Tsipras en Atenas (EFE)
Pintada de apoyo a Tsipras en Atenas (EFE)

Tras sobrepasar todas las líneas rojas que se marcó durante la campaña electoral, al Gobierno de Syriza le toca ahora diseñar reformas y aplicar una cierta austeridad –se le ponga el nombre que se le ponga–. De ello depende poder acceder a la prórroga del rescate por cuatro meses. Su único margen de maniobra es decidir el “cómo” de estos recortes.

Su éxito o fracaso estará marcado por su capacidad para atajar lo que ellos denominan “crisis humanitaria”, mientras cuadran un presupuesto sin déficit. De este resultado estarán muy pendientes también en Podemos, partido que ha ligado buena parte de su capital político a la habilidad como gobernante de Alexis Tsipras.

Es hora por tanto de gestionar, y rápido, las concesiones hechas a Alemania. Un “tic-tac” que suena más intenso que nunca para los dirigentes griegos, quienes tienen muchos deberes atrasados. Hoy lunes por la noche deberían estar ya detalladas las medidas de ajuste de Syriza. Dos palabras, ajuste y Syriza, que no parecía que pudieran ir juntas, pero que las presiones –y el ultimátum– de los socios europeos han obligado a enlazar, hasta el punto de que su emblemático eurodiputado Manolis Glezos se disculpó este domingo con los votantes griegos y llamó a la movilización de sus simpatizantes para que manifiesten si secundan el acuerdo con el Eurogrupo.

Yanis Varufakis, ministro de Finanzas, y Alexis Tsipras, tienen una situación muy delicada entre manos: primero deben concretar una serie de propuestas de cambio estructural lo suficientemente convincentes para el Eurogrupo, que no ha demostrado ser muy receptivo a alternativas.

Syriza aún tiene que demostrar que existe una alternativa a las políticas de sus predecesores

Al mismo tiempo, las reformas tienen que ser leídas por el pueblo griego como un cambio sustancial respecto a las políticas del ex premier Antonis Samarás, de tal manera que el apoyo de la población no se desplome. Hasta ahora los griegos se han mostrado comprensivos con su nuevo Gobierno pero, tras largos años de crisis, todo puede cambiar en cuestión de días.

Y no sólo deberán convencer al electorado, también a los nacionalistas de Griegos Independientes –sus socios de Gobierno– y al ala filocomunista del partido, la Plataforma de Izquierda, para que no se produzca un cisma anticipado y a velocidad de vértigo.

Atenas quiere lo que parece la cuadratura del círculo: resolver la crisis humanitaria –un gasto que reconocen acuciante– mientras aumentan los ingresos o recortan en gastos. Una fórmula complicada sin traicionar sus principios (privatizaciones, recortes en salarios o funcionarios).

La ecuación debe tener un resultado fijo: el balance en las cuentas o, mejor dicho, el superávit, otra de las cosas a las que se comprometió Varufakis con el Eurogrupo, quien por otro lado aseguró que sería flexible con Grecia. Queda por ver qué significa "flexibilidad" en el foro de los 19 socios del euro. ¿La de Schäuble o la de Moscovici?

Pablo Iglesias y Alexis Tsipras tras la victoria electoral (Reuters)
Pablo Iglesias y Alexis Tsipras tras la victoria electoral (Reuters)

Podemos se mira en el espejo de Syriza

Más allá de las comparaciones –a menudo odiosas– con Venezuela, la situación más parecida, por objetivos y escenario, es la de la Grecia de Tsipras. Podemos lo sabe y ha explotado sus similitudes durante mucho tiempo, apoyándose en que tanto España como Grecia han sufrido la austeridad, aunque obviamente a niveles diferentes.

Pero demasiada cercanía puede llevar a la confusión. Desde el partido de Iglesias se han esmerado en resaltar las “enormes diferencias” desde el mismo día de la victoria de Tsipras, el 25 de enero. Podemos, incluso, criticó abiertamente que hubiera tan pocas mujeres en el gabinete heleno. Hermanos sí, pero no gemelos.

Desde que se presenten y se negocien las medidas a aplicar en Grecia, los paralelismos entre Syriza y Podemos se multiplicarán por mil, sobre todo por parte de los adversarios políticos. Al partido de Iglesias le ha beneficiado mucho que no haya llegado un "apocalipsis" de los mercados tras la victoria de Syriza para poder presentar su alternativa como plausible. 

Pero ¿qué va a proponer Syriza? No hay muchas pistas sobre qué podrá querer poner encima de la mesa a los 18 socios del euro. Hace no mucho, Varufakis aseguró que el 70% de las reformas de la troika son "correctas" y que el 30% deberían ser modificadas por un plan acordado con la OCDE. 

Aunque la organización se presentó como el complemento perfecto al programa de Syriza, lo cierto es que sus informes sobre Grecia demandan a Atenas reformas integrales que no son tan diferentes a las que piden organismos “demonizados” como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque existan matices importantes.

Alexis Tsipras reunido con el Secretario General de la OCDE, José Ángel Gurria (Efe)
Alexis Tsipras reunido con el Secretario General de la OCDE, José Ángel Gurria (Efe)

¿Reformas liberales para una izquierda radical?

Si bien Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, es un experto en recorte de deuda y un admirador de la quita de México que sacó al país del estancamiento, el organismo que preside es inequívocamente liberal, por lo que a priori parece difícil la convergencia con Syriza.

Van algunos ejemplos. La OCDE diagnostica una baja competitividad del mercado laboral y receta la flexibilización para llevar la situación a niveles europeos. También sugiere, para hacer viable el sistema de pensiones, subir la edad de jubilación y extender el periodo de cotización que da derecho a la máxima cantidad.

Además, propone el contrato único para acabar con la dualidad, la disminución del poder a los convenios colectivos (algo que enfadaría a la base de Syriza muy relacionada con los sindicatos) y la moderación del salario mínimo: justo lo contrario a las promesas de campaña del partido. 

No todo son píldoras amargas: la OCDE desea, al contrario que la troika, cosas como subsidios para los más desprotegidos y para los jóvenes, cosas que sí encajan en el programa de Tsipras. Además prescribe recetas que Syriza ya había prometido, como la reforma del sistema fiscal y el reforzamiento de la lucha contra la evasión fiscal. De las privatizaciones de empresas públicas, el organismo internacional no habla de vender, pero sí de reestructurar. 

Ya quedan horas para que se desvelen las propuestas. Si las cuentas son correctas y son la suma de un 70% de troika y 30% de OCDE, el camino de Syriza hacia la socialdemocracia clásica está más que pavimentado. Y Podemos se pone a una distancia prudencial sin quitar ojo.

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