Es el último método utilizado en una cárcel de máxima seguridad de Brasil, bien para introducir droga o para hacer llegar mensajes del exterior a las bandas criminales. Esta paloma mensajera fue interceptada por los guardias de la prisión con una bolsa, ya vacía, enganchada de sus alas. Su destinatario, el Primer Comando de la Capital, uno de los dos grupos rivales que pelean por el narcotráfico en el país.

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