El desafío global: cómo pausar la economía sin llevarla a la quiebra
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Estrategia arriesgada

El desafío global: cómo pausar la economía sin llevarla a la quiebra

Un buen número de países han tenido que inducir un coma a su actividad económica para detener la propagación del coronavirus. Devolverla a la vida será una tarea compleja

Foto: EC.
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El coronavirus ha provocado algo nuevo en la historia. Nunca antes los gobiernos habían tratado de inducir un coma en la economía, manteniendo sus órganos vitales de forma artificial y apagándolos poco a poco.

Algunas sociedades, por ejemplo en la Europa medieval, han tratado de evitar las plagas abandonando diferentes actividades económicas. En otras pandemias, como la gripe de 1918, las interacciones económicas continuaron con solo unas pocas medidas para evitar la propagación, ya que los gobernantes aceptaron que las muertes eran un precio a pagar por mantener la actividad.

Hoy, muchas naciones tratan de pausar la economía para salvar vidas y, luego, volver a pulsar el botón de 'play'. Si esa táctica funciona, será todo un triunfo para el capitalismo moderno, pero lo más probable es que muchas cosas dentro de esa estrategia salgan mal.

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"Nos movemos en territorio desconocido. Hay mucho de suposición", explica Simon Tilford, analista de Forum New Economy, un 'think tank' con sede en Berlín.

El problema es que la economía no tiene botón de pausa. Las medidas de confinamiento han hecho que los comercios no tengan actividad, se mantengan cerrados. Pero las facturas siguen acumulándose. Estos empresarios tienen que seguir pagando el alquiler o la hipoteca, además de los gastos del día a día. El desafío de cómo asumir costes, alquileres e intereses bancarios sin ingresos tiene muchas respuestas.

Habrá personas y negocios que puedan tirar de ahorros hasta que todo vuelva a la normalidad. Pero muchos no tendrán colchón suficiente y cuanto más tiempo continúe la alarma sanitaria, más gente se quedará en el camino.

El sector privado puede retrasar pagos hasta recuperar la actividad. Pero van a crecer el desempleo y las quiebras. Un buen número de negocios rentables van a desaparecer.

Foto: Consejo de Ministros extraordinario.

"Hay un claro interés común en preservar el empleo y las empresas de este 'shock", afirma Christian Odendahl, economista jefe del 'think tank' Centre for European Reform. "Nuestra estructura económica es una máquina compleja y se basa en la mezcla de trabajadores y empresas de una forma que es difícil de replicar una vez que se ha perdido", considera.

Para evitar esa situación, el Gobierno puede prestar apoyo durante un tiempo con diferentes medidas y estímulos que ayuden hasta que la normalidad vuelva. A nivel práctico, el futuro de la economía de muchos países se va a sustentar sobre los ahorros y los subsidios.

Los paquetes de medidas fiscales ya están en marcha: Estados Unidos ha aprobado una ayuda de dos billones y Alemania, Reino Unido o Francia tienen preparados miles de millones. Los países europeos están focalizando sus esfuerzos en ayudar a las empresas para que no despidan a sus empleados. EEUU, por su parte, está ofreciendo préstamos y a la vez ampliando la protección al desempleo. Incluso están planteando enviar cheques a los ciudadanos.

En algunos casos, la ayuda ya ha llegado tarde. Las medidas de EEUU no pudieron evitar el fuerte repunte en el número de desempleados. "Estamos viendo niveles sin precedentes en cuando a liquidez, pero el colapso del consumo de las familias es tan grande que muchas compañías no van a poder soportarlo de todos modos", dice Tilford.

En EEUU y en Europa existe un debate sobre qué compañías se merecen ser mantenidas a flote y qué partes del sector privado debería absorber el golpe. La idea es tratar de evitar inyectar capital en empresas que de todos modos son improductivas y tarde o temprano iban a caer.

Los propios países tienen muchas dudas sobre cuánta deuda emitir para conseguir capital, con el recuerdo de la crisis de hace una década todavía my fresco en Italia, uno de los países más golpeados por el virus.

El paquete del Ejecutivo italiano, con medidas por valor de 25.000 millones de euros, es pequeño comparado con otros socios europeos. El cierre de Lombardía, el territorio con más restricciones fuera de China, está golpeando una economía que nunca término de recuperarse.

La respuesta algo cauta de Roma es un reflejo del alto nivel de deuda y de un mercado de bonos realmente frágil, muy dependiente de los movimientos del Banco Central Europeo. Italia sigue presionando para conseguir que los socios europeos aprueben los eurobonos, pero Alemania y Países Bajos siguen sin ceder.

Sacar a la economía del coma inducido va a ser un proceso lento. Ningún país quiere encontrarse con un resurgimiento del virus cuando levante la cuarentena. Nadie sabe cuántos meses pasarán antes de que la actividad comercial vuelva a ser la que era. Para países que dependen del turismo, como Italia o España, perder el pico del verano puede ser otro golpe muy duro.

En cualquier caso, unos niveles altos de deuda no son ninguna novedad y hay caminos para solventar ese problema. Hace una década, los países europeos trataron de solucionarlo por la vía de la austeridad. Pero el daño económico y político que sufrió el continente, que no había sanado cuando llegó la pandemia, reduce enormemente la posibilidad de que se tome ese mismo camino.

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